La universidad y lo común

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En medio de una clara y sistemática estrategia de ataque a la universidad pública y, en general, al legado de la ilustración, no es tiempo de sofismas curialescos, de charlatanería insulsa, ni de beatería de consumo para titulares de prensa. No podemos en España seguir con declaraciones de saldo y ocasión o meros gestos mientras nuestro sistema público de educación superior y, por extensión, la ciencia y la tecnología, es sometido a un proceso destituyente de incalculables consecuencias para el futuro del desarrollo del país.

En esta coyuntura histórica, y visto el marco de deliberación en el espacio público, sirva el principio de docta ignorancia para vindicar, en términos negativos, no tanto la defensa de la universidad pública como la liquidación de la deriva mercantilista y de cooptación del sector por el capital financiero, los fondos especulativos y una derecha ultramontana iliberal, que, como siempre, se muestra enemiga del conocimiento y la educación pública.

La cuestión no es solo la proliferación de centros que incumplen la ley y requerimientos de lo que debe ser una universidad, sino el socavamiento de los principios de igualdad y libertad de acceso al conocimiento. La entrada en escena de fondos como Portobello, CVC o EQT impugna no solo la función de movilidad social de la universidad pública, sino que amenaza el futuro de la investigación y el cultivo del conocimiento, esto es, la función social de la Universidad so pretexto del principio de libertad de elección que encubre la mercantilización de un derecho.

En Andalucía y Madrid, sabemos bien de qué se trata: desregulación de los flujos financieros y la especulación de fondos buitre, concentración de capital cognitivo, sometimiento de las instancias de decisión colectiva y académica, flexibilización de la oferta y la total privatización y explotación intensiva de la fuerza de trabajo creativa, en un proceso que no es otra cosa que una forma de acumulación por desposesión que termina siendo despojo. El resultado: desigualdad, pobreza intelectual y moral y, como hace muchos años advirtiera Ortega, dependencia cultural.

La americanización de la universidad, o lo que es lo mismo, el sometimiento de la enseñanza superior y la vida académica a un modelo de burocracia empresarial o tecnocracia es una malversación del espíritu ilustrado, una traición a la tradición humboltiana que ha venido operando, por la vía de externalización de servicios, por medio de la cultura de la competitividad interna y externa, con la financiación condicionada por resultados, y una fragmentación y organización instrumental que ha terminado deteriorando la calidad del servicio y precarizando al profesorado anegado de tareas improductivas a efectos de la evaluación de calidad.

Pero para garantizar las condiciones ventajosas para la oferta privada de mercado ha sido necesario, como ilustra una lección básica de la economía política, la producción artificial del principio de escasez y necesidad, induciendo el colapso, la asfixia financiera y el desprestigio continuado a fin de realizar el proceso de transferencia no ya de recursos públicos del Estado a centros de dudosas capacidades, sino especialmente el trasvase del capital simbólico de la pública, y previsiblemente de talento humano, a los centros que han proliferado estos últimos años.

La Universidad-Empresa, de la que ha participado el sistema público de educación superior, asumiendo el marco de Bolonia acríticamente, constituye en este sentido, una precondición del modelo de acumulación del Capitalismo Cognitivo en la llamada cuarta revolución industrial.

Es una apuesta irrenunciable del pogromo neoliberal defendido desde los años ochenta por la OCDE y una deriva consustancial al proceso de restauración del capital que, sobre las ruinas del Estado de Bienestar, aspira a hacer monetizable todo derecho y servicio público protegido.

La democratización del acceso conseguida en los años ochenta con la ampliación de matrícula y nuevos campus es hoy revertida por dos vías fundamentales de reversión del derecho a la educación: la privatización de la oferta formativa y el estrangulamiento financiero.

La desregulación del sistema de educación superior en función de intereses corporativos, muchas veces ajenos al sector como los fondos buitre o corporaciones como Atresmedia, se ha traducido como resultado en una mayor estratificación social, marcando jerarquías y pirámides semifeudales propias de la era de las Big Tech.

La campaña de Trump contra las universidades, el enemigo declarado, según el vicepresidente Vance, actualiza así la línea de choque del Documento de Santa Fe y la estrategia de roll back de la era Reagan traduciendo en la práctica una política que en Estados Unidos ha supuesto una asfixia económica de 400 millones de dólares a la Universidad de Columbia, sanciones a los Rectores de la Cornell University y la Universidad de Harvard, y en España, en la Comunidad de Madrid el acoso y derribo de la institucionalidad democrática de las universidades públicas, particularmente la Universidad Complutense de Madrid (UCM), al borde de la quiebra y suspensión de pagos.

Por no hablar de lo que, expresa o disimuladamente, han venido anunciando los portavoces de las derechas ultramontanas. Nos referimos a lo que Noam Chomsky describió como medidas correctivas y dispositivos de dominio que empiezan a operar en nuestras instituciones como la autocensura, el miedo de las autoridades académicas y la estrategia de victimización contra el principio de libertad de cátedra

La universidad, el conocimiento, ni se compra ni se vende, pero mientras tanto los operadores privados vienen minando las bases del modelo de desarrollo agudizando las contradicciones entre los procesos de individualización posesiva de los sujetos de la educación y la necesaria construcción de comunidad universitaria, entre autonomía del sistema y creciente heterodeterminación, entre jóvenes investigadores y docentes precarizados y académicos seniors, entre sistema público y actores privados incardinados en la universidad o entre estabilidad e innovación en la era de la IA.

