Democracia local, proceso instituyente

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Si algo define el espíritu de nuestro tiempo es, sin duda, la crisis orgánica de régimen y el cuestionamiento de la forma de representación, que en España se traduce en una dinámica destituyente y de emergencia autoritaria centrada, en exceso, en la disputa del comando del Estado. El debate sobre las elecciones generales satura la discusión pública en torno a liderazgos posibles sin solución de continuidad, mientras el PP y VOX se atrincheran en Comunidades Autónomas y extienden un cerco contra el gobierno de coalición, socavando las bases del pacto de la transición desde el Supremo, la UCO y los aparatos parapoliciales.

En este marco, restrictivo, de vista corta y paso largo, apenas se menciona la convocatoria de las elecciones municipales, un campo en disputa clave a corto y a largo plazo. Pues, en nuestro país, los procesos más fecundos y de mayor alcance en la transformación del sistema político ha venido, recurrentemente, articulándose en el ámbito local. Cuatro momentos históricos han jalonado las experiencias creativas de unidad y poder popular.

El cantonalismo, fundamental durante la I República, las elecciones municipales de 1931 que provocan la declaración de la II República, el movimiento vecinal en la Transición y, más recientemente, los nuevos ayuntamientos y candidaturas ciudadanas en 2015, que dieron continuidad al proceso de emergencia del 15M. Asimismo, esta tradición de movilización ciudadana se refleja actualmente en las acampadas y movilizaciones por el derecho a la vivienda.

A nivel internacional puede constatarse igualmente que ante el trumpismo ha sido Mamdani quien, desde la política de la vida cotidiana y lo común, ha logrado socializar referentes socialistas en Estados Unidos, articulando grupos de base de forma similar a lo ocurrido en las elecciones en Graz (Austria) o las municipales en Francia e Italia.

En todos estos casos, la construcción de amplias coaliciones y una política más horizontal y participativa han sido las factores determinantes de nuevos desbordes creativos contra la oleada reaccionaria. En el fondo, como advertía Castoriadis, el principio de autonomía es el único que puede garantizar las libertades públicas ante la amenaza tecnofeudalista. La democracia, escribía, es libertad y la libertad implica democracia abierta a la participación de todos.

Toda política transformadora pasa por la voluntad de intervención, el conocimiento y la pericia técnica, la construcción de equipos y procesos colectivos, el desbloqueo de obstáculos y la mediación productiva para el respaldo de la opinión pública en la identificación del mínimo común denominador. Hablamos de una política que se piensa desde abajo, en común, una estrategia contrahegemónica de la subalternidad que se apropia de la memoria de larga data y aspira a llegar lejos porque se viene luchando desde tiempo ha, con sus quiebres, continuidades y rupturas, caminando sobre los hombros de quienes nos precedieron en las luchas por la emancipación.

No hay futuro posible sin arqueología del porvenir, ni pensamiento transformador sin memoria. Reapropiarse, así, de la historia del movimiento vecinal y de los movimientos sociales implica recoger de forma prioritaria los materiales que dan cuenta de la cuestión social, de la vida en movimiento. Aprender de la educación popular, explorar el libro de bolsillo que nos enseña que la experiencia termina en cada lucha, pero la idea pervive, y se construye en diálogo, mano a mano. Utilizando un símil futbolístico, cuando el adversario achica espacios, despliega un juego marrullero y bloquea toda circulación, es hora de cambiar de orientación y, lejos de seguir la dinámica de la confrontación, abrir el campo, desbordar por los extremos, ocupar de forma dinámica y creativa todo el terreno de juego.

Somos conscientes que es difícil acometer una estrategia como esta cuando la hegemonía cultural en la calle ha ido revirtiendo las posiciones de partida de una ciudadanía que, si bien dio la confianza para lograr la épica de la oportunidad en julio de 2023 para otro futuro de país, hoy vive cercada entre una lógica liberal y un discurso autoritario que sutura el espacio público, sin respuesta ni estrategia de la izquierda, justamente cuando más urgente y necesario es articular, contra la guerra económica, frentes culturales multimodales, abiertos y no instrumentales.

