La lectura en mosaico y el efecto burbuja de las redes sociales. Entrevista en La Capital

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Fake news, discursos de odio y noticias que circulan con la brevedad de un video de TikTok. El escenario atraviesa el debate comunicacional. Para el periodista y catedrático español Francisco Sierra Caballero discutir estos temas son desafíos no solo de los medios sino también de las democracias. Y también de las instituciones que forman a los futuros comunicadores, donde advierte que muchos de ellos “tienen como modelo profesional ser youtuber o influencer”.

Sierra Caballero es docente en teoría de la comunicación y director del Grupo Interdisciplinario de Estudios en Comunicación, Política y Cambio Social de la Universidad de Sevilla. También experto en políticas de comunicación, nuevas tecnologías y participación ciudadana de la Comisión Europea. Esta semana estuvo en Rosario para brindar un seminario organizado por la maestría en comunicación digital interactiva de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), junto al Centro de Estudios en Derecho a la Comunicación (Facultad de Derecho).

—¿Cómo ve estos debates en la formación de los futuros comunicadores?

—Tenemos un reto de capacitación, porque en la nueva generación de estudiantes de las facultades de periodismo y de comunicación muchos tienen como prototipo profesional ser youtuber o influencer. El modelo va por ahí y creo que en esta materia los currículums de las facultades tienen graves carencias. Materias como ética de la comunicación suelen ser marginales o consideradas menores. En algunas facultades ni siquiera las incluyen en las currículas. Pero más que en la capacitación yo insistiría en la formación política. Necesitamos introducir no solo materias y estudios de política de comunicación, sino pensar cómo regular estas situaciones que se dan en las redes sociales o en las plataformas. Hay que recordar que el gremio periodístico —empresas y periodistas— en general suele ser muy recalcitrante, por no decir reaccionario, respecto de cualquier iniciativa de regulación. Mientras no tengamos marcos normativos será la ley del más fuerte la que impere. El campo de la comunicación es quizás, de todas las actividades públicas y sociales, la menos regulada.

—Mencionaba la cuestión curricular. ¿Los cambios deben hacer foco en las herramientas o también en las cuestiones políticas?

—En las dos. El debate sobre los medios no es solo contenidos. De hecho tenemos una propensión a discutir sobre contenidos, como los que son violentos, racistas, sexistas o hasta clasistas. Pero no vamos a conseguir una ecología saludable y no tóxica de los medios si no discutimos las herramientas. Es decir, quién es el propietario de la infraestructura, quiénes son los que controlan el software. Y no se trata de ser tecnofóbico o contrario a las TICs, ni censurar que los jóvenes utilicen las TICs, sino construir dominio público.

—Un reciente informe del Instituto Reuters sobre el consumo de medios de las nuevas audiencias marca que bajó la confianza en los medios, pero también el consumo de noticias.

—Sí, es una tendencia y no es nueva, lo que pasa es que en las últimas décadas se ha acentuado mucho. Cuando empezó la explosión de internet se debatió en Europa la guerra de las pantallas, una guerra etaria o generacional. Es decir, los jóvenes estaban huyendo de los medios tradicionales y yendo directamente a internet para informarse. Hoy hay dos procesos: el más preocupante es el que tiene que ver con la credibilidad de los medios. Gran parte de las fake news y la desinformación viene por los medios, no viene por WhatsApp o por TikTok. Por lo tanto hay una responsabilidad indiscutible. Después de la clase política los periodistas son los peor valorados en el rol público que desempeñan. El otro tema es más complejo, que es la desintermediación. Es decir, la crisis del papel que tenían los medios de ser puente entre las fuentes y la ciudadanía. Eso ha desaparecido y la gente lee más, pero no en la lógica de la Galaxia Gutenberg. No lee la noticia, lee cruzado, en pequeños fragmentos de información. Con lo cual, la cultura que tienen es una cultura de mosaico, muy fragmentaria, desconectada y desordenada. Se habló en su momento de que iban a imponerse los curadores digitales, pero lo que tenemos son Apps que hacen de manera automatizada selección de informaciones de distintos medios. Sabemos que lo que llega a las redes está monitorizado y planificado. Y aquí es válida la tesis del filósofo alemán Jürgen Habermas, que dijo que quien tiene administración comunicativa y tiene el poder de hacer llegar el mensaje, así sea por TikTok o por WhatsApp, impone su relato. La tendencia a la desintermediación tiene una parte positiva, que la gente puede producir, pero una negativa: no hay filtro, no hay criterio de jerarquía y selección. Ese es un problema grave que da pie a cualquier tipo de manipulación.

