AGUAFUERTES ANDALUZAS. Crónicas ácidas sobre medios y mediaciones

Share

En el año 1928 el escritor argentino Roberto Arlt inicia la publicación regular en el diario El Mundo, de una serie de crónicas urbanas, que con estilo desenfadado, irónico y por momentos humorístico buscaban abordar temáticas populares y de la vida porteña mostrando la complejidad y las contradicciones de la ciudad de Buenos Aires a través de la observación de sus calles y su gente. A lo largo de cinco años publicó estos textos literarios en la sección denominada “Aguafuertes Porteñas” y al cabo de un tiempo estas crónicas urbanas fueron compendiadas en un libro en 1933.

Luego de leer el libro de Francisco Sierra, la analogía fue inmediata: se trata ni más ni menos que de 146 aguafuertes, escritas a lo largo de cinco años en formato de colaboraciones habituales para diversos medios de comunicación entre ellos Mundo Obrero, Andalucía Digital y Diario de Sevilla, más algunas otras escritas por encargo para Le Monde Diplomatique, revista El Salto, diario Público y revista de Crítica y Pensamiento, entre otras, donde Sierra consigue analizar, desde un registro mordaz, incisivo e irónico la dialéctica de ese otro territorio que habitamos constituido no sólo de medios de comunicación tradicionales, sino de redes y medios digitales, plataformas de contenido y una multiplicidad de mediaciones culturales.

Y es su lugar de enunciación como intelectual y como andaluz, lo que nos aporta cuotas equilibradas de humor y acidez en los análisis lúcidos y complejos que produce en cada una de estas crónicas del presente.

Sierra es un escritor prolífico y despliega su talento en diferentes registros: se mueve con fluidez de la lección y el juicio sumarial a la alerta social sobre redes corporativas, de la apelación prescriptiva a la sanción provocadora, del comentario satírico a la crónica interpretativa y lo hace desde la ironía, la reprobación, la denuncia explícita o la especulación.

Si las Aguafuertes Porteñas de Arlt funcionaron como un espejo de los cambios culturales, sociales y políticos de la Buenos Aires de inicios del siglo XX, las Aguafuertes Andaluzas de Sierra nos devuelven un espejo trizado lleno de contradicciones y preguntas acerca de las posibilidades de las mediaciones sociales en el siglo XXI frente a los poderes políticos y corporativos y la concentración del capital a nivel planetario.

Sierra, no deambula por la ciudad para contar sus personajes, miserias y contradicciones, en cambio lo hace por los medios de comunicación, por las redes, por los espacios políticos de debate, por los foros ciudadanos, por las tertulias y ateneos. Se imbrica en las agendas de debate político, en las manifestaciones callejeras, en los foros de Internet, y busca cual “flaneur” observar y analizar un espacio público ampliado, que va desde los medios a las calles, desde las mediaciones sociales a las redes digitales en tanto estructuras de poder, y que reclama por tanto claves de lecturas complejas, toda vez que el punto de partida no es la equidad de participación y el diálogo racional en la esfera pública, sino en cambio una profunda asimetría entre actores que a pesar del crecimiento exponencial de medios y redes, no logran alcanzar la paridad expresiva y en muchos casos persisten en la afasia en relación a sus agendas.

Sierra se vale de neologismos curiosos y ocurrentes y de un diccionario versátil y provocativo para describir lo que ve a su paso por el espacio político y mediático: Trumpantojos, Pijus Magnificus, la Cofradía de los Cipotones, Timofónica y el Rey emirato, patizambos, elite estraperlista, son algunas de las expresiones que encontramos en su escritura barroca, densa, poblada de interpretaciones y datos complementarios que demandan una lectura atenta y cómplice por parte de los lectores.

Se disfrutan especialmente los diálogos que entabla en un presente sin tiempo, con el pensamiento de Julio Anguita, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Gramsci, Manuel Sacristán, Karl Marx, Paulo Freire o Juan de Mairena entre muchos otros, para poder pensar desde el sur y desde abajo las profundas contradicciones y conflictos que acontecen en la cultura contemporánea, los territorios, los medios públicos, la democracia y más ampliamente en la escena mediática local, nacional e internacional.

Así como la aguafuerte consiste literalmente en una técnica agresiva que corroe el metal develando un relieve nítido, Sierra consigue con estos textos, trazar una agenda político-intelectual definida y precisa, identificando zonas cruciales para la reflexión y acción transformadora.