Sabemos que todo pensamiento es simiente de acción. Y que conocer es atreverse a saber, preguntar, no responder y adaptarse al marco que nos es dado. Ante este panorama, es el momento de darle la vuelta a los términos del marco lógico que nos han impuesto y vindicar la universidad y el conocimiento como un ámbito de lo común, pese a la tragedia que viven los comunes en tiempos de libre comercio. En la práctica ello implica asumir cuando menos cinco líneas estratégicas de actuación:

  1. La democratización del derecho de acceso, formación y egreso de todos los ciudadanos independientemente de su renta o condición social. Si la Universidad no cumple ya la función de movilidad social ascendente y de igualación, es preciso una política pública que revierta los dispositivos de cercamiento y privatización de un servicio público esencial para la democracia y el desarrollo nacional.
  2. La organización de nuevas formas de participación y funcionamiento de la Universidad y de la producción social del conocimiento necesario en línea con propuestas como las que hemos venido liderando de Ciencia Ciudadana, hoy una exigencia estratégica en la era de la Inteligencia Artificial.
  3. La construcción de comunidad en la academia y la producción científica con la ciudadanía. Más allá de los Consejos Sociales, la transferencia de conocimiento debe implicar articulación social, la construcción de lo común que contribuya a la creación de sentidos de pertenencia socialmente referenciada en lugar de la atonía y anomia social que sitúa la Universidad en una posición irrelevante o de insignificancia pública.
  4. La territorialización y enraizamiento de los centros universitarios en su espacio social de referencia, construyendo campus, agendas y políticas institucionales acordes con la demanda de la sociedad civil y sus instituciones de ámbito local frente al modelo de universidades chiringuito de los fondos especulativos que hoy empiezan a marcar la agenda del PP y Vox y los debates sectoriales que están teniendo lugar en las autonomías gobernadas por las fuerzas ultraconservadoras.
  5. La planificación de un sistema financiero plurianual y estable que alcance al menos el 1 por ciento del PIB para converger con los países de nuestro entorno, evitando el principio de escasez inducida para beneficiar el mercado artificiosamente.

La deriva de sociedad anónima en la educación superior, la universidad particular, es contraria al humanismo y al principio de universalidad. Sin una política de lo común en educación superior no hay futuro, desarrollo posible ni derecho de acceso a la educación de la ciudadanía.

La experiencia de Chile y Estados Unidos así lo demuestra. Así que, frente a la destrucción creativa de la dialéctica de cercamiento de la formación y el conocimiento, ni gente sin plazas universitarias, ni plazas universitarias sin gente.

Hora de construir en este tiempo de mudanza una Universidad de la cuarta revolución industrial en la que su institucionalidad y la lógica de producción de conocimiento esté al servicio de la emancipación social, del bien común y no de intereses particulares. El futuro de la democracia depende de ello.

El temblor

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Los tiempos de zozobra comienzan materializándose en forma de estremecimiento o una suerte de escalofrío que recorre y paraliza el cuerpo social. La oscilación convulsa de las placas tectónicas de la geopolítica internacional que estamos viviendo en vivo y en directo ha agitado el tablero del sistema-mundo en forma de guerra, pero ya antes fue proyectada, de forma vibratoria, con las estridencias o erupción visible del neofascismo en redes y canales como Fox News, dando lugar a un inquietante temblor que no es solo miedo o pánico moral, sino, sobre todo, y antes que nada, ingeniería del caos. Lean el ensayo Chaos Theory: Two Essays on Market Anarchy de Robert Murphy. O si tienen duda al respecto de la actualidad informativa y de lo que representan estos liberticidas, disfrazados de libertarios, anarcocapitalistas se han etiquetado, lean aZbigniew Brzezinski, que ya en los noventa proyectó la estrategia del Pentágono en el gran tablero mundial para la supremacía absoluta de Estados Unidos.

Los pronunciamientos de Trump no son pues improvisadas bravuconerías, como se dice desacertadamente en las tertulias televisivas, sino la forma de la forma informativa de la estrategia del caos. Una suerte de seísmo que tiene su traslación en el plano mediático (absorción de Warner por Paramount) con la consiguiente concentración del poder de informar, no sabemos si, en términos gramscianos, del Estado corporativo o de las corporaciones GAFAM sin Estado. Lo cierto es que estamos llamados a mover ficha. El movimiento es la vacuna contra la doctrina del shock. Ante la política de la perplejidad del espectáculo que nos programan, es hora de apagar las pantallas y encender la imaginación o, como dice el bueno de Felipe Alcaraz, nos colgarán uno por uno, por separado. Y hay que empezar por priorizar la disputa antagonista en el plano de la comunicación, pues si algo se constata en la actual coyuntura histórica es el declive de la odisea neoliberal como relato, a decir de Eliseo Colón, y el alcance performativo del neolenguaje fascista que alimenta la desconfianza mutua, la ruptura de la cooperación social.

