Derecho a saber

Fuente imagen: Dan Taylor / CC BY 2.0
Medio: Mundo Obrero
Autor: Francisco Sierra Caballero
Fecha publicación: 21/04/2026
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El principio de la ilustración, de toda forma de autonomía, comienza con la máxima kantiana “Sapere aude”. Pero el consejo de Horacio, la valentía de ser juicioso hoy padece la amenaza del frente ICE. Nos quieren, en fin, ciegos, mudos y sordos. El trumpismo, como expresión política, rima asonantemente con liberticidio. Así que el primer frente que tiene la izquierda en el hemisferio occidental, y particularmente en España, es el conocimiento y socialización del derecho a saber, la disputa sin cesar por la verdad, pues sin confianza, sin saber, no es posible la libertad de expresión. En tiempos de guerra, con la ley GENIUS, y la política de despliegue de la infraestructura de seguridad nacional que otorga en Estados Unidos a las corporaciones privadas poderes como la emisión de dinero, competencia exclusiva de la Reserva Federal, es hora de correlacionar el manejo de las redes por los GAFAM, la política bélica y de seguridad contra la migración y la proliferación de los bitcoin como captura corporativa del Estado, la clave distintiva, a decir de Gramsci, del fascismo. No viene al caso dar los detalles, seguramente conocidos por el lector, ejemplificando la etapa en curso del Estado corporativo. Pero como prueba un caso relevante. En las políticas contra la migración, el gabinete Trump, con Stephen Miller al frente, ha puesto en marcha ImmigrationOS, una aplicación de vigilancia para rastrear los visados y facilitar las deportaciones masivas. Anduril, Lattice despliegan al tiempo una estrategia satelital, una red operativa que pretende colonizar la UE por completo. El plan estadounidense en 2027 es la total autonomía de la guerra de los drones y la absoluta superioridad informativa. La protección de las comunicaciones de banda baja a manos de Musk es un paso más de imposición de la nueva forma de dominio global en la geopolítica imperialista del capitalismo de plataformas por la entente NSA/GAFAM y, con ello, la previsible agudización de los conflictos, especialmente con China. Aunque la administración de la oligarquía financiera en la Casa Blanca quiera presentar tales medidas desde la lógica de la razón tecnocrática y la eficiencia administrativa, lo cierto es que el Pentágono está cediendo el sistema de defensa a empresas como Palantir Technologies. En otras palabras, la autonomía estratégica del Estado y de los protectorados bajo su control, caso de la UE, hoy está en manos de esta gran corporación de seguridad transnacional. Antaño fue el uso de mercenarios en guerras como la de Afganistán, y hoy la inteligencia operativa en el campo de intervención depende absolutamente de una empresa privada, cuyo fundador Peter Thiel, es abiertamente contrario a la democracia. Cuando hablamos en España de una ley de soberanía digital y autonomía estratégica debiéramos por tanto plantear el reto de la dependencia tecnológica de Microsoft o Amazon, que hoy por hoy amenazan nuestra democracia. Se está conformando, como explica Francesca Bria, un complejo tecnológico autoritario que supone un paso más en la alianza público-privada en la salida a la crisis económica y de deuda que tiene Estados Unidos.

La infraestructura de gobernanza e hipervigilancia no es una anécdota o deriva delirante de Trump y su pogromo racista. Se trata más bien de un dispositivo económico-político para imponer el Estado corporativo, garantizar el proceso de acumulación por despojo mediante una política de vigilar y castigar, de terror planificado, impulsado por los nuevos señores feudales (Musk, Thiel, Sacks, Karp y Andreassen, entre otros). La combinación de dispositivo técnico y coordinación financiera está en la base del imperio que proyecta Silicon Valley. Desplegar herramientas con Starlink Valley en las comunicaciones militares, controlar el software de los drones que nos venden, vía OTAN, y dominar el negocio de la ciberseguridad es el caballo de Troya que nos están metiendo para expropiarnos de todo, incluso de los datos de salud, como hizo la Plataforma de Palantir en el Reino Unido. Así que el trío calavera, los portavoces de la muerte —James David Vance, Peter Thiel y Elon Musk— lo tienen claro cuando actualizan el trinomio de la cruzada Familia, Tradición y Propiedad. Cabe cuestionar, por nuestra parte, si la reacción a la declaración de guerra contra la UE se resuelve con proclamas de cosmopaletismo, secundando la matriz ideológica de la globalización ordoliberal, o vamos directo al hueso de la economía política que es el muro de Wall Steet.

Desde la historia moderna del capitalismo, las infraestructuras representan una transformación permanente de las condiciones de intercambio que operan en el espacio y determinan la geopolítica y los conflictos. Los dispositivos regulatorios y las cadenas de valor marcan la forma de operar de los agentes de la economía política dominante. Del mismo modo, los estándares técnicos de normalización es la vía usualmente utilizada por Estados Unidos para garantizar la dependencia tecnológica. Por eso hay que tener claro que los medios de comunicación no son inocuos, que la pérdida de soberanía digital en Europa se traduce en esclavitud y dependencia. Urge pues la desconexión de las redes que nos dominan y la construcción de una alternativa democrática. Como dejó escrito Gramsci, tenemos claro que en el principio siempre es la acción.