¿Es EEUU una «amenaza» para la ciberseguridad de España? El Congreso y el Senado abordarán este debate abierto por Sumar

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Pocos días antes de que estallara la guerra de Irán, en la comisión mixta de Seguridad Nacional del Congreso y el Senado de España se puso sobre la mesa un debate que, diez días después, cobra mayor relevancia: ¿Es Estados Unidos una «amenaza» para la ciberseguridad de la Unión Europea y de España? La discusión, abierta por Sumar, fue despachada por PP y Vox que, con mayoría en este órgano, se negaron a señalar a un aliado miembro de la OTAN como un peligro para el país.

Desde octubre de 2024, las Cortes Generales trabajan, a puerta cerrada, en la elaboración de un informe sobre «las amenazas en el ciberespacio, en la era de la inteligencia artificial y la computación cuántica«. Más de 20 expertos -desde miembros de las Fuerzas Armadas a directivos de empresas tecnológicas- comparecieron durante este tiempo ante un grupo de diputados y senadores. Todo ello se condensó en un informe de 55 páginas, al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, en el que se recoge el análisis de la situación actual y se plantean una serie de recomendaciones.

Sin embargo, el diputado de Sumar Francisco Sierra consideró que el documento está incompleto. Estados Unidos solo sale mencionado dos veces. Una para señalar que las «tecnologías críticas» utilizadas en España provienen, principalmente, de este país, de Israel y de China; la otra en una nota a pie de página. Así, registró varias enmiendas para incluir que EEUU es «una amenaza manifiesta» para la Unión Europea y para España. Todas ellas fueron rechazadas por PP y Vox, que suman 20 votos en la comisión, y respaldadas por PSOE y Sumar, que solo tienen 15 parlamentarios.

Argumentos encontrados

«La inmensa mayoría comparecientes alertaron de que las amenazas más sofisticadas proceden de grupos de ciberinteligencia vinculados a Estados. Se mencionan de forma reiterada las […] de origen ruso, chino, iraní y norcoreano«, asevera el informe elaborado por la ponencia y que aún deberá ser ratificado más adelante por la comisión mixta de Seguridad Nacional.

En este sentido, Sierra planteó incluir una línea más: «Pero también de Estados Unidos, que desde Echelon [una red masiva de espionaje creada en la década de 1960] a nuestros días, es una amenaza manifiesta para la UE y nuestro país«. Sierra, en conversación con este diario, sostiene que el PP se opuso a esta enmienda bajo el argumento de no contribuir a la escala verbal con EEUU, mientras que fuentes parlamentarias populares sostienen que su negativa se debió a no querer señalar a un país aliado como amenaza, equiparándolo a países como Corea del Norte.

Esta no fue la única propuesta planteada por Sierra. En otro apartado, relativo a la «desinformación y propaganda», se advierte de que las «campañas de influencia digital se han convertido en un instrumento geopolítico y criminal de enorme impacto» y nuevamente se señala a Rusia, China e Irán como los «protagonistas de esta modalidad delictiva». La propuesta del diputado de Sumar, también rechazada, fue señalar a EEUU, desde sus empresas a la administración de Donald Trump, para avisar de su «clara hegemonía y control de la ciberseguridad como principal amenaza» para Europa y España.

La dependencia tecnológica

A lo largo del documento se hace referencia también a la dependencia de España de tecnología extranjera. Así, se plantea la necesidad de «fomentar la creación y consolidación de empresas españolas de ciberseguridad, así como priorizar tecnologías desarrolladas en el ámbito europeo o nacional cuando sea posible».

El matiz que planteó Sierra en este caso es el impulso de empresas públicas o de capital mixto con participación mayoritaria del Estado para evitar «el modelo dominante liderado por Palantir Technologies«. Esta empresa, filial en España de una de las grandes tecnológicas estadounidense, tiene adjudicado un contrato de Administración General del Estado por más de 16 millones de euros para la contratación de «una solución de fusión y análisis de inteligencia en el ámbito del Sistema de Inteligencia de las Fuerzas Armadas».

En la misma línea, el informe identifica esta dependencia como un «factor de vulnerabilidad en un contexto de tensiones geopolíticas y de utilización del ciberespacio como instrumento de presión». A lo que Sierra pretendía añadir que esto implementado por «Estados Unidos e Israel». Todos estos cambios fueron rechazados por PP y Vox. Hubo un quinto, al que también se opuso el PSOE, porque hacía referencia al hub de Defensa instalado en Aragón.