El reto o salida al falso dilema del prisionero en el que nos quieren encarcelar es justamente fortalecer los cuerpos y reunir las fuerzas dispersas ante la descomposición política y la crisis del sistema internacional. Somos conscientes, como Spinoza, que la vida excede todo laberinto o trampa del vaciamiento de lo común sobre el que opera el capital con el fascismo 2.0. Y que vivimos hace tiempo, en medio de la revolución digital, un nuevo modo de restauración del capital marcado por la colonización del espacio de deliberación en el que no solo se ataca a los intelectuales y todo pensamiento crítico consistente, sino que se censura toda voz que no opere como facilitador del reino absoluto de la mercancía. Esto es, en la sociedad del espectáculo, dominado por las redes sociales, hemos pasado de las políticas sobre la necesidad a la política de la necedad sin apenas transición. De la dialéctica partidista y parlamentaria al trastorno narcisista, y de la dialogía política a la psicopática enunciación del exterminio del adversario, nuestro ecosistema mediático está hoy cercado por el imperio de la estulticia cuya máxima expresión es el maestro de ceremonia del reality El aprendiz, en el que nos están obligando a concursar. Pero el giro de guión de la historia abre un nuevo tiempo de la política del asombro como posibilidad de transformación de este capitalismo gore a partir de la guerra ilegal contra Irán. No cabía de otra forma. Siempre, tras el temblor, en una suerte de retorno del cuerpo y la vida, vuelve a reestablecerse el movimiento contra el estupor y el aplastamiento de las nuevas mediaciones autoritarias. Opera de inmediato, como otras veces a lo largo de la historia, una refutación —No a la guerra— y la reapropiación social —las calles, el ágora digital — del dominio público. Y, por ende, un proceso antagonista de impugnación del realismo capitalista: la activación de la potencia del deseo y los cuerpos, de la pura vida, ante la necropolítica que nos consume en forma de brutalismo. En este marco, ha llegado la hora de desplegar toda nuestra astucia de la razón y una política de frente amplio, de abajo a arriba, de la periferia al centro, del sur al norte global. Todo lo demás es mero filibusterismo.

Si uno lee a conciencia al filósofo sardo, llega fácilmente a una conclusión, más allá del filme de Berlinguer que actualizó reflexiones pertinentes a propósito de la izquierda en Italia. Me refiero al título de la película de Andrea Segre. Si en verdad trabajamos por el principio esperanza, es hora de una gran ambición. La gente no quiere sucumbir al miedo de la violencia ultraderechista, pero para ello nuestros dirigentes han de dejar de confundir las pequeñas ambiciones, que no es otra cosa que mero oportunismo y miopía política, con la gran ambición que es tanto como decir, en palabras de Gramsci, que hay que trabajar por el bien colectivo, por lo común. No cabe ya demagogia alguna, ni fatuo electoralismo propia del cálculo partidario. La actual dinámica lleva al bonapartismo y a la tierra quemada, a la desertización del manantial de la pulsión plebeya por la utopía y la transformación necesaria y deseable. Así que empecemos por aprender a escuchar y recuperar el momento constituyente, comiéncese sin pausa a articular mejor y más democráticamente la participación orgánica. En juego está no solo el futuro de la democracia, sino la posibilidad misma de toda política de izquierda. Hoy la encrucijada histórica nos resitúa de nuevo ante esta cuestión nodal: la organicidad del bloque histórico y la ausencia de ambición, o cuando menos su falta de materialización por la nula voluntad política. Lo grave es que toda demora en estos momentos es entregar las armas al enemigo de clase, entre la grave incapacidad de visión estratégica y la impávida actuación política a la hora de construir desde el Sur una alternativa de futuro. Por fortuna, la gente tarde o temprano termina por desbordar tales cercos. Ojalá más pronto que tarde. Por la paz, por la humanidad, por el futuro del planeta.

Derecho a saber

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El principio de la ilustración, de toda forma de autonomía, comienza con la máxima kantiana “Sapere aude”. Pero el consejo de Horacio, la valentía de ser juicioso hoy padece la amenaza del frente ICE. Nos quieren, en fin, ciegos, mudos y sordos. El trumpismo, como expresión política, rima asonantemente con liberticidio. Así que el primer frente que tiene la izquierda en el hemisferio occidental, y particularmente en España, es el conocimiento y socialización del derecho a saber, la disputa sin cesar por la verdad, pues sin confianza, sin saber, no es posible la libertad de expresión. En tiempos de guerra, con la ley GENIUS, y la política de despliegue de la infraestructura de seguridad nacional que otorga en Estados Unidos a las corporaciones privadas poderes como la emisión de dinero, competencia exclusiva de la Reserva Federal, es hora de correlacionar el manejo de las redes por los GAFAM, la política bélica y de seguridad contra la migración y la proliferación de los bitcoin como captura corporativa del Estado, la clave distintiva, a decir de Gramsci, del fascismo. No viene al caso dar los detalles, seguramente conocidos por el lector, ejemplificando la etapa en curso del Estado corporativo. Pero como prueba un caso relevante. En las políticas contra la migración, el gabinete Trump, con Stephen Miller al frente, ha puesto en marcha ImmigrationOS, una aplicación de vigilancia para rastrear los visados y facilitar las deportaciones masivas. Anduril, Lattice despliegan al tiempo una estrategia satelital, una red operativa que pretende colonizar la UE por completo. El plan estadounidense en 2027 es la total autonomía de la guerra de los drones y la absoluta superioridad informativa. La protección de las comunicaciones de banda baja a manos de Musk es un paso más de imposición de la nueva forma de dominio global en la geopolítica imperialista del capitalismo de plataformas por la entente NSA/GAFAM y, con ello, la previsible agudización de los conflictos, especialmente con China. Aunque la administración de la oligarquía financiera en la Casa Blanca quiera presentar tales medidas desde la lógica de la razón tecnocrática y la eficiencia administrativa, lo cierto es que el Pentágono está cediendo el sistema de defensa a empresas como Palantir Technologies. En otras palabras, la autonomía estratégica del Estado y de los protectorados bajo su control, caso de la UE, hoy está en manos de esta gran corporación de seguridad transnacional. Antaño fue el uso de mercenarios en guerras como la de Afganistán, y hoy la inteligencia operativa en el campo de intervención depende absolutamente de una empresa privada, cuyo fundador Peter Thiel, es abiertamente contrario a la democracia. Cuando hablamos en España de una ley de soberanía digital y autonomía estratégica debiéramos por tanto plantear el reto de la dependencia tecnológica de Microsoft o Amazon, que hoy por hoy amenazan nuestra democracia. Se está conformando, como explica Francesca Bria, un complejo tecnológico autoritario que supone un paso más en la alianza público-privada en la salida a la crisis económica y de deuda que tiene Estados Unidos.

