Francisco Sierra muestra en nombre del Grupo Plurinacional Sumar el “completo respaldo” a las demandas de la ‘Plataforma de Radiotelevisiones Públicas en Lucha’

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El diputado de Izquierda Unida y portavoz en la Comisión Mixta de Control Parlamentario de la Corporación RTVE y sus sociedades del Grupo Plurinacional Sumar, Francisco Sierra, muestra el “completo respaldo en nombre de nuestro grupo a las demandas de la ‘Plataforma de Radiotelevisiones Públicas en Lucha’, que agrupa a representantes de los/as profesionales de estos medios públicos de comunicación en todo el Estado.

Sierra indica que “compartimos las exigencias de esta Plataforma”, que se corresponden con la defensa que realizamos sobre que la calidad democrática de la conversación pública exige un marco de autonomía y regulación de los medios públicos y del trabajo que desempeñan sus profesionales como máxima garantía del servicio público audiovisual”.

Entre las principales cuestiones en las que incide la ‘Plataforma de Radiotelevisiones Públicas en Lucha’ está la implementación urgente en nuestro país del Reglamento Europeo de Libertad de Medios -European Media Freedom Act (EMFA)-, cuyo retraso en su puesta en marcha puede acarrear sanciones por parte de las instituciones europeas.

Francisco Sierra recuerda que “su contenido es de obligado cumplimiento, por lo que intensificaremos nuestro trabajo para emplazar al máximo nivel al Gobierno para que aplique las exigencias de este Reglamento Europeo de Libertad de Medios”.

Estas prioridades que expone el parlamentario de IU van dirigidas también al desarrollo del Plan de Acción por la Democracia “en lo que tiene que ver con la creación de un organismo estatal distinto a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) para cumplir con las exigencias de autonomía, pluralismo y fiscalización democrática”.

Eco y resonancias

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El pasado mes tuvo lugar un maratón-homenaje dedicado a Umberto Eco, con motivo del aniversario de su fallecimiento. La ocasión apenas trascendió en los medios, presos de la histeria informativa y las fuerzas centrífugas de control del acontecer social, con las que se suele imponer la narrative de la inanidad.

Hoy que se da una malversación del lenguaje en la pospolítica y se corrompen las palabras y la ética pública con el despliegue del trumpismo mediático, volver a recorder a Eco tiene, permita el lector el juego de palabras, una nueva resonancia.

La retórica de Milei puede, de hecho, ser mejor diseccionada con el célebre artículo del maestro de la semiótica sobre el fascismo. Y ahora que se rememora su figura conviene recordar su compromiso con el PCI, sus exploraciones creativas en la RAI, la crítica del despojo y la deconstrucción de los que Deleuze definía como discursos imbéciles tejidos con verdades bajas, además del cultivo del humanismo y las humanidades que hizo a lo largo de su obra en toda su extensión.

Ante la pérdida del sentido del trumpismo mediático, es hora de vindicar quien tanto cultivara el amor a la palabra y el libro. Nos lo debemos, si somos del orden de la autonomía y no de la consigna de la obediencia debida. El acto sin relato, la precariedad de la representación, con la consiguiente desafección política, proyecta una simbología extrema gobernada por los capataces del bullying.

La vocación publicitaria y su régimen de validación por repetición o pura redundancia configura asi un submundo hermético, la lógica burbuja, impenetrable a todo esfuerzo de argumentación racional. En cierto sentido, el trumpismo —o el mileismo— es una suerte de milenarismo, una teodiceca política de lo peor, que activa la reacción del malestar social como una rebelión contra toda revolución.

El enmascaramiento de las derechas alternativas o ultramontanas tienen, en este sentido, la virtud de dislocar, via usurpación del dominio común del lenguaje, el ágora democrática, negando, sistemáticamente, el principio de igualdad. Cuando todo es impostura (gesto, pose o modulación) en el discurso público, posicionarse pasa por deconstruir la reificación de la imagen congelada en nuestras pantallas y activar la memoria.

Hablamos de la batalla cultural contra la sinrazón como razón de la desafección y la irracionalidad objetiva. Y, por lo mismo, recordamos a Eco y las resonancias que nos evoca ante la impotencia misma del objeto cultural libro y de la palabra; de la huella como ausencia y presencia; del sonido y del silencio; de la evocación y provocacion interpelante; de la ambivalencia y las contradicciones del lenguaje y los referentes, hoy que lo literal es letal, y la palabra vacilante, titilante, negación de lo posible.

Esto es lo verdaderamente inédito, no tanto la crisis de representación de la que venimos hablando con motivo del giro linguistico, como de la ausencia misma de signifcación y sentido común que opera en lo mediato con nuestro legado cultural.

La velocidad de escape del turbocapitalismo anula la capacidad de pensar y decir imponiendo el opacamiento generalizado políticamente, el absurdo delirante configuracional. Y eso no cabe olvidarlo, como tampoco el ejemplo que nos brindó en persona en su visita a Sevilla el autor de El nombre de la rosa.

Pocos años antes de su fallecimiento, tuve el honor como decano de proponer el Doctorado Honoris Causa por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. No todos conocían lo que Eco ha supuesto para el campo de estudios de medios en todo el mundo, y menos aún el interés de nuestro homenajeado por la ciudad de Sevilla, capital del imperio del periodo histórico que mejor conocía.

Recuerdo que algunas autoridades académicas me cuestionaban si iba a venir, dado que ya tenía un innumerable listado de doctorados honoris causa. Y, de hecho, la primera fecha cerrada con su secretaria tuvo que suspenderse por enfermedad, con todo lo que ello implica para un acto protocolario de tanta importancia en la Universidad.

Pero yo sabía que Eco amaba Sevilla y no por amistad, que no la tenía. Mi relación con él no pasaba de ser la de un mero lector y estudioso de su obra semiótica y de haber asistido a varias conferencias que impartió en la Universidad Complutense de la mano de su discípulo, Jorge Lozano.

Pero tenía consciencia de su interés por la cultura hispalense. De hecho, cuando confirmó la aceptación del Doctorado Honoris Causa, solo me puso una condición: quería conocer la Biblioteca Colombina de primera mano. Y así hicimos. Durante tres días, los paseos por la ciudad, almuerzos y charlas informales fueron todo un descubrimiento, al igual que compartir estancia con el personaje.

Primero, me sorprendió su gran humanidad y el sentido del humor, muy irónico, socarrón y similar al humor negro granaíno de quienes compartimos la cultura de la malafollá. Y, lo segundo, era su conocimiento continental de la historia y el patrimonio monumental de la ciudad. Nos dejó perplejos a todos.

Por aquel entonces, Eco ya tenía numerosos achaques de salud, principalmente gota y, supongo, problemas de azúcar, pero con humor decía que, dado que no viajaba su esposa y estaba libre de cuidados, podía tomar un guisqui de más. Y así hicimos para que conociera la gastronomía local, aunque ya había visitado la ciudad anteriormente, y cumplir con los pequeños placeres del paseo, cual flaneur, entreverada por la conversación.

Como pueden suponer, y tratándose de Eco, todas las instituciones culturales de la ciudad colaboraron, y nos programaron visitas reservadas tanto en la catedral como en la Biblioteca Colombina. Imaginen lo que ello significaba para un amante de los libros como Eco, que terminó por ser nuestro guía, con grata sorpresa de la directora de la biblioteca, que tuvo a bien regalar algunas réplicas del fondo.

La visita fue toda una lección de historia del libro, de las Américas, del archivo de Indias, en fin, de todo lo que un bibliófilo experto como Eco nos aportó con su honda sabiduría y erudición. De ello quedó constancia en el curso que organicé con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) sobre Comunicación y Barroco, patrocinado por Focus Abengoa, donde también intervinieron referentes del pensamiento como Roger Chartier.

En ese curso, Umberto Eco hizo una intervención memorable sobre Enciclopedia barroca y la actual enciclopedia digital. Corría el año 2010, y todavía existía prensa local de prestigio que se hizo eco a diario de la visita del gran maestro.

Días de confidencias, aprendizajes, diálogos y descubrimientos que, para la comunidad académica de la Facultad de Comunicación y la Universidad de Sevilla, pueden calificarse de un hito histórico. Doy fe de ello y, personalmente, puedo considerar el encuentro una de las experiencias más enriquecedoras en mis más de treinta años de actividad académica.

Eco resultó tan solícito, cercano y comprometido con la ciudad y con quienes, como académicos, organizamos su visita que no podía concluir su viaje sin un recuerdo de su estadía en la ciudad. Y francamente no era fácil. Como bibliófilo, sorprenderle era materialmente imposible, y ya había guardado algún incunable de la Colombina. Y un presente de la cultura propia, cerámica o giraldillo, no procedía en su caso.

Así que, dado que la Universidad no contemplaba presentes por protocolo, procuré por mis propios medios un cuadro de Santo Tomás. Una pieza antigua que Eco no quería aceptar porque era consciente del alto valor económico y simbólico, y que finalmente logré que llevara para formar parte de su gran biblioteca personal.

No volví a conocer alguien tan humano, sabio, con un sentido del humor tan lúcido y creativo como él. Si acaso su colega y amigo Paolo Fabbri, a quien recibí siendo presidente de la Fundación Fellini y que añadía a las virtudes de su maestro un hondo sentido de la cultura popular como buen vivir.

Historias, recuerdos, en fin, que sirven para no olvidar que, en tiempos de silencio y de tinieblas, en horas tan atribuladas y terroríficas como estas, la máxima o principal resonancia que aprendimos de los grandes maestros como Eco es justamente que nada de lo humano nos es ajeno y que es preciso para ello aplicar el principio ético de Sabere Aude. Este es el reto civilizatorio que está en juego en tiempos de brutalismo mediático.

Raro, raro, raro

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La era del silicio impone una estricta economía de la geofísica de la información y, en tiempos de Trump, una geopolítica del despojo, campañas de exploración de tierras raras que actualizan el realismo capitalista en forma de tiempo enrarecido, extraño, enajenante y también de captura de los restos de la era del carbono. La elegía satírica de la novela “Al límite” de Thomas Pynchon (2014) retrata con maestría las formas históricas del viejo y nuevo materialismo, sus enclaves sociopolíticos y la base científica que lo sustenta, léase “Contraluz” (2010), los hilarantes episodios de la II Guerra Mundial descritos en su obra maestra “El arco iris de gravedad” (1973) o cualquier medio serio como El Jueves, porque solo el humor nos puede hacer libres y mostrar la verdad en el mundo al revés del orden reinante. Cuando la realidad parece ficción, la escritura literaria nos cuenta lo que los cuentos informativos no cuentan, por ejemplo, describiendo el contexto de los retos por venir.

Decía Jesús Ibáñez que la mejor prospectiva social es las que nos ofrecen las novelas de ciencia ficción, donde podemos secularizar la imagen operativa y las metáforas de la materialidad geológica en medio de la descomposición del mundo. Podemos por ejemplo poner el foco en el sistema de relaciones que da continuidad a las investigaciones de la energía nuclear con el complejo industrial militar del Pentágono y la red de intereses materiales que van de Venezuela a Sudáfrica, de Nueva York a Finlandia, de Argentina y Bolivia a Groenlandia. Lógicamente, no viene al caso explicar los tropos, recursos sintácticos, estructuras narrativas y constructos literarios de la literatura cyberpunk o de las novelas de Pynchon, porque lo verdaderamente importante, aquí y ahora, es cómo nos ayudan a penetrar, con ojo avizor, el tupido velo de la desinformación y las opacidades del poder de comando informacional. Pensar, en suma, la cultura matricial del oculocentrismo, la óptica y mediación del espíritu de este tiempo que conecta, en red, el trabajo y los medios, la proyección imaginaria de las fantasías electrónicas y la transformación del hábitat, las mutaciones tecnológicas y el extractivismo del medio ambiente natural, para una crítica de la economía política en tanto que ecología política de la comunicación de los nuevos bárbaros que habitan en la Casa Blanca.

La acción de “Al límite”, la novela del mejor escritor estadounidense de la segunda mitad del siglo XX, es sin duda alguna una muestra reveladora del mapeo necesario en esta línea de las cartografías del complejo sistema de interconexiones del capitalismo maquínico. La novela transcurre en la ciudad de Nueva York durante el año 2001. Describe, no casualmente, el período que va desde la crisis de las puntocom hasta los atentados del 11 de septiembre. Los personajes de la novela participan de una trama de delitos económicos, empresas de seguridad informática, servicios secretos como el Mosad, y la producción de un videojuego y sistema de programación ultramoderno, que en cierta forma es también protagonista de la novela. Pues DeepArcher, el juego de realidad virtual que motiva la cadena de asesinatos, es similar a Second Life, uno puede tranquilamente «vivir», pasear, comprar o mirar donde no hay nada especial que hacer: un «lugar», en fin, desmaterializado, que despliega una serie de sucesos por apropiarse del código y del capital económico en el trasfondo de la cultura del videojuego.  Discursivamente, la trama nos enfrenta al viejo y nuevo mundo del capitalismo. Pero, como los personajes de Al límite, en la era del juego, y la gamificación, parece que el personal no se entera o no es consciente de lo que está en juego, o, peor aún, no quieren saberlo, no vaya a ser que la narrativa monocorde, como decía Peter Walkins, nos falle con un final infeliz.

Las lecciones de Thomas Pynchon al respecto son clarificadoras. Frente a cierta lectura idealista sobre el goce en las nuevas formas de comunicación de la era digital, la concepción materialista de la cultura exige, en nuestro tiempo hipermediatizado, una consistente interpretación que haga comprensible las contradicciones de estas prácticas culturales en el marco de la cuarta revolución industrial. En la era postmedia del ocio expandido, el reino de lo extraordinario y de lo espectacular integrado capturan y subsumen la creatividad como exigencia primordial de la acumulación por desposesión  en una suerte de dominio de la máquina de guerra. En el caso de la novela, los crímenes y delitos económicos son asociados a la apropiación del excedente de los silicon valley boys cuyos amplios márgenes de beneficio terminan teniendo altos costes socioambientales. El negocio de la realidad virtual plantea pues interrogantes fundamentales como paradigma de la necesaria reconstrucción del nuevo materialismo del encuentro, no solo por su relevancia como sector económico sino también justamente por participar de la estrategia de ocultamiento que requiere el proceso de despojo del capital en su guerra abierta contra los pueblos y la humanidad. En este marco, la subordinación y gregarismo de la UE produce vergüenza ajena. Además de seguir los lineamientos de los GAFAM, y de la OTAN, la vindicación de la autonomía estratégica y la soberanía digital, proclamadas por los cómplices del genocidio en Gaza, resulta cuando menos ridícula mientras se multiplican suculentos contratos millonarios con Lokhead Martin, Northrop Gruman, y General Dynamics, las mismas empresas que promueven la guerra en Europa y América Latina, facilitando la espiral del disimulo de Wall Street interesados tanto en la innovación tecnológica como en los negocios de la reconstrucción, tras la destrucción creativa, sea modo resort o simple infraestructura civil.

Sabemos que, ante la barbarie, el acero voz, la voluntad expresa contra el poder instituido en un mundo sin aurora ni horizonte histórico perceptible es no solo pura heroicidad, también algo suicida. Pero nos queda siempre la esperanza, que es el consuelo de la lucha. A decir de Pasolini, el consuelo de saber luchar para mirar de frente a la realidad. Y no es poca cosa en tiempos de bulos y disimulos, más mulos que otra cosa. La virtud, en fin, de la pa/ciencia y la dignidad contra el poder destructor de la megamáquina del capital siempre es una potencia superior a toda virtualidad que nos quieran vender como realidad paralela. Las lecciones de la historia así lo demuestran. Dicho esto, ya va siendo hora, por cierto, de poner nombre y apellidos, negro sobre blanco, a los nuevos robber baron. La literatura es solo un mero ensayo para ello.

RTVE, nuevos tiempos

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El fragor de la batalla mediática en el contexto del mediawfare ha socavado el debate de fondo sobre la naturaleza del servicio público y los cambios estructurales que ha de acometer RTVE en el nuevo ecosistema del capitalismo de plataformas. Nos referimos, en concreto, a los trabajos que la Subcomisión del Mandato Marco ha iniciado a nivel parlamentario para sentar las bases operativas de organización y desarrollo del principal canal radiotelevisivo de nuestro país.

Más de ocho años después de concluir el período del documento base en vigor que fija las directrices de la política de gestión del ente público y tras un intento fallido en la anterior legislatura, desde el Grupo Plurinacional Sumar hemos conseguido finalmente que se convoque a los portavoces de los grupos con representación parlamentaria para sentar las bases de un nuevo tiempo para la Corporación. No ha sido fácil. En lo que llevamos de esta XV Legislatura, consta en acta la demanda de impulsar, como es preceptivo, el segundo Mandato Marco de RTVE, sin respuesta del grupo mayoritario en el Senado.

Entre tanto, la modificación del real decreto que alteró el modelo de elección de los miembros del Consejo de Administración, ha definido nuevas reglas del juego que entran en contradicción con el Reglamento Europeo de Libertad de Medios (EMFA) al suprimir la elección por mayoría cualificada. No es objeto de la subcomisión resolver tal anomalía democrática, pero sí garantizar cuando menos la materialización de los valores constitucionales en el compromiso institucional de la función articuladora del servicio público audiovisual.

En este empeño, conviene empezar a exigir, a fin de evitar situaciones de impasse como las vividas años atrás, la actualización y renovación del Mandato Marco anualmente mediante la permanencia y seguimiento de la subcomisión encargada de redactar el documento, que debería continuar sus trabajos y velar por la continuidad de los lineamientos y directrices que han de concretarse en el contrato-programa.

Igualmente, es deseable el desarrollo y articulación de espacios que hagan efectivo el derecho de acceso contemplado en el artículo 20 de la Constitución como el Consejo Consultivo de Participación Ciudadana que, junto con el Consejo Profesional y el Estatuto de Redacción, garanticen el principio de autonomía y neutralidad en la prestación del servicio.

Medios de comunicación y discursos del odio

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El lunes 9 de marzo, en el local de La Fuga, a las 20h: Medios de comunicación y discursos del odio, con Macarena Hernández. Universidad de Cádiz, Cruz Tornay. COMPOLITICAS y Javier Moreno.

Los tiempos del trumpismo político vienen marcados por la política espectacular y la retórica del miedo. Los discursos del odio que proliferan en medios de información y redes digitales plantean un frente cultural en defensa de los Derechos Humanos en el que los GAFAM actúan como canal de escenificación y ecosistema natural de intervención a modo de guardabarreras de todo dominio público, en calidad de agentes promotores de la desinformación. En palabras de Byun-Chul Han, vivimos hoy una suerte de anestesia permanente en el que el fascismo, la xenofobia, el antifeminismo y los discursos de la derecha extrema contra las minorías proliferan en las pantallas del ágora digital definiendo el marco de deliberación pública. En el Seminario Permanente de Teoría Crítica, abriremos un ejes de análisis y alternativas democráticas para revertir la lógica de la hegemonía del Estado corporativo.

Enlace al audio del evento: https://archive.org/details/medios-de-comunicacion-y-discursos-del-odio

¿Es EEUU una «amenaza» para la ciberseguridad de España? El Congreso y el Senado abordarán este debate abierto por Sumar

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Pocos días antes de que estallara la guerra de Irán, en la comisión mixta de Seguridad Nacional del Congreso y el Senado de España se puso sobre la mesa un debate que, diez días después, cobra mayor relevancia: ¿Es Estados Unidos una «amenaza» para la ciberseguridad de la Unión Europea y de España? La discusión, abierta por Sumar, fue despachada por PP y Vox que, con mayoría en este órgano, se negaron a señalar a un aliado miembro de la OTAN como un peligro para el país.

Desde octubre de 2024, las Cortes Generales trabajan, a puerta cerrada, en la elaboración de un informe sobre «las amenazas en el ciberespacio, en la era de la inteligencia artificial y la computación cuántica«. Más de 20 expertos -desde miembros de las Fuerzas Armadas a directivos de empresas tecnológicas- comparecieron durante este tiempo ante un grupo de diputados y senadores. Todo ello se condensó en un informe de 55 páginas, al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, en el que se recoge el análisis de la situación actual y se plantean una serie de recomendaciones.

Sin embargo, el diputado de Sumar Francisco Sierra consideró que el documento está incompleto. Estados Unidos solo sale mencionado dos veces. Una para señalar que las «tecnologías críticas» utilizadas en España provienen, principalmente, de este país, de Israel y de China; la otra en una nota a pie de página. Así, registró varias enmiendas para incluir que EEUU es «una amenaza manifiesta» para la Unión Europea y para España. Todas ellas fueron rechazadas por PP y Vox, que suman 20 votos en la comisión, y respaldadas por PSOE y Sumar, que solo tienen 15 parlamentarios.

Argumentos encontrados

«La inmensa mayoría comparecientes alertaron de que las amenazas más sofisticadas proceden de grupos de ciberinteligencia vinculados a Estados. Se mencionan de forma reiterada las […] de origen ruso, chino, iraní y norcoreano«, asevera el informe elaborado por la ponencia y que aún deberá ser ratificado más adelante por la comisión mixta de Seguridad Nacional.

En este sentido, Sierra planteó incluir una línea más: «Pero también de Estados Unidos, que desde Echelon [una red masiva de espionaje creada en la década de 1960] a nuestros días, es una amenaza manifiesta para la UE y nuestro país«. Sierra, en conversación con este diario, sostiene que el PP se opuso a esta enmienda bajo el argumento de no contribuir a la escala verbal con EEUU, mientras que fuentes parlamentarias populares sostienen que su negativa se debió a no querer señalar a un país aliado como amenaza, equiparándolo a países como Corea del Norte.

Esta no fue la única propuesta planteada por Sierra. En otro apartado, relativo a la «desinformación y propaganda», se advierte de que las «campañas de influencia digital se han convertido en un instrumento geopolítico y criminal de enorme impacto» y nuevamente se señala a Rusia, China e Irán como los «protagonistas de esta modalidad delictiva». La propuesta del diputado de Sumar, también rechazada, fue señalar a EEUU, desde sus empresas a la administración de Donald Trump, para avisar de su «clara hegemonía y control de la ciberseguridad como principal amenaza» para Europa y España.

La dependencia tecnológica

A lo largo del documento se hace referencia también a la dependencia de España de tecnología extranjera. Así, se plantea la necesidad de «fomentar la creación y consolidación de empresas españolas de ciberseguridad, así como priorizar tecnologías desarrolladas en el ámbito europeo o nacional cuando sea posible».

El matiz que planteó Sierra en este caso es el impulso de empresas públicas o de capital mixto con participación mayoritaria del Estado para evitar «el modelo dominante liderado por Palantir Technologies«. Esta empresa, filial en España de una de las grandes tecnológicas estadounidense, tiene adjudicado un contrato de Administración General del Estado por más de 16 millones de euros para la contratación de «una solución de fusión y análisis de inteligencia en el ámbito del Sistema de Inteligencia de las Fuerzas Armadas».

En la misma línea, el informe identifica esta dependencia como un «factor de vulnerabilidad en un contexto de tensiones geopolíticas y de utilización del ciberespacio como instrumento de presión». A lo que Sierra pretendía añadir que esto implementado por «Estados Unidos e Israel». Todos estos cambios fueron rechazados por PP y Vox. Hubo un quinto, al que también se opuso el PSOE, porque hacía referencia al hub de Defensa instalado en Aragón.

 

La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850

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En sus casi dos siglos de existencia, el marxismo no solo ha aportado grandes clásicos a la Filosofía, también a la Historia. Buena prueba de ello es La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, primer y exitoso intento, llevado a cabo por Marx, de aplicar a la Historia, justamente a la historia inmediata de ese momento histórico, el de la fracasada revolución francesa de 1848. Todo el instrumental metodológico aportado por la dialéctica –innecesario añadir a estas alturas que «marxista»– y el materialismo histórico. El Marx que se nos presenta en este libro, relativamente juvenil, no es solo el Marx filósofo, historiador, economista y sociólogo, sino muy especialmente el Marx periodista, atento observador de la vida social que le rodeaba. De ahí la modernidad y la cercanía que este ensayo marxiano puede llegar a alcanzar a los ojos de un lector actual. A. L. «Este fue el primer libro en el que la historia del mundo se estudia e interpreta bajo el punto de vista del materialismo histórico». Antonio Ramos Oliveira «Karl Marx, ¡qué gran periodista!». Andy Warhol