Medios de comunicación y lucha de clases en España

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La información es un campo en disputa y los medios un espacio de representación de la lucha de clases. El mito de la prensa independiente ha naturalizado en España, sin embargo, la narrativa de los medios libres sin una respuesta sistemática y articulada de cuestionamiento del sentido común imperante. En un tiempo de batalla cultural y ofensiva ideológica, pensar los medios desde la lucha de clases y la crítica de la economía política abre el debate en la esfera pública sobre las lógicas de dominación y desigualdad en el ecosistema mediático.

Desde las dinámicas reaccionarias de la prensa tradicional y la influencia cultural de Hollywood, hasta la colonización tecnofeudal del espacio digital, pasando por los encuadres discursivos frente a hitos como el 15M, este libro es una caja de herramientas para resistir contra las lógicas discursivas de manipulación y la guerra cognitiva que mediatizan los intereses del capital.

IU reclama a responsables de varios ministerios que aclaren por escrito con qué medidas concretas van a responder a la “guerra híbrida” planteada por Marruecos en Ceuta

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El portavoz parlamentario de Izquierda Unida, Enrique Santiago, junto a los también diputados de esta formación Francisco Sierra y Fèlix Alonso plantean en una iniciativa registrada en el Congreso si se “revisará la política de ciberseguridad como política de Estado integrada en la seguridad nacional, desde una visión integral y autónoma respecto de intereses contrarios a nuestra soberanía que, desde Estados Unidos y la OTAN se vienen imponiendo”.

Alertan igualmente de que el régimen israelí ha utilizado a representantes diplomáticos y analistas de conveniencia en foros internacionales “para calificar a Ceuta y Melilla de ‘enclaves coloniales anacrónicos’, buscando equiparar la presencia de España en África con la ocupación de territorios en Oriente Próximo y deslegitimar la autoridad moral de Madrid”.

Los diputados de Izquierda Unida Enrique Santiago -portavoz parlamentario de la formación-, Francisco Sierra y Fèlix Alonso han registrado una iniciativa en el Congreso para que los máximos responsables de varios departamentos del Gobierno expliquen con detalle distintas cuestiones vinculadas a las denominadas “formas de guerra híbrida no convencional”, puestas en marcha e intensificadas con ocasión de la entrada masiva de decenas de miles de migrantes.

Entre los temas concretos de los que se piden explicaciones tras las evidencias constatadas en este ‘ataque híbrido’ está saber si al máximo nivel del Ejecutivo se prevé “revisar su política de ciberseguridad como política de Estado integrada en la seguridad nacional, desde una visión integral y autónoma respecto de intereses contrarios a nuestra soberanía que, desde Estados Unidos y la OTAN se vienen imponiendo”.

Además, la iniciativa que impulsa IU en el Congreso plantea si se va a “fomentar la creación y consolidación de empresas españolas de ciberseguridad, así como priorizar las tecnologías desarrolladas en el ámbito europeo o nacional, especialmente en sectores sensibles para la seguridad nacional, impulsando empresas públicas o de capital mixto con participación mayoritaria del Estado y evitando el modelo dominante liderado por Palantir Technologies”, compañía privada de EEUU especializada en análisis de macrodatos y la industria de guerra.

Los diputados Santiago, Sierra y Alonso advierten de que la “hostilidad” vista en los sucesos de Ceuta se caracteriza por “el ejercicio de una fuerte presión coercitiva -migratoria, diplomática y digital-, manteniéndose justo por debajo del umbral que justificaría una respuesta militar convencional” y que el análisis crítico de este escenario “no puede desvincularse del triángulo estratégico formado por Marruecos, Estados Unidos e Israel, una relación consolidada bajo los Acuerdos de Abraham y que afecta directamente a la posición geopolítica de España”.

“Con apoyo explícito de Estados Unidos e Israel -añaden en el texto-, Marruecos ha perfeccionado el uso de tácticas asimétricas para avanzar en sus objetivos soberanistas y contribuir a la presión y al control político estratégico”.

