RTVE, nuevos tiempos

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El fragor de la batalla mediática en el contexto del mediawfare ha socavado el debate de fondo sobre la naturaleza del servicio público y los cambios estructurales que ha de acometer RTVE en el nuevo ecosistema del capitalismo de plataformas. Nos referimos, en concreto, a los trabajos que la Subcomisión del Mandato Marco ha iniciado a nivel parlamentario para sentar las bases operativas de organización y desarrollo del principal canal radiotelevisivo de nuestro país.

Más de ocho años después de concluir el período del documento base en vigor que fija las directrices de la política de gestión del ente público y tras un intento fallido en la anterior legislatura, desde el Grupo Plurinacional Sumar hemos conseguido finalmente que se convoque a los portavoces de los grupos con representación parlamentaria para sentar las bases de un nuevo tiempo para la Corporación. No ha sido fácil. En lo que llevamos de esta XV Legislatura, consta en acta la demanda de impulsar, como es preceptivo, el segundo Mandato Marco de RTVE, sin respuesta del grupo mayoritario en el Senado.

Entre tanto, la modificación del real decreto que alteró el modelo de elección de los miembros del Consejo de Administración, ha definido nuevas reglas del juego que entran en contradicción con el Reglamento Europeo de Libertad de Medios (EMFA) al suprimir la elección por mayoría cualificada. No es objeto de la subcomisión resolver tal anomalía democrática, pero sí garantizar cuando menos la materialización de los valores constitucionales en el compromiso institucional de la función articuladora del servicio público audiovisual.

En este empeño, conviene empezar a exigir, a fin de evitar situaciones de impasse como las vividas años atrás, la actualización y renovación del Mandato Marco anualmente mediante la permanencia y seguimiento de la subcomisión encargada de redactar el documento, que debería continuar sus trabajos y velar por la continuidad de los lineamientos y directrices que han de concretarse en el contrato-programa.

Igualmente, es deseable el desarrollo y articulación de espacios que hagan efectivo el derecho de acceso contemplado en el artículo 20 de la Constitución como el Consejo Consultivo de Participación Ciudadana que, junto con el Consejo Profesional y el Estatuto de Redacción, garanticen el principio de autonomía y neutralidad en la prestación del servicio.

Medios de comunicación y discursos del odio

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El lunes 9 de marzo, en el local de La Fuga, a las 20h: Medios de comunicación y discursos del odio, con Macarena Hernández. Universidad de Cádiz, Cruz Tornay. COMPOLITICAS y Javier Moreno.

Los tiempos del trumpismo político vienen marcados por la política espectacular y la retórica del miedo. Los discursos del odio que proliferan en medios de información y redes digitales plantean un frente cultural en defensa de los Derechos Humanos en el que los GAFAM actúan como canal de escenificación y ecosistema natural de intervención a modo de guardabarreras de todo dominio público, en calidad de agentes promotores de la desinformación. En palabras de Byun-Chul Han, vivimos hoy una suerte de anestesia permanente en el que el fascismo, la xenofobia, el antifeminismo y los discursos de la derecha extrema contra las minorías proliferan en las pantallas del ágora digital definiendo el marco de deliberación pública. En el Seminario Permanente de Teoría Crítica, abriremos un ejes de análisis y alternativas democráticas para revertir la lógica de la hegemonía del Estado corporativo.

Enlace al audio del evento: https://archive.org/details/medios-de-comunicacion-y-discursos-del-odio

¿Es EEUU una «amenaza» para la ciberseguridad de España? El Congreso y el Senado abordarán este debate abierto por Sumar

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Pocos días antes de que estallara la guerra de Irán, en la comisión mixta de Seguridad Nacional del Congreso y el Senado de España se puso sobre la mesa un debate que, diez días después, cobra mayor relevancia: ¿Es Estados Unidos una «amenaza» para la ciberseguridad de la Unión Europea y de España? La discusión, abierta por Sumar, fue despachada por PP y Vox que, con mayoría en este órgano, se negaron a señalar a un aliado miembro de la OTAN como un peligro para el país.

