Autor: Albert
Benidorm Fest tiene que visualizar la diversidad plurinacional de España – Franciso Sierra
Análisis del libro «José `Pepe´ Mujica. Los laberintos de la vida»
LABERINTOS Y CAMINOS
La llama de la memoria rediviva
Sabemos que no hay historia sin proyección social de la memoria. Somos lo que fuimos. Para repensar nuestro presente, para develar el sentido de las nuevas construcciones ideológicas y el espesor material de los relatos de las crisis y contradicciones del universo social, hemos de vindicar la memoria, que es tanto como definir lo común, en un sentido proyectivo, una suerte de simiente para albergar esperanza en el futuro, a modo de política comunal de cultivo de los imaginarios que nos mueven y conmueven, como una forma, en definitiva, de hacer solidaria la vida compartida, los recuerdos redivivos, la odisea de los intersticios, laberintos y las esquinas o recovecos del viento con los que las emboscadas de la política y la existencia nos llevan a convivir.
Decía Max Horkheimer que toda reificación es una forma de olvido, por ello conviene reconstruir la historia de las experiencias y formas de lucha en los frentes culturales conocidos para vivir y transformar el mundo que habitamos. No hay otra forma no ya de soñar sino simplemente de vivir una vida digna de ser vivida. La misma que nos anima a cultivar los senderos abiertos y los surcos horadados durante años por infatigables luchadores sociales que sabían lo que hacían porque a su vez caminaron sobre los hombros de gigantes, o simplemente pensando contracorriente desde la soledad. Hablamos no del laberinto del Minotauro, o cualquier otra intertextualidad de ciencia ficción que pueda imaginar el lector, sino más bien, a lo Nicolás Guillén, de las danzas laberínticas que se celebraban en la antigua Grecia, en las islas egeas, donde los danzantes transitaban de modo festivo un complicado trazado de cuevas y rutas, cogidos de la mano. De las blancas manos a las manos negras, reunidos, hermanados, siguiendo el principio de fraternidad, necesario e insoslayable, para conmemorar lo común, lo que nos identifica y convoca.
Más allá de los dilemas de la acción colectiva y la miopía intelectual de algunos líderes de la izquierda en la actual encrucijada histórica, en las siguientes páginas se nos invoca y convoca a aprender a soñar juntos, empezando por documentar numerosas experiencias, pero, sobre todo, elementos de juicio y reflexiones de sentido común que sin duda pueden servir de útil caja de herramientas para preguntarnos cómo debemos cambiar el mundo que vivimos, ahora que se vindica lo inexacto, o más bien la inexactitud de los negacionistas de toda laya que proliferan dentro y fuera de las redes sociales. Y para ello qué mejor que pensar la práctica política con quien ha demostrado ser capaz de superar todas las adversidades inimaginables para vindicar una vida vívida, y bien vivida, digna como tal.
Filósofo de la vida, hombre de campo y ciudad, genio del sentido común, latinoamericanista y dirigente, Pepe, el Mandela latinoamericano, como algunos han querido titular, ya es un patrimonio común de todos los que saben que otro mundo es posible y que, como era virtud en La Pasionaria, es capaz de decir verdades como puños y que sus ideas prendan en la multitud. Pues se ha hecho pueblo. Es uno más. El Viejo Pepe se ha encarnado y trasmutado en todos, no se despide, vuelve siempre para el reencuentro con los nadie, con la tierra, con el pueblo. Lo sabemos. Ese tránsito, de la vanguardia a la multitud en “Tal cual es”, crónica del camino de Mújica a la Presidencia de Uruguay, que el autor ha regalado a sus lectores, hace ya algunos años, en Abya Yala, ilustra el acierto y elogio de la derrota de un largo camino que, si pensamos en densidades históricas, va del reformismo de José Batlle, a Raúl Sendic, el Gramsci uruguayo, y cristaliza en el Frente Amplio, un frente de todas y todos, un referente de articulación de la pluralidad y la unidad de acción que convendría conocer más en detalle por estos lares. De todo ello trata este libro que opera como una suerte de trampantojo, simulando una entrevista cuando en realidad es una conversación, una mateadita, con observadores anónimos, pero no indiscretos, siempre dispuestos, como quien escribe, a aprender a ser. Si bien la entrevista es diálogo, la conversación va más allá de la inquisitorial pregunta y respuesta, del ensayo de ida y vuelta entre los protagonistas, para registrar el tamiz de la expresión en un proceso de descubrimiento que permite a la vez analizar el contenido de interés y construir nuevas ideas, alumbrar, con la co/ocurrencia, con la circulación de sentidos, marcos inesperados de comprensión e interpretación.
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Tuve la suerte de conocer a Kintto Lucas durante mi estancia de tres años en Ecuador, como Director General de CIESPAL, y constaté desde el principio no solo la aguda inteligencia como Vicecanciller que hizo posible proteger a Assange, sino también, por añadidura, las virtudes excepcionales y su capacidad creativa como escritor y periodista. En las entrevistas que regularmente mantuve con él, me demostró no solo un profundo dominio de toda la realidad de América Latina y España, sino también un conocimiento detallado de la historia del expolio, del imperialismo estadounidense y de las contradicciones de los medios y mediaciones, a propósito de la Ley Orgánica de Comunicación de Ecuador que, como máximo responsable del organismo internacional de la UNESCO, tuve a bien defender. Por esta y otras muchas razones, terminé siendo su editor de Cara y Cruz, una historia en tres volúmenes del origen de la Revolución Ciudadana, crónica de una aventura que, seguro, habrá tenido continuidad con al lawfare y la contrarrevolución diseñada desde el Pentágono. Esperamos que así sea porque nunca como hoy somos tan conscientes de la necesidad de contar lo ocurrido y evitar que la historia sea narrada por los vencedores de siempre. En Ecuador y la región, se echa en falta la presencia de escritores comprometidos con voz propia y comunicólogos radicales, militantes de la vida, que sigan los pasos de Rodolfo Walsh o Gregorio Selser, como ha venido haciendo desde la escuela de Mate Amargo, una suerte de Iskra latinoamericano, nuestro autor. Pareciera que el oportunismo es más favorable al modo Fox News y la comunicación política a lo Trump. De ahí el valor y relevancia del trabajo de Kintto Lucas, incansable lector e intérprete de la realidad, así como activo testigo de los cambios vividos en la Patria Grande y que tan bien ha sabido documentar.
La edición de estas conversaciones tiene lugar tras una emotiva despedida, en plena campaña electoral, de Pepe Mújica que conmovió y, en la distancia, provoca hasta un hondo pesar, pues de alguna manera debe ser recibida como una llamada urgente a actualizar y revivir su legado y virtud revolucionaria. Cosas propias de comunistas o diríase de quienes nunca dejaron de vindicar el demos y la necesidad de organizar las pasiones alegres, la cultura de la vida, en la era de los cercamientos y privatización de lo común. Esta y no otra, como puede el lector deducir de las siguientes páginas, es la esencia e impulso del materialismo del encuentro, el elogio de la amistad que Kintto ha mantenido por tantos años con Mújica, compartiendo una misma visión política y actitud, anclados en la insobornable voluntad socrática de la sabiduría de la fraternidad, de la UNIÓN y de la RE/UNIÓN, por oficio, antaño de proyección comunal, al menos en las redacciones de medios como Mate Amargo y de otros espacios colectivos, desde los que pensar y construir juntos siempre resulta, indudablemente, más productivo que empeñarse en emular a Robinson Crusoe. Sólo desde esta posición de observación es posible captar el latido de la calle, el sentir y el sentido de ser en el mundo, y así se aprecia en cada gesto y confidencia de camaradería, afectos, recuerdos varios y lecciones que recontar. Ya nos hubiera gustado haber asistido, personalmente, a estas conversaciones o ver los silencios in situ de Pepe Mújica y Jesús Quintero durante la entrevista de El perro verde, un registro que tanta falta hace en un país como el nuestro en donde escasea la prudencia, se malversa la paciencia y niega la escucha activa, condiciones por cierto imprescindibles del monólogo interior que fundamenta el diálogo social y, en el fondo, toda democracia deliberativa. Pero no es el caso apuntar aquí lo que nos evoca el texto. Sí constatar, en cambio, a modo de introducción o prólogo a su lectura, que una cosa que deja meridianamente claro Kintto sobre la realidad inexacta que nos interpela, es que el primer principio de todo escritor y periodista ha de ser no solo vivir para contarlo sino escribir la historia, narrar o transformar la vida para poder contarla y cuentearla como una suerte, en términos colombianos, de vivir sabroso. Todo un programa a tratar en las Facultades de Periodismo en términos de Sumak Kawsay y que hace años su autor viene cultivando con esmero en calidad de experimentado cronista de la realidad política.
Por cierto, lo del buen vivir no es una cuestión menor, o una ocurrencia escrita al calor de la coyuntura histórica, y menos hablando de un escritor que piensa desde Quito. En estos tiempos de tanatopraxia, vindicar la buena vida y una lectura como esta se nos antoja crucial. Porque, como escribe Álvaro Llamas, nadie deposita ya en los libros su ansiedad por la memoria futura. Y es hora de advertir, al menos los militantes de la filosofía de la praxis, que hemos de cumplir la máxima de Heráclito: vivir de muerte, morir de pura vida.
Este dispositivo cultural en forma de libro es, sin duda, una invitación a la celebración, una anatomía vitalista de la actualidad histórica y sus pliegues. Un manifiesto, en fin, de la política quijotesca, de la conciencia iluminada por la escucha activa y la experiencia ampliada de la ejemplaridad y el trabajo bien hecho que, con el discurrir del tiempo, va acrecentando la figura de Pepe Mújica y la obra del autor, macerada con el paso de los años al punto de terminar siendo una referencia obligada, además de conocida internacionalmente, para escrutar los horizontes por venir sin necesidad de un oráculo de Delfos. Entre otras razones porque rezuma en cada línea escrita mucha vida digna de ser vivida, y sobre todo esperanza, didáctica de la pedagogía materialista, textos y contextos de la trama de lo común, una brújula o carta de navegación con la que aprender de la historia y dibujar tránsitos de futuro para la existencia, como especie, como planeta, y como sujetos políticos, empezando por las lecciones de Raúl Sendic, muy oportunas para España, cuando insistía en no confundir bulla con propaganda, y continuando con las vicisitudes de Mújica en momentos complicados o decisivos de la historia de Uruguay y la región. Lecciones en fin que atesoran aprendizajes necesarios del socialismo latinoamericano frente al actual capitalismo selfie y la dialéctica de la realidad, la imagen y la imaginación emancipadora en una era, la digital, proclive a la confusión o improvisaciones políticas de toda laya.
Volver a los principios, explorar las enseñanzas de la justa medida, del espartaquismo mestizo, de los lectores de Rosa Luxemburgo, los sanchopancistas de los chispazos de la historia, más allá de la construcción del Frente Amplio desde 1971, resulta, especialmente en nuestro tiempo, un ejercicio útil en medio de la disgregación política y moral, de la patria, y la matria, dada la ausencia de una voluntad política partisana con trabajo de base. La esencia del efecto Mújica tiene que ver con esta labor que en la campaña del 23J defendimos como principios de flexibilidad, apertura y articulación social: Sumar, coser y cantar. Nada fácil porque ello implica gobernar zurciendo, como dice Mújica, todos los días, “tejer alianzas permanentemente, tratar e ensanchar en todo lo posible la base de sustentación, tratar de limar las contradicciones más peligrosas, preocuparse por el salario, preocuparse día a día por el trabajo, preocuparse porque la tajada gruesa no condena a la inanición a otros”. Y además no perder la rebeldía pues perder la rebeldía es fácil y ser burócratas de la política es lo normal cuando se renuncia, por puro pragmatismo, al duro e ingrato trabajo de Prometeo. Más aún si observamos con detenimiento, atentamente, el horizonte histórico del multilateralismo en el que asoman cambios que producen vértigo como la Inteligencia Artificial, la sociedad del conocimiento y los peligros de la siliconización. Los avatares de la OEA y la esperanza de los BRICS, los proyectos de integración regional de UNASUR, CELAC, ALBA, CAN o MERCOSUR, y las estrategias del orden de la gobernanza mundial de Estados Unidos, la OTAN y la OMC que asoman en estas páginas sugiriendo interpretaciones laterales poco convencionales en la izquierda. Como no podía ser de otro modo, en el libro, se acomete el problema de la globalización, siempre recurrente, pero también las alternativas del Foro Social Mundial, la apuesta por el decrecimiento, el repliegue de cierta izquierda timorata ante la guerra abierta contra Venezuela, por ejemplo, o los dilemas de la llamada nueva política en un diálogo de Sevilla a Montevideo, de Quito a Madrid, de La Habana a Pekín, sin solución de continuidad y desde una clara apuesta por la radicalidad democrática.
Un camino, en fin, por la vida de Mújica pero también del autor: del indigenismo a la guerrilla, del duelo por el hermano a las utopías de la nueva izquierda latinoamericana, de los tupamaros a la Revolución Ciudadana, de la política al periodismo y vuelta a empezar en un laberinto de pasiones que sorprenderá, seguro, al lector. Pues este no es, como decimos, un libro de entrevistas, sino un texto que abre ventanas y puertas, que nos sitúan ante otros encuadres inéditos, que habla del drama humanitario y las muertes del Estrecho, del drama de la guerra en Libia y Siria o el genocidio del pueblo palestino en un ir y venir, como los cantes de ida y vuelta, de Saramago a Wallerstein, de Negri a Lula, de Chávez a Piazzola, de Sanders a Galeano, de Onetti a Assange, de Mario Benedetti al Che, de Artigas a Bolívar, y de Bolívar o Chávez a la gente común, a la cultura solidaria, la autogestión, el lenguaje de los vínculos, los frentes culturales, el trabajo de conversación y economía social, el futuro de los cuidados y el reto de la vida en común. Una lección del método ético y político de ser paisano, de ser pueblo y gente común, manteniendo siempre, intertextualmente, la sonrisa pícara, la palabra luminosa y las lecciones aprendidas de la construcción de la unidad popular. Tómese, en este sentido, como un manual introductorio de cómo tejer política de alianzas, y practicar, efectivamente, la escucha activa, el diálogo con los nuestros y con los otros.
Si es más difícil formar un campesino que un ingeniero, Mújica dixit, la construcción de la unidad popular siempre es más compleja y tortuosa, pero por lo mismo más sostenible en el tiempo que el marketing político de atribulados tecnócratas y arribistas de lo ajeno que proliferan en la nueva política. Por ello, hay que felicitar a la editorial la publicación de esta obra pensada para gentes sin casa, quijotes tupamaros, soñadores despiertos, multitudes chicas y otras especies en extinción que, aunque penden de los hilos que tejen la vida, no han dejado de brindar con la chispa de la vida que nunca nos ofrecerá la corporación Coca Cola, sino el jugo destilado por los actores políticos andantes, caballeros de la triste figura, siempre comprometidos con la romántica e insobornable vocación de Antígona.
En esa advocación conviene no olvidar la advertencia que nos hace Pepe: la gente mira poco hacia atrás porque tenemos los ojos hacia delante, pero sin memoria no hay proyección histórica posible. Las páginas que siguen sirven para exorcizar esta costumbre y activar la memoria rediviva en la pasión por lo común. Del niño Kintto de ocho años, de Punta Carretas, su hermano Enrique, de Mate Amargo, periodismo con voces comprometidas, como las páginas que siguen, a nuestro presente más cercano, manteniendo en todo momento el difícil equilibrio del funambulista que atrae nuestra mirada hacia adelante y más arriba, porque Kintto sabe bien y aprendió en la práctica que, como advirtiera el gran Mario Kaplún, la comunicación es una calle ancha y abierta que hay que amar transitar. Se cruza con compromiso y hace esquina con comunidad. Y exige una filosofía de la praxis para que resulte útil a la generalidad. Kintto bien lo sabe, ha sido lector de Gramsci, conoce, como Bourdieu, que el frente cultural exige una actitud intelectual alerta, en la que hay que señalar, advertir, pensar contracorriente, para combatir los dispositivos de dominio, entre la voluntad política de transformación y las políticas de reconocimiento. Sin ello no tiene sentido pedir la paz y la palabra. Así que la lectura, como la vida, sea gozosa. El autor, ya lo advierto, siempre lo consigue. Y en este libro especialmente, por el tiempo y por el tiempo narrado.
« La corruption est symbolique de notre régime monarchique »
Alors que le premier ministre socialiste, Pedro Sanchez, est dans la tourmente après la démission d’un de ses proches collaborateurs impliqué dans une affaire de corruption touchant à l’attribution de contrats publics, le député communiste Francisco Sierra Caballero, membre d’Izquierda Unida, voit dans le retour au républicanisme la seule manière de défaire un système qui favorise l’oligarchie économique.
Ce n’est pas la première fois que le chef du gouvernement est éclaboussé – indirectement – par des affaires de corruption. Quel pourrait être l’impact de celle-ci ?
Tant le PSOE (socialiste) que le Parti populaire (PP, droite) ont toujours joué en faveur des intérêts des oligarchies de ce pays, qui sont – tout comme notre système de bipartisme – un héritage du franquisme. La plupart des grands groupes espagnols ont été créés pendant la dictature. Après quarante ans de démocratie restaurée, ces agents économiques continuent d’opérer avec force et avec les mêmes conséquences : empêcher les majorités sociales d’obtenir des droits. C’est de là que naissent les cas de corruption, qui sont effectivement fréquents dans le secteur des travaux publics.
Avant le PSOE, le PP a dû faire face à de nombreux scandales.
Il n’est pas étonnant de voir de telles affaires éclabousser ces deux partis, étant donné leur union avec le système actuel. Mais s’il est vrai que le PSOE a une âme néolibérale, une nuance s’impose : ses niveaux de corruption économique ne peuvent être assimilés à ceux du PP. On estime que les affaires concernant le PP ont coûté plus de 60 milliards d’euros aux finances publiques. Dans le cas du PSOE, il ne s’agit « que »
d’un cinquième de ce montant.
Comment réagit Izquierda Unida ?
Ces chiffres n’excusent en aucun cas le PSOE, et notre position est très sévère sur ce que devrait être une gestion publique éthique, exemplaire, républicaine, devant les citoyens. Nous exigeons que la lutte contre la corruption devienne une action législative, avec des mesures radicales pour exterminer ce fléau qui impacte la démocratie et favorise la montée de l’extrême droite. Mais ces cas sont une constante de notre régime
monarchique, d’où notre volonté de rompre avec ce cadre et de passer à un régime républicain.
La corruption est-elle favorisée par le système lui-même ?
La monarchie est le symbole de ce fléau. D’où notre volonté de changer la forme de l’État. Nous avons besoin d’une révolution citoyenne de rupture, d’une seconde transition dans laquelle nous laisserions derrière nous la monarchie et son alliée, l’oligarchie économique, afin de réaliser ce qui fait toujours défaut à notre pays : un changement politique systémique, qui favorise les droits de la majorité de la population. Un système qui cesse de faciliter ces cas de corruption, qui affectent autant la crédibilité de l’État – la confiance du public dans la politique – que les budgets, et qui se répercutent sur la qualité des services publics et le développement du pays. En fin de compte, ce sont toujours les classes populaires et laborieuses qui en subissent le plus l’impact.
La conquista de Europa por los Estados Unidos
En un tiempo de escalada militar y vasallaje que impone la economía de guerra so pretexto de la amenaza rusa, encontrar traducido al castellano la ultima obra de Werner Rügemer brinda herramientas imprescindibles para documentar las formas de hegemonía del muro de Wall Street. Autor de “Las agencias de calificación. Una introducción al actual poder del Capital” (Virus Editorial), la obra del publicista alemán es una referencia de consulta obligada para conocer el auge y decadencia moral del imperialismo estadounidense. El volumen está organizado en ocho capítulos. Una primera parte que reconstruye la genealogía constituyente de Estados Unidos como nación y potencia esclavista colonial. Un segundo bloque que describe pormenorizadamente la geopolítica del imperialismo en la expansión del complejo industrial-militar del Pentágono, una parte dedicada a la I y II Guerra Mundial y, finalmente, el proceso histórico de la Guerra Fría que explica conflictos actuales como el de Ucrania.
Un aporte original del autor es la génesis o matriz del imperialismo estadounidense. El tecnofeudalismo que hoy gobierna nuestras vidas es incomprensible sin el fundamento constitucional. La comprensión de Estados Unidos como un Estado esclavista colonial modernizado es esencial para entender los resortes del modelo de libertad exportada por los padres fundadores. La plutocracia y la oligarquía esclavista dominantes en el origen del país desde la guerra de la independencia perfilaron un orden orgánico que instauró la dictadura del capital con sus dinastías y gentilhombres como los barones Rockefeller o Vanderbilt (robber barons). Una suerte, en fin, de aristocracia del capital que, con firmeza y sin cesar, ha regido los destinos y el gobierno de la nación. Las conexiones de Wall Street, las corporaciones, la CIA y el Departamento de Estado, articulados por el complejo industrial-militar del Pentágono, explican las sucesivas caídas y retrocesos de los procesos democráticos en América Latina y Asia. A través de diversas formas de influencia política, el liberalismo corporativo ha terminado produciendo una invasión comercial, y también cultural e ideológica de Europa, sea por los grupos de presión más que presentes en la Comisión o la poderosa industria cultural americana y, obviamente, por colaboracionistas como Jean Monnet, idolatrado entre los europeístas de fe cuando su función histórica fue la que fue: asegurar las ganancias de las compañías estadounidenses y debilitar a los opositores, aunque estos fueran De Gaulle y la resistencia contra el nazismo.
Conviene pues leer este excelente ensayo, si no queremos terminar siendo, en breve, un pobre protectorado antidemocrático de un imperio criminal y en decadencia.
Libertades públicas e información parlamentaria
El plan de gobierno en materia de regeneración del sistema mediático o la reciente medida de transparencia y regulación de los grupos de interés propone una agenda reformista urgente y necesaria para la democracia. Pero hay quien insiste, contra toda razón, sobre la necesidad de no regular. No entienden que, además de la libertad negativa, es preciso positivar medidas para hacer realizable el derecho a la libertad de prensa. En otras palabras, no podemos ser libres simplemente por la ausencia de interfencias externas.
Además de la ausencia de restricciones, se tienen que dar las condiciones necesarias —recursos, educación, medio ambiente— para mediaciones productivas. Es decir, además de no censurar como ha hecho Eurovisión con los periodistas de RTVE por la presencia indigna de Israel en el festival, precisamos garantías para el derecho de acceso y el trabajo informativo.
En este mundo digital, donde la información abunda pero no siempre es clara, podemos decir que la libertad de información es un derecho vivo, no solo una promesa en papel. Y requiere proporcionalidad, equilibrio y responsabilidad. «Ser libre para algo», con madurez, conocimiento y respeto a las costumbres y reglas convenidas de actuación.
La reforma del Reglamento del Congreso es un primer paso en esta dirección, fruto del diálogo y participación de los profesionales y grupos de la Cámara legislativa. Es una garantía para el buen ejercicio de los profesionales que cubren la actualidad parlamentaria. Esta es una demanda ampliamente consensuada por el gremio profesional.
La propia Asociación de la Prensa de Sevilla (APS) denunció en el encuentro de Talavera –y más recientemente en Cádiz– la deriva de los medios escuadristas. Lamentablemente, la ausencia del Estado y los poderes públicos en la regulación del Derecho a la Comunicación ha impedido materializar principios constitucionales básicos, recogidos en el artículo 20. Bien es cierto que cuanto más complejo es un sistema más difícil es percibir y proyectar sus interacciones e intervenir en él desde los poderes públicos a la hora de configurar ecosistemas saludables democráticamente.
No viene al caso explicar aquí la teoría de la forma en democracia, pero las formas expresan la voluntad política de transformar o no la realidad. Quien afirma que la verdad no existe, pretende que eso sea la verdad, incurriendo en palmaria contradicción.
La palabra «representación» envuelve muchos equívocos. Las cosas están presentes en la conciencia o ausentes de ella. Y así venimos observando en ciertas prácticas periodísticas. Conviene pues, a modo de exordio, advertir sobre el peligro de los reozancajos. El reino cosmopaleto a lo Fox News es el dominio perfecto de quienes no se asombran de nada, ni de su propia estulticia.
En la antigua China, todo poeta y consejero del emperador debía cumplir el precepto de gobierno justo y, por tanto, las palabras debían significar su sentido. En el periodismo y la política contemporánea parece esta exigencia una condición fútil.
Pero es evidente que no cabe ya más ruido y violencia en nuestro medio ambiente social. Sobra la charlatanería insulsa, la beatería de consumo y los discursos de saldo de ocasión. No es tiempo de contemplación, ni la figura dominante del registro de audiencias debe prevalecer como mérito y reparto de prebendas.
Tampoco se trata de definir premios y castigos, sino reglas de convivencia. La única manera de fraternidad posible y deseable en democracia es la práctica de la tolerancia y, cuando esta se quebranta con violencia, hay que tomar medidas.
Decía Manuel Azaña que un principio básico de la civilización liberal es el respeto. Y la reforma del reglamento no es otra cosa que tratar de dar sentido moral y mejorar la calidad democrática de los trabajos de la democracia deliberativa, alterados en los últimos tiempos por los abusos y el ataque deliberado contra la convivencia por la continua dislocación semántica de la realidad, la algarabía y la reyerta, con imágenes antitéticas, de catacresis, oxímoron, hipalages, tropos y trampantojos de diverso tipo que no tienen otro cometido que socavar el marco de representación y la confianza en la democracia.
En un tiempo de bulos y desinformación, en un mundo donde a todos los niveles de lo público y en la vida privada se generalizan la hipocresía y el cinismo, la recomendación de atender a las prácticas que se acompañan a los discursos se torna urgente, más aún cuando se observa una premeditada política de opio entontecedor contrario a la fronesis, a la contemplación del bien como fuente inmediata de conducta, conocimiento y acción moral.
Vindicamos por ello, con Gramsci, un orden, una coherencia con el sistema político que rige el dominio público en democracia, a partir de la urbanidad y cuidado de las res publica. El concepto de ley sostiene al de la libertad política.
Sabemos que la libertad política resulta sin duda de la situación y contexto histórico. Si se adultera, fuerza, violenta, agrede e intoxica el medio ambiente del debate, la libertad es socavada. Por ello, frente a la barbarie y el neofascismo necesitamos más democracia, frente a los abusos, la norma, frente a las agresiones y amenazas: libertad, sin ira, pero libertad. No más chabacanería y ruido tóxico; no más violencia gratuita y estrategias de mercachifles que no saben pronunciar la palabra «deontología».
En palabras de Blas Infante, queremos un parlamentarismo en el que «los gobernantes sean Maestros, el Estado escuela, y la política el arte de la educación”. Máxima conciencia, máxima difusión de esta lección de fraternidad en la que la Cámara ha de ser una escuela de buen compañerismo y fraternidad; la presidenta y Mesa, directores y autoridades para poner orden y concierto; y los diputados o legisladores, maestros a la par que estudiantes y espectadores mientras los profesionales de la información operan como auténticos mediadores y no lo contrario.
Se trata, en fin, de decir lo que se hace, hacer lo que se dice y cultivar el principio de diálogo público. Es la única forma de caminar juntos hacia un futuro mejor.
Ciberseguridad y geopolítica de la comunicación
Las tecnologías disruptivas han revolucionado el arte de la guerra, las políticas de defensa y los modelos de gobernanza militar. En la actual legislatura, la Subcomisión de Ciberseguridad del Congreso va elevar un informe al Ejecutivo sobre la estrategia estatal de ciberseguridad. En las comparecencias y debates se constatan, cuando menos, cinco conclusiones compartidas por las fuerzas parlamentarias:
- El modelo tradicional de ciberseguridad sostenido a lo largo de las dos últimas décadas no es adecuado a los retos de los nuevos tiempos. La recomposición de los actores y grupos hegemónicos está acelerando los conflictos, tensiones y problemas de estabilidad y control del sistema-mundo.
- Un incremento del coste de ciberseguridad en las grandes organizaciones en torno a cinco millones de euros plantea un reto de sostenibilidad de esta economía de guerra.
- El aceleracionismo tecnológico de la IA generativa facilita ataques a gran escala con mayor precisión e impacto exigiendo respuestas casi en tiempo real.
- La administración pública está respondiendo tarde y mal a esta problemática sin reforzar la cadena de suministro del software y la nube donde se estanca la memoria institucional.
- El aumento exponencial de técnicas de ingeniería social como el phishing está extendiéndose socialmente al tiempo que casos cono el de Moldavia o Irán ilustran cómo la guerra híbrida, el uso de deepfakes, y los lobbies, socavan la soberanía popular.
En esta contexto, desde IU, hemos apostado por avanzar hacia un modelo de ciberseguridad basado en el principio de autonomía estratégica vindicando la soberanía digital. Un proyecto de Estado no puede depender de Estados Unidos e Israel. Necesitamos una política pública de ciencia y tecnología sostenible en el tiempo, evitando el modelo OMC de inversión pública y privatización del conocimiento patentado en manos de las grandes compañías de seguridad. Luego es preciso una política industrial más ambiciosa y consistente. Al tiempo, la Administración Pública debe acometer la ciberseguridad desde una visión integral, con evaluación y configuración participada por la sociedad civil. Más que nada porque la ciberseguridad es un negocio altamente lucrativo con ausencia de regulación. La caja negra del discurso cibernético es la economía política de la apropiación privada de la riqueza social. La historia del complejo-industrial militar del Pentágono es ilustrativa a este respecto. Y hoy es un poder que protagoniza la agenda de rearme en todo el mundo. La disputa por las llamadas tierras raras forma parte del guion de Trump para garantizar su ventaja competitiva en la llamada cuarta revolución industrial. En otras palabras, el conflicto de los aranceles no oculta ya el reto de reorganización de la distribución geográfica de los recursos geológicos necesarios para la transformación de la economía. El mercado de minerales y la nueva geopolítica imperialista están teniendo de hecho un alto impacto en la economía y desde luego afectarán los ecosistemas y sostenibilidad medioambiental. Hablamos de un reto transversal que afecta al desarrollo y al ejercicio de las libertades públicas en términos de ecologías de vida. La necesaria extracción de materias primas y minerales para el 5G y el desarrollo de sistemas expertos obliga por lo mismo a la UE y a España a definir una política propia para la transición digital, la carrera aeroespacial e incluso las políticas de defensa. Pero ha optado por la subordinación a la hoja de ruta de Washington cuando resulta que EE.UU. ha perdido la batalla en la ciberguerra ante la planificación del sistema de ciencia y tecnología china. Pekín está muy por delante de EE.UU. La robótica, drones y satélites de China, aunque cuantitativamente menor en tamaño respecto a Estados Unidos, se ha mostrado más que competitiva, tal y como ilustra el desarrollo de Deepseek, considerado por un alto cargo de INCIBE como un arma de destrucción masiva. Un despropósito, sin duda, una prueba de la general incomprensión del bipartidismo que sigue anclado en la visión otanista cuando tras el informe ECHELON sabemos que el gran aliado, Estados Unidos, nunca fue un socio fiable. Hoy ha quedado además en evidencia no solo con declaraciones de altos funcionarios de la administración republicana, sino con la abierta amenaza de ocupar tierras enriquecidas de níquel, litio, cobre y otros minerales necesarios para la producción de componentes básicos de la ciberseguridad.
Exigir, en fin, un golpe de timón en esta materia no es solo demandar una política de transparencia. Se trata de vindicar sobre todo el diseño de ecosistemas autónomos y la plataformización pública a escala europea, integrando con nuestros propios medios una seguridad compartida en red con software e infraestructura propias, no de Israel o Estados Unidos que están enrareciendo el medioambiente y las relaciones internacionales para imponer unilateralmente sus intereses en la economía y la seguridad global, como puede verse, a sangre y fuego. La humanidad no se lo puede permitir. Sería el fin de los Derechos Humanos, y de toda seguridad para la vida en el planeta.
Acto Homenaje a Pepe Mujica en el Congreso de los Diputados
Una Amistad Condenada Werner Rügemer
El jueves 29 de mayo, en La Carbonería, a las 18h, presentamos Una amistad condenada de Werner Rügemer, editado por Tredition.
Con Werner Rügemer, autor, Carmela Negrete traductora, Daniela Monje, investigadora Universidad de Sevilla y Francisco Sierra, catedrático de la Universidad de Sevilla.
El ascenso del capitalismo estadounidense se presentó al mundo bajo la bandera de la libertad, la democracia y la prosperidad. No obstante, las prácticas del «América first», que incluían genocidios, explotación laboral y saqueo bélico de bienes ajenos, no desaparecieron, sino que fueron modernizadas. La Primera Guerra Mundial se convirtió en el primer gran negocio global, en torno al cual los aliados fueron sometidos. Después de la guerra, las corporaciones estadounidenses invirtieron en Europa Occidental. Mussolini fue inundado de créditos. Empresas estadounidenses suministraron armamento a Franco y equiparon a la Wehrmacht alemana para una guerra contra «Rusia». El nuevo banco central liderado por EE. UU. en Suiza blanqueó oro saqueado por los nazis. Se ignoró la persecución de los judíos. Con el lanzamiento de dos bombas atómicas sobre la población civil, comenzaron nuevas guerras contra nuevos enemigos, en sistemática violación del derecho internacional.Werner Rügemer (1941), Dr. en Filosofía, publicista e intervencionista político.Desde los años 1980, ha publicado sobre la decadencia político-moral de la sociedad estadounidense, el extremo contraste entre ricos y pobres, la interconexión entre el ejército, los servicios de inteligencia y la alta tecnología, así como la destrucción ambiental y los daños a la salud de los trabajadores migrantes en los sectores de salarios más bajos.