El periodismo que viene

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Que el ecosistema informativo ha de reconfigurar su organización y modelo operativo es una sentencia ampliamente compartida por la profesión y el sector desde hace tiempo. La automatización iniciada en muchas redacciones ha llegado para quedarse y revolucionar, disruptivamente, las formas del oficio, como antaño el ordenador —lean a Anthony Smith— vino a alterar el proceso de producción de información tanto artesanal como industrializado.

La IA no es, en suma, como estamos viendo, un fenómeno coyuntural ni secundario. La propia cobertura del secuestro del presidente Maduro ilustra la importancia que adquiere, en la instrumentalización bélica de la propaganda, la producción de imágenes y textos ex profeso.

Nuestras democracias y la propia economía de medios están inexorablemente emplazadas a pensar y definir qué hacer y sobre todo cómo organizar el sistema informativo ante este panorama futurista de la hipermediatización. Los efectos de la implementación irreflexiva de la IA así lo aconseja cuando se extienden los procesos de desinformación, sesgos, opacidades, inseguridad, dependencia y manipulación de la audiencia y de los propios periodistas.

En este horizonte, las empresas periodísticas han de impulsar institucionalmente la I+D+i, desarrollar laboratorios de experimentación, impulsar la accesibilidad y control interno, la dialogía de cocreación con el público, la exploración de nuevos formatos.

Y el legislador regular en defensa de los derechos de transparencia, autonomía y formación de la ciudadanía. Más allá de la ética y deontología profesional, es necesaria la implementación de normas que den certidumbre, garantías jurídicas sobre usos, desarrollos y estándares técnicos. En juego está la redefinición de la relación periodistas/medios y audiencia y la organización equilibrada de la estructura de la información.

Existen, de facto, ya varias propuestas de regulación frente al aceleracionismo tecnológico que buscan equilibrar la innovación y el control social, los riesgos sistémicos y el trabajo artesanal frente a las amenazas de la Inteligencia Artificial generativa.

La UE ha sido la primera definir, a nivel mundial, un marco general de adaptación de la IA a la economía de la comunicación y los mundos de vida, en términos incluso de ciberseguridad. Aunque España no ha avanzado en la adaptación del Reglamento Europeo, comunidades autónomas vienen desarrollando iniciativas como el Programa de Aceleración de ZIUR en Guipúzcoa para adecuar las empresas tecnológicas en materia de ciberseguridad.

Las auditorías, evaluación continua y verificación de contenidos va a ser una norma común en todas las empresas de producción de contenidos, esperemos que obligatoriamente, o el peligro es debilitar la confianza en nuestros sistemas de representación no tendrá camino de vuelta.

Lo hemos visto con la proliferación de los charlatanes de feria —autodenominados sospechosamente, influencers— en la red. Son, sin embargo, escasos los proyectos dirigidos a la ciudadanía digital, las propuestas orientadas a reducir las brechas tecnológicas y cognitivas que determinan la desigualdad en el acceso incluso a recursos básicos como los procedimientos de la Administración pública.

No hablamos de simple transferencia tecnológica que el ministerio de Oscar López lo ha hecho con creces, si pensamos en la pequeña y mediana empresa y en el sector de la comunicación, sino fundamentalmente de los derechos digitales. Precisamos urgentemente marcos regulatorios que ponderen los impactos sociales, los efectos cognitivos y medioambientales del entorno o ecosistema cultural por los que grandes corporaciones como Google y sus agregadores de noticias socavan aún más el principio de pluralismo interno y la diversidad de contenidos, enfoques y conocimientos en la galaxia Internet.

El control democrático y la reapropiación social de herramientas como la IA no se garantizan con programas formativos como el proyecto HAZ de RTVE PLAY. Es preciso diseñar plataformas digitales de dominio público y procesos y dispositivos de fiscalización democrática del proceso de automatización hoy por hoy dominado por las grandes big tech.

La comunicación es un bien común y, en consecuencia, todo proceso informativo debe ser objeto de deliberación, intervención y escrutinio público por la sociedad civil y el Estado, si hemos de garantizar la transparencia algorítmica frente a la actual concentración de datos en manos de los GAFAM.

Un periodismo sin directrices para la implementación socialmente responsable de los nuevos sistemas expertos de IA generativa es dar vía a una política de vulneración sistemática de los derechos humanos y las libertades públicas.