Desde octubre de 2024, las Cortes Generales trabajan, a puerta cerrada, en la elaboración de un informe sobre «las amenazas en el ciberespacio, en la era de la inteligencia artificial y la computación cuántica«. Más de 20 expertos -desde miembros de las Fuerzas Armadas a directivos de empresas tecnológicas- comparecieron durante este tiempo ante un grupo de diputados y senadores. Todo ello se condensó en un informe de 55 páginas, al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, en el que se recoge el análisis de la situación actual y se plantean una serie de recomendaciones.

Sin embargo, el diputado de Sumar Francisco Sierra consideró que el documento está incompleto. Estados Unidos solo sale mencionado dos veces. Una para señalar que las «tecnologías críticas» utilizadas en España provienen, principalmente, de este país, de Israel y de China; la otra en una nota a pie de página. Así, registró varias enmiendas para incluir que EEUU es «una amenaza manifiesta» para la Unión Europea y para España. Todas ellas fueron rechazadas por PP y Vox, que suman 20 votos en la comisión, y respaldadas por PSOE y Sumar, que solo tienen 15 parlamentarios.

Argumentos encontrados

«La inmensa mayoría comparecientes alertaron de que las amenazas más sofisticadas proceden de grupos de ciberinteligencia vinculados a Estados. Se mencionan de forma reiterada las […] de origen ruso, chino, iraní y norcoreano«, asevera el informe elaborado por la ponencia y que aún deberá ser ratificado más adelante por la comisión mixta de Seguridad Nacional.

En este sentido, Sierra planteó incluir una línea más: «Pero también de Estados Unidos, que desde Echelon [una red masiva de espionaje creada en la década de 1960] a nuestros días, es una amenaza manifiesta para la UE y nuestro país«. Sierra, en conversación con este diario, sostiene que el PP se opuso a esta enmienda bajo el argumento de no contribuir a la escala verbal con EEUU, mientras que fuentes parlamentarias populares sostienen que su negativa se debió a no querer señalar a un país aliado como amenaza, equiparándolo a países como Corea del Norte.

Esta no fue la única propuesta planteada por Sierra. En otro apartado, relativo a la «desinformación y propaganda», se advierte de que las «campañas de influencia digital se han convertido en un instrumento geopolítico y criminal de enorme impacto» y nuevamente se señala a Rusia, China e Irán como los «protagonistas de esta modalidad delictiva». La propuesta del diputado de Sumar, también rechazada, fue señalar a EEUU, desde sus empresas a la administración de Donald Trump, para avisar de su «clara hegemonía y control de la ciberseguridad como principal amenaza» para Europa y España.

La dependencia tecnológica

A lo largo del documento se hace referencia también a la dependencia de España de tecnología extranjera. Así, se plantea la necesidad de «fomentar la creación y consolidación de empresas españolas de ciberseguridad, así como priorizar tecnologías desarrolladas en el ámbito europeo o nacional cuando sea posible».

El matiz que planteó Sierra en este caso es el impulso de empresas públicas o de capital mixto con participación mayoritaria del Estado para evitar «el modelo dominante liderado por Palantir Technologies«. Esta empresa, filial en España de una de las grandes tecnológicas estadounidense, tiene adjudicado un contrato de Administración General del Estado por más de 16 millones de euros para la contratación de «una solución de fusión y análisis de inteligencia en el ámbito del Sistema de Inteligencia de las Fuerzas Armadas».

En la misma línea, el informe identifica esta dependencia como un «factor de vulnerabilidad en un contexto de tensiones geopolíticas y de utilización del ciberespacio como instrumento de presión». A lo que Sierra pretendía añadir que esto implementado por «Estados Unidos e Israel». Todos estos cambios fueron rechazados por PP y Vox. Hubo un quinto, al que también se opuso el PSOE, porque hacía referencia al hub de Defensa instalado en Aragón.

