Etiqueta: justicia social
Enlázate por la Justicia pone a los partidos a debatir sobre deuda externa, ecología o cultura de paz antes de las elecciones
Este viernes 23 de octubre, el madrileño Colegio Mayor Alcalá ha acogido la celebración del IX Foro de Incidencia Política, organizado por Enlázate por la Justicia, plataforma eclesial que integra a Cáritas, Cedis, CONFER, Justicia y Paz, Manos Unidas y REDES.
Bajo el lema ‘Tejiendo consensos para una transición justa, la cooperación y la paz’, la jornada, que ha tenido lugar a solo unas semanas de las elecciones generales, ha reunido a representantes de distintos partidos políticos a nivel nacional: Sandra Moneo Díez (PP), Sergio Amante Delgado (PSOE) y Francisco Sierra Caballero (Sumar). También estaba invitado Vox, pero no ha acudido al acto.
Histórico discurso de León XIV en el Congreso de los Diputados
Ha ejercido de moderadora la periodista Marta Isabel González, representante de Enlázate por la Justicia, que ha encuadrado la reflexión en los muchos retos que León XIV dejó a la sociedad española en su histórico discurso en el Congreso de los Diputados, en Madrid, el pasado 8 de junio.
Como ha enfatizado, “se llevó siete minutos de aplausos” tras hablar de un “modo muy directo” de temas como “la dignidad humana y las leyes justas, la defensa de la vida, la migración, la crítica a la polarización, el rechazo al armamentismo, la advertencia sobre la inteligencia artificial o la autocrítica sobre nuestra tradición histórica”. Lo que ha calificado de “milagro”.
De cara al debate de hoy, González ha llamado a los presentes a, en primer lugar, “escuchar” la experiencia de las propias entidades eclesiales sobre los temas. Sobre ‘Paz y justicia social’ ha hablado Marco Gordillo, coordinador de Incidencia Política y Alianzas de Manos Unidas.
Este ha recalcado que “la solidaridad es el eje fundamental que une a los pueblos”. Aunque, tristemente, en España hay quienes “ya no ven esto como un deber ético”, sino que lo consideran “algo gravoso”. De ahí la urgencia de implementar mecanismos legales que impulsen una política de cooperación al desarrollo integral y que beneficie realmente a los más vulnerables.
Una apuesta que se había perdido en la etapa anterior
Amante Delgado, presidente de la Internacional Socialista Joven (IUSY) y asesor del PSOE en materia de política internacional y cooperación, ha recogido el guante y ha insistido en que, con Pedro Sánchez, se ha buscado “recuperar esa apuesta por la cooperación que se había perdido en la etapa anterior”.
Para ello, se necesita “financiación suficiente”, lo que pasaría “por unos Presupuestos Generales del Estado acordes”, siendo algo a lamentar que, durante toda la legislatura, estos no hayan salido adelante.
Un mecanismo a aplicar “de modo prioritario” sería reformar el sistema de los pagos de deuda, especialmente cuando hablamos de países que han sufrido “situaciones de emergencia climática”.
Moneo, diputada del PP durante diez legislaturas, ha pedido “reflexionar sobre la condonación de la deuda en países en los que España invierte en cooperación”. Y más cuando “han sufrido alguna catástrofe climática”, siendo un objetivo a seguir “la eficacia” para canalizar “la propia solidaridad”. Aunque eso también pasa por que el país apoyado “sea transparente y rinda cuentas” sobre todo lo recibido.
“La Doctrina Social de la Iglesia está siendo hoy cuestionada”
Sierra Caballero, diputado durante esta legislatura en Sumar, ha lamentado que “la Doctrina Social de la Iglesia está siendo hoy cuestionada” por muchas fuerzas políticas en todo el continente europeo, incluida España. Respecto al 0,7% de los presupuestos que se debería dedicar a cooperación desde hace muchos años, ha lamentado que “no se aplique pese a haber dinero”, como se demuestra “en el volumen de lo que se invierte en la OTAN”.
Así, ha propuesto “una agenda concreta y exigible para llegar al 0,7% en 2030”. Aunque, lamentablemente, vemos cómo “PP y VOX están recortando estas políticas allí donde gobiernan”. En definitiva, ha llamado a implementar “todo lo contrario a la prioridad nacional”.
Un segundo ámbito de reflexión ha sido ‘Paz y ecología integral’, introducido por Javier Sánchez, director de ARCORES, que ha reivindicado el “aldabonazo” que en este compromiso supuso la encíclica Laudato si’, de Francisco.
Gracias a ese hito que llegó una década atrás, “somos muchos los que sabemos que no hay una crisis climática y otra sociopolítica, sino que ambas están unidas y solo hay una crisis”. Así, la salida también pasa por “llevar a cabo todos cambios profundos en nuestros estilos de vida”.
Sobre el Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles
A nivel político, por ejemplo, ha reclamado a los partidos políticos “que España firme el Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles”, impulsado estos meses por varios países para poner fin a la expansión del carbón, el petróleo y el gas.
La representante del PP ha recalcado el compromiso de su formación “con las energías renovables”. Además, ha apuntado que la diligencia debida, que debe perseguir las malas prácticas de nuestras empresas que operan en el extranjero, “también podría ser exigida a las administraciones”.
Sobre el Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles ha señalado que “no es un tratado como tal y no ha sido firmado por ningún país de la Unión Europea”. Eso sí, se ha mostrado abierta a “debatir sobre algunos puntos concretos del mismo”, pues es un bien a seguir “un ecosistema mucho más habitable”.
Desde Sumar se ha llamado a “una reeducación ambiciosa” en la que se fortalezca “el sector primario”, tantas veces abandonado en las políticas públicas. Lo que también conlleva “potenciar la participación activa de los pueblos”.
“Frente a la barbarie de Trump”
“El Pacto Verde no es papel mojado”, ha enfatizado Sierra. Al revés, marca la vía alternativa “frente a la barbarie de Trump”, en la que se impone “un modelo de seguridad basado en la guerra” y no en la “convivencia pacífica entre ecosistemas”.
El representante socialista ha animado a “sumarse al debate que aporta la propuesta del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles”. Y, antes que nada, “cumplir con los compromisos climáticos que ya tenemos firmados”, garantizando que “la transición energética no recaiga en los propios trabajadores”.
Algo que entronca con las políticas de debida diligencia, para que “las personas afectadas obtengan una reparación cuando se vulneran sus derechos”.
El último bloque ha sido el de ‘Paz y no violencia’, introducido por Clara Silalahi, religiosa de las Misioneras Siervas del Espíritu Santo (SSPS), que ha reivindicado, a través de León XIV, “el valor de la palabra” para “desarmar el lenguaje”, evitando los “discursos de odio” que nos enfrentan.
Grandes plataformas que propagan el discurso del odio
Sierra, de Sumar, ha lamentado que a veces “caemos en un uso indiscriminado de la expresión ‘polarización’, como si hubiera dos partes que se están insultando continuamente… Y no es así. Aquí lo que hay son grandes plataformas que propagan el discurso del odio, el racismo y la persecución”.
Para ello, ha puesto de ejemplo “a Milei, que alcanzó la presidencia de Argentina porque tenía el apoyo de las grandes plataformas”. Por lo mismo que “aquí también hay un proyecto trumpista para destruir la Unión Europea”.
Algo que él ha “sufrido a diario en el Congreso, donde los diputados de Vox no nos han dejado de insultar”. De ahí que “no podemos poner en igualdad de condiciones al agresor y a la víctima”. Sobre todo cuando, “como ha demostrado la Historia, el discurso violento acaba generando violencia física”.
El socialista Amante ha reclamado “involucrar a los jóvenes, a los que a veces les culpamos de todo”, así como “a los sindicatos, los movimientos sociales o las universidades”, en ese gran cambio de paradigma hacia una auténtica cultura de paz.
Proceso de pacificación en Cataluña
Y es que, como a su juicio se ha demostrado durante esta legislatura en Cataluña, “el diálogo y la negociación han contribuido a desencallar un profundo conflicto”. Un punto en el que ha puesto en evidencia “la contradicción de Vox, que apela a sus valores cristianos y luego excluye a Cáritas por acompañar a los migrantes”.
Moneo, del PP, han insistido en “la importancia del diálogo y el respeto”. Eso sí, desde la conciencia de que “hay que condenar cualquier tipo de violencia, estando en un momento en el que se producen escraches e insultos desde diferentes ámbitos. Y esto viene desde hace muchos años… ¿En qué momento hemos llegado a esto?”.
“Esto no se puede tolerar. Ni de una parte ni de la otra, ya que no hay escraches buenos ni escraches malos. Ninguno de ellos son ‘medicina democrática’”, ha zanjado.
Doppio stato
Dejó escrito el bueno de Julio que la Justicia hoy es el medio del que manda para obtener provecho del que obedece, la ley del más fuerte. Es verdad que España no es ya la economía feudal de ordeno y mando. Del ciclo panóptico a la autodisciplina y colaboración con el capitalismo de vigilancia, todo control técnico y burocrático, sea simple o social, ha pasado a estar automatizada y bajo supervisión de CEOs y la tecnocracia de cuello blanco que quieren imponernos la IA generativa en la impartición de justicia. Pero persisten formas premodernas de dominio, a juzgar por los últimos acontecimientos protagonizados por el partido de las togas. Un síntoma del malestar institucional que vivimos es que prácticamente ningún medio aborda la evidencia del hecho del dominio del DOPPIO STATO (Bobbio dixit), nadie habla sobra la prevalencia del Estado paralelo y sus terminales mediáticas que pastorean con tramas corruptas, intereses ocultos, secretos del Estado profundo y prebendas de la oligarquía económica. Un cuadro más propio de las escenas decimonónicas de oligarquía y caciquismo que de la supuesta calidad democrática de un Estado social y de derecho, del welfare state, tan pregonado por el procónsul Isidoro del IBEX35. Y en esta deriva estamos, en pleno golpe blando, como antes se hiciera en Portugal y América Latina. Nada de lo que acontece en la operación Plus Ultra es casual. El Nerón naranja lo ha dejado meridianamente claro hace tiempo, pero algunas fuerzas políticas no terminan de enterarse y siguen aferrados a la OTAN en una suerte de pendejismo asintomático. Debieran tomar en serio que los de la Santa Alianza no están jugando a la alternancia y la contraprestación, sino al cambio de régimen para restaurar un tecnofeudalismo sin derechos ni democracia. Lean el manifiesto de Peter Thiel y comprenderán por qué frente a la inteligencia crítica ilustrada los cipayos de Vox y PP imponen el gesto grotesco y la jactancia visual, la provocación y el simulacro narrativo, en medio de interacciones ruidosas y disonantes promoviendo el discurso del miedo. Saben que, en el marco de la corrupción total, la desafección favorece el orden reinante y el cretinismo individualista contra toda militancia y proyecto colectivo.
Bien es cierto que en la actual coyuntura históriza se avizoran contradicciones y movimientos telúricos de imprevisibles efectos. Recientemente, la jueza federal de Virginia falló contra ALPHABET (Google) por prácticas monopólicas en la publicidad digital. Google infringió el artículo 2 de la Sherman Act, la ley antimonopolio de EE.UU., contraria a adquirir y mantener de facto una posición dominante en el mercado. La norma contra la concentración de EE.UU. es de 1890 y no corresponde a la era GAFAM pero es evidente el perjuicio de Google en la comunicación de proximidad. El control del motor de búsqueda de plataformas, de intercambio, y de memoria digital, la minería de datos y la estratificación es un movimiento de jaque mate al futuro de los medios autóctonos. En este horizonte, produce sonrojo que la UE no acometa una norma antitrust a estas alturas del desarrollo de la economía de la atención. El control absoluto de los motores de búsqueda exigiría que la Comisión adoptase medidas contundentes para proteger nuestras libertades públicas y derechos y la propia soberanía informativa. Así que a falta de soluciones, la sociedad civil pide la paz y la palabra.
En Suecia y Francia, avanza el movimiento contra la digitalización en espacios públicos mientras entre académicos, activistas y profesionales de las industrias culturales empieza a cobrar forma una clara conciencia sobre los peligros de la IA y la siliconización de nuestra economía. El imperio de la inequidad y la colonización de los GAFAM es hoy nuestro Estado paralelo y la virulencia reticular del Estado corporativo convertido en el gobierno de las corporaciones sin Estado que universaliza la violencia del troleo por todos los medios coadyuvando a la lógica destituyente como interpelación antiestablishment impugnatoria de todo imaginario de progreso.
Se constata una impotencia práctica y cognitiva que cultiva la derrota de la izquierda por desplazamiento del punto de observación y del terreno de juego de la disputa de la hegemonía. Convendría pensar la relación entre lo público y lo territorial excluido. Las carencias de las clases populares diluyen el conflicto. Pero en los próximos tiempos vamos a asistir a la emergencia de una pulsión plebeya en la calle, con el ruido y la furia contra el aparato de represión y los ajustes de la tecnocasta y sus políticas de despojo. Frente a la triple impotencia (la incapacidad de alterar la actual situación, la incapacidad de vivir sin transformar la realidad y la imposibilidad de no transformarla) es hora del momento instituyente, crear salidas donde no las hay, recuperar la potencia revolucionaria. Un frente estratégico y necesario en esta dirección es articular el movimiento global de unidad y movilización en pro de la Justicia Social confrontando la fractura entre la norma y el deber ser, recuperando la dimensión de la constitución material, la realización del derecho, desde lo social y concreto, frente a las fantasías y distopías electrónicas.
No hay proceso emancipatorio sin mediación política, sin inteligencia colectiva antagonista y, en consecuencia, sin traducción ni articulación social de los diversos actores y fracciones de clase para el desarrollo de un proyecto político alternativo. Toca en fin volver a los clásicos, modo Anguita, convocar a la ciudadanía, pensar un manifiesto de las amapolas y cultivar la palabra como testigo y el sentido común como vanguardia. No es poca cosa, créanme. Se trata del alfa y el omega de una política de futuro construida allá donde las redes digitales no llegan pero la vida y la esperanza habitan a la espera de una señal, por débil que esta sea.
Acto Homenaje a Pepe Mujica en el Congreso de los Diputados
Elogio de la lentitud
Trumpismo rima con aceleracionismo, no solo con autoritarismo filofascista. Por ello conviene pensar los tiempos de la política y la mediación social en la era de la Inteligencia Artificial. En el Seminario Internacional de Derechos Humanos de la Universidad Pablo Olavide, al tratar el reto de la relación entre justicia, política y mediación social desde la filosofía de la praxis, señalábamos el pasado mes de enero que ampliar los derechos de ciudadanía exige hoy reinventar la lógica de la norma desde la filosofía de la liberación cuestionando, en primer lugar, las temporalidades que la cuarta revolución industrial nos impone a fuerza de desplegar la llamada «destrucción creativa del turbocapitalismo».
Ya lo advirtió Benjamin. Es hora de poner freno a la locomotora de la historia. Los tiempos del progreso imparable nos llevan inexorablemente al horizonte abismal del precipicio del colapso con el pie pisando el pedal del acelerador hasta el fondo, puesta la quinta marcha, para avanzar sin retrovisor por los senderos trillados del retorno del despojo.
La sensación de liviandad, rapidez y visibilidad de la dialéctica informativa termina, como resultado, agudizando las patologías culturales de una comunicación que desperdicia la experiencia y mediatiza el sentido común, más aún en tiempos de lawfare.
La experiencia, esa categoría fundamental para cultivar el saber, para alimentar los sentipensamientos, colonizando las culturas populares está siendo menoscabada, suprimida como un desperdicio prescindible en la cápsula del efecto burbuja.
En tiempos del poshumanismo, del giro emocional y lingüístico, en la era ciber de un mundo hipervigilado por los señores del aire, es hora, pues, de vindicar, en la guerra cultural, derechos digitales para todos y reinstituir lo común, que es tanto como articular la acción instituyente frente al poder tecnofeudal destituyente de Trump y sus secuaces.
Frente a la lógica de terra nullius, el derecho a luchar por tener derechos solo será posible repensando la economía moral de la atención desde lo común, confrontar la postpolitica desde la justicia social, desde el antagonismo contra el imperio de la fuerza de la lex mercatoria, recuperando, en fin, los espacios de socialización.
Esto es, ralentizando los tiempos de consumo por las comunidades reflexivas a partir de una pedagogía de la esperanza, de una ecología política de la comunicación que tenga memoria, conocimiento, saberes y espacios de dialogo y puesta en común.
Si los dispositivos reticulares del comando del capital nos separa y aísla e impone cámaras de eco, parece evidente que ha llegado la hora de afirmar la cultura subalterna de las emergencias reales y concretas del mambito de lo local y sus biorritmos contrarios a la dieta digital de los dispositivos de dominio a lo Instagram.
Desconectar del capitalismo de plataformas y las redes privativas y abrir las puertas y ventanas de la vida y la cultura tabernaria puede ser un primer paso. Podríamos empezar por recuperar una tradición tan andaluza como la tertulia a la fresca en el patio, hablar por hablar, recuperando formas primarias de comunicación no instrumentales ni colonizadas; aprender de Séneca y nuestro gusto por platicar el derecho al cuidado común no mediatizado.
Como recordara Anguita en conversación con Alberti, hay que aprender a perder el tiempo y, como es lógico, educar también a los profesionales de la información a rechazar el scoop y desacelerar sus lógicas productivas si no quieren ser reemplazados por bots y la IA.
En contra de la razón corporativa de los Musk de turno, cultivemos el tiempo para pensar y aprender, para gozar y ser reflexivos, para cuidarse y cuidarnos, para mediar y sentir. Ahora que aprendimos que folgar, follar y hacer huelga tienen más que ver con el derecho a la pereza de Paul Lafargue que con ese productivismo a lo Stajanov que ha prevalecido habitualmente en la izquierda, prestemos atención a la intromisión en los mundos de vida y nuestros cronotopos de los señores de la guerra, que nos han comprado con las máquinas de soñar una experiencia vicaria falsificada e insostenible –de facto inhabitable–, para dominarnos hasta el fin del mundo, como los personajes del film del mismo título de Wim Wenders.
Dicho esto, toca militar, primero en el PGB, y desde hoy mismo en la cultura enlentecida de la vida buena, del buen vivir, si no queremos que nos roben la vida y la esperanza. Lo primero, al menos generacionalmente, para los que nos educamos en el universo Makoki, El Jueves o Víbora, es una conminación a la cultura subalterna de lo tabernario, de la mayoría y el frente común de la multitud adscrita por activa o pasiva al Partido de la Gente del Bar en el que nos reconocemos, conversamos, conspiramos y hacemos posible el principio de fraternidad. No es poca cosa. ¿Se suman?