La infraestructura de gobernanza e hipervigilancia no es una anécdota o deriva delirante de Trump y su pogromo racista. Se trata más bien de un dispositivo económico-político para imponer el Estado corporativo, garantizar el proceso de acumulación por despojo mediante una política de vigilar y castigar, de terror planificado, impulsado por los nuevos señores feudales (Musk, Thiel, Sacks, Karp y Andreassen, entre otros). La combinación de dispositivo técnico y coordinación financiera está en la base del imperio que proyecta Silicon Valley. Desplegar herramientas con Starlink Valley en las comunicaciones militares, controlar el software de los drones que nos venden, vía OTAN, y dominar el negocio de la ciberseguridad es el caballo de Troya que nos están metiendo para expropiarnos de todo, incluso de los datos de salud, como hizo la Plataforma de Palantir en el Reino Unido. Así que el trío calavera, los portavoces de la muerte —James David Vance, Peter Thiel y Elon Musk— lo tienen claro cuando actualizan el trinomio de la cruzada Familia, Tradición y Propiedad. Cabe cuestionar, por nuestra parte, si la reacción a la declaración de guerra contra la UE se resuelve con proclamas de cosmopaletismo, secundando la matriz ideológica de la globalización ordoliberal, o vamos directo al hueso de la economía política que es el muro de Wall Steet.

Desde la historia moderna del capitalismo, las infraestructuras representan una transformación permanente de las condiciones de intercambio que operan en el espacio y determinan la geopolítica y los conflictos. Los dispositivos regulatorios y las cadenas de valor marcan la forma de operar de los agentes de la economía política dominante. Del mismo modo, los estándares técnicos de normalización es la vía usualmente utilizada por Estados Unidos para garantizar la dependencia tecnológica. Por eso hay que tener claro que los medios de comunicación no son inocuos, que la pérdida de soberanía digital en Europa se traduce en esclavitud y dependencia. Urge pues la desconexión de las redes que nos dominan y la construcción de una alternativa democrática. Como dejó escrito Gramsci, tenemos claro que en el principio siempre es la acción.

El Congreso pide explicaciones al Gobierno por el retraso en la aplicación de la ley europea de medios

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Varios diputados, entre ellos Francisco Sierra, de Izquierda Unida, han registrado en el Congreso de los Diputados una batería de preguntas dirigidas al Gobierno para exigir explicaciones sobre el retraso en la aplicación en España del Reglamento Europeo sobre la Libertad de los Medios de Comunicación (EMFA), en vigor desde mayo de 2024 y plenamente aplicable desde agosto de 2025.

La iniciativa parlamentaria, presentada por el grupo plurinacional Sumar al amparo del reglamento de la Cámara, advierte de que la libertad, pluralidad e independencia de los medios de comunicación constituyen pilares esenciales para la salud democrática. En este sentido, subraya que sin medios públicos “fuertes, autónomos y sometidos al interés general” no puede garantizarse un debate público libre ni el derecho de la ciudadanía a recibir información veraz.

Retraso en la adaptación normativa

Los diputados denuncian que, pese a los avances normativos anunciados en los últimos años, España arrastra un “retraso evidente” en la implementación efectiva del reglamento europeo. Este marco comunitario obliga a los Estados miembros a reforzar la protección del pluralismo, la independencia editorial y la transparencia en la financiación de los medios.

El Gobierno presentó en septiembre de 2024 un Plan de Acción por la Democracia con medidas para adaptar la legislación nacional, como la creación de un registro de medios o la publicación de la inversión en publicidad institucional. Posteriormente, en julio de 2025, aprobó un proyecto de ley sobre gobernanza democrática en servicios digitales y medios de comunicación, actualmente en tramitación parlamentaria.

Sin embargo, los firmantes consideran que estas iniciativas no han sido suficientes para garantizar el cumplimiento pleno del reglamento europeo, especialmente en lo relativo a la protección de los medios públicos frente a injerencias políticas o económicas.

Dudas sobre el papel de la CNMC

Uno de los puntos clave señalados es la falta de desarrollo de las competencias de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, organismo que debería asumir funciones de supervisión y control en este ámbito.

