Telepredicadores

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En tiempos-encrucijada como estos, la incertidumbre y crisis de confianza son propiciatorios para el pastoreo y sermonear a costa, casi siempre, del bien común. Así, los discípulos de Torquemada proliferan en España y América Latina, con el nacionalcatolicismo del más rancio espíritu castellano y las cruzadas evangélicas de los corruptos diputados brasileños o bolivianos, que, en una suerte de pogromo de los macarras de la moral, forzaron los límites de la democracia para encarcelar a Lula, tratar de liquidar a Evo Morales y, no nos hagamos los pendejos, en el fondo perseguirnos a todos pues, hablamos de un problema global que trasciende el continente americano. Como el lawfare, esta realidad es común y se manifiesta a diario en España. Lean si no el último libro de Juan José Tamayo (La internacional del odio, Icaria Editorial, 2021) que disecciona magistralmente una realidad que da que hablar y que debe hacernos pensar. Quizás por ello, el otro día tuve la tentación (bendito pecado) de ver El reino, una serie sobre el ascenso a la presidencia de la República Argentina de un pastor evangélico, recién estrenada en una plataforma de pago. La obra, dirigida por Marcelo Piñeyro, lejos de resultar una distopía puede ser visionada como una crónica del presente hegemónico en Latinoamérica. El impacto de la misma da cuenta de la anticipación de los creadores de la serie. En la mayoría de los 190 países donde ha sido estrenada ha conquistado altos índices de audiencia y, particularmente, en el país austral los debates, memes, discusiones sobre la trama de la serie siguen generando una reflexión a tomar en cuenta en nuestro país sobre el papel de la justicia, el poder de la iglesia, la irregularidad financiera del poder eclesial o el rol de la política en la construcción de la ciudadanía, de la función de los medios a las operaciones encubiertas de los servicios de inteligencia del Estado que lo mismo nos ocultan por décadas golpes de Estado mediáticos o los consabidos casos de corrupción. Puede pensar el lector que viendo la agenda informativa, deberíamos hablar de otras cosas. Quizás de Afganistán, pero es lo que tiene la licencia de una columna: actuar incluso al borde de la ficcionalización o de la ocurrencia. Claro que habrá quien seguro consiga dar sentido a estas líneas, sin pregón ni oración posible. Al menos si conocen la realidad de Latinoamérica, donde el avance de la política purista de lo peor ha sido más que notoria en las últimas décadas, si bien tiene una génesis más antigua que explica el bloqueo de toda estrategia de mediación en grandes naciones como Brasil. Hablamos, sí, del origen del neoliberalismo.

Hace cinco décadas, la población evangélica constituía el 3% en América Latina, hoy suman el 20% y constituye un actor político de primer orden en subregiones como Centroamérica, Brasil y México. Si leen el Documento de Santa Fe I y II, entenderán geopolíticamente por qué. También cuál es el hilo negro de esta historia en la construcción del reino de Hazte Oír. Tal y como analizamos en La guerra de la información (CIESPAL, Quito, 2016), Reagan y la política de roll-back procuró en todo momento atenuar lo que consideraban una influencia maléfica en la doctrina de la Iglesia, la teología de la liberación. Junto a los nuevos think tanks como Heritage Foundation, los telepredicadores proliferaron en la guerra sucia contra Nicaragua y hoy respaldan a candidatos en Costa Rica o dominan la agenda mediática en Brasil con una amplia red de centros y radios comunitarias. Con Trump, esa hegemonía se tornó absoluta en Estados Unidos. El presidente republicano impuso y normalizó otra vuelta de tuerca, esparciendo por la vasta red de medios de los telepredicadores la mentira y su repetición, a lo Goebbels. Esta vuelta de tuerca puede resultar desternillante, de risa, una mala opereta de un actor de segunda, como lo fue Reagan. Lo grave es que terminará destornillando, como vemos, la democracia americana, haciendo inservible las instituciones de representación en EE.UU. y previsiblemente con la americanización de la comunicación política también en la UE, como ya ha sucedido de hecho en Brasil. Por ser más concisos y concretos, en España, la iglesia tiene más de 60 publicaciones periódicas diocesanas, 256 revistas, 145 canales de radio, la COPE, Radio María, 13 TV, Cadena 100 y una libertad o armisticio fiscal sin parangón en Europa. Y todo ello no precisamente por el carácter emprendedor de la cúpula episcopal. Añadan las redes de radio y televisión local evangélicas, sumen el duopolio televisivo y la ausencia de medios nacionales progresistas y hablemos de guerra cultural, de Vox y de derechos constitucionales. Aquí y ahora. En el terreno yermo de la distopía. Cosas en fin de mi síndrome postvacacional. Debe ser. Así es y así se lo hemos contado.

Reseña del libro «Las complejas relaciones entre Estados Unidos y América Latina» de Carlos Midence por Francisco Sierra Caballero

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El orden del discurso de la postverdad es propio del negacionismo: negación de la prueba y evidencia empírica, del reino de la razón contra la barbarie, de la vida contra el fascismo de los buitres de Wall Street y los escuadrones de la muerte al servicio del orden global.

Por ello, del mismo modo que el dicho la bolsa o la vida nos sitúa ante la contradicción de la afirmación de la existencia real y concreta contra la lógica especulativa del capital, confrontar hoy la historia real con las prácticas manipuladoras del modelo de propaganda, si como decía Debord, y hoy replica Bifo, la cultura videogame, en esta era del disimulo y la mímesis estéril de la representación como dominio, es propia de una lógica imperial cuyo principal resultado es la imposición de una cultura sedada, impávida y amedrentada, que nos convierte en ilotas o esclavos de la maquinaria de guerra del capital.

Sabemos que el pensamiento, como el deseo, es, por definición, una práctica arriesgada; pero solo asumiendo este riesgo, la humanidad podrá caminar por las alamedas de la libertad de los bienes comunes en tiempos de falsificaciones y construcción del sentido a lo Trump. En otras palabras, la primera condición para un análisis a conciencia de los hechos noticiosos objeto de los relatos informativos requiere situar en su debido contexto los acontecimientos recientes, identificando los antecedentes y raíces fundamentales del conflicto. Si uno efectúa este sencillo ejercicio de reflexión intelectual, lo primero que llama poderosamente la atención es cómo la historia de nuevo se repite. De Suharto a Mobutu, de Pinochet a Fujimori, de Somoza a Duvalier, la exportación USA del terrorismo de Estado vuelve a reeditar viejas fórmulas de guerra psicológica adquiridas durante la II Guerra Mundial. Claro que, en esta ocasión, la justificación de la guerra por razones de seguridad y defensa de la democracia americana tiene lugar en un delicado momento de recesión económica y crisis de hegemonía imperial, sólo comparable a los últimos años de la administración Carter. Destaco precisamente este período por las concomitancias que cabe reconocer entre ambos escenarios políticos, marcados entre otros factores por la crisis de liderazgo presidencial, la depresión económica, el auge de los movimientos antiimperialistas y el cuestionamiento del poder e intereses estratégicos de EE.UU. en el mundo. Si añadimos además a esta descripción panorámica las fuertes tensiones y cambios socioeconómicos como resultado de las luchas sociales acumuladas, podemos observar interesantes coincidencias históricas como ilustra Carlos Midence, de la independencia de Estados Unidos y el mito de la frontera del Oeste a capítulos recientes como el golpe blando en Brasil o Nicaragua. Hablamos de hitos de 1847, 1848, 1853 hasta 1948 y la expansión imperialista de Estados Unidos tras la segunda guerra mundial.

Este libro es una útil caja de herramientas justamente porque desmonta, desde el giro decolonial, los numerosos dispositivos del imperialismo estadounidense. La dimensión de la colonialidad del discurso de la violencia simbólica es el eje que ilustra cada mecanismo de control, de la ley a la prensa, del periodismo criminal a la OEA y el FMI, de la cultura Disney al imaginario del milagro americano o, como criticara Bolíviar Echeverría, el americanismo como matriz cultural de dominio.

Ilustra para ello el autor tal lógica en tres bloques fundamentales a lo largo de la obra:

“1. La retórica imperial/colonial que le ha valido para justificar con revestimiento de falsa academia, con el aval de diversidad de centros, fundaciones, universidades, las acciones lesivas emprendidas contra otras naciones con el objetivo de dominarlas o desposeerlas.” (Midence, 2020, p.13)

“2. Los hitos históricos y socio-simbólicos de su política interior y exterior que hizo posible que las elites estructuraran el imperio.” (Midence, 2020, p.14)

«3. Las complejas relaciones entre este país y Nuestra América en particular Centroamérica y el que consideramos el paradigma de país agredido: Nicaragua sobre el que el autor es, por razones obvias, un académico reconocido con un dominio contrastado y objeto de publicación en anteriores obras en la misma línea que la que reseñamos».

En cada uno de estos bloques temáticos, se constata una de las hipótesis apuntada: la lógica del encubrimiento mediante la aplicación sistemática de lo que denomina retórica imperial/colonial desplegada para justificar; validar y encubrir los verdaderos propósitos imperiales/coloniales ampliamente documentados de Lenin y Rosa Luxemburgo a Noam Chosmky, de la teoría de la dependencia latinoamericana a la escuela de colonial, de Edward Said y Enrique Dussel a Aníbal Quijano y el propio autor. Una historia que otros hemos documentado como ideo política al describir la guerra psicológica de Estados Unidos en América Latina.

En tiempos de la guerra híbrida, la reconstrucción del epistemicidio del mundo al revés del softpower exige poner en cuarentena la colonialidad del saber que nos invade, definiendo lo bueno y lo malo en forma de dispositivos incluso procedimentales, si pensamos en el lawfare.

Para garantizar la eficacia de los mismos los relatos – científicos, políticos o informativos. – tienden a recurrir a nueve lógicas:

  • El universalismo
  • El excepcionalismo
  • La diferencia: imperial, colonial y cultural, cada una aplicada según las circunstancias o los propios sujetos a quienes se les endilga para legitimar la subalternización o dependencia por medio de la manipulación del uso de la razón.
  • El salvacionismo occidental construido dentro de un marco dicotomizado que oscila entre iluminados y sujetos a los que hay que iluminar: civilización/tradición, modernidad/atraso.
  • El paternalismo en forma de apoyo, ayuda, asistencia, cooperación
  • La subalternización con la minusvaloración cultural, epistémica y de las formas de organización de las culturas no-europeas según una subalternización determinada por una epistemología localizada.
  • La instrumentalización: Lo que occidente ha llamado institucionalismo o neo-institucionalismo ha determinado una especie de complejidad corporativa que le ha facilitado un grado excesivo de participación del poder imperial/colonial.
  • Mistificación, naturalización
  • El binarismo que ha promovido una construcción socio-cultural “que categoriza las actividades, comportamientos, emociones, pensamiento y conocimiento de los pueblos, clasificándolos en civilizado/bárbaro, democrático/autoritario, moderno/atrasado, desarrollado/subdesarrollado/envías de desarrollo.” (Midence, 2020, p.54-60).

Ya Mattelart ilustró en La comunicación-mundo la conexión de la antropometría y el sistema de control de la información, la psicología de las multitudes y la sociología de masas en la comunicación que tendría su fase de mayor proyección con Reagan y antes con Kennedy y la Alianza para el Progreso en lo que podemos denominar como corografía del dominio, desde Thomas Jefferson y Andrew Jackson a Roosevelt y Kissinger, conforme a lo que Enrique Dussel denomina EGO CONQUIRO, una lógica que conecta los cuáqueros y la mitología religiosa con los telepredicadores que financiaron la contra nicaraguense y hoy el Tea Party y la extrema derecha fascista en Estados Unidos. En este escenario y continuidad del hilo rojo de la historia, conviene centrarse en la maquinaria mediática-ideológica-cultural que desglosa el libro y explica en buena medida la llamada guerra cultural característica de los tiempos de la estrategia de golpe blando propia de la guerra híbrida. El territorio de ABYA YALA bien sabe de esta lógica desplegada en la cartografía y la simbología del dominio extremo como sabemos por Erick Williams a propósito de la conexión entre imperialismo, capitalismo y esclavitud en la geofagia imperante.

La génesis de la Cultura WASP, del anglosajonismo racializante que está en la base, como VOX, del discurso FAMILIA, TRADICIÓN Y PROPIEDAD, como MORAL MAJORITY, es por todos conocidos pero no siempre la lectura se ha parado a cuestionar las raíces del eurocentrismo como problema político y cultural. Este libro lo hace, y con criterio al deconstruir el “calvinismo, en el iluminismo y darwinismo de la época (como vectores ideológicos de este proceso). Expresiones como la ciudad en una colina o la proclama de John Sullivan, , nos revelan la adhesión a un conjunto de valores que representan un doble ejercicio político, tanto identitario como inmunitario.” (Midence, 2020, p.127). En palabras del autor, “la llamada expansión imperial por el oeste estadounidense la comprendemos, en lo que concierne al desarrollo de este sistema imperial/colonial, como el origen del llamado Destino Manifiesto/racialista.” (Midence, 2020, p.143). Este es el marco de determinación que explica la realidad, a la luz de la praxis, de pasajes como el de la familia ASTOR, el primer millonario mediático que construyó su imperio con la especulación, el latrocinio y la corrupción. Algo similar a los Vanderbilt, los Rockefeller o los Bush que no tuvieron escrúpulos en enriquecerse sobre la base del “ventajismo, tráfico, esclavitud, fomento de la desigualdad, desposesión, exterminio, fomento de las guerras, entre tantos otros oprobiosos mecanismos” (Midence, 2020, p.161). La historia y el relato de los medios, caso de la guerra de Cuba, abundan sin embargo en la espiral el disimulo, en la elipsis del encubrimiento que haga posible el espolio cuando en realidad procedimientos como el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), la Organización de Estados Americanos (OEA), la Alianza para el Progreso, el asesoramiento a las fuerzas de seguridad vienen replicando la represión, el asesinato, la tortura y las desapariciones a través del Plan Cóndor, el Plan Colombia, el Plan Puebla-Panamá o la Iniciativa Mérida.

La necropolítica contrasta en este sentido con la política de la seducción y cooptación en la medida que se naturaliza la violencia estructural y sistemática de Colombia a Haití.

Hay dos tesis, para terminar que resultan de interés en el libro. La primera es la centralidad histórica de Centroamérica conforme a la estrategia estadounidense de seguridad (teoría realista del perímetro) y el Sistema de alarma temprana complementaria de la jerarquía de espacios de influencia en el hemisferio occidental. Y la segunda, la importancia de las Ciencias Sociales, en nuestro caso la Comunicología, en la producción de esta máquina devastadora porque es necesario construir la realidad y cuando no, dominarla, controlarla, igualmente controlar a quienes se desplacen en ella, bien sean sus propios ciudadanos o los pueblos a quienes se pretenden desposeer.” (Midence, 2020, p.312). Sabemos que Estados Unidos usó “todo su potencial movilizando a Hollywood, a las casas de discos, a las principales editoriales, creando The Voice of América, auspiciando la difusión de exposiciones” (Midence, 2020, p.321) o The Reader DIGEST como parte de lo que se daría en llamar la cuarta dimensión de la diplomacia pública.

Hoy que, en palabras del autor, se está gestando una nueva geografía estratégica y que el mundo de comienzos del siglo XXI tiene su foco central en la cuenca del índico, desde el Golfo Pérsico hasta el mar de la China Meridional, con Oriente próximo y Medio, Asia central y China incluidos, deconstruir estos dispositivos de dominio y los actuales conflictos como la guerra contra el pueblo de Palestina se torna urgente. Un deber político y moral ahora que los estrategas del Pentágono andan leyendo La caída del imperio Romano de Edward GIbon. Y del que como este libro tenemos siempre antecedentes y aprendizajes en la historia: de Bolívar a Martí, de Alfaro a Zapata, y, cómo no, del obstinado comandante Sandino a Fidel. Las lecciones históricas y económico-políticas de este libro así lo demuestran, empezando por observar los límites de la propia matriz colonial que está en el origen no solo de la devastadora política aplicada en el hemisferio occidental sino las propias servidumbres que tal modelo ha impuesto a la población nativa de los propios Estados Unidos de América. Solo por ello el texto es una lectura imprescindible y potencialmente liberadora de lecturas y alternativas de resistencia que conviene empezar a explorar.

Midence, C. (2020). Las complejas relaciones entre Estados Unidos y América Latina. Madrid, España: Grupo Editorial Sial Pigmalión. S. L.

Golpes mediáticos y desinformación en la era digital. La guerra irregular en América Latina.

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Este artículo reflexiona acerca del papel que tienen los medios de comunicación y las redes sociales en el fenómeno de los “golpes mediáticos” en América Latina. Para ello, se explora el modelo de propaganda a través del análisis de cuatro casos relevantes de manipulación y desinformación en la región: los casos de Venezuela, México, Brasil y Ecuador. La principal conclusión a la que se llegó es que es necesario regular el sistema de medios tradicional y digital en pro de la democracia y la paz para impedir la desinformación y los golpes mediáticos.

Francisco Sierra Caballero: por uma alternativa crítica para a comunicação educativa na América Latina

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Roseli Fígaro
Professora associada na Escola de Comunciações e Artes, professora do Programa de Pósgraduação em Ciências da Comunicação da USP. Coordenadora do Centro de Pesquisa em Comunicação e Trabalho, CPCT. Diretora editoral da revista Comunicação & Educação.
E-mail: figaro@uol.com.br

Ana Flávia Marques
Jornalista, mestranda do Programa de Pós-Graduação em Ciências da Comunicação da USP, membro do Centro de Pesquisa em Comunicação e Trabalho (CPCT) e da coordenação do Centro de Estudos da Mídia Alternativa Barão de Itararé.
E-mail: anaflaviamarx@gmail.com

Resumo: Comunicação & Educação entrevista Francisco Sierra Caballero, diretor geral do Ciespal — Centro Internacional de Estudos Superiores para América Latina, em Quito, Equador. Francisco Sierra Caballero é licenciado em jornalismo e doutor em Ciências da Informação, pela Universidade Complutense de Madrid. Decano da Faculdade de Comunicação da Universidade de Sevilha. Desde 2014, dirige a equipe do Ciespal e, desde 2015, preside a União Latina de Economia Política da Informação, da Comunicação e da Cultura, ULEPICC. Entre suas inúmeras obras, destacamos as coautorias e obras organizadas entre 2016 e 2017: “Capitalismo Cognitivo y Economía Social del Conocimiento. La lucha por el código”; “Golpes Mediáticos. Teoría y análisis de casos en América Latina”; “Capitalismo Financiero y Comunicación”, todos de
2016; “Derecho a la comunicación. Procesos regulatorios y democracia en América Latina y Ecuador”, 2017.

Las redes sociales constituyen un terreno que ha sido colonizado

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¿Qué transformaciones trae consigo el cambio tecnológico? ¿Cuál es el papel de la comunicación y de los comunicadores en este escenario? ¿Qué se entiende por cultura y ciudadanía digitales? ¿Es el ciberactivismo una nueva realidad?

Estas interrogantes centraron la conferencia magistral de Francisco Sierra Caballero, catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla, durante el evento Martí comunicador, organizado por la Asociación de Comunicadores de Cuba (ACC).

Las tecnologías han transformado el mundo y la visión que se tiene de él. Desde un punto de vista optimista, puede decirse que llegaron para desplazar la concepción de que el pueblo es una masa inerte, acrítica, incapaz de lograr un cambio radical en su entorno.

El escenario de hoy difiere de antaño. «Ya no estamos en tiempos de la industria masiva de comunicación hegemónica, de un modelo unilateral, unidireccional, centralizado, basado en la división del trabajo, en el que no tomamos en cuenta al receptor», dijo Francisco Sierra, en su conferencia en el Memorial José Martí de La Habana, en enero último.

Hoy cualquier ciudadano, teniendo como única herramienta un celular en sus manos, es capaz de reflejar su realidad más cercana. «Algunos teóricos insisten en un discurso pesimista, que afirma que el periodismo ha muerto con el auge de las tecnologías y el impulso de las redes sociales. No es cierto. El periodismo está más vivo que nunca», afirmó Sierra, quien forma parte del Instituto Andaluz de Investigación en Comunicación y Cultura, y es Presidente de la Unión Latina de Economía Política de la Comunicación.

¿Qué transformaciones trae consigo el acceso masivo a las Tecnologías de la Información y la Comunicación? ¿Qué uso está haciendo la gente común de los símbolos, cómo construyen su experiencia a través de las redes? ¿Cómo la gente se encuentra, se solidariza, se intercambia y organiza?

La reciente oleada de protestas en América Latina, Europa y Asia es un claro ejemplo. Situó en el eje del debate el papel de las redes sociales desde el punto de vista del activismo digital, los movimientos en red, la construcción de la tecnopolítica o del ciberactivismo como una nueva realidad.

Existen casos como el 15m, en España; los Chalecos Amarillos, en Francia; el movimiento Yo soy 132, en México; la Revolución de los Pingüinos, en Chile, o los sucesos contrarrevolucionarios que tuvieron lugar durante la elección del referendo constitucional de Bolivia, en 2016, enumeró el académico.

«Estos ejemplos evidencian que en las redes sociales se está construyendo un espacio público distinto», dijo Sierra. «Desde una perspectiva materialista, lo podríamos considerar como una nueva alternativa a la comunicación de los canales institucionales clásicos, o medios convencionales», pecisó.

En cada caso lo importante ha sido la ocupación del espacio público, como fue el caso del movimiento 15m en España. No era tan relevante generar una movilización en las redes sociales, sino ocupar la plaza física, en este caso la Puerta del Sol, en Madrid. «La interpenetración entre lo físico y lo virtual es una de las características del nuevo entorno virtual», argumentó.

Por otro lado, el activismo digital implica un debate sobre cómo se construyen hoy esos frentes digitales, terreno que no se aborda en profundidad en nuestras universidades.

«En España actualmente no hay ningún estudio, ni un grupo de investigación en nuestro campo, que aborde el uso por los jóvenes de las nuevas tecnologías. Si no están viendo televisión, ni leyendo la prensa, como se ha comprobado, ¿qué hacen? No conocemos qué sucede, tanto en el ámbito doméstico, como en las organizaciones».

Francisco Sierra alertó sobre otros retos que deben asumir nuestras universidades. Entre ellos, señaló que «las fuerzas de progreso, como académicos e intelectuales, deben empezar a pensar que las transformaciones que están por venir en el mundo dependerán de las nuevas tecnologías, altísimamente concentrada en unos pocos territorios y empresas. Unos pocos están estableciendo protocolos normativos. Es un espacio que han colonizado».

No es casual que las nuevas generaciones estén cada vez más despolitizadas, se lamentó.

Por último, Francisco Sierra instó a «aprender de esos movimientos antes mencionados. Son prueba de que hay un nuevo imaginario de la emancipación y una nueva era de la cultura política. Estudiemos estos fenómenos, fortalezcamos los lazos transformadores de la gente que se ha apropiado de las tecnologías».

Preceptos abordados por Francisco Sierra

  • Donald Trump ha empezado por una zona de influencia, pero la ciberguerra no inicia, ni es algo novedoso ahora en América Latina; es un proceso que se ha ensayado dentro del propio territorio de Estados Unidos, que se está ensayando, si hablamos de ciberguerra, como principal eje de disputa, en el conflicto con China, aunque todos apunten a Rusia.
  • En Bolivia funcionó y hay que recordar que funcionó no solo ahora con el golpe de Estado, sino con el referendo de 2016. Los medios, al unísono y en alianza con las redes, tuvieron un relato sobre la falsa paternidad de Evo Morales, sobre corrupción no demostrada.
  • Hoy, con las redes sociales, funciona aún más la Ley de la espiral de silencio (aquellas opiniones más sobrerrepresentadas tienden a imponerse aunque sean minoritarias), porque también existe el efecto burbuja, es decir, el aislamiento sicológico y social de los individuos, que suelen conectarse con amigos o redes con los que comparten una única visión.
  • La doctrina de los golpes blandos se inició, justamente, en América Latina, en los años 80, cuando la ultraderecha estadounidense decidió elaborar una nueva estrategia política de intervención, que se experimentó en Centroamérica y en Nicaragua con la guerra sucia contra la revolución sandinista, y que se ha ido perfeccionando hasta hoy.
  • Facebook, Twitter, las grandes empresas como lo han sido Microsoft, Apple, como lo fue ibm en el golpe de Salvador Allende, siempre han colaborado con el Pentágono y el Departamento de Defensa. Eso no ha variado.
  • Hoy, con las nuevas empresas, el llamado capitalismo de las plataformas digitales es efusivo colaborador del gobierno de ee. uu. Esa colaboración se manifiesta en que el flujo no circula, tal como ha sucedido en Ecuador con el caso de Julián Assange, en el que Facebook y Twitter han procurado eliminar cuentas de las fuerzas progresistas para evitar el intercambio.
  • Los youtubers son, en general, un fenómeno de una nueva cultura digital, que coincide con un discurso neoliberal de lo que se llama el emprendedorismo; ser un empresario de sí mismo es la máxima utopía liberal-conservadora.
  • Las nuevas generaciones, por lo menos en Europa y en Estados Unidos, ya no consumen los medios periodísticos tradicionales.
  • La posición de los actuales medios de comunicación masiva ha sido acusar que en las redes solo circulan las falsas noticias, pero lo cierto es que los principales difusores de las falsas noticias son las grandes agencias.

Participación en el Panel: «Interculturalidad desde abajo: ¿la decolonización de las estructuras dominantes, en contextos transculturados?» en el marco del I Congreso Internacional: «Los territorios discursivos en América Latina»