Las enseñanzas más recientes en el tiempo de los ayuntamientos del cambio demuestran que es posible y conveniente un método y posición de observación alternativo. Corresponde solo expresar una clara voluntad política para tejer vínculos y alianzas estables de cooperación desde abajo capaz de garantizar el desbloqueo de una historia que se repite como farsa, relegando la política municipal a los márgenes del debate del Estado, cuando justamente resulta ser la clave estratégica no solo para construir un proyecto de unidad y esperanza, sino para hacer realidad la construcción de un frente amplio abierto y democrático.

En otras palabras, ha llegado la hora de formular acuerdos locales no dependientes de centros partidistas, conociendo las posibilidades reales de cada lugar, reformulando el método y visión de la política, radicalmente anclada en lo local y socializada en el principio de cooperación. Si reconocemos las ILP, o las deliberaciones y consultas públicas como las primarias, o los presupuestos participativos como nuevas formas de hacer política, ¿por qué no aplicamos en procesos de construcción de convergencias, de frentes abiertos, de municipalismos, las metodologías participativas que sí exigimos en programas públicos?.

En un tiempo de restauración del trumpismo y la internacional del odio, hay que volver a empezar a aprender de los procesos “procomunes” a escala internacional, recreando la elaboración municipalista según las condiciones de cada lugar a partir de las llamadas “sociocracias” no de forma instrumental, como suele ser habitual, sino en virtud del principio antes citado de cooperación y autonomía, en pro de una efectiva autoorganización de la sociedad civil organizada, como se hiciera con los círculos, la escucha activa o, mucho antes, las áreas de elaboración colectiva en el origen de Izquierda Unida.

Hablamos de tomar la iniciativa y pasar de la lógica y táctica del cálculo electoralista a sentar los cimientos de una sociedad civil movilizada. Las amenazas de involución democrática que se avizoran en el horizonte no se resuelven solo con coaliciones ad hoc y aparatos administrativos burocratizados, sino desplegando frentes amplios a partir de las organizaciones de base. En las próximas elecciones municipales se abre la oportunidad de empezar a construir un proyecto de convergencia más ambicioso y consistente para definir alternativas de vida que sean el germen del principio esperanza.

Parafraseando a Julio Anguita, se trata de hacer posible el movimiento real de la ciudadanía, con un programa claro, pero que ha de ser apropiado y resultado de la elaboración colectiva de la gente común para, mediante la participación, construir la unidad popular. La tradición republicana y federalista habla el lenguaje de los vínculos y se inspira en el principio de cooperación que es tanto como decir Ayuntamiento. Con mayúscula, como el artesanal modo político de lanzar redes y anudar esfuerzos en común. Esto es lo que está en juego en el próximo ciclo electoral.

Francisco Sierra: «La ley de barrios vulnerables es una necesidad objetiva, de justicia social»

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Francisco Sierra, parlamentario de Sumar por Sevilla, junto a sus compañeros de la oficina parlamentaria de IU en Andalucía, ha trabajado en un proyecto que hasta ahora no se había planteado en el Estado: la creación por ley de un fondo, vinculado a los Presupuestos Generales del Estado (PGE), que trate de resolver los problemas, innumerables, en los barrios más empobrecidos.

El grueso de ellos, según el INE, diez de quince, se ubican en Andalucía. Para Sierra, según expresa en esta entrevista, estos barrios existen por dos razones fundamentales. Por un lado, la lógica de producción del sistema que, a juicio del diputado, «lo que nunca denuncia o aborda, lo que siempre deja oculto, es que produce miseria, desigualdad y marginación».

Y, por otro, la falta de implicación efectiva de las administraciones. El diputado considera así que esta ley es «una necesidad objetiva, clara y evidente, de justicia social».

P. Llevan mucho tiempo trabajando en esta ley. ¿Cómo ha sido el proceso de elaboración?

R. Este proyecto forma parte de lo que podríamos denominar como constitucionalismo colaborativo. Decidimos diseñar una ley trabajando en el territorio, con participación del movimiento vecinal, de los propios ciudadanos, con la idea de hacer primero un diagnóstico, aunque se han hecho ya muchos en los barrios empobrecidos, olvidados, ignorados… Queríamos que la ley viniera del trabajo con la gente que durante décadas viene sufriendo la segregación urbana, la marginación territorial.

El diseño ha sido participado también con la plataforma de barrios vulnerables que se ha ido construyendo a partir de una red de barrios ignorados en Andalucía. A partir de ahí construimos en la oficina parlamentaria de IU en Andalucía las condiciones para que esa plataforma liderara el proceso. Ha habido un equipo técnico y ha habido una participación en el territorio. De los quince barrios más pobres del Estado, están concentrados diez en Andalucía.

Hemos ido recogiendo las experiencias de otros proyectos. Hay territorios a nivel estatal, como Catalunya, que han tenido experiencias de intervención en barrios que han sufrido situaciones de segregación territorial urbana. A nivel de ley, estatal, nunca ha habido un proyecto en esta línea. Luego, hemos tenido que construir jurídicamente las condiciones para que la norma cumpliera con las condiciones del Estado autonómico: las competencias son básicamente locales y autonómicas.

Han participado fundamentalmente representantes del movimiento vecinal y también educadores y trabajadores sociales que durante décadas han venido trabajando en el territorio.

No es una iniciativa legislativa popular, pero digamos que es algo similar en el sentido de que esa plataforma de barrios vulnerables han sido los protagonistas. En mi caso como diputado, y en el caso del grupo parlamentario, lo que hemos hecho es vehicular y coordinar que [ese trabajo] tenga ese registro en sede parlamentaria y la forma jurídica.

P. Ahora les toca trabajar el recorrido de la ley. ¿Cómo ha sido recibida? ¿Qué ‘feedback’ han recibido?

R. Registramos. Ahora viene ese proceso de calificación. En el proceso de debate, hemos tenido dos interlocuciones con los grupos. La receptividad ha sido buena. Una en el Congreso, en una sesión dentro de la Comisión de los objetivos de desarrollo sostenible, la Agenda 2030. Ahí estuvieron representadas todas las fuerzas políticas excepto Vox, que no cree en la agenda 2030, está en contra, y no asiste regularmente. Tanto los representantes del PSOE como del PP fueron muy receptivos a la propuesta y esperamos que sean coherentes. La ley es una necesidad objetiva, clara y evidente, de justicia social.

Luego, en las últimas jornadas, hubo una representante del PSOE, la senadora Eva Bueno. Damos por hecho que [va en] la línea del Gobierno de coalición progresista, aunque el PSOE no lo lleva explícitamente en el programa, y que las fuerzas de la investidura lo apoyarán. Tengo dudas respecto a que harán Junts y el PNV. Los vecinos llevan esperando esta ley durante décadas y deseamos que los parlamentarios se ocupen de verdad de la gente.

P. La ley plantea un fondo vinculado a los Presupuestos Generales del Estado (PGE). ¿Han hecho algún tipo de cálculo para saber qué cantidad haría la ley eficaz?

R. Puede desarrollarse un reglamento en cuanto a indicadores, criterios de pertinencia y cantidades. Quisiéramos que los proyectos de esta ley financien programas plurianuales, como sucede en el caso de los fondos europeos. Si seguimos la Agenda 2030, en torno al 1% del PIB debería dedicarse para eliminar un objetivo básico: la reducción de la pobreza.

Los PGE no cubrirían la totalidad, porque la ley contempla que haya también fondos europeos y fondos autonómicos. Hay un compromiso de llevar esta ley al Parlamento andaluz para que haya un compromiso de la Junta de Andalucía, que no existe hoy por hoy.

La pobreza tiene varias facetas: una faceta que tiene que ver con lo estrictamente económico, de empleo, de condiciones de vida. Luego, hay que hacer una inversión en infraestructuras, en servicios públicos, en rehabilitación de la vivienda, en planes de educación, en seguridad, en convivencia y todo eso sostenido en el tiempo. En todos los diagnósticos hemos visto que se ha invertido mucho dinero pero han sido programas sectoriales puntuales y episódicos, que se terminan cuando termina el presupuesto.