Ante ello, la pregunta registrada para su respuesta por escrito pide a los departamentos competentes del Gobierno que aclaren si revisarán el “alineamiento de la política nacional con los marcos europeos e internacionales de la Unión Europea, trascendiendo el marco de la Alianza Atlántica en favor de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), así como actualizar la política común de seguridad y defensa con miras a una visión de la ciberseguridad humana, integral y no dependiente”.

Interrogan también sobre si “dispone el Gobierno de alternativas de cooperación multilateral que permitan reforzar ejes de actuación con los BRICS y otros socios fiables frente a la actual dependencia de la red de proveedores de Estados Unidos e Israel”.

Izquierda Unida considera que la naturaleza de esta ‘guerra híbrida’ practicada en los sucesos de Ceuta radica en la “explotación deliberada de la denominada ‘zona gris’, un espacio de conflicto en el que el Reino de Marruecos ejerce una fuerte presión coercitiva sin recurrir al uso de la fuerza militar convencional ni declarar una guerra abierta”.

“Su objetivo principal -detalla la iniciativa parlamentaria- no sería la conquista territorial inmediata, sino la desestabilización política, el chantaje institucional y la obtención de concesiones geopolíticas mediante el socavamiento de las estructuras del Estado a través de diversas acciones”.

Entre ellas se cita como “principal” la “instrumentalización de los flujos migratorios masivos”, ejecutada en la práctica a través de la “apertura de los espigones” mediante la “inacción deliberada o la facilitación logística” de Marruecos; la “utilización de la población migrante como vector de presión” y una “ambigüedad calculada” con la que “el régimen alauita elevaría la tensión y, de forma paralela, se ofrecería como el único ‘socio indispensable’ capaz de resolver la crisis, forzando concesiones económicas o políticas de la Unión Europea y de España”.

A todo ello se añaden los “bloqueos comerciales”, con el cierre “intermitente o definitivo de las aduanas comerciales, que buscaría asfixiar la economía local de Ceuta y Melilla”, la “presión institucional” y la “guerra digital y ciberespionaje”, con el “uso previo de tecnologías de inteligencia, como el programa israelí Pegasus para intervenir los teléfonos de miembros de la cúpula del Gobierno”, a modo de ejemplo.

Apoyo directo del régimen israelí al marroquí

El portavoz parlamentario de Izquierda Unida, Enrique Santiago, junto a Francisco Sierra y Fèlix Alonso advierten igualmente de que el régimen israelí ha utilizado a representantes diplomáticos y analistas de conveniencia en foros internacionales “para calificar a Ceuta y Melilla de ‘enclaves coloniales anacrónicos’, buscando equiparar la presencia de España en África con la ocupación de territorios en Oriente Próximo y deslegitimar la autoridad moral de Madrid”.

“A cambio de la normalización diplomática con Marruecos -exponen-, Israel le proporciona sistemas de seguridad fronteriza, drones de vigilancia y sistemas de defensa antimisiles de última generación, como el sistema Barak MX”, capacidades que dotan a Rabat de “medios operativos avanzados para vigilar y presionar sus fronteras”.

Así, IU plantea también directamente si “tiene previsto el Ministerio de Defensa revisar y definir una política de contratación de armamento que reduzca la dependencia de Estados Unidos e Israel” y, no sin cierta ironía, interroga sobre si “considera el Gobierno suficiente la iniciativa de la vicepresidenta de la Comisión de crear un canal en TikTok y Meta destinado a combatir la desinformación y los bulos sobre Ceuta”.

