Francisco Sierra: ‘La revolución digital no está democratizando la sociedad en la que vivimos’

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Conversamos con el profesor Francisco Sierra Caballero, catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla,  que acaba de publicar el volumen Marxismo y comunicación. Teoría crítica de la mediación social, en la colección Pensamiento de la editorial Siglo XXI, con prólogo de Armand Mattelart.

En plena segunda ola de la pandemia del covid-19 en Europa, con unos medios de comunicación inmersos en plena guerra de cifras y el ruido ensordecedor generado por las redes sociales de internet, el profesor Francisco Sierra Caballero, catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla, acaba de publicar el volumen Marxismo y comunicación. Teoría crítica de la mediación social, en la colección Pensamiento de la editorial Siglo XXI, con prólogo de Armand Mattelart.

Frente a la ocupación por la lógica neoliberal de la academia, el mundo universitario y la investigación operada en las últimas décadas, el ensayo reivindica el giro materialista desde el cruce entre la praxis comunicativa emancipadora y una teoría crítica desde el Sur global, capaz de aunar diversas tradiciones marxistas.

Con motivo de la presentación del libro en la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM) el 26 de octubre y la próxima presentación en Sevilla, con fecha aún por concretar, Francisco Sierra tuvo a bien responder a algunas preguntas por correo electrónico, en relación al texto y sus implicaciones contemporáneas, además de la ligazón estrecha de éste con los desafíos actuales del capitalismo de plataforma y la economía política de la comunicación digital. Desafíos, por otra parte, que lo son no sólo para la academia y los estudios de comunicación, sino para las propias prácticas y luchas sociales emancipadoras y su praxis comunicativa.

¿Qué aporta el libro al estado actual del ecosistema de medios?

El libro da herramientas para resistir la dinámica de control. Pero conectando la desinformación, que siempre ha existido, no es un fenómeno de las redes, con procesos de transformación del capitalismo. Es decir, no podemos entender a Trump sin comprender el desmantelamiento de la industria pesada en Estados Unidos y la estafa de la crisis de Lehmann Brothers. La posverdad es la otra cara del capital ficticio y el rentismo del capital ficticio. En otras palabras, el muro de Wall Street es la forma dominante y continuación de los chicos Mad Men de la industria publicitaria. Por ello, en el libro hablamos del llamado capitalismo de plataformas, cómo hemos de pensar esta realidad en la era de los riders y de la lucha de clases de una economía uberizada.

La otra propuesta implícita en el texto gravita en torno a la disrupción digital que está en la agenda para la transformación de la última parte del libro.

La revolución digital está apenas en su fase inicial. Pensemos en qué tipo de economía alcanzaremos con el 5G y la distribución de conectividad por la vía eléctrica, por no hablar del desarrollo de la Inteligencia Artificial y el internet de las cosas. La cuestión es, con estas transformaciones, qué tipo de sociedad emerge y qué tipo de rupturas o quiebres culturales. Vivimos tiempos de crisis de las instituciones mediadoras y graves problemas de socialización y convivencia democrática. En particular, con la familia y la escuela pero, por descontado, también en la política. La elección de Obama abre un antes y un después en la comunicación política que ha hecho posible a Podemos, pero también a Vox y la nueva extrema derecha. El efecto burbuja plantea en este sentido serios problemas de convivencia democrática frente a la que, paradójicamente, es necesario más mediación, más política, más educación, mayor articulación social. Y en eso estamos. Nuestro grupo de investigación, por ejemplo, acaba de concluir un proyecto de I+D sobre Ciberactivismo y Nuevos Movimientos Urbanos. Hemos de pensar qué tipo de subjetividad política, qué ciudadanía tenemos con la interacción en redes. La revolución digital no está democratizando la economía y la sociedad en la que vivimos. Antes bien, vemos exactamente lo contrario, como en el film polaco HATE. Este es el contexto y el horizonte de disputa que requiere cuestionamiento.

El libro parte de la constatación de un vacío epistemológico, que a mi modo de ver está directamente relacionado con la ocupación de la academia por la razón-mundo neoliberal en las últimas décadas. En ese sentido, se trata de una apuesta militante, que reivindica la centralidad de la praxis en los estudios de comunicación.

Sin duda. La unidad del discurso crítico de Marx, desde las tesis sobre Feuerbach, presupone justamente ligar la práctica teórica con las luchas por la emancipación social y este ensayo se inscribe, radicalmente, en este marco de disputa de la hegemonía, claramente a contracorriente de la deriva neoliberal que coloniza la academia. Y no en vano el último capítulo del libro da cuenta de esta captura del pensamiento por la razón instrumental. Esta lógica no puede ser eludida, menos aún desde la perspectiva marxista, ahora que la ciencia y la tecnología están dominadas por la lógica de valor, se niegue o no desde el pensamiento dominante. Esperamos con ello abrir una agenda de investigación de vital importancia para la apropiación social de la comunicación. Sin conocimiento libre no hay posibilidad, en otras palabras, de una comunicación para el bien común.

La propuesta heurística (ética), del libro, parte de una arqueología del pensamiento marxista situada en el cruce entre varios legados (Gramsci, Escuela de Frankfurt, Brecht, Estudios Culturales, etc.), algunos de los cuales han estado tradicionalmente enfrentados.