Según recuerdan, la propia presidenta del organismo ya advirtió en sede parlamentaria de que el proyecto legislativo en curso no incorpora plenamente algunas exigencias del reglamento europeo, como las garantías para el funcionamiento independiente de los medios públicos o la supervisión de la asignación de fondos públicos en publicidad institucional.

Ante esta situación, los diputados preguntan si el Ejecutivo prevé dotar a la CNMC de los recursos humanos, financieros y estructurales necesarios para ejercer eficazmente estas funciones.

Exigencia de medidas urgentes

La iniciativa reclama al Gobierno que concrete cuándo adoptará las medidas normativas, orgánicas y presupuestarias necesarias para cumplir con el reglamento europeo, cuya aplicación es obligatoria.

Asimismo, se solicitan detalles sobre las actuaciones previstas para garantizar la independencia editorial de los medios públicos, incluyendo los procedimientos de nombramiento y cese de sus responsables, así como mecanismos que eviten injerencias políticas.

Los parlamentarios también instan al Ejecutivo a definir sistemas de supervisión y coordinación, en colaboración con comunidades autónomas y autoridades reguladoras, que permitan prevenir represalias contra profesionales de la información o vulneraciones de la libertad de prensa.

Un contexto de preocupación democrática

La iniciativa se enmarca en un contexto que los diputados califican de “especialmente delicado”, marcado por la desinformación, la presión sobre periodistas y el debilitamiento de las garantías democráticas en el ámbito comunicativo.

En este escenario, consideran que la aplicación efectiva del reglamento europeo no solo responde a una obligación legal, sino que constituye una “responsabilidad democrática” para proteger el derecho a la información y reforzar la calidad del sistema democrático.

Francisco Sierra muestra en nombre del Grupo Plurinacional Sumar el “completo respaldo” a las demandas de la ‘Plataforma de Radiotelevisiones Públicas en Lucha’

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El diputado de Izquierda Unida y portavoz en la Comisión Mixta de Control Parlamentario de la Corporación RTVE y sus sociedades del Grupo Plurinacional Sumar, Francisco Sierra, muestra el “completo respaldo en nombre de nuestro grupo a las demandas de la ‘Plataforma de Radiotelevisiones Públicas en Lucha’, que agrupa a representantes de los/as profesionales de estos medios públicos de comunicación en todo el Estado.

Sierra indica que “compartimos las exigencias de esta Plataforma”, que se corresponden con la defensa que realizamos sobre que la calidad democrática de la conversación pública exige un marco de autonomía y regulación de los medios públicos y del trabajo que desempeñan sus profesionales como máxima garantía del servicio público audiovisual”.

Entre las principales cuestiones en las que incide la ‘Plataforma de Radiotelevisiones Públicas en Lucha’ está la implementación urgente en nuestro país del Reglamento Europeo de Libertad de Medios -European Media Freedom Act (EMFA)-, cuyo retraso en su puesta en marcha puede acarrear sanciones por parte de las instituciones europeas.

Francisco Sierra recuerda que “su contenido es de obligado cumplimiento, por lo que intensificaremos nuestro trabajo para emplazar al máximo nivel al Gobierno para que aplique las exigencias de este Reglamento Europeo de Libertad de Medios”.

Estas prioridades que expone el parlamentario de IU van dirigidas también al desarrollo del Plan de Acción por la Democracia “en lo que tiene que ver con la creación de un organismo estatal distinto a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) para cumplir con las exigencias de autonomía, pluralismo y fiscalización democrática”.

Eco y resonancias

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El pasado mes tuvo lugar un maratón-homenaje dedicado a Umberto Eco, con motivo del aniversario de su fallecimiento. La ocasión apenas trascendió en los medios, presos de la histeria informativa y las fuerzas centrífugas de control del acontecer social, con las que se suele imponer la narrative de la inanidad.

Hoy que se da una malversación del lenguaje en la pospolítica y se corrompen las palabras y la ética pública con el despliegue del trumpismo mediático, volver a recorder a Eco tiene, permita el lector el juego de palabras, una nueva resonancia.

La retórica de Milei puede, de hecho, ser mejor diseccionada con el célebre artículo del maestro de la semiótica sobre el fascismo. Y ahora que se rememora su figura conviene recordar su compromiso con el PCI, sus exploraciones creativas en la RAI, la crítica del despojo y la deconstrucción de los que Deleuze definía como discursos imbéciles tejidos con verdades bajas, además del cultivo del humanismo y las humanidades que hizo a lo largo de su obra en toda su extensión.

Ante la pérdida del sentido del trumpismo mediático, es hora de vindicar quien tanto cultivara el amor a la palabra y el libro. Nos lo debemos, si somos del orden de la autonomía y no de la consigna de la obediencia debida. El acto sin relato, la precariedad de la representación, con la consiguiente desafección política, proyecta una simbología extrema gobernada por los capataces del bullying.

La vocación publicitaria y su régimen de validación por repetición o pura redundancia configura asi un submundo hermético, la lógica burbuja, impenetrable a todo esfuerzo de argumentación racional. En cierto sentido, el trumpismo —o el mileismo— es una suerte de milenarismo, una teodiceca política de lo peor, que activa la reacción del malestar social como una rebelión contra toda revolución.

El enmascaramiento de las derechas alternativas o ultramontanas tienen, en este sentido, la virtud de dislocar, via usurpación del dominio común del lenguaje, el ágora democrática, negando, sistemáticamente, el principio de igualdad. Cuando todo es impostura (gesto, pose o modulación) en el discurso público, posicionarse pasa por deconstruir la reificación de la imagen congelada en nuestras pantallas y activar la memoria.

Hablamos de la batalla cultural contra la sinrazón como razón de la desafección y la irracionalidad objetiva. Y, por lo mismo, recordamos a Eco y las resonancias que nos evoca ante la impotencia misma del objeto cultural libro y de la palabra; de la huella como ausencia y presencia; del sonido y del silencio; de la evocación y provocacion interpelante; de la ambivalencia y las contradicciones del lenguaje y los referentes, hoy que lo literal es letal, y la palabra vacilante, titilante, negación de lo posible.

Esto es lo verdaderamente inédito, no tanto la crisis de representación de la que venimos hablando con motivo del giro linguistico, como de la ausencia misma de signifcación y sentido común que opera en lo mediato con nuestro legado cultural.

La velocidad de escape del turbocapitalismo anula la capacidad de pensar y decir imponiendo el opacamiento generalizado políticamente, el absurdo delirante configuracional. Y eso no cabe olvidarlo, como tampoco el ejemplo que nos brindó en persona en su visita a Sevilla el autor de El nombre de la rosa.

Pocos años antes de su fallecimiento, tuve el honor como decano de proponer el Doctorado Honoris Causa por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. No todos conocían lo que Eco ha supuesto para el campo de estudios de medios en todo el mundo, y menos aún el interés de nuestro homenajeado por la ciudad de Sevilla, capital del imperio del periodo histórico que mejor conocía.

Recuerdo que algunas autoridades académicas me cuestionaban si iba a venir, dado que ya tenía un innumerable listado de doctorados honoris causa. Y, de hecho, la primera fecha cerrada con su secretaria tuvo que suspenderse por enfermedad, con todo lo que ello implica para un acto protocolario de tanta importancia en la Universidad.

Pero yo sabía que Eco amaba Sevilla y no por amistad, que no la tenía. Mi relación con él no pasaba de ser la de un mero lector y estudioso de su obra semiótica y de haber asistido a varias conferencias que impartió en la Universidad Complutense de la mano de su discípulo, Jorge Lozano.

Pero tenía consciencia de su interés por la cultura hispalense. De hecho, cuando confirmó la aceptación del Doctorado Honoris Causa, solo me puso una condición: quería conocer la Biblioteca Colombina de primera mano. Y así hicimos. Durante tres días, los paseos por la ciudad, almuerzos y charlas informales fueron todo un descubrimiento, al igual que compartir estancia con el personaje.

Primero, me sorprendió su gran humanidad y el sentido del humor, muy irónico, socarrón y similar al humor negro granaíno de quienes compartimos la cultura de la malafollá. Y, lo segundo, era su conocimiento continental de la historia y el patrimonio monumental de la ciudad. Nos dejó perplejos a todos.

Por aquel entonces, Eco ya tenía numerosos achaques de salud, principalmente gota y, supongo, problemas de azúcar, pero con humor decía que, dado que no viajaba su esposa y estaba libre de cuidados, podía tomar un guisqui de más. Y así hicimos para que conociera la gastronomía local, aunque ya había visitado la ciudad anteriormente, y cumplir con los pequeños placeres del paseo, cual flaneur, entreverada por la conversación.

Como pueden suponer, y tratándose de Eco, todas las instituciones culturales de la ciudad colaboraron, y nos programaron visitas reservadas tanto en la catedral como en la Biblioteca Colombina. Imaginen lo que ello significaba para un amante de los libros como Eco, que terminó por ser nuestro guía, con grata sorpresa de la directora de la biblioteca, que tuvo a bien regalar algunas réplicas del fondo.

La visita fue toda una lección de historia del libro, de las Américas, del archivo de Indias, en fin, de todo lo que un bibliófilo experto como Eco nos aportó con su honda sabiduría y erudición. De ello quedó constancia en el curso que organicé con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) sobre Comunicación y Barroco, patrocinado por Focus Abengoa, donde también intervinieron referentes del pensamiento como Roger Chartier.

En ese curso, Umberto Eco hizo una intervención memorable sobre Enciclopedia barroca y la actual enciclopedia digital. Corría el año 2010, y todavía existía prensa local de prestigio que se hizo eco a diario de la visita del gran maestro.

Días de confidencias, aprendizajes, diálogos y descubrimientos que, para la comunidad académica de la Facultad de Comunicación y la Universidad de Sevilla, pueden calificarse de un hito histórico. Doy fe de ello y, personalmente, puedo considerar el encuentro una de las experiencias más enriquecedoras en mis más de treinta años de actividad académica.

Eco resultó tan solícito, cercano y comprometido con la ciudad y con quienes, como académicos, organizamos su visita que no podía concluir su viaje sin un recuerdo de su estadía en la ciudad. Y francamente no era fácil. Como bibliófilo, sorprenderle era materialmente imposible, y ya había guardado algún incunable de la Colombina. Y un presente de la cultura propia, cerámica o giraldillo, no procedía en su caso.