 

La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850

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En sus casi dos siglos de existencia, el marxismo no solo ha aportado grandes clásicos a la Filosofía, también a la Historia. Buena prueba de ello es La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, primer y exitoso intento, llevado a cabo por Marx, de aplicar a la Historia, justamente a la historia inmediata de ese momento histórico, el de la fracasada revolución francesa de 1848. Todo el instrumental metodológico aportado por la dialéctica –innecesario añadir a estas alturas que «marxista»– y el materialismo histórico. El Marx que se nos presenta en este libro, relativamente juvenil, no es solo el Marx filósofo, historiador, economista y sociólogo, sino muy especialmente el Marx periodista, atento observador de la vida social que le rodeaba. De ahí la modernidad y la cercanía que este ensayo marxiano puede llegar a alcanzar a los ojos de un lector actual. A. L. «Este fue el primer libro en el que la historia del mundo se estudia e interpreta bajo el punto de vista del materialismo histórico». Antonio Ramos Oliveira «Karl Marx, ¡qué gran periodista!». Andy Warhol

Cumbres, nubes y tinieblas

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Estos días que pasan hemos ido de Cumbre en Cumbre sin respiro ni conciencia, imbuidos en la actualidad informativa que todo lo devora y acelera, sin que la inercia de las noticias despejen nuestra visión del horizonte entre tinieblas. De la Cumbre de Ginebra para tratar en el seno de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) la expulsión de Israel —como correspondía estatutariamente— del Festival de Eurovisión hemos pasado a la VII Cumbre Transatlántica, un encuentro que ha reunido a dirigentes políticos, líderes cívicos y especialistas convocados para debatir sobre los desafíos actuales del ejercicio de la libertad de expresión en el que se nos emplaza a pensar la falsa dicotomía “Libertad de expresión vs. discurso controlado”.

Digo «falsa», y a todas luces, porque no hay garantía alguna en democracia que no sea la ley que protege y ampara derechos, pero los Patriotas de pulserita, el grupo parlamentario organizador, trabajan para el capitalismo corporativo de los GAFAM, los que dicen quién habla y quién calla; quién tiene alcance con su mensaje y quién no; qué medio local tiene seguimiento y quién ha de permanecer en la penumbra y el naufragio de los buscadores teledirigidos. Un despropósito, coincidirá conmigo el lector.

Y es que, entre la Cumbre de Ginebra de la UER, esta reciente y la polémica de las Jornadas de las Letras de Sevilla, organizadas por la Fundación Cajasol, parece que nos enfrentamos a una pandemia de encumbrados sin sentido, por no decir —como en mi tierra— que vivimos rodeados de peligrosos tontopollas y cipotones que andan sueltos con permiso para circular sin restricción alguna, hablar de forma incontinente e incluso escribir tonterías para uso y consumo del personal. Todo un problema de intoxicación del medio ambiente, de salud pública, diría un seguidor de Robespierre.

No es para menos. Que un ultra pinochetista clausure la conferencia de los vendepatrias trumpistas es tanto como invitar a Millán Astray a que diserte sobre la importancia de la ciencia en el desarrollo nacional o a un obispo a que exponga a sus feligreses las bases de la Teoría de la Evolución. En fin, el mundo al revés.

Los liberticidas abogando por la dictadura de los neofascistas de Silicon Valley en nombre de la libertad. Como sentenciara Marx, la primera libertad de prensa consiste en no ser una industria. Pero no cabe en su imaginación tal premisa.

Elon Musk lo tiene claro y nosotros debiéramos también saber, a estas alturas, a qué estamos jugando con la desinformación, que no es otra cosa que un negocio que renta. Si algo deja claro esta cumbre y la de Ginebra es que debemos dar la batalla ideológica contra el secuestro de la libertad de prensa por la libertad de empresa de los enemigos de la palabra de todos. Por la democracia, por la comunicación, que es del orden de lo común.

Una palabra —lo común—, innombrable y diríase que incomprensible para quienes, como los directivos de la UER, dicen trabajar por la cooperación y terminan por dilapidar el capital simbólico y prestigio del principal evento paneuropeo de televisión, el festival de la canción, por los intereses creados del lobby económico.