Por eso exigimos cooperación entre las distintas administraciones públicas y también que sean programas intersectoriales, que no se aborde solo el empleo o la seguridad, sino que se haga un abordaje integral.

P. ¿Por qué existen estos barrios? ¿Son una una consecuencia del sistema económico y de la falta de implicación de las administraciones?

R. Hay un primer punto de base: la lógica de producción del capitalismo lo que nunca denuncia o aborda, lo que siempre deja oculto, es que produce miseria, desigualdad y marginación. Por ejemplo, en los tiempos de la crisis financiera internacional se generó una concentración alta de riqueza y una ampliación del número de familias y de territorios pobres. Y en esos territorios pobres las políticas públicas siempre han tendido desde la modernidad a ocultar, segregar e invisibilizar la pobreza. Y en los tiempos neoliberales también se ha criminalizado la pobreza.

Siempre se ha afirmado que en España la crisis puso en grave peligro el Estado de Bienestar, pero algunos afirmamos que en España no ha habido un Estado pleno de Bienestar. Ha habido un Estado de Malestar. No se ha desarrollado plenamente el Estado del Bienestar. Por ejemplo, Ciencia y Universidad: la inversión en ciencia y universidad en este país está muy por debajo de la media europea, como en sanidad, como en los medios públicos, como en muchos sectores estratégicos. No hemos desarrollado plenamente el Estado Social de Derecho y el Estado de Bienestar en los pilares básicos.

El abandono del Estado y de las Administraciones Públicas ha [derivado] en una realimentación de la pobreza. Cuando este país ha dependido no solo del turismo, sino también del ladrillo, esos procesos de especulación urbana han generado una mayor segregación territorial. Esto nunca se estudia, por más que se ha tomado ese modelo de la innovación, de las Ciudades Creativas: la gentrificación genera también espacios urbanos desconectados, lo que el sociólogo Scott Lash denomina territorios muertos, territorios en los que no hay actividad, intercambio, movilidad… No hay nada. Son territorios desconectados de la vida.

Esto se ha dado históricamente desde la modernidad capitalista en todos los países, pero hay que señalar que especialmente en España los procesos de especulación inmobiliaria y la propia estructura económica española han generado también grandes bolsas y territorios marginales y esto [ha sucedido] en todas las comunidades, pero especialmente en Andalucía por el nivel de renta.

El encarecimiento de la vivienda es muy desproporcionado. Los procesos de especulación expulsan a la población y determinan un territorio. Los dos factores son determinantes: el olvido de la Administración Pública y una lógica económica que especula con la vivienda y provoca marginación.

P. Elección tras elección aparecen en estos barrios unas cifras altísimas de abstención ¿Cómo analiza ese fenómeno?

R. Habría que hacer una autocrítica desde la izquierda. Defendemos la justicia social y la igualdad y estamos comprometidos con los sectores más vulnerables, con las capas populares. Habrá que formular por qué ese voto no se moviliza, porque a la derecha le viene bien que ese voto no se movilice. En los barrios acomodados de Sevilla van a votar disciplinadamente y el nivel de participación es muy elevado. En los barrios populares y más marginados, en los que se concentran las clases obreras y los sectores populares, la abstención es notable.

La izquierda debe empezar a trabajar en los barrios vulnerables, debe estar a pie de calle y debe trabajar con esos sectores, como siempre ha hecho desde el surgimiento de Comisiones Obreras, como ha hecho la izquierda clásica, [siempre] vinculada a los movimientos sociales, con la gente que más lo necesita: en las luchas contra los desahucios, en las luchas por la sanidad pública, por la educación, por la vivienda, contra la desigualdad y exclusión social. Ahí es dónde tiene que estar [la izquierda]. [En los últimos tiempos] es muy urbanita, muy concentrada en los espacios de gentrificación y no aborda, digamos, de frente, la realidad de los sectores populares, sea en los barrios vulnerables, sea en el ámbito rural.

Un replanteamiento de la política de la izquierda para movilizar ese voto exige mucha pedagogía democrática en el sentido gramsciano de estar trabajando la cultura, la cultura política y la educación democrática. [Hay] sectores que han desconectado también porque han perdido la esperanza y porque no han sido escuchados. Uno de los elementos de la escucha activa necesaria en la izquierda es dialogar, transformar el lenguaje y la práctica política en compañía de la gente, de la gente común. Ese el programa político que tenemos que llevar.

Si no se movilizan esos sectores, este país no se va a cambiar. Todos los derechos que se han logrado han sido fruto de las luchas de los sectores populares. Esto es un aprendizaje de la historia muy evidente. Esos barrios y estos sectores son una fuerza de transformación que está por trabajar y explorar en la izquierda.

P. ¿Está de acuerdo con las tesis de Antonio Maíllo, coordinador de IU? ¿Cree que la izquierda debe acudir unida a las próximas elecciones?

R. Sin ninguna duda. La alternativa de transformación de este país pasa por la unidad de la izquierda. Eso no debe ser objeto de discusión. Hay un espacio político en la izquierda plural, plurinacional, que debe ser articulado con método, con criterio y con voluntad política. Tengo serias dudas de que algunas fuerzas políticas de ese espacio tengan una vocación unitaria.

Se ha afirmado en otros debates la hipótesis italiana, un país en el que había una izquierda transformadora, la más numerosa, potente y organizada de toda Europa Occidental, el Partido Comunista Italiano: [ahora hay] un Gobierno de extrema derecha y una irrelevancia estatal de la izquierda por su desunión o por fragmentación territorial a nivel local.

Necesitamos una unidad y un proyecto articulado. Ahí, primero, hay que expresar esa voluntad. Segundo, es necesario abrir un debate en términos de construcción de frente amplio. Por tanto [un espacio] de participación popular de la gente: cómo construir esa alternativa unitaria de la izquierda. Unitario no significa uniforme, significa unidad de acción, como han hecho los sindicatos en la lucha para la defensa de los trabajadores.

Tenemos que tener primero la voluntad política de pasar de la fase de coalición a la constitución de espacios. [Esto] ha tenido éxito en Uruguay: el frente amplio en el que, con la autonomía de cada fuerza política, hay una convergencia político-electoral que garantiza un gobierno de progreso y políticas transformadoras.

[Hace falta un nuevo] método que abra el espacio a la participación de la gente, a un proceso constituyente y unitario de todos los actores, de todas las fuerzas políticas desde abajo, desde la participación y el diálogo con un programa mínimo común que se establezca y con garantías de que se haga sostenible en el tiempo en esa iniciativa unitaria.

P. ¿Y en el caso andaluz?

R. Hemos trabajado por esa unidad de la izquierda en Andalucía. Sebastián Martín Recio y yo hicimos, como mediadores, todos los esfuerzos posibles. No podemos sostener más tiempo un Gobierno como el de Moreno Bonilla, que se presenta como moderado, pero es tan ultra como Ayuso. [Ahí están] las políticas de financiación de la sanidad pública, de privatización de la salud y esa proliferación de universidades privadas que no tienen la mínima garantía. Ahí se ve, en los dos pilares básicos, la educación y la sanidad, la voluntad política.

No nos lo podemos permitir, entonces. Hay que hablar con todos los actores, hay que hablar con el andalucismo progresista, con los compañeros de Adelante Andalucía, con los compañeros de Podemos. Tendremos que sentarnos y hacerlo con tiempo. No podemos estar improvisando. A la gente no se le pueden dar coaliciones y alianzas electorales coyunturales, que son una suerte de oportunismo político para ser votados. La gente quiere firmeza, consistencia y claridad. Dentro de la diversidad se puede trabajar de manera unitaria en un programa mínimo común.

¿Si coincido con las tesis de Maíllo? Claramente. Si no hay un proceso unitario en la izquierda, esta política de fragmentación va a beneficiar, siempre ha sido así, a la derecha. Viendo las lecciones [de la historia] y siendo la excepción ibérica en el contexto europeo, lo que tenemos que ir es justamente a profundizar en las condiciones que hicieron posible el entusiasmo, la esperanza que generó el 23J: en este caso, en clave andaluza para garantizar una candidatura creíble y unitaria de todas las fuerzas desde la pluralidad.