Así que, dado que la Universidad no contemplaba presentes por protocolo, procuré por mis propios medios un cuadro de Santo Tomás. Una pieza antigua que Eco no quería aceptar porque era consciente del alto valor económico y simbólico, y que finalmente logré que llevara para formar parte de su gran biblioteca personal.

No volví a conocer alguien tan humano, sabio, con un sentido del humor tan lúcido y creativo como él. Si acaso su colega y amigo Paolo Fabbri, a quien recibí siendo presidente de la Fundación Fellini y que añadía a las virtudes de su maestro un hondo sentido de la cultura popular como buen vivir.

Historias, recuerdos, en fin, que sirven para no olvidar que, en tiempos de silencio y de tinieblas, en horas tan atribuladas y terroríficas como estas, la máxima o principal resonancia que aprendimos de los grandes maestros como Eco es justamente que nada de lo humano nos es ajeno y que es preciso para ello aplicar el principio ético de Sabere Aude. Este es el reto civilizatorio que está en juego en tiempos de brutalismo mediático.

Raro, raro, raro

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La era del silicio impone una estricta economía de la geofísica de la información y, en tiempos de Trump, una geopolítica del despojo, campañas de exploración de tierras raras que actualizan el realismo capitalista en forma de tiempo enrarecido, extraño, enajenante y también de captura de los restos de la era del carbono. La elegía satírica de la novela “Al límite” de Thomas Pynchon (2014) retrata con maestría las formas históricas del viejo y nuevo materialismo, sus enclaves sociopolíticos y la base científica que lo sustenta, léase “Contraluz” (2010), los hilarantes episodios de la II Guerra Mundial descritos en su obra maestra “El arco iris de gravedad” (1973) o cualquier medio serio como El Jueves, porque solo el humor nos puede hacer libres y mostrar la verdad en el mundo al revés del orden reinante. Cuando la realidad parece ficción, la escritura literaria nos cuenta lo que los cuentos informativos no cuentan, por ejemplo, describiendo el contexto de los retos por venir.

Decía Jesús Ibáñez que la mejor prospectiva social es las que nos ofrecen las novelas de ciencia ficción, donde podemos secularizar la imagen operativa y las metáforas de la materialidad geológica en medio de la descomposición del mundo. Podemos por ejemplo poner el foco en el sistema de relaciones que da continuidad a las investigaciones de la energía nuclear con el complejo industrial militar del Pentágono y la red de intereses materiales que van de Venezuela a Sudáfrica, de Nueva York a Finlandia, de Argentina y Bolivia a Groenlandia. Lógicamente, no viene al caso explicar los tropos, recursos sintácticos, estructuras narrativas y constructos literarios de la literatura cyberpunk o de las novelas de Pynchon, porque lo verdaderamente importante, aquí y ahora, es cómo nos ayudan a penetrar, con ojo avizor, el tupido velo de la desinformación y las opacidades del poder de comando informacional. Pensar, en suma, la cultura matricial del oculocentrismo, la óptica y mediación del espíritu de este tiempo que conecta, en red, el trabajo y los medios, la proyección imaginaria de las fantasías electrónicas y la transformación del hábitat, las mutaciones tecnológicas y el extractivismo del medio ambiente natural, para una crítica de la economía política en tanto que ecología política de la comunicación de los nuevos bárbaros que habitan en la Casa Blanca.

La acción de “Al límite”, la novela del mejor escritor estadounidense de la segunda mitad del siglo XX, es sin duda alguna una muestra reveladora del mapeo necesario en esta línea de las cartografías del complejo sistema de interconexiones del capitalismo maquínico. La novela transcurre en la ciudad de Nueva York durante el año 2001. Describe, no casualmente, el período que va desde la crisis de las puntocom hasta los atentados del 11 de septiembre. Los personajes de la novela participan de una trama de delitos económicos, empresas de seguridad informática, servicios secretos como el Mosad, y la producción de un videojuego y sistema de programación ultramoderno, que en cierta forma es también protagonista de la novela. Pues DeepArcher, el juego de realidad virtual que motiva la cadena de asesinatos, es similar a Second Life, uno puede tranquilamente «vivir», pasear, comprar o mirar donde no hay nada especial que hacer: un «lugar», en fin, desmaterializado, que despliega una serie de sucesos por apropiarse del código y del capital económico en el trasfondo de la cultura del videojuego.  Discursivamente, la trama nos enfrenta al viejo y nuevo mundo del capitalismo. Pero, como los personajes de Al límite, en la era del juego, y la gamificación, parece que el personal no se entera o no es consciente de lo que está en juego, o, peor aún, no quieren saberlo, no vaya a ser que la narrativa monocorde, como decía Peter Walkins, nos falle con un final infeliz.

Las lecciones de Thomas Pynchon al respecto son clarificadoras. Frente a cierta lectura idealista sobre el goce en las nuevas formas de comunicación de la era digital, la concepción materialista de la cultura exige, en nuestro tiempo hipermediatizado, una consistente interpretación que haga comprensible las contradicciones de estas prácticas culturales en el marco de la cuarta revolución industrial. En la era postmedia del ocio expandido, el reino de lo extraordinario y de lo espectacular integrado capturan y subsumen la creatividad como exigencia primordial de la acumulación por desposesión  en una suerte de dominio de la máquina de guerra. En el caso de la novela, los crímenes y delitos económicos son asociados a la apropiación del excedente de los silicon valley boys cuyos amplios márgenes de beneficio terminan teniendo altos costes socioambientales. El negocio de la realidad virtual plantea pues interrogantes fundamentales como paradigma de la necesaria reconstrucción del nuevo materialismo del encuentro, no solo por su relevancia como sector económico sino también justamente por participar de la estrategia de ocultamiento que requiere el proceso de despojo del capital en su guerra abierta contra los pueblos y la humanidad. En este marco, la subordinación y gregarismo de la UE produce vergüenza ajena. Además de seguir los lineamientos de los GAFAM, y de la OTAN, la vindicación de la autonomía estratégica y la soberanía digital, proclamadas por los cómplices del genocidio en Gaza, resulta cuando menos ridícula mientras se multiplican suculentos contratos millonarios con Lokhead Martin, Northrop Gruman, y General Dynamics, las mismas empresas que promueven la guerra en Europa y América Latina, facilitando la espiral del disimulo de Wall Street interesados tanto en la innovación tecnológica como en los negocios de la reconstrucción, tras la destrucción creativa, sea modo resort o simple infraestructura civil.

Sabemos que, ante la barbarie, el acero voz, la voluntad expresa contra el poder instituido en un mundo sin aurora ni horizonte histórico perceptible es no solo pura heroicidad, también algo suicida. Pero nos queda siempre la esperanza, que es el consuelo de la lucha. A decir de Pasolini, el consuelo de saber luchar para mirar de frente a la realidad. Y no es poca cosa en tiempos de bulos y disimulos, más mulos que otra cosa. La virtud, en fin, de la pa/ciencia y la dignidad contra el poder destructor de la megamáquina del capital siempre es una potencia superior a toda virtualidad que nos quieran vender como realidad paralela. Las lecciones de la historia así lo demuestran. Dicho esto, ya va siendo hora, por cierto, de poner nombre y apellidos, negro sobre blanco, a los nuevos robber baron. La literatura es solo un mero ensayo para ello.

RTVE, nuevos tiempos

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El fragor de la batalla mediática en el contexto del mediawfare ha socavado el debate de fondo sobre la naturaleza del servicio público y los cambios estructurales que ha de acometer RTVE en el nuevo ecosistema del capitalismo de plataformas. Nos referimos, en concreto, a los trabajos que la Subcomisión del Mandato Marco ha iniciado a nivel parlamentario para sentar las bases operativas de organización y desarrollo del principal canal radiotelevisivo de nuestro país.

Más de ocho años después de concluir el período del documento base en vigor que fija las directrices de la política de gestión del ente público y tras un intento fallido en la anterior legislatura, desde el Grupo Plurinacional Sumar hemos conseguido finalmente que se convoque a los portavoces de los grupos con representación parlamentaria para sentar las bases de un nuevo tiempo para la Corporación. No ha sido fácil. En lo que llevamos de esta XV Legislatura, consta en acta la demanda de impulsar, como es preceptivo, el segundo Mandato Marco de RTVE, sin respuesta del grupo mayoritario en el Senado.

Entre tanto, la modificación del real decreto que alteró el modelo de elección de los miembros del Consejo de Administración, ha definido nuevas reglas del juego que entran en contradicción con el Reglamento Europeo de Libertad de Medios (EMFA) al suprimir la elección por mayoría cualificada. No es objeto de la subcomisión resolver tal anomalía democrática, pero sí garantizar cuando menos la materialización de los valores constitucionales en el compromiso institucional de la función articuladora del servicio público audiovisual.

En este empeño, conviene empezar a exigir, a fin de evitar situaciones de impasse como las vividas años atrás, la actualización y renovación del Mandato Marco anualmente mediante la permanencia y seguimiento de la subcomisión encargada de redactar el documento, que debería continuar sus trabajos y velar por la continuidad de los lineamientos y directrices que han de concretarse en el contrato-programa.

Igualmente, es deseable el desarrollo y articulación de espacios que hagan efectivo el derecho de acceso contemplado en el artículo 20 de la Constitución como el Consejo Consultivo de Participación Ciudadana que, junto con el Consejo Profesional y el Estatuto de Redacción, garanticen el principio de autonomía y neutralidad en la prestación del servicio.

Medios de comunicación y discursos del odio

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El lunes 9 de marzo, en el local de La Fuga, a las 20h: Medios de comunicación y discursos del odio, con Macarena Hernández. Universidad de Cádiz, Cruz Tornay. COMPOLITICAS y Javier Moreno.

Los tiempos del trumpismo político vienen marcados por la política espectacular y la retórica del miedo. Los discursos del odio que proliferan en medios de información y redes digitales plantean un frente cultural en defensa de los Derechos Humanos en el que los GAFAM actúan como canal de escenificación y ecosistema natural de intervención a modo de guardabarreras de todo dominio público, en calidad de agentes promotores de la desinformación. En palabras de Byun-Chul Han, vivimos hoy una suerte de anestesia permanente en el que el fascismo, la xenofobia, el antifeminismo y los discursos de la derecha extrema contra las minorías proliferan en las pantallas del ágora digital definiendo el marco de deliberación pública. En el Seminario Permanente de Teoría Crítica, abriremos un ejes de análisis y alternativas democráticas para revertir la lógica de la hegemonía del Estado corporativo.

Enlace al audio del evento: https://archive.org/details/medios-de-comunicacion-y-discursos-del-odio