 

Ciberseguridad y geopolítica de la comunicación

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Las tecnologías disruptivas han revolucionado el arte de la guerra, las políticas de defensa y los modelos de gobernanza militar. En la actual legislatura, la Subcomisión de Ciberseguridad del Congreso va elevar un informe al Ejecutivo sobre la estrategia estatal de ciberseguridad. En las comparecencias y debates se constatan, cuando menos, cinco conclusiones compartidas por las fuerzas parlamentarias:

  1. El modelo tradicional de ciberseguridad sostenido a lo largo de las dos últimas décadas no es adecuado a los retos de los nuevos tiempos. La recomposición de los actores y grupos hegemónicos está acelerando los conflictos, tensiones y problemas de estabilidad y control del sistema-mundo.
  • Un incremento del coste de ciberseguridad en las grandes organizaciones en torno a cinco millones de euros plantea un reto de sostenibilidad de esta economía de guerra.
  • El aceleracionismo tecnológico de la IA generativa facilita ataques a gran escala con mayor precisión e impacto exigiendo respuestas casi en tiempo real.
  • La administración pública está respondiendo tarde y mal a esta problemática sin reforzar la cadena de suministro del software y la nube donde se estanca la memoria institucional.
  • El aumento exponencial de técnicas de ingeniería social como el phishing está extendiéndose socialmente al tiempo que casos cono el de Moldavia o Irán ilustran cómo la guerra híbrida, el uso de deepfakes, y los lobbies, socavan la soberanía popular.

En esta contexto, desde IU, hemos apostado por avanzar hacia un modelo de ciberseguridad basado en el principio de autonomía estratégica vindicando la soberanía digital. Un proyecto de Estado no puede depender de Estados Unidos e Israel. Necesitamos una política pública de ciencia y tecnología sostenible en el tiempo, evitando el modelo OMC de inversión pública y privatización del conocimiento patentado en manos de las grandes compañías de seguridad. Luego es preciso una política industrial más ambiciosa y consistente. Al tiempo, la Administración Pública debe acometer la ciberseguridad desde una visión integral, con evaluación y configuración participada por la sociedad civil. Más que nada porque la ciberseguridad es un negocio altamente lucrativo con ausencia de regulación. La caja negra del discurso cibernético es la economía política de la apropiación privada de la riqueza social. La historia del complejo-industrial militar del Pentágono es ilustrativa a este respecto. Y hoy es un poder que  protagoniza la agenda de rearme en todo el mundo. La disputa por las llamadas tierras raras forma parte del guion de Trump para garantizar su ventaja competitiva en la llamada cuarta revolución industrial. En otras palabras, el conflicto de los aranceles no oculta ya el reto de reorganización de la distribución geográfica de los recursos geológicos necesarios para la transformación de la economía. El mercado de minerales y la nueva geopolítica imperialista están teniendo de hecho un alto impacto en la economía y desde luego afectarán los ecosistemas y sostenibilidad medioambiental. Hablamos de un reto transversal que afecta al desarrollo y al ejercicio de las libertades públicas en términos de ecologías de vida. La necesaria extracción de materias primas y minerales para el 5G y el desarrollo de sistemas expertos obliga por lo mismo a la UE y a España a definir una política propia para la transición digital, la carrera aeroespacial e incluso las políticas de defensa. Pero ha optado por la subordinación a la hoja de ruta de Washington cuando resulta que EE.UU. ha perdido la batalla en la ciberguerra ante la planificación del sistema de ciencia y tecnología china. Pekín está muy por delante de EE.UU. La robótica, drones y satélites de China, aunque cuantitativamente menor en tamaño respecto a Estados Unidos, se ha mostrado más que competitiva, tal y como ilustra el desarrollo de Deepseek, considerado por un alto cargo de INCIBE como un arma de destrucción masiva. Un despropósito, sin duda, una prueba de la general incomprensión del bipartidismo que sigue anclado en la visión otanista cuando tras el informe ECHELON sabemos que el gran aliado, Estados Unidos, nunca fue un socio fiable. Hoy ha quedado además en evidencia no solo con declaraciones de altos funcionarios de la administración republicana, sino con la abierta amenaza de ocupar tierras enriquecidas de níquel, litio, cobre y otros minerales necesarios para la producción de componentes básicos de la ciberseguridad.

Exigir, en fin, un golpe de timón en esta materia no es solo demandar una política de transparencia. Se trata de vindicar sobre todo el diseño de ecosistemas autónomos y la plataformización pública a escala europea, integrando con nuestros propios medios una seguridad compartida en red con software e infraestructura propias, no de Israel o Estados Unidos que están enrareciendo el medioambiente y las relaciones internacionales para imponer unilateralmente sus intereses en la economía y la seguridad global, como puede verse, a sangre y fuego. La humanidad no se lo puede permitir. Sería el fin de los Derechos Humanos, y de toda seguridad para la vida en el planeta.