Capitalismo gore

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La infrapolítica es hoy un campo inescrutable, colonizada por el brutalismo del capitalismo gore en una suerte de inversión de la ética pública forzada por la mercantilización extrema, solo apreciamos a ver, que en la gestión de la muerte, el síntoma más notorio es el declive de la sensibilidad. Hablamos de extirpación de lo humano sin inteligencia artificial en forma de praxis belli. La paradoja de la excrecencia del afecto y la extimidad digital se resuelve como resultado con una política securitaria de orden y progreso. Como advierte Sztulwark, el trumpismo, o la variante Milei, es la máxima expresión de esta dialéctica del pavor marcada por el aceleracionismo, la descomposición social y la retórica faltona del odio y las pasiones tristes. En el espejo deformante catódico, la narrativa de la venganza, la violencia simbólica, que acompaña la propaganda de guerra en el proceso de recomposición de la necropolítica, se ha normalizado a tal grado este discurso ultramontano que la cultura bélica permea toda interacción social aceptando la enemización como principio y el reinado absolutista del mando autoritario a manos de personajes como el presidente Trump. El tirano representa lo que Ranciére denomina voluntad pervertida, la máxima expresión de la dominación que hace callar, deja ocluidas otras voces y muestra siempre la espada de Damocles del castigo ominoso como velada amenaza disciplinaria. Chomsky ya lo describió en el caso de la información. Los periodistas que se atreven a formular la más mínima crítica sufren los correctivos y sanciones de los poderes fácticos imponiéndose, como resultado, la propia autocensura.

En la estética de la crueldad y la política de lo grotesco que coloniza la esfera pública, gracias a los GAFAM y los consultores a sueldo de la promoción del discurso de prioridad nacional, no cabe la más mínima veleidad en el juicio de opinión. La disyunción entre fuerza y norma marca la política contemporánea a partir de la restricción de la autonomía social instituyente por el arte de la guerra. Ingenieros del caos, los expertos en las técnicas de la desposesión, los artistas de la fabulación de este capitalismo gore trabajan incansablemente para imponer las proyecciones alucinatorias del capital. El resultado es una disonancia cognitiva y, lo que es peor, una conciencia disociada, de desafección y apego a las fantasías falseadas de la realidad aumentada, o disminuida, según interese.

La alucinación no es un espejismo, sino la alteración de la realidad objetiva, la razón instrumental sin sensibilidad que elude la materia, el referente, escindido en forma de pantalla partida, para eludir la dimensión productiva, esto es, las condiciones materiales de las relaciones de producción y toda lógica de constitución del acontecer social. La deriva dualista entre sujeto y objeto, cuerpo e información, sistema de mediación y relaciones sociales domina, en fin, la conversación pública. Ello es posible, como el avance del neofascismo, por el monopolio narrativo del presente y la concentración de los canales de circulación de contenidos. Desde este punto de vista, la batalla cultural es una guerra global y permanente que se despliega en forma de pantalla total. Un sistema integrado que comprende el mediawfare, los operadores judiciales, véase la Kitchen, las plataformas de Silicon Valley, los servicios de inteligencia y el escuadrismo mediático. El capitalismo opera hoy desplegando un manto envolvente de la cultura de la servidumbre que filtra el sentido común de Vox. De hecho, el tecnofeudalismo es una gramática moral de cipayos y capataces, de economía fazenda, enmascarada por un doble discurso del lumpen y los sectores movilizados y resentidos que buscan la revancha no contra la oligarquía, sino fundamentalmente como en otros momentos históricos, contra los sectores ilustrados. El discurso periodístico cumple aquí una clara función de encubrimiento y confrontación del ilusionismo político. La servidumbre voluntaria como negación de la cooperación social estructurada por los modelos algorítmicos y econométricos no es solo una obra singular de los llamados pseudomedios. Se impone también en los llamados medios de referencia, absortos y cautivados por la política del absurdo en la disputa del análisis de lo real concreto. Saberes de la pasividad como el sufrir, el soportar, el padecer, el evitar o el huir se normalizan como consecuencia en el espacio público imbuyendo a las multitudes de una cultura estoica desprovista de recursos suficientes para soportar los golpes mortales de una vida precaria expuesta a la brutal explotación del nuevo fascismo. La disyunción social que cambia rebelión por resignación o desafección política y la lucha antagonista por la cooptación y cercamiento social son la traducción social de esta forma de gestión del proceso de recomposición del capital especialmente en los barrios vulnerables.

Ante este escenario, las lecciones del movimiento obrero demuestran que persistir es resistir, que levantarse y luchar con fuerza y aliento es la estrategia posible y más necesaria que nunca. Como en otras derrotas sufridas por las fuerzas emancipadoras, hoy de nuevo pensar desde abajo es construir con los despojos, con los saberes y experiencias de lo común. Interrumpir y abrir, parar, narrar y cambiar las reglas de juego. A nuestro favor está el tiempo y la cultura de la resistencia. El plan de Vox es ganar tiempo, conquistar posiciones, controlar la percepción de la temporalidad política, dominar el framing y surfear entre las contradicciones. Pero la teratología liberal está siento obturada entre el clientelismo, la contención, el cansancio y la propia dinámica devoradora interna entre facciones ultras y corruptas formas de gestión del respaldo electoral. Corresponde activar la inteligencia colectiva, la pedagogía democrática que siembra el principio esperanza frente a la espiral de la cerrazón autoritaria abriendo un nuevo ciclo que se antoja duro y rocoso. Pero que, con voluntad política unitaria, escucha activa, y tejiendo redes que dan libertad, será posible superar por desborde creativo. Si permite el lector una lección de filosofía oriental, de Lao Tsé, no olvidemos que el agua puede a la roca. Tiempo de reflujos, hora de la ingeniería de los ríos, mares y afluyentes.

A galopar, a galopar. . .

Iker Jiménez

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Los poderes hegemónicos en España hace tiempo que están explorando la salida reaccionaria ante la crisis de régimen que se vive. El éxito electoral de Alianza Catalana, y antes Alvise, da cuenta de un rearme del discurso y las organizaciones ultramontanas, con el PP a la cabeza, al tiempo que en los sectores  populares se da un elevado número de abstencionistas. La estrategia es clara y definida y los portavoces o cámara de eco del discurso restaurador actúan en consecuencia en nuestras pantallas. Uno de ellos es el ínclito y ubérrimo Iker Jiménez, una caricatura de Mortadelo y Filemón que no merecería ni una línea en esta columna si no fuera por su efectividad mediática. Y que cuenta, como pregona en la autopromoción del canal, con verdaderos expertos. Una nueva categoría a tomar en cuenta, porque suponíamos que los tertulianos son todólogos que sirven para un roto y un descosío, pero ahora resulta que tenemos expertos, hemos de suponer, gente especializada que nada saben, y expertos de verdad, de los que saben: de OVNIS, terraplanismo, conspiraciones y vacuidades variadas, como es habitual en el programa Horizonte, encefalograma plano, o Cuarto Milenio. Todos abonados al formato Código Cero, esto es, ni suman, ni restan, ni reconocen las leyes de la ciencia ni de la historia. Ante la crisis ecológica, moral, y de reproducción del capital los mercaderes de la moral y las vidas ajenas dan una vuelta de tuerca y nos llevan a la estratosfera o a la prehistoria con un claro objetivo: olvidar las cuentas a base de cuentos. Mientras IDA articula TRADWIFE, COUP of COFFEE en Madrid, la polarización y clausura del espacio público por los portavoces de la santa alianza con el discurso y proyecto ultramontano de Familia, Tradición y Propiedad nos somete a una dialéctica del terror en forma de verdadera invasión de los cuerpos. Iker Jiménez es, en esta operación, un maestro de ceremonias significado en la estrategia de roll-back con la vuelta al discurso de Gonzalo de la Mora sobre la decadencia de occidente.

El recuerdo del pasado es proyección del mañana, claro está. La estrategia de desestructuración de la memoria de la extrema derecha es una divisoria abismal e ideológica contra la justicia, la fraternidad y la pedagogía política de la esperanza. Contra el reformismo, en fin, y la regeneración social, y de la vida, desde un punto de vista genérico. Pues vuelven al culto a la muerte y al más allá: Plus Ultra. Desde este punto de vista, la querencia por lo paranormal es congruente con la necropolítica. Así, el movimiento reaccionario NRx es tan ultramontano como de ultratumba. La política de la muerte es la licuefacción siliconizada de la vida. La ingeniería de la cosificación, el viejo topo de la historia que alimenta un movimiento soterrado de odio de la cultura plebeya contra las promesas incumplidas de la democracia. No es iliberalismo. Para los plutócratas de Wall Street y Silicon Valley, tanto monta, monta tanto, la gestión pública es una cuestión de empresa, el Estado un negocio y los ciudadanos simples accionistas. Deduzca el lector que hemos de elegir, si se puede, como Presidente, viendo lo que nos proponen los adoradores de Trump. Incalificable por ejemplo el programa de loas al gestor tecnócrata de la Generalitat de Valencia por no ser político sino un militar con experiencia de gestión de crisis en la reconstrucción. Y es que el movimiento ideológico  contra la ilustración y los valores republicanos de la soberanía popular tiene por objetivo claro la destitución y la clausura de toda participación y democracia. Los numerosos voceros de la Santa Alianza vienen trabajando este relato no ya con Trump, sino desde Reagan. En Fox News, en Silicon Valley, desde Heritage Fountadion, la autodenominada internacional libertaria y populista nos quieren imponer una estrategia de articulación política de un marco cognitivo de comprensión que sustituye la realidad por palabras, como parte de la operación lingüística y performativa en la que tratan de robarnos la vida. Nombrar y cambiar la realidad, sea del Golfo de México a la propia idea de paz, he ahí la cuestión anticipada por Orwell.

Lo que no esperábamos era la invasión militar de las fuerzas especiales en nuestros platós. Bien sabíamos que EE.UU. tiene más de 175.000 estadounidenses en 159 países con un gasto de 886.000 millones de dólares. Tenían que terminar canalizados en nuestras pantallas y siempre hay manijeros o capataces dispuestos a ganar su jornal con ventaja y sin miramientos. El presentador delegado de Lockead Martin, Northrop, o General Dynamics, de Silicon Valley, y el complejo industrial militar del Pentágono lo tiene claro. Así que prepárense para la operación de inversión semiótica.

Del Tratado de No Proliferación y el Tratado de Prohibición de Ensayos Nucleares a la expansión de la OTAN, los voceros de la Santa Alianza nos declaman fenómenos paranormales para imponer el negacionismo climático, cuestionar la hoja de la ruta de la seda e incluso los diálogos QUAD. En suma, para camelar a la audiencia para el cálculo del Capital y robarnos la vida y toda esperanza.

Instalados en el orden del Deep State, a lo Qanon, el neofuturismo trampista que pasó de la cultura de la ufología al negacionismo, de los fenómenos paranormales a la vindicación golpista del escuadrismo paramilitar, de la información pseudocientífica sobre fenómenos anómalos, a colaboracionista de los macarras como Peter Thiel (Fundador de PayPal) o el Instituto Cato para vindicar a Paca la Culona, la nueva deriva ultra derechista nos cerca y prácticamente estamos siendo cautivos y desarmados. Tenemos la suerte que nuestra gente ha abandonado la información de actualidad. Huyen de los medios convencionales, inmersos en una crisis de credibilidad irreversible. Pero mientras tanto un país con una derecha atrabiliaria, un líder de la oposición cansado de repetir lo mismo, en lo que no cree, una izquierda en huída o caída libre, y unos sectores populares desilustrados da para cualquier cosa.

No creemos que el presentador de Planeta haya leído a Hans-Herman Hoppe y al anarcocapitalista Jullius Evola o Thomas Carlyle. Iker es más del Marca y de veneración a la tecnocracia. Se entiende con razón las crisis reputacional de los medios, y sus lógicas de tematización de la agenda pública, en medio de la infodemia. En la batalla de la atención, la saturación y dependencia publicitaria, que socavan a diario las políticas editoriales de cualificación, veracidad y deontología profesionales, todo vale. Y como las audiencias son listas como los ratones coloraos, mientras Iker conspira, las multitudes bailan. Siempre venceremos, porque somos partisanos de la poética del encuentro, sea en forma de kizomba o verbena popular. Hablamos de la incandescencia del propio movimiento de la vida, la estética iluminista de la seducción y el goce pagano, del deseo, quilombo o quimbundo de la fiesta y del deseo de la pulsión plebeya. Como bien supo ver el bueno de Pasolini, el ser humano es siempre una revuelta en acto. No hay Horizonte mediático que pueda impedirlo.