Este es un trabajo por hacer. Hace diez años nos dimos a la tarea de reconstruir, precisamente, los aportes del pensamiento materialista a una teoría crítica de la mediación social. No se trata, en este sentido, de ajustar cuentas entre distintas tradiciones o escuelas de pensamiento, sino más bien encontrar los elementos y recursos conceptuales con los que acometer la crítica de las armas. Pues si bien ha habido aportes significativos en la disciplina, la elaboración teórica marxista resulta más bien deslavazada y marginal en el progreso del conocimiento del campo. En la primera parte del ensayo hemos tratado de reconstruir la historia de las ideas en la tradición materialista, retomando aportes apenas considerados en la Teoría de la Comunicación como la de la dramaturgia brechtiana, o directamente malinterpretados, como es el caso de Gramsci actualmente. La revisión de la literatura tiene además una lectura histórica sobre los debates y disputas teóricas en el campo de la comunicación a fin de situar en su debido contexto los problemas de nuestro tiempo, que son tratados en la segunda parte del libro en torno a la revolución digital.

Hay también una (rei)vindicación de la tradición marxista hispana y latinoamericana: Sacristán, Juan Carlos Rodríguez… ¿Cuáles serían los epígonos y legatarios de esas tradiciones en la academia contemporánea?

Si hablamos de España, lamentablemente no ha tenido continuidad, al menos en comunicación. Y han sido además aportaciones poco o insuficientemente valoradas. Pensemos en Juan Carlos Rodríguez y su estudio de la ideología y la producción textual o, en el ámbito científico de la Teoría de la Comunicación, el programa de investigación del modelo de análisis dialéctico de la mediación social del profesor Manuel Martín Serrano. Todos ellos son aportes significativos que no han merecido la atención suficiente de la academia, históricamente alineada en una posición de clara voluntad antimarxista y, en general, refractaria a toda visión sociocrítica de los medios y la comunicación social. Pero, por el contrario, cabe reconocer que nunca como ahora en la academia ha habido una generación de investigadores que conciben su práctica teórica como un trabajo necesariamente ligado a los procesos sociales más amplios de transformación social. Eso sí, desconocedores, por lo general, del legado de la teoría marxista en comunicación y cultura.

Frente a la hegemonía funcionalista norteamericana o las corrientes posmodernas de las últimas décadas en Europa, el libro actualiza la radicalidad de las propuestas de una Comunicología del Sur, desde el Sur y para el Sur, oponiendo la hibridez situada del ethos barroco, la defensa de un giro materialista frente al giro linguístico dominante en gran parte de la academia desde hace ya más de dos décadas.

Desde hace una década venimos vindicando, en la línea de Boaventura de Sousa Santos, una Comunicología del Sur. Y en esta línea hemos insistido en la necesidad de un giro decolonial del saber-poder comunicacional. Más aún si pensamos que escribimos desde el sur, desde Andalucía, que somos herederos de lo que Bolívar Echeverría considera el ethos mediterráno, el ethos barroco, otra forma de modernidad capitalista, que resiste a la lógica realista de la ética protestante del capitalismo. Esta lectura es clave para vindicar la visión de las culturas subalternas. Y cuestiona, desde una radical voluntad antagonista, la matriz hegemónica de la comunicación como dominio. Si es verdad que los medios y la teoría sobre los medios es americana, esto es, de origen estadounidense, la vindicación de la Comunicología del Sur apunta, en esta dirección, hacia la necesaria ruptura epistemológica para concebir, y esta es la apuesta, la Comunicología como una ciencia aplicada de lo común. Por ello dedicamos dos capítulos del ensayo a dialogar con una tradición poco o nada conocida en nuestro continente, para renovar la agenda marxista en materia de comunicación y cultura.

La agenda para la acción del final del libro aborda no sólo la necesidad de remoción y transformación de los estudios de Comunicación, sino de la propia praxis comunicativa, inescindiblemente unidas ambas. Aunque el autor ya ha dedicado otros volúmenes a este tema, ¿qué papel juega en esa agenda hoy la Tecnopolítica?

Una función central, a nuestro modo de ver, y no tanto porque lo nuevo, como decía Lukacs, sea progresivo sino porque, cualitativamente, en torno a los nuevos dispositivos de intercambio emergen prácticas emancipadoras, formas inéditas de agenciamiento y autonomía comunicacional potencialmente liberadoras, como vimos en el 15M o el movimiento estudiantil chileno. Existe no obstante el peligro, como apuntáis en vuestro libro, Algoritarismos, de una nueva lógica de control totalitario, de lo que Armand Mattelart denomina la era del perfilado, el mundo de la vigilancia global. Ahora, como estamos observando en el proyecto de I+D sobre Ciberactivismo y nuevos movimientos urbanos, el activismo digital inaugura una nueva lógica de acción colectivo: sea lo que algunos autores llamáis Recientes Movimientos Globales, o sea lo que algunos teóricos acuerdan en reconocer como nuevos repertorios simbólicos y estéticas insurgentes de protesta e intervención social. De cualquier forma estamos ante un nuevo horizonte de progreso que hay que abordar para ver qué nueva economía moral de la multitud tiene lugar con la apropiación de las nuevas tecnologías. Esperamos seguir esta línea de trabajo, ahora que la investigación neopositivista sigue, como dice una buena amiga mía, contando y ordenando lapiceros de colores. Triste paradoja, sin duda.