Estamos frente a un volumen de 559 páginas, que se lee con fluidez —y se disfruta!— donde se compilan en una secuencia ordenada textos periodísticos publicados en los últimos cinco años que plantean desde múltiples ángulos y casos de análisis, la dialéctica de la actualidad informativa, en una perspectiva teórica y política nacional e internacional, pero con un detalle no menor: el que escribe es un intelectual de origen granadino, con un refinado sentido del humor y es además un político de izquierda que reivindica desde una mirada andaluza un pensamiento emancipatorio y el principio de esperanza como estandarte. Dice para definirse: “algunos somos más bien proclives a la ironía y la risa, único antídoto contra tanta ignominia y discrecionalidad”. Y por tanto, su escritura, tal como él mismo dirá al referirse al estilo del gran maestro Antonio López Hidalgo, va “del oxímoron a tropos del juego y el exceso” y consigue así que el lector “ría, se conmueva, tienda a encabronarse o navegar por los ríos de la memoria”.

No es un libro para incautos, antes bien lo es para funambilistas, que se animan a transitar zonas de incertidumbre. Es además, un libro que funciona como mapa nocturno para reflexionar sobre territorios tan diversos como la política, la literatura, los regionalismos, los GAFAM o el Rey emirato, pero a partir del pensamiento crítico como clave de lectura del mundo. Entre las balizas que nos aporta este mapa para transitar en la oscuridad hay una advertencia de Brecht: “Consideren extraño lo que no lo es/tomen por inexplicable lo habitual/ Siéntanse perplejos ante lo cotidiano/ Traten de hallar un remedio frente al abuso/ Pero sobre todo, no olviden que la regla es el abuso”.

¡Ánimo valientes y buena lectura!

Periodismo parlamentario y cultura deliberativa

Share

La dialéctica de decir, oír y hacer se ha cortocircuitado en nuestro sistema político. Se dice, de forma altisonante y ofensiva, sin una coherencia práctica; no se oye, solo hay ruido, y no se hace lo que se promete o se dice lo que no se hace y, peor aún, se hace lo que no se dice. Todo ello sin escucha alguna, con guiones prescritos por aquiescencia de consultores de marketing y asesores de imagen a sueldo. Esto es la pura negación del parlamentarismo que, como todo proceso histórico, tiene sus antecedentes y su lógica operacional definida por un contexto propio del capitalismo rentista.

Cuando asistimos al cuestionamiento de la función social informativa, del papel del periodismo parlamentario y de la crisis de representación, hablamos de una estrategia de restauración contra la democracia, producto de una clara dialéctica de la colonización de nuestras instituciones y de nuestra comunicación política, en este caso por el trumpismo. Discurso del miedo para cercar e inmovilizar a los diputados en la lógica de la sonada y política de la desinformación de los trampantojos, haciendo parecer las derechas ultramontanas que defienden la libertad de prensa cuando, en realidad, actúan guiados por una estrategia liberticida. Tanto PP como Vox están separados apenas nominalmente por las siglas, pero de facto hermanados por una cultura política propia del franquismo sociológico, patrimonializando las instituciones, en especial el Poder Judicial, y ocupando el Congreso por medio de la violencia simbólica de sus terminales mediáticas parafascistas. A partir de una noción del derecho arbitraria, identifican diversidad con exclusión, y la Constitución con un martillo pilón, amparando el proceso de control de la información política del tecnofeudalismo dominante de los GAFAM contra todo fundamento o defensa de reforma del Reglamento ante los ataques a la integridad democrática de los profesionales de la prensa que trabajan en la sede de la soberanía popular. En el fondo, precisan la ausencia de norma y la impunidad para desplegar el mediafare y la agitación ultra de sus terminales mediáticas, siguiendo el patrón de Fox News. Un modelo de sistemática desinformación dirigido a:

  1. La guerra jurídica y el derecho al revés, por medio de imágenes distorsionadas de la realidad, prefabricadas para el linchamiento mediático y una suerte de picota medieval.
  2. La guerra híbrida y el acoso permanente de las fuerzas de progreso con elementos narrativos y discursos totalitarios que abundan en la crisis de legitimidad democrática para minar la confianza de la ciudadanía en nuestras instituciones y representantes.
  3. La americanización de la justicia mediática como violencia verbal y simbólica permanente al estilo Trump o Milei, con motosierras o micrófonos que acosan, insultan y agreden, dentro y fuera de las redes sociales.
  4. La polarización ultraderechista realimentada con discursos y pronunciamientos antidemocráticos.
  5. Y, claro está, la criminalización de la protesta y las propuestas de las fuerzas de izquierda de acuerdo a los intereses del capital financiero, para lo que necesitan extremar las medidas disuasorias, no a base de argumentos, sino por medio de ataques ad hominem, con insultos.

Abrazafarolas, corrupto, mentiroso, bobalicón, alcornoque, sorete, cenutrio, inútil, cantamañanas, tonto de capirote, bocachanclas, malaje, mastuerzo, pintamonas, gilipollas, tontohaba, zopenco, huevón, pusilánime, payaso forman parte de una lista, al estilo Umberto Eco, que podríamos enumerar de las habituales expresiones que a diario se escuchan desde la fila de escaños de Vox, y también del PP, durante toda la legislatura. Nada edificante en términos de cultura política y democracia deliberativa. La educación y moral pública pasa por el respeto, el decoro y las buenas formas, las propias de la cortesía parlamentaria, en la que insultar o señalar en público es inapropiado. Y por eso existe un código de conducta que garantiza el respeto en la Cámara de Representantes. Principio del imperativo categórico kantiano.

La violencia verbal, la agresión sin medida no caben en democracia. Pero la colonialidad de la comunicación política trumpista ha permeado las formas de actuación de la derecha, militando en la estulticia de la avaricia de sus patrocinadores y la teología política del cretinismo y la hipérbole como método de interlocución o, más bien, de agitación y acoso al conjunto de fuerzas democráticas. Ignorando que podrán engañar a todos algún tiempo y a algunos todo el tiempo, pero no pueden engañar a todos todo el tiempo, vienen accionando una política de acoso y derribo al Gobierno y la mayoría parlamentaria en beneficio de la oligarquía económica que, hoy como ayer, actúa contra la democracia para sostener la fortaleza del modelo rentista contra toda veleidad de reforma o derechos para la mayoría social. Llama en este sentido la atención que las derechas hablen de censura por garantizar el trabajo del periodismo parlamentario cuando allí donde gobiernan han desplegado una guerra irrestricta, como Trump, contra los medios y periodistas no empotrados. Empezando por los medios públicos, donde incluso han sido condenados en tribunales por mala praxis, y continuando en medios independientes no subvencionados como los medios ciudadanos o comunitarios. En el framing del mundo al revés que nos muestran las bases mediáticas de la Santa Alianza, los liberticidas se presentan, caso Milei, como defensores de la libertad de información, mientras amparan la violencia, los señalamientos, la agresión y el fascismo de su escuadrismo mediático. Y quienes defendemos el dominio público, la democracia deliberativa, somos declarados en sus múltiples canales enemigos de la libertad. La paradoja es que el debate de la reforma del Reglamento del Congreso se ha hecho a petición de la Asociación de Periodistas Parlamentarios, que llevan tres años denunciando mala praxis y agresiones de las fuerzas de choque del IBEX35.

La iniciativa de modificación de las normas internas de la cámara ha sido debatida con la Red de Colegios Profesionales de Periodistas, con asociaciones de la prensa, con la FESP y representantes de la academia. Se trata de una iniciativa en defensa del Derecho a la Información, una reforma con consenso de la práctica totalidad de las fuerzas parlamentarias, a excepción de la derecha ultramontana, que se ajusta a la filosofía de legislar ateniéndonos a las normas estrictamente morales, construyendo porvenir y convivencia, garantizando la mesura, la proporcionalidad, el respeto y la tolerancia. Este y no otro es el lenguaje y la forma expresiva de la DEMOCRACIA. Una exigencia básica por el BIEN COMÚN y la SALUD PÚBLICA. Todo lo demás solo es ruido y violencia. Trampantojos dialécticos y argumentativos que, como en otros tiempos de tinieblas en la historia, toca desmontar y aclarar con pedagogía democrática, pa/ciencia y el principio esperanza.

Democracia inconclusa: Movimientos sociales, esfera pública y redes digitales

Share

Las distintas prácticas de tecnopolítica que emergen desde la acción colectiva son herramientas ciudadanas útiles en la reconstrucción del imaginario político colectivo, siempre y cuando estén alineadas a potenciar las capacidades de los individuos, y su proceso de apropiación se caracterice por ser parte de una exigencia legítima de autonomía, justicia y libertad.

En esa línea, los ensayos que componen esta obra abordan diferentes estrategias cívicas, acciones colectivas y prácticas culturales que hacen de la democracia no solo un procedimiento, sino un espacio radical de lucha y resistencia para ampliar horizontes de participación de una ciudadanía activa. Los movimientos, prácticas de ciudadanía participativas y políticas de emancipación que aquí se discuten, buscan construir solidaridades subalternas que se contraponen a dinámicas instrumentales determinantes del mundo social, para enfocarse en su lugar a formas de agencia que argumentativamente se enfrentan al poder para la obtención de derechos y atribuciones.

Por tanto, pese a los retrocesos, la desesperante lentitud en la apertura de mayores libertades, y la complejidad de desmantelar la normalización de falsas conciencias, los capítulos que comprenden esta obra elaboran una serie de posiciones y experiencias críticas ante nuestras democracias inconclusas, inacabadas, y que, no obstante, deben ser siempre eso: proyectos en progreso que se mantengan abiertos a la inclusión de la alteridad, la pluralidad de ideas y la diversidad.