—Con respecto a los formatos, uno de los de los puntos de ese informe marcaba la preferencia de la población más joven de informarse a través de TikTok.

—Creo que es una mala política el asumir el discurso tecnofóbico o asignar a los dispositivos el problema que hay. En comunicación política se ha estudiado desde los años 80 las campañas electorales en los Estados Unidos y cada vez dicen menos: menos información, esloganes más sintéticos y publicidades más cortas. O sea, no es algo de TikTok, sino que hay una tendencia mediática de reducción de complejidad. Lo que ha cambiado significativamente es que no ha habido un contrapeso, espacios comunitarios donde la gente se reúne y habla. Si se da el efecto burbuja, donde la única fuente que llega es la que construimos en nuestras redes a través de los dispositivos, el efecto es demoledor, porque se pierden los espacios de socialización. El problema de TikTok y las redes es que se tiende a la individualización y al efecto burbuja. Si no se sostienen espacios comunales como la iglesia, el partido político, la asociación de vecinos o el centro de estudiantes, la única fuente que queda es esa. Y eso genera un impacto por el nivel de simplicidad y de reducción. Vean el caso chileno, donde mucha gente creyó que le iban a quitar la propiedad o que iba a venir una invasión mapuche a conquistar el territorio chileno.

—¿La escuela debe cumplir alguna función en ese debate, en tanto institución de la democracia?

— Sin duda, lo que pasa es que cuando se habla de competencias digitales se pone siempre el acento en lo instrumental y los que somos de tradición freireana insistimos que a la gente no hay que enseñarle a usar los dispositivos, sino a cómo hacer historia, cómo cambiar la vida, cómo transformar el mundo y cómo intervenir en la realidad política con los dispositivos digitales. En casi todas las formaciones que hay a nivel de educación obligatoria en secundaria las materias de competencia digital son instrumentales, y algunos elementos de ética y moral: lo que no se debe hacer, cuidado con la intimidad, no mostrar los cuerpos, tener cuidado con ciertos discursos. Volvemos a los contenidos, pero una formación integral debería ser política, formar al ciudadano en sus derechos, en sus deberes, en la política de tecnología y comunicación, en los derechos a la comunicación con una perspectiva mucho más global.

Communicology of the South. Critical Perspectives from Latin America

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This book addresses new conceptual bases for thinking critically about communication as a necessary way in which to confront power, property and the market as part of the daily resistance of Latin American subaltern cultures. The chapters research an urgent field of situated knowledge and spark a much-needed dialogue. The editors view emancipatory communication experiences as disruptive acts of resistance, prompted mainly by social movements. These experiences have opened up political modes of communication by establishing a decolonising axis in the field of communication and reconstructing the history and memory of Latin America. This book is a valuable reference for researchers, academics and students interested in the role of communication and culture in processes of social transformation.

Entrevista en Radio Universidad de Rosario. ABC de la Ciencia

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Daniela Monje (Universidad Nacional de Córdoba) y Francisco Sierra Caballero (Universidad de Sevilla).

Los derechos ciudadanos a la comunicación, las políticas públicas de regulación en el contexto de circuitos de comunicación dominados por las plataformas y sus lógicas, los enunciadores de los discursos que circulan. Un debate contemporáneo urgente, una asignatura pendiente.

El fin del periodismo

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Los medios median pero, en España, parece que no tienen remedio alguno por falta de reflexividad, que es tanto como decir que han perdido toda vergüenza al renunciar a la necesaria autoobservación y crítica de su mala praxis. La cobertura de la campaña electoral en Andalucía, sesgada en contra de la opción transformadora del frente amplio Por Andalucía, es reveladora de la razón de ser del sistema mediático, orientado, como el Grupo Joly, a defender los intereses creados: del Ibex35 a las cloacas del Estado, de los herederos de Franco a los neonazis cosmopaletos, de la oligarquía económica de Bruselas a la OTAN, en un carrusel sin fin de infamias y acoso, que impone el cerco mediático a toda disidencia, crítica o mero cuestionamiento sobre la deriva del sistema-mundo. Añádase a ello el silencio administrativo del sector y la profesión cuando se procede a la extradición de Julian Assange. La libertad de expresión es, para ellos, un simple señuelo para enarbolar en el mejor de los casos la filosofía Ayuso (la libertad de hacer lo que a uno le dé la real gana, entiéndase lo de real en plan borbónico, sin prestar rendición de cuentas, salvo a los accionistas, como Dios manda). Lo cómico es que estos siervos de la gleba siguen tratando de dar credibilidad al relato ficticio sobre los medios como cancerberos de la democracia. Divertida metáfora perruna, muy doméstica por cierto en estos tiempos de mascotas humanizadas en los que la lógica del mundo invertido tiende a encubrir las fechorías del oficio, simulando no dejar rastro, aunque el crimen contra la democracia queda siempre, además de impune, en evidencia incluso en los panegíricos sobre el rol de la prensa. Así, decía hace unos meses, Alfonso Armada que el periodismo no puede renunciar a la precisión, exactitud y brevedad cuando la realidad diaria es justo la contraria, empezando por Sálvame y la contaminación de los informativos convertidos en versión Hola de la actualidad. Ahora, la deriva mercantil del periodismo no es nueva. Recordemos la sátira de Evelyn Waugh “Scoop” (1938) sobre su experiencia en el Daily Mail. La diferencia de este tiempo a nuestros días es que la comedia del arte de informar ya ni siquiera disimula su verdadera función pues vive exclusivamente del sensacionalismo, las falsas noticias o la manipulación que Billy Wilder retratara magistralmente en “Primera Plana”. Llama por ello la atención que columnistas como Juan Manuel de Prada hablen de la muerte del periodismo como cuarto poder desde un diario como ABC que ha encubierto la corrupción del Rey y del PP sistemáticamente, abriendo a su vez macrocausas contra líderes de la izquierda en forma de lawfare. Hoy sabemos que el objetivo de la connivencia de la jueza Ayala y el diario de Torcuato Luca de Tena no era otro que eliminar a Torrijos y allanar el camino de Zoido a la alcaldía de Sevilla: lo consiguieron. La cuestión ahora es cómo se restituyen los derechos conculcados, cómo podemos exigir responsabilidades a los medios y periodistas que a día de hoy siguen el guión prescrito en los despachos de la oligarquía. Desde luego, pese a la imaginación idealista de algunos conversos, no será en las redes, pues lo que hoy predomina es más bien el imperio del cretinismo digital. Por ello convendría empezar a proyectar políticas democráticas de comunicación contra los abusos de los dueños de los medios. Cada vez es más evidente que la regulación no es un problema de protección del anonimato y la intimidad, sino antes bien el reto de garantizar un ecosistema de confianza y equilibro. La política de la mentira, el cálculo programado de la difamación en la era de las fake news es el caldo de cultivo del autoritarismo de las clases dominantes que, como advirtiera el filófoso Jurgen Habermas, presentan como opinión pública lo que no es sino la producción premeditada de la opinión publicada de sus intereses. Resultado, la crisis de confianza y credibilidad de los medios. Un estudio de GAD3 para el Foro Periodismo 2030 señala por lo mismo que los andaluces, por ejemplo, requieren más información local y de servicio. Aunque el informe tiene por objeto justificar el pago por la información en favor de medios como ABC, su lectura a contrapelo nos confirma una verdad incontrovertible: la cultura de la difamación y las injurias campa en el periodismo mercantilista por doquier, alimentando la bestia de lo que mi colega de la Universidad de Valencia, Antonio Méndez Rubio, denomina fascismo de baja intensidad. En suma, la caverna mediática no nos deja ver la luz y pierde foco. Lo que llaman periodismo no lo es, salvo en revistas serias como El Jueves o Mongolia. Como en otros periodos oscuros de la historia, el humor nos hará libres. Bienvenidos al desierto de lo real del tecnofeudalismo, en el que solo como bufón uno puedo contar la verdad. Así que no pierdan la risa, detrás de las pantallas siempre florece la vida y la esperanza. Es hora de convertir la mueca del dolor y la indignación en carcajada, en alegría de resistir y cambiar el mundo que nos cuentan.

Regular la Comunicación: El camino que garantiza derechos ciudadanos. La Oreja Libertaria, Radio Pichincha

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Nombre del programa: LA OREJA LIBERTARIA
Productor: Colectivo Espejo Libertario
Medio de difusión: Radio Pichincha
Tema: Regular la Comunicación: El camino que garantiza derechos ciudadanos
Invitados: Francisco Sierra, ex Director de CIESPAL
Hernán Reyes, catedrático
Conductores: Luis Onofa, periodista. Leonardo Parrini, periodista.

 

Lanzan libro «Comunicología del Sur» de Carlos del Valle y Francisco Sierra

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El Dr. en Comunicación Carlos del Valle Rojas, destacado Investigador de la Universidad de la Frontera y el Dr. Francisco Sierra, Catedrático en Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla, son los editores de un nuevo libro que reúne a investigadores de primera relevancia, y de diversas nacionalidades, cuya primera versión será publicada en Ingles durante el mes de agosto.

Este libro aborda nuevas bases conceptuales para pensar críticamente sobre la comunicación como una forma necesaria de enfrentar el poder, la propiedad y el mercado como parte de la resistencia cotidiana de las culturas subalternas latinoamericanas. Los capítulos investigan un campo urgente de conocimiento situado y provocan un diálogo muy necesario. Los editores ven las experiencias de comunicación emancipatoria como actos disruptivos de resistencia, impulsados principalmente por los movimientos sociales. Estas experiencias han abierto modos políticos de comunicación al establecer un eje descolonizador en el campo de la comunicación y reconstruir la historia y la memoria de América Latina. Este libro es una valiosa referencia para investigadores, académicos y estudiantes interesados en el papel de la comunicación y la cultura en los procesos de transformación social.

En la contraportada hay un importante comentario del destacado investigador Toby Miller:

La disciplina anglosajona de las comunicaciones es amplia y en gran parte poco distinguida. Durante muchas décadas, el trabajo más interesante e influyente a nivel internacional en el campo proviene de América Latina. Este volumen, tanto recapitulativo como original, está brillantemente curado por dos editores de renombre mundial. Será un hito”. (Toby Miller, Profesor Stuart Hall de Estudios Culturales, Universidad Autónoma de México y Profesor Investigador en la División de Graduados, Universidad de California, Riverside).

“‘Comunicología del Sur’ es una lectura obligada para cualquiera que esté dispuesto a expandir el horizonte de su pensamiento sobre la interacción entre comunicación, cultura y transformación social. El proyecto epistémico promovido por el libro emerge con fuerza de un diálogo animado a lo largo de dimensiones típicamente dejado de lado por la academia dominante. Centrándose en el “subalterno”, el “bastardo”, el “imaginativo” y el “intercultural”, el libro desafía y complementa los enfoques occidentales de la comunicación y la cultura”. (Stefania Milan, Profesora de Estudios de Datos Críticos, Departamento de Estudios de Medios, Universidad de Ámsterdam, Países Bajos.)

Universidad de la Frontera. Observatorio en Comunicación, Crítica y Sociedad (OBCS)

Canal Sur, en cuarentena

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Mientras el candidato Risitas, que ni gracia hace, engaña hasta ayer al personal afirmando que «Andalucía Avanza» mientras no deja de recortar personal sanitario y docente, con franco deterioro de los servicios públicos, el Comité de Empresa de la Radio y Televisión de Andalucía (RTVA) celebró una nueva huelga, coincidiendo con el último día de cierre de campaña, con un porcentaje de seguimiento superior al 80 por ciento.

Lo contamos aquí porque, casualmente, apenas ha tenido eco en los medios del régimen y porque ya quisieran los responsables del ente público radiotelevisivo una cuarta parte de esta cifra de seguimiento en los índices de audiencias. Pero con esta dirección no es que parezca improbable, sino más bien imposible.

El recorte del 10 por ciento del presupuesto, junto a la descarada y abierta manipulación informativa, han deteriorado la empresa a tal grado que “La Nuestra” es hoy solo un baluarte de la guerra cultural de la extrema derecha al servicio de los de siempre, los mismos que nunca creyeron en la autonomía andaluza. Resultado: se ha devaluado un medio público que era referencia en la región y uno de los mejores canales autonómicos del Estado.

De la misma manera que en la Guerra Civil, pasando a degüello a los parias de la tierra y a sus clases más avanzadas e ilustres, los Zancajo de turno –ahora Carmen Torres– se han dedicado a censurar y a eliminar toda voz no plegada a esta función vicaria de Telebendodo.

Ello ha agravado los conflictos en las redacciones con una plantilla insuficiente, desmoralizada por la falta de proyecto y liderazgo y la continua injerencia de los comisarios del Risitas. Al tiempo, la recaudación publicitaria ha descendido, el déficit ha aumentado, la audiencia sigue en descenso paulatino, la credibilidad se mantiene gravemente afectada y algunos, mientras, haciendo el negocio de las productoras o en la espiral del disimulo como Más Análisis, de Teodoro León Gross, que empezamos a dudar si alguna vez fue profesor de Periodismo o simple lector de Dovifat convertido –o, quizás, convencido de ser mero speaker de Bendodo–.

Todo ello sin comentar la proliferación de tertulianos de extrema derecha en este y otros espacios. Vamos, que lo del pluralismo no lo han entendido ni lo entenderán. Más aún si hay campaña de por medio. El tratamiento de Vox y el PP ha sido bochornoso y el ocultamiento de opciones políticas transformadoras, una vergüenza.

Canal Sur ha actuado con premeditación y alevosía, incluso haciendo invisible en las encuestas la opción Por Andalucía. Pero ¿qué podemos esperar de una mesa de análisis de derechistas travestidos de demócratas y otros lindos portavoces del orden instituido, otrora pregoneros del PSOE o, incluso, del PA? Nada nuevo bajo el sol.

Por ello, Canal Sur está en huelga y nos tememos que en cuarentena, si no en la UCI. Es previsible, además, en la actual coyuntura, que ni la promoción turística contribuya a una mejoría ante la ausencia de una prospectiva integral de comunicación para el desarrollo que haga sostenible la propuesta.

En otras palabras, proyectos de contenidos como Canal Sur Más (OTT) van a ser pan para hoy y hambre para mañana, una huida hacia adelante que ni el propio director general cree. La pérdida de media de un 10 por ciento probablemente termine siendo mayor con el paso del tiempo, por demografía y mala gestión.

Sin recursos, la plataforma será un contenedor vacío carente de proyección real, mientras se apropian de La Nuestra para garantizar que los andaluces no se levanten. Para eso están al frente de la RTVA. Son, como decía el maestro Antonio López Hidalgo, «de la hermandad del cazo»: pusieron la mano cuando el PSOE era quien mandaba; lo hicieron cuando el PA tenía algo de poder en la Junta; lo han hecho ahora con PP y Ciudadanos; y estamos convencidos de que, incluso, lo harán con VOX.

Viven para ello y carecen de todo compromiso público. Tampoco es esperable que los órganos parlamentarios que fueron creados para vigilar el buen funcionamiento del sector –léase el Consejo Audiovisual de Andalucía– pongan coto a tales desmanes. Ya vimos el papel de su presidente, Antonio Checa, con la contrarreforma de la Ley Audiovisual andaluza. De pena.

Mientras siga cobrando elevados emolumentos en lugar de la paga como jubilado, todo bien, gracias. Lo suyo no es precisamente cumplir el mandato de representación, ni cambiar nada. Ya lo harán otros, que es mejor echarse la siesta en el despacho y pasar de puntillas que asumir el mandato ciudadano, no vaya a ser que quien manda se moleste.

Bien lo sabemos en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, cuando fue decano. Ser y estar, pero solo aparentando. No mudar, no hacer, no moverse, no trabajar: solo la espiral del disimulo, por verónicas, a lo Rajoy, que es el estilo que imprime sello en esta tierra.

Colaborador en su momento de El Mundo, debe estar feliz de que Rosell pudiera ser director general de la RTVA –ya están algunos correligionarios como Carmen Torres como avanzadilla, con los resultados conocidos–. Pero tenemos una mala noticia para los miembros de la hermandad del cazo: con Vox se quedarán sin voz y sin chiringuito (como lo califican los Toni Cantamañanas de turno).

Toca ahora, por lo mismo, por urgente necesidad, informar a la ciudadanía de que nos quieren robar lo nuestro, lo común, y hasta la esperanza. Sabemos que no podrán. Y, lo más divertido, ni siquiera lo saben. Es lo que tiene la miopía intelectual: no alcanzan a ver más allá de sus propias narices.