Existen, bien es cierto, buenas prácticas de adaptación y desarrollo de las nuevas herramientas de automatización para hacer sostenible financieramente los medios periodísticos, cada día más dependientes de las grandes plataformas de Silicon Valley, pero falta estrategia, política de Estado y voluntad transformadora tanto de los actores clave del sector comunicacional como de los Estados miembros de la UE.

Un reciente informe del Consejo de Europa revela que, pese a la oportunidad de nuevas fuentes de ingresos para una mayor autonomía informativa, tal y como establece el Reglamento de Libertad de Medios recientemente aprobado, la innovación y adaptabilidad de la industria periodística es más bien baja, los esfuerzos de capacitación de los profesionales en la actualización de sus competencias ante los nuevos modelos de negocio irrelevante, y la colaboración en red con otros actores y la propia audiencia prácticamente inexistente. Prevalece una concepción decimonónica de autorregulación —en el mejor de los casos, cierta transparencia sobre usos de imágenes de IA y donaciones—. Y poco más.

El resultado, como pueden imaginar, es el que conocen: un periodismo atlantista propio del clima de guerra fría, rehén de las corporaciones que nos han declarado enemigos, con discursos sobre el peligro del oso de Moscú mientras Trump somete a medios autóctonos, periodistas estadounidenses y cadenas de distribución a la versión rancia y chata de la Casa Blanca.

En lugar de un periodismo de excelencia, el periodismo que viene se asemeja más a un trasunto de la prensa amarilla y de partido, preindustrial, propagadora de bulos, montajes y falsas noticias que se traducen en campañas de linchamiento mediático y sabotaje de las instituciones democráticas.

La potencia de esta deriva ha alcanzado tal grado que ha penetrado incluso la propia Comisión Europea y nuestro sistema mediático desde principios del presente siglo. El alud de programas, reportajes, espacios y redes de desinformación es tan intensivo que para secuestrar a un presidente electo no precisan siquiera mentir: basta con enarbolar el poderío del Pentágono en forma de guerra de las galaxias. El imperio siempre ataca dos veces.

Hay quien argumenta que vivimos una situación semejante a la guerra sucia de Reagan contra Nicaragua. Quizás nunca dejamos de estar en ese tiempo informativo de las operaciones encubiertas. Mientras nos asustan en Europa con la amenaza de Putin y sus actuaciones entre bambalinas con la ciberguerra, la campaña de Trump y el muro de Wall Street avanza posiciones y somete a Europa a la humillación, la dependencia y la irrelevancia a todos los niveles y en todos los frentes culturales —el informativo, desde luego—, con cipayos incluso pidiendo en redes que nos invadan.

Periodismo lo llaman. Guerra cultural, dicen otros. El caso es que la CIA y los GAFAM nos han convertido en protectorado y van camino de colonizar definitivamente el oficio según el modelo Fox News. No tenemos tiempo en esta columna de una anatomía del cercamiento informativo que sufre el periodismo patrio, pero sí señalar que la excepción es la regla de la norma comunicacional trumpista.

En términos de Brecht, estamos padeciendo severas restricciones en forma de capitalismo de vigilancia, normas SLAPP, mediawfare y la escalada militar que nos ha convertido en un triste protectorado de las inequidades imperiales. En este espectáculo circense de la guerra en directo, el secreto oficial es la cultura informativa dominante y la razón de seguridad nacional el libro de estilo con el que se quiere evitar veleidades a los Assange.

No lo lograrán. El cerco de poder financiero, instituciones judiciales y capitalismo de plataformas nunca podrá impedir el derecho a saber del público ni la entrega heroica de periodistas que saben que el mejor oficio del mundo consiste en trabajar por el bien común: los Derechos Humanos y las libertades públicas.

‘Medianálisis. Dialéctica de la actualidad informativa’: el nuevo libro de Francisco Sierra

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Francisco Sierra Caballero, catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla y colaborador de Andalucía Digital, presentará mañana viernes su nuevo libro, titulado Medianálisis. Dialéctica de la actualidad informativa, una obra que invita a reflexionar sobre el papel de los medios en la configuración de la realidad contemporánea y los desafíos que plantea el actual ecosistema digital.

El acto tendrá lugar a las 19.30 de la tarde en la Casa de la Provincia de Sevilla, situada en la Plaza del Triunfo de la capital hispalense, y contará con la participación de reconocidos profesionales del ámbito académico y periodístico. De hecho, el autor estará acompañado por Rafael Rodríguez, presidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla (APS); Rosario Pérez Cabaña, profesora del Centro Universitario San Isidoro; Francisco Correal, periodista y Premio Andalucía de Periodismo; y Juan Carlos Fernández Serrato, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.

Todos ellos compartirán un espacio de diálogo sobre el contenido del libro, editado por Límbica Ediciones y promovido con la colaboración de la Asociación de la Prensa de Sevilla, la Asociación Cultural y Científica Iberoamericana (ACCI) y la Diputación de Sevilla.

En esta nueva obra, Sierra Caballero propone una lectura crítica sobre la deriva de los medios de comunicación en la era digital y sus consecuencias para la democracia y la ciudadanía. Tal como afirma el propio autor, “la mutación cultural de los medios y las mediaciones saturadas en la era digital proyecta un horizonte sobrecogedor de incertidumbres y contradictorias dinámicas que amenazan la democracia y la propia pervivencia de la humanidad”.

En ese sentido, el autor de la columna Del sur y desde abajo señala que “desde la Inteligencia Artificial a la proliferación de nuevos dispositivos de dominio, de la infodemia al déficit democrático en los modelos de acceso y organización, los síntomas de la crisis de confianza en el dominio público dan cuenta de un malestar generalizado que afecta a las condiciones mismas de la reproducción social”.

Sierra defiende que “la trama de relaciones de producción que favorece la apropiación corporativa de la expresión pública determina un proceso de control ideológico, propio del capitalismo de vigilancia, que restringe las libertades públicas y conculca derechos fundamentales como el Derecho a la Comunicación”.

Y, en esa línea, el autor de Medianálisis. Dialéctica de la actualidad informativa manifiesta que “la dialéctica de la información y el poder exigen, en congruencia, un análisis crítico de la coyuntura que esclarezca la infocracia tecnofeudalista a fin de vislumbrar alternativas de futuro y ensayar utopías digitales de progreso”.

Finalmente, el catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla resume su propósito con esta obra al asegurar que “este libro es una aproximación exploratoria de los principales debates contemporáneos de la comunicación, escrito al cabo de la calle: entre el periodismo, la insumisa lectura radical de la historia y la política de los comunes”.

Con Medianálisis. Dialéctica de la actualidad informativa, Francisco Sierra retoma su compromiso intelectual con una mirada que combina el rigor académico y el compromiso ciudadano, abordando temas como la desinformación, el control tecnológico y las nuevas formas de poder mediático. Su trayectoria, marcada por la investigación y el pensamiento crítico, lo ha consolidado como una de las figuras más influyentes en el estudio de la comunicación en el ámbito iberoamericano.

Natural de Gobernador (Granada), Sierra Caballero ha sido decano y director del Departamento de Periodismo I de la Universidad de Sevilla. Además, es investigador del Instituto Andaluz de Investigación en Comunicación y Cultura, fundador de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación y presidente de la Asamblea de la Confederación Iberoamericana de Asociaciones Científicas en Comunicación.

Su labor académica ha sido reconocida por la Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ULEPICC), que le rindió tributo durante su XIII Congreso Internacional celebrado en Santiago de Chile. Además, su nombre alcanzó notoriedad pública tras ser incluido en el comité de expertos encargado de evaluar a los aspirantes a dirigir Radio Televisión Española (RTVE). En la actualidad, ejerce como diputado por Sevilla en la XV Legislatura, tras encabezar la candidatura de Sumar en las últimas elecciones generales.

Mañana, su voz volverá a situarse en el centro del debate público. Y lo hará desde la reflexión y la palabra escrita, en un encuentro que aspira a ir más allá de la simple presentación literaria para convertirse en un espacio de pensamiento colectivo sobre el presente y el futuro de la comunicación.

Presentación del libro «Medianálisis», un análisis crítico de la mutación cultural de los medios

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Este viernes 24 de octubre tendrá lugar en Sevilla, la presentación del libro de Francisco Sierra Caballero, «Medianálisis. Dialéctica de la actualidad informativa», editado por la Asociación Cultural y Científica Iberoamericana (ACCI).

“Medianálisis”, es un libro de crítica mediática que compila artículos, intervenciones y escritos diversos publicados a lo largo de los últimos cinco años en medios nacionales, con aportes y elementos para el debate sobre la calidad democrática de nuestro ecosistema informativo.

En el libro, el autor analiza la mutación cultural de los medios en la era digital que proyecta un futuro de contradicciones e incertidumbres que suponen una amenaza para la democracia y la propia pervivencia de la humanidad. Inteligencia Artificial, déficit democrático en el acceso y la organización de las industrias culturales, sobreabundancia de información, nuevas formas de dominio, generan una crisis de confianza respecto a la mediación mediática.

El libro trata de la apropiación corporativa de la expresión pública, control ideológico propio de un capitalismo de vigilancia, que restringe las libertas públicas y conculca los derechos fundamentales como el derecho a la comunicación. Infocracia tecnofeudalista, lo denomina Sierra Caballero, su autor, quien partiendo de un análisis crítico de esta coyuntura, propone vislumbrar alternativas de futuro y ensayar utopías digitales de progreso.

«El libro —dicen sus editores— es una aproximación exploratoria de los principales debates contemporáneos de la comunicación, escrito al cabo de la calle, entre el periodismo, la insumisa lectura radical de la historia y la política de lo común».

Francisco Sierra (www.franciscosierracaballero.net) es Catedrático de Teoría de la Comunicación e Investigador del Instituto Andaluz de Investigación en Comunicación y Cultura (INACOM) en la Universidad de Sevilla. Fundador del Grupo Interdisciplinario de Estudios en Comunicación, Política y Cambio Social (www.compoliticas.org), ha trabajado como experto en políticas de comunicación, nuevas tecnologías y participación ciudadana en la Comisión Europea y otros organismos internacionales como la UNESCO y UNASUR. Ex Presidente de la Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (www.ulepicc.org), ha sido Director General de CIESPAL y Presidente de la Confederación Iberoamericana de Asociaciones Científicas y Académicas en Comunicación (CONFIBERCOM), en la actualidad es Director de la Sección de Comunicación y Cultura de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM).

La presentación será este viernes 24 de octubre a las 19:30h en Sevilla, Casa de la Provincia, Plaza del Triunfo s/n y acompañarán al autor:

Rafael Rodríguez, presidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla.

Rosario Pérez Cabaña, profesora del Centro Universitario San Isidoro.

Francisco Correal, periodista.

Juan Carlos Fernández Serrano, profesor de la Universidad de Sevilla.

Medianálisis. Dialéctica de la Actualidad Informativa

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MEDIANÁLISIS. La mutación cultural de los medios y las mediaciones saturadas en la era digital proyecta un horizonte sobrecogedor de incertidumbres y contradictorias dinámicas que amenazan la democracia y la propia pervivencia de la humanidad. Desde la Inteligencia Artificial a la proliferación de nuevos dispositivos de dominio, de la infodemia al déficit democrático en los modelos de acceso y organización, los síntomas de la crisis de confianza en el dominio público dan cuenta de un malestar generalizado que afecta a las condiciones mismas de la reproducción social. La trama de relaciones de producción que favorece la apropiación corporativa de la expresión pública determina un proceso de control ideológico, propio del capitalismo de vigilancia, que restringe las libertades públicas y conculca derechos fundamentales como el Derecho a la Comunicación. La dialéctica de la información y el poder exigen, en congruencia, un análisis crítico de la coyuntura que esclarezca la infocracia tecnofeudalista a fin de vislumbrar alternativas de futuro y ensayar utopías digitales de progreso. Este libro es una aproximación exploratoria de los principales debates contemporáneos de la comunicación, escrito al cabo de la calle: entre el periodismo, la insumisa lectura radical de la historia y la política de los comunes.

Inteligencia Artificial y Democracia

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Seminario Permanente de Teoría Crítica: Inteligencia Artificial y Democracia

Francisco Sierra (Fundación de Investigaciones Marxistas)

Daniela Monje (Universidad de Sevilla)

Jesús Sabariego (Universidad de Sevilla)

Viernes 7 de marzo 2025. 20:00.

La Fuga Librerías.
c/ Conde de Torrejón, 4, Acc. Sevilla.

Elogio de la lentitud

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Trumpismo rima con aceleracionismo, no solo con autoritarismo filofascista. Por ello conviene pensar los tiempos de la política y la mediación social en la era de la Inteligencia Artificial. En el Seminario Internacional de Derechos Humanos de la Universidad Pablo Olavide, al tratar el reto de la relación entre justicia, política y mediación social desde la filosofía de la praxis, señalábamos el pasado mes de enero que ampliar los derechos de ciudadanía exige hoy reinventar la lógica de la norma desde la filosofía de la liberación cuestionando, en primer lugar, las temporalidades que la cuarta revolución industrial nos impone a fuerza de desplegar la llamada «destrucción creativa del turbocapitalismo».

Ya lo advirtió Benjamin. Es hora de poner freno a la locomotora de la historia. Los tiempos del progreso imparable nos llevan inexorablemente al horizonte abismal del precipicio del colapso con el pie pisando el pedal del acelerador hasta el fondo, puesta la quinta marcha, para avanzar sin retrovisor por los senderos trillados del retorno del despojo.

La sensación de liviandad, rapidez y visibilidad de la dialéctica informativa termina, como resultado, agudizando las patologías culturales de una comunicación que desperdicia la experiencia y mediatiza el sentido común, más aún en tiempos de lawfare.

La experiencia, esa categoría fundamental para cultivar el saber, para alimentar los sentipensamientos, colonizando las culturas populares está siendo menoscabada, suprimida como un desperdicio prescindible en la cápsula del efecto burbuja.

En tiempos del poshumanismo, del giro emocional y lingüístico, en la era ciber de un mundo hipervigilado por los señores del aire, es hora, pues, de vindicar, en la guerra cultural, derechos digitales para todos y reinstituir lo común, que es tanto como articular la acción instituyente frente al poder tecnofeudal destituyente de Trump y sus secuaces.

Frente a la lógica de terra nullius, el derecho a luchar por tener derechos solo será posible repensando la economía moral de la atención desde lo común, confrontar la postpolitica desde la justicia social, desde el antagonismo contra el imperio de la fuerza de la lex mercatoria, recuperando, en fin, los espacios de socialización.

Esto es, ralentizando los tiempos de consumo por las comunidades reflexivas a partir de una pedagogía de la esperanza, de una ecología política de la comunicación que tenga memoria, conocimiento, saberes y espacios de dialogo y puesta en común.

Si los dispositivos reticulares del comando del capital nos separa y aísla e impone cámaras de eco, parece evidente que ha llegado la hora de afirmar la cultura subalterna de las emergencias reales y concretas del mambito de lo local y sus biorritmos contrarios a la dieta digital de los dispositivos de dominio a lo Instagram.

Desconectar del capitalismo de plataformas y las redes privativas y abrir las puertas y ventanas de la vida y la cultura tabernaria puede ser un primer paso. Podríamos empezar por recuperar una tradición tan andaluza como la tertulia a la fresca en el patio, hablar por hablar, recuperando formas primarias de comunicación no instrumentales ni colonizadas; aprender de Séneca y nuestro gusto por platicar el derecho al cuidado común no mediatizado.

Como recordara Anguita en conversación con Alberti, hay que aprender a perder el tiempo y, como es lógico, educar también a los profesionales de la información a rechazar el scoop y desacelerar sus lógicas productivas si no quieren ser reemplazados por bots y la IA.

En contra de la razón corporativa de los Musk de turno, cultivemos el tiempo para pensar y aprender, para gozar y ser reflexivos, para cuidarse y cuidarnos, para mediar y sentir. Ahora que aprendimos que folgar, follar y hacer huelga tienen más que ver con el derecho a la pereza de Paul Lafargue que con ese productivismo a lo Stajanov que ha prevalecido habitualmente en la izquierda, prestemos atención a la intromisión en los mundos de vida y nuestros cronotopos de los señores de la guerra, que nos han comprado con las máquinas de soñar una experiencia vicaria falsificada e insostenible –de facto inhabitable–, para dominarnos hasta el fin del mundo, como los personajes del film del mismo título de Wim Wenders.

Dicho esto, toca militar, primero en el PGB, y desde hoy mismo en la cultura enlentecida de la vida buena, del buen vivir, si no queremos que nos roben la vida y la esperanza. Lo primero, al menos generacionalmente, para los que nos educamos en el universo Makoki, El Jueves o Víbora, es una conminación a la cultura subalterna de lo tabernario, de la mayoría y el frente común de la multitud adscrita por activa o pasiva al Partido de la Gente del Bar en el que nos reconocemos, conversamos, conspiramos y hacemos posible el principio de fraternidad. No es poca cosa. ¿Se suman?