 

Calidad democrática y reformismo progresista

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La democracia como forma de gobierno atraviesa en todo el mundo un momento crítico que amenaza el futuro de la humanidad. No se trata de una crisis aislada, sino de un debilitamiento sistémico que erosiona la confianza ciudadana y pone en duda la propia legitimidad y el modelo de representación. Dos factores inciden sobremanera en este hecho: la corrupción y la crisis de legitimidad que promueven actores transnacionales como los GAFAM, conformando un triángulo perverso que amenaza los cimientos de la gobernanza, tal y como se observa con el auge de partidos de la extrema derecha. El diagnóstico de IDEA Internacional es preocupante: el 54% de los países evaluados experimentaron un descenso en al menos un factor de desempeño democrático. El Estado de derecho fue la categoría con peor desempeño, con 71 países (41%) clasificados como de bajo rendimiento, especialmente en lo que respecta a la independencia judicial. La libertad de prensa sufrió el mayor deterioro desde 1975 y no se observa políticas activas en esta dirección.

Desde el inicio de la XV Legislatura, Izquierda Unida y el Grupo Plurinacional ha venido impulsando por ello en la Comisión de Auditoría de la Calidad Democrática, la Lucha contra la Corrupción y las Reformas Institucionales y Legales, iniciativas en tres frentes estratégicos: desinformación, transparencia, y participación ciudadana.

El objetivo general desde el inicio del nuevo mandato es fortalecer el Estado de derecho, garantizar la independencia judicial, proteger la libertad de prensa y, sobre todo, combatir la corrupción con mecanismos efectivos de rendición de cuentas. En esta línea nos fijamos quince puntos de actuación:

  1. Plan Anticorrupción siguiendo las recomendaciones del grupo GRECO.
  2. Reforma del sistema electoral para una mayor proporcionalidad.
  3. Gobierno abierto y participación ciudadana.
  4. ILP de regularización y derecho a voto de migrantes con dos años de residencia en España.
  5. Promover el derecho a voto de los mayores de 16 años.
  6. Impulsar el I Plan de Parlamento Abierto del Congreso.
  7. Promover iniciativas sobre justicia y transición digital democrática.
  8. Definir un plan nacional de ciudadanía digital.
  9. Medidas de transparencia y ética en la gestión pública.
  10. Actualización del Reglamento del Congreso para regular las incompatibilidades.
  11. Constitución de una Comisión parlamentaria sobre Políticas de Comunicación.
  12. Regulación del derecho de acceso y participación de la ciudadanía según el artículo 20.
  13. Supresión de las medidas lesivas de la Ley Mordaza.
  14. Regulación del Derecho a la Comunicación.
  15. Y medidas contra la desinformación y en favor de la calidad de la esfera pública de conversación democrática.

La Presidencia de la Comisión, bajo dirección del PSOE, se ha centrado hasta la fecha en la ponencia sobre medidas contra la desinformación y, en la actualidad, se está trabajando sobre el I Plan de Parlamento Abierto.

Izquierda Unida ha liderado todas las iniciativas en los ejes reseñados de medidas contra la corrupción, democratización informativa y transparencia.

JUSTICIA Y LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN

Uno de los ejes apenas objeto de discusión en la Comisión, pero presente en las PNLs y debates plenarios cuando han tenido lugar comparecencias sobre participación, ha sido especialmente la política de adopción de medidas preventivas contra la corrupción. A iniciativa de nuestro portavoz, Enrique Santiago, IU ha avanzado tres líneas de actuación asumidas en parte por el Ejecutivo:

  1. Actualización del sistema de acceso a las carreras jurídicas del Estado (judicial, fiscal, abogacía del Estado) eliminando cualquier factor de discriminación económico y social en el acceso para garantizar la independencia del poder judicial.
  2. Incremento de la eficiencia de la administración pública de Justicia dotando los recursos necesarios para satisfacer las necesidades de la sociedad española.
  3. Modificación del Reglamento del Congreso para regular los grupos de interés y establecer medidas de sanción y control de los representantes a fin de garantizar la ejemplaridad y virtud de los diputados en su trabajo legislativo.