En otras palabras, la reciente resolución de la Asamblea de la UER ha resultado una farsa y un despropósito que deslegitima la organización, el Festival de Eurovisión y el papel de las radiotelevisiones públicas de algunos países que raudo expulsaron a Rusia con motivo de la invasión de Ucrania y hoy deciden mantener una delegación sionista, progenocidio y criminal en medio de la matanza que no cesa de víctimas civiles por el Gobierno de Netanyahu.

Ganan, en suma, la impostura y la corrupción moral. Se vulneran los estatutos, se acentúa la crisis reputacional, se minusvaloran las protestas ciudadanas de las audiencias europeas, mayoritariamente en contra de la participación de Israel, y se engaña a la opinión pública con un falso alto el fuego y soluciones de maquillaje como revisar el sistema de votación, «reforzar la confianza del certamen», incluyendo medidas para desincentivar campañas externas de voto manteniendo mitad jurado profesional y mitad público, pero con salvaguardas adicionales.

Esto es, para los responsables de la UER nada ha sucedido de un tiempo a esta parte. El show continúa. Las mujeres, niños y civiles asesinados deben dejar paso a los focos y espíritu celebratorio del festival. No he visto mayor indignidad en mucho tiempo. Tanto que parece claro que, tras Ginebra, solo tenemos dos alternativas posibles: refundar la UER relevando a los responsables de este despropósito al frente del Festival y la gestión institucional o salir de este organismo en franca decadencia y crear un espacio que cumpla los principios fundacionales que dieron origen al Festival de Eurovisión.

No estaría de más que RTVE lidere, con otras televisiones públicas, un festival como el Benidorm FEST en defensa de la paz, reforzando su papel de puente con nuestros espacios geoculturales de referencia: sea el Mediterráneo o Iberoamérica.

En los tiempos que corren está el de Air Force One, perdido por las nubes, los encumbrados sin sentido y la multitud que reclama derechos y libertades, en Minneapolis o en España, enfrentados a la dialéctica televisión y cultura o barbarie.

Algo similar a lo acontecido en Sevilla con el escritor de la RAE, incapaz de asumir el error —o, más bien, obcecado en su modus vivendi de las anteojeras ideológicas—, tratando de zanjar la polémica con una tribuna en El Mundo, lo que ya dice todo.

No, señor Pérez-Reverte, ni rigor, ni diálogo, ni metódico ni guerra que seguimos perdiendo. La única guerra que se ha perdido es la suya propia y la escasa credibilidad que piensa que atesora entre exabrupto y chascarrillos de cuñado de saldo.

Y permita el lector que lo argumente, en primera persona, puesto que fui uno de los contactados para debatir con Espinosa de los Monteros y tuve a bien declinar desde el principio tal propuesta, por tres motivos que parece que el Alatriste sigue sin alcanzar a entender.

Primero, el título no solo resultaba ofensivo, a lo Pio Moa y su rigor mortis, apelando al cainismo hispánico atrabiliario, sino lo que es peor, con ello se fijaba un framing más que definido y tendencioso. El encuadre de las jornadas era, es y será —puesto que amenaza con persistir en el error— manifiestamente revisionista. Muy propio de los tiempos trumpistas que vivimos.

Segundo, la falsa pluralidad del programa, en género e ideología, con presencia mayoritaria de criminales de guerra, sionistas manifiestos y voces que nada tienen que decir ni pensar en público sobre la cuestión, no invitan precisamente a debatir sino a todo lo contrario.

Si el rigor es para el académico de El Hormiguero básicamente espectáculo o pura provocación, está todo dicho. Ahora bien, el pluralismo no se alcanza con poner a un fascista declarado a farfullar e invitar a un diputado de IU en minoría. El pluralismo es también social y, además de políticos y escritores afines, debiera haber pensado en invitar al movimiento memorialista y las víctimas del golpe de Estado y el genocidio franquista.

Y, por último, no cabe asumir una invitación malintencionada como esta en los momentos que vivimos por un sentido inapropiado de la oportunidad histórica de un encuentro en medio de la emergencia neofascista que por miopía intelectual o vanidad extraviada no alcanza a reconocer, previsiblemente porque padece lo que Vázquez Montalbán denominaba «franquismo sociológico».

Y claro, termina por mentir hasta el aburrimiento, sobre el cartel y sobre el motivo de la cancelación que atribuye a la ultraizquierda. Hemos de inferir, con su razonamiento, que Espinosa de los Monteros es un modélico conservador y quienes cuestionamos tal desaguisado, unos ultras.

Pero es justamente al revés en el mundo alterado que sufrimos por el principio de inversión semiótica. Supongo que sabrá lo que es, si ha leído a Umberto Eco, o algo de semiótica conocerá, que para algo es académico de la Lengua. El próximo 19 de febrero, por cierto, celebramos el aniversario de su fallecimiento.

Tuve el honor, como decano de la Facultad de Comunicación, de proponer y presidir su doctorado honoris causa por la Universidad de Sevilla. Podría haberse ocupado de ello hablando de letras en Sevilla. En cualquier caso, haría bien el fabulador de cancelaciones que cuando trate el golpe de Estado y la Guerra Civil no sea tan elitista, desenfocado y altanero y convoque a víctimas y movimiento memorialista si alguna vez le da por escuchar y aprender, y trata de pensar por qué la mayoría social ha cuestionado con tanta indignación un programa tan penoso.

De momento, sigue en sus trece. No esperaba menos de tanta obcecación. Pero cabe preguntarse si esto de los encumbrados tontopollas sin sentido, en realidad, de tonto no tienen ni un pelo, que más bien tienen claro a lo que juegan. Solo se me ocurre aplicar las lecciones del sabio de Tréveris y observar por dónde fluye el dinero: sea para vender libros, hacer negocios con las Big Tech o favorecer los intereses rentistas del capital financiero especulativo que también cotizan al alza a golpe de click.

La realización del valor no es posible sin desvalorizar el sentido común o los bienes públicos, sin intoxicación, sin desbrozar el camino de leyes que regulan los derechos y las libertades públicas de todos. Y en esa fase estamos, volviendo a los tiempos que tanto gustan al escribidor de arrojados caballeros y ejércitos imperiales, hoy mutados en pioneros del tecnofeudalismo.

El periodismo que viene

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Que el ecosistema informativo ha de reconfigurar su organización y modelo operativo es una sentencia ampliamente compartida por la profesión y el sector desde hace tiempo. La automatización iniciada en muchas redacciones ha llegado para quedarse y revolucionar, disruptivamente, las formas del oficio, como antaño el ordenador —lean a Anthony Smith— vino a alterar el proceso de producción de información tanto artesanal como industrializado.

La IA no es, en suma, como estamos viendo, un fenómeno coyuntural ni secundario. La propia cobertura del secuestro del presidente Maduro ilustra la importancia que adquiere, en la instrumentalización bélica de la propaganda, la producción de imágenes y textos ex profeso.

Nuestras democracias y la propia economía de medios están inexorablemente emplazadas a pensar y definir qué hacer y sobre todo cómo organizar el sistema informativo ante este panorama futurista de la hipermediatización. Los efectos de la implementación irreflexiva de la IA así lo aconseja cuando se extienden los procesos de desinformación, sesgos, opacidades, inseguridad, dependencia y manipulación de la audiencia y de los propios periodistas.

En este horizonte, las empresas periodísticas han de impulsar institucionalmente la I+D+i, desarrollar laboratorios de experimentación, impulsar la accesibilidad y control interno, la dialogía de cocreación con el público, la exploración de nuevos formatos.

Y el legislador regular en defensa de los derechos de transparencia, autonomía y formación de la ciudadanía. Más allá de la ética y deontología profesional, es necesaria la implementación de normas que den certidumbre, garantías jurídicas sobre usos, desarrollos y estándares técnicos. En juego está la redefinición de la relación periodistas/medios y audiencia y la organización equilibrada de la estructura de la información.

Existen, de facto, ya varias propuestas de regulación frente al aceleracionismo tecnológico que buscan equilibrar la innovación y el control social, los riesgos sistémicos y el trabajo artesanal frente a las amenazas de la Inteligencia Artificial generativa.

La UE ha sido la primera definir, a nivel mundial, un marco general de adaptación de la IA a la economía de la comunicación y los mundos de vida, en términos incluso de ciberseguridad. Aunque España no ha avanzado en la adaptación del Reglamento Europeo, comunidades autónomas vienen desarrollando iniciativas como el Programa de Aceleración de ZIUR en Guipúzcoa para adecuar las empresas tecnológicas en materia de ciberseguridad.

Las auditorías, evaluación continua y verificación de contenidos va a ser una norma común en todas las empresas de producción de contenidos, esperemos que obligatoriamente, o el peligro es debilitar la confianza en nuestros sistemas de representación no tendrá camino de vuelta.

Lo hemos visto con la proliferación de los charlatanes de feria —autodenominados sospechosamente, influencers— en la red. Son, sin embargo, escasos los proyectos dirigidos a la ciudadanía digital, las propuestas orientadas a reducir las brechas tecnológicas y cognitivas que determinan la desigualdad en el acceso incluso a recursos básicos como los procedimientos de la Administración pública.

No hablamos de simple transferencia tecnológica que el ministerio de Oscar López lo ha hecho con creces, si pensamos en la pequeña y mediana empresa y en el sector de la comunicación, sino fundamentalmente de los derechos digitales. Precisamos urgentemente marcos regulatorios que ponderen los impactos sociales, los efectos cognitivos y medioambientales del entorno o ecosistema cultural por los que grandes corporaciones como Google y sus agregadores de noticias socavan aún más el principio de pluralismo interno y la diversidad de contenidos, enfoques y conocimientos en la galaxia Internet.

El control democrático y la reapropiación social de herramientas como la IA no se garantizan con programas formativos como el proyecto HAZ de RTVE PLAY. Es preciso diseñar plataformas digitales de dominio público y procesos y dispositivos de fiscalización democrática del proceso de automatización hoy por hoy dominado por las grandes big tech.

La comunicación es un bien común y, en consecuencia, todo proceso informativo debe ser objeto de deliberación, intervención y escrutinio público por la sociedad civil y el Estado, si hemos de garantizar la transparencia algorítmica frente a la actual concentración de datos en manos de los GAFAM.

Un periodismo sin directrices para la implementación socialmente responsable de los nuevos sistemas expertos de IA generativa es dar vía a una política de vulneración sistemática de los derechos humanos y las libertades públicas.

Existen, bien es cierto, buenas prácticas de adaptación y desarrollo de las nuevas herramientas de automatización para hacer sostenible financieramente los medios periodísticos, cada día más dependientes de las grandes plataformas de Silicon Valley, pero falta estrategia, política de Estado y voluntad transformadora tanto de los actores clave del sector comunicacional como de los Estados miembros de la UE.

Un reciente informe del Consejo de Europa revela que, pese a la oportunidad de nuevas fuentes de ingresos para una mayor autonomía informativa, tal y como establece el Reglamento de Libertad de Medios recientemente aprobado, la innovación y adaptabilidad de la industria periodística es más bien baja, los esfuerzos de capacitación de los profesionales en la actualización de sus competencias ante los nuevos modelos de negocio irrelevante, y la colaboración en red con otros actores y la propia audiencia prácticamente inexistente. Prevalece una concepción decimonónica de autorregulación —en el mejor de los casos, cierta transparencia sobre usos de imágenes de IA y donaciones—. Y poco más.

El resultado, como pueden imaginar, es el que conocen: un periodismo atlantista propio del clima de guerra fría, rehén de las corporaciones que nos han declarado enemigos, con discursos sobre el peligro del oso de Moscú mientras Trump somete a medios autóctonos, periodistas estadounidenses y cadenas de distribución a la versión rancia y chata de la Casa Blanca.

En lugar de un periodismo de excelencia, el periodismo que viene se asemeja más a un trasunto de la prensa amarilla y de partido, preindustrial, propagadora de bulos, montajes y falsas noticias que se traducen en campañas de linchamiento mediático y sabotaje de las instituciones democráticas.

La potencia de esta deriva ha alcanzado tal grado que ha penetrado incluso la propia Comisión Europea y nuestro sistema mediático desde principios del presente siglo. El alud de programas, reportajes, espacios y redes de desinformación es tan intensivo que para secuestrar a un presidente electo no precisan siquiera mentir: basta con enarbolar el poderío del Pentágono en forma de guerra de las galaxias. El imperio siempre ataca dos veces.

Hay quien argumenta que vivimos una situación semejante a la guerra sucia de Reagan contra Nicaragua. Quizás nunca dejamos de estar en ese tiempo informativo de las operaciones encubiertas. Mientras nos asustan en Europa con la amenaza de Putin y sus actuaciones entre bambalinas con la ciberguerra, la campaña de Trump y el muro de Wall Street avanza posiciones y somete a Europa a la humillación, la dependencia y la irrelevancia a todos los niveles y en todos los frentes culturales —el informativo, desde luego—, con cipayos incluso pidiendo en redes que nos invadan.

Periodismo lo llaman. Guerra cultural, dicen otros. El caso es que la CIA y los GAFAM nos han convertido en protectorado y van camino de colonizar definitivamente el oficio según el modelo Fox News. No tenemos tiempo en esta columna de una anatomía del cercamiento informativo que sufre el periodismo patrio, pero sí señalar que la excepción es la regla de la norma comunicacional trumpista.

En términos de Brecht, estamos padeciendo severas restricciones en forma de capitalismo de vigilancia, normas SLAPP, mediawfare y la escalada militar que nos ha convertido en un triste protectorado de las inequidades imperiales. En este espectáculo circense de la guerra en directo, el secreto oficial es la cultura informativa dominante y la razón de seguridad nacional el libro de estilo con el que se quiere evitar veleidades a los Assange.

No lo lograrán. El cerco de poder financiero, instituciones judiciales y capitalismo de plataformas nunca podrá impedir el derecho a saber del público ni la entrega heroica de periodistas que saben que el mejor oficio del mundo consiste en trabajar por el bien común: los Derechos Humanos y las libertades públicas.

AGUAFUERTES ANDALUZAS. Crónicas ácidas sobre medios y mediaciones

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En el año 1928 el escritor argentino Roberto Arlt inicia la publicación regular en el diario El Mundo, de una serie de crónicas urbanas, que con estilo desenfadado, irónico y por momentos humorístico buscaban abordar temáticas populares y de la vida porteña mostrando la complejidad y las contradicciones de la ciudad de Buenos Aires a través de la observación de sus calles y su gente. A lo largo de cinco años publicó estos textos literarios en la sección denominada “Aguafuertes Porteñas” y al cabo de un tiempo estas crónicas urbanas fueron compendiadas en un libro en 1933.

Luego de leer el libro de Francisco Sierra, la analogía fue inmediata: se trata ni más ni menos que de 146 aguafuertes, escritas a lo largo de cinco años en formato de colaboraciones habituales para diversos medios de comunicación entre ellos Mundo Obrero, Andalucía Digital y Diario de Sevilla, más algunas otras escritas por encargo para Le Monde Diplomatique, revista El Salto, diario Público y revista de Crítica y Pensamiento, entre otras, donde Sierra consigue analizar, desde un registro mordaz, incisivo e irónico la dialéctica de ese otro territorio que habitamos constituido no sólo de medios de comunicación tradicionales, sino de redes y medios digitales, plataformas de contenido y una multiplicidad de mediaciones culturales.

Y es su lugar de enunciación como intelectual y como andaluz, lo que nos aporta cuotas equilibradas de humor y acidez en los análisis lúcidos y complejos que produce en cada una de estas crónicas del presente.

Sierra es un escritor prolífico y despliega su talento en diferentes registros: se mueve con fluidez de la lección y el juicio sumarial a la alerta social sobre redes corporativas, de la apelación prescriptiva a la sanción provocadora, del comentario satírico a la crónica interpretativa y lo hace desde la ironía, la reprobación, la denuncia explícita o la especulación.

Si las Aguafuertes Porteñas de Arlt funcionaron como un espejo de los cambios culturales, sociales y políticos de la Buenos Aires de inicios del siglo XX, las Aguafuertes Andaluzas de Sierra nos devuelven un espejo trizado lleno de contradicciones y preguntas acerca de las posibilidades de las mediaciones sociales en el siglo XXI frente a los poderes políticos y corporativos y la concentración del capital a nivel planetario.

Sierra, no deambula por la ciudad para contar sus personajes, miserias y contradicciones, en cambio lo hace por los medios de comunicación, por las redes, por los espacios políticos de debate, por los foros ciudadanos, por las tertulias y ateneos. Se imbrica en las agendas de debate político, en las manifestaciones callejeras, en los foros de Internet, y busca cual “flaneur” observar y analizar un espacio público ampliado, que va desde los medios a las calles, desde las mediaciones sociales a las redes digitales en tanto estructuras de poder, y que reclama por tanto claves de lecturas complejas, toda vez que el punto de partida no es la equidad de participación y el diálogo racional en la esfera pública, sino en cambio una profunda asimetría entre actores que a pesar del crecimiento exponencial de medios y redes, no logran alcanzar la paridad expresiva y en muchos casos persisten en la afasia en relación a sus agendas.

Sierra se vale de neologismos curiosos y ocurrentes y de un diccionario versátil y provocativo para describir lo que ve a su paso por el espacio político y mediático: Trumpantojos, Pijus Magnificus, la Cofradía de los Cipotones, Timofónica y el Rey emirato, patizambos, elite estraperlista, son algunas de las expresiones que encontramos en su escritura barroca, densa, poblada de interpretaciones y datos complementarios que demandan una lectura atenta y cómplice por parte de los lectores.

Se disfrutan especialmente los diálogos que entabla en un presente sin tiempo, con el pensamiento de Julio Anguita, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Gramsci, Manuel Sacristán, Karl Marx, Paulo Freire o Juan de Mairena entre muchos otros, para poder pensar desde el sur y desde abajo las profundas contradicciones y conflictos que acontecen en la cultura contemporánea, los territorios, los medios públicos, la democracia y más ampliamente en la escena mediática local, nacional e internacional.

Así como la aguafuerte consiste literalmente en una técnica agresiva que corroe el metal develando un relieve nítido, Sierra consigue con estos textos, trazar una agenda político-intelectual definida y precisa, identificando zonas cruciales para la reflexión y acción transformadora.

Estamos frente a un volumen de 559 páginas, que se lee con fluidez —y se disfruta!— donde se compilan en una secuencia ordenada textos periodísticos publicados en los últimos cinco años que plantean desde múltiples ángulos y casos de análisis, la dialéctica de la actualidad informativa, en una perspectiva teórica y política nacional e internacional, pero con un detalle no menor: el que escribe es un intelectual de origen granadino, con un refinado sentido del humor y es además un político de izquierda que reivindica desde una mirada andaluza un pensamiento emancipatorio y el principio de esperanza como estandarte. Dice para definirse: “algunos somos más bien proclives a la ironía y la risa, único antídoto contra tanta ignominia y discrecionalidad”. Y por tanto, su escritura, tal como él mismo dirá al referirse al estilo del gran maestro Antonio López Hidalgo, va “del oxímoron a tropos del juego y el exceso” y consigue así que el lector “ría, se conmueva, tienda a encabronarse o navegar por los ríos de la memoria”.

No es un libro para incautos, antes bien lo es para funambilistas, que se animan a transitar zonas de incertidumbre. Es además, un libro que funciona como mapa nocturno para reflexionar sobre territorios tan diversos como la política, la literatura, los regionalismos, los GAFAM o el Rey emirato, pero a partir del pensamiento crítico como clave de lectura del mundo. Entre las balizas que nos aporta este mapa para transitar en la oscuridad hay una advertencia de Brecht: “Consideren extraño lo que no lo es/tomen por inexplicable lo habitual/ Siéntanse perplejos ante lo cotidiano/ Traten de hallar un remedio frente al abuso/ Pero sobre todo, no olviden que la regla es el abuso”.

¡Ánimo valientes y buena lectura!