Estas y otras medidas son, estructuralmente, necesarias pero no suficientes en sí mismas. En línea con la tradición emancipadora de la que Izquierda Unida es deudora, el último año de legislatura el grupo parlamentario deberá avanzar en las políticas de profundización en la  democracia participativa, a fin de proseguir, en una lógica reformista de progreso, propia del Estado Social y de Derecho, el cumplimiento del I Plan de Parlamento Abierto y propuestas de mejora de la ley que regula la Iniciativa Legislativa Popular, así como otras medidas complementarias sobre las Comisiones de Nombramientos o el Estatuto del Diputado. Es la única garantía de restituir el principio de confianza, clave para toda mediación política.

DEMOCRACIA INFORMATIVA Y DERECHO A LA COMUNICACIÓN

Las políticas de Estado en materia de comunicación en España son una asignatura pendiente de nuestro sistema democrático. En la cámara legislativa no existe una comisión que aborde cuestiones sustantivas en la materia y, a diferencia de los países de nuestro entorno comunitario, no hay siquiera una autoridad específica que garantice el espíritu de la ley y la Constitución en su artículo 20. A fin de avanzar en superar este déficit democrático, desde el grupo parlamentario hemos presentado más de diez iniciativas parlamentarias en esta dirección. Cabe destacar entre otras las siguientes propuestas:

1. REGULAR LA PUBLICIDAD INSTITUCIONAL. El Reglamento Europeo sobre la Libertad de Medios de Comunicación (EMFA) requiere de la reforma de la actual ley de publicidad institucional para adaptarla a los medios digitales garantizando mayor transparencia y proporcionalidad. Según el Media Pluralism Monitor Report 2024, España es el Estado europeo en el que los medios son menos transparentes, solo por delante de Chipre y Hungría. Tenemos una situación de absoluta discrecionalidad en la asignación de la publicidad institucional que nos sitúa en formas tradicionales, propias del siglo XIX, como los llamados fondos de reptiles que están en el trasfondo de las cloacas del Estado en los casos que ocupan la conversación pública impulsada por medios subvencionados como OK Diario o The Objective. Frente a la actual arbitrariedad de gobiernos como el de la Comunidad de Madrid, nuestro grupo ha liderado una propuesta en el Plan de Acción para la Democracia que respete los principios de equidad, transparencia, pluralismo y proporcionalidad con criterios objetivos evaluados y monitoreados por organismos independientes de autorregulación y corregulación en línea con lo establecido por la EMFA.

2. CREAR UNA AUTORIDAD INDEPENDIENTE EN COMUNICACIÓN. El pluralismo de mercado sigue siendo la mayor preocupación sobre los medios en España, llegando a un nivel de riesgo del 75%. El Reglamento Europeo sobre la Libertad de Medios de Comunicación exige la Creación de un Consejo Estatal de Medios de Comunicación independiente. La CNMC no cumple con los requisitos de independencia exigidos en el Reglamento Europeo al ser el gobierno el que nombra a sus miembros. Es, de facto, un organismo gubernamental. Además la CNMC solo tiene competencia sobre los medios audiovisuales y el Reglamento Europeo exige que sus competencias se amplíen a la prensa escrita en cualquier soporte. Con esta iniciativa de regeneración se garantizaría el acceso a la sociedad civil (sindicatos, asociaciones de consumidores y usuarios, grupos de telespectadores, etc.) cumpliendo con lo establecido en el Artículo 20 de la Constitución.

3. FOMENTAR Y PROTEGER LOS MEDIOS COMUNITARIOS. Nuestro ordenamiento jurídico sigue sin dar amparo a los llamados medios del Tercer Sector Audiovisual. El derecho de acceso y de socialización del poder de informar no cuenta con una política pública de financiación y soporte de los canales radiotelevisivos sin ánimo de lucro que cumplen una función vicaria estratégica para el desarrollo de la conversación pública. Desde Izquierda Unida se han presentado propuestas de regulación y financiación con fondos públicos de esta realidad.

4. PROMOVER MEDIDAS PARA LA DIGNIFICACIÓN Y MEJORA DEL TRABAJO PERIODÍSTICO. El intrusismo, la precarización y cooptación que sufren los profesionales de la información en nuestro país es un problema neurálgico para la calidad del ecosistema informativo. Pero a diferencia de otros estados de nuestro entorno, España sigue sin regular aspectos sustantivos como el secreto profesional, el derecho de rectificación además de la norma lesiva de la Ley Mordaza que afecta a la labor de los periodistas. En esta línea, hemos liderado la totalidad de las propuestas registradas en la legislatura para avanzar en este ámbito demandado por FAPE y Sindicatos de Periodistas.

Eco y resonancias

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El pasado mes tuvo lugar un maratón-homenaje dedicado a Umberto Eco, con motivo del aniversario de su fallecimiento. La ocasión apenas trascendió en los medios, presos de la histeria informativa y las fuerzas centrífugas de control del acontecer social, con las que se suele imponer la narrative de la inanidad.

Hoy que se da una malversación del lenguaje en la pospolítica y se corrompen las palabras y la ética pública con el despliegue del trumpismo mediático, volver a recorder a Eco tiene, permita el lector el juego de palabras, una nueva resonancia.

La retórica de Milei puede, de hecho, ser mejor diseccionada con el célebre artículo del maestro de la semiótica sobre el fascismo. Y ahora que se rememora su figura conviene recordar su compromiso con el PCI, sus exploraciones creativas en la RAI, la crítica del despojo y la deconstrucción de los que Deleuze definía como discursos imbéciles tejidos con verdades bajas, además del cultivo del humanismo y las humanidades que hizo a lo largo de su obra en toda su extensión.

Ante la pérdida del sentido del trumpismo mediático, es hora de vindicar quien tanto cultivara el amor a la palabra y el libro. Nos lo debemos, si somos del orden de la autonomía y no de la consigna de la obediencia debida. El acto sin relato, la precariedad de la representación, con la consiguiente desafección política, proyecta una simbología extrema gobernada por los capataces del bullying.

La vocación publicitaria y su régimen de validación por repetición o pura redundancia configura asi un submundo hermético, la lógica burbuja, impenetrable a todo esfuerzo de argumentación racional. En cierto sentido, el trumpismo —o el mileismo— es una suerte de milenarismo, una teodiceca política de lo peor, que activa la reacción del malestar social como una rebelión contra toda revolución.

El enmascaramiento de las derechas alternativas o ultramontanas tienen, en este sentido, la virtud de dislocar, via usurpación del dominio común del lenguaje, el ágora democrática, negando, sistemáticamente, el principio de igualdad. Cuando todo es impostura (gesto, pose o modulación) en el discurso público, posicionarse pasa por deconstruir la reificación de la imagen congelada en nuestras pantallas y activar la memoria.

Hablamos de la batalla cultural contra la sinrazón como razón de la desafección y la irracionalidad objetiva. Y, por lo mismo, recordamos a Eco y las resonancias que nos evoca ante la impotencia misma del objeto cultural libro y de la palabra; de la huella como ausencia y presencia; del sonido y del silencio; de la evocación y provocacion interpelante; de la ambivalencia y las contradicciones del lenguaje y los referentes, hoy que lo literal es letal, y la palabra vacilante, titilante, negación de lo posible.

Esto es lo verdaderamente inédito, no tanto la crisis de representación de la que venimos hablando con motivo del giro linguistico, como de la ausencia misma de signifcación y sentido común que opera en lo mediato con nuestro legado cultural.

La velocidad de escape del turbocapitalismo anula la capacidad de pensar y decir imponiendo el opacamiento generalizado políticamente, el absurdo delirante configuracional. Y eso no cabe olvidarlo, como tampoco el ejemplo que nos brindó en persona en su visita a Sevilla el autor de El nombre de la rosa.

Pocos años antes de su fallecimiento, tuve el honor como decano de proponer el Doctorado Honoris Causa por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. No todos conocían lo que Eco ha supuesto para el campo de estudios de medios en todo el mundo, y menos aún el interés de nuestro homenajeado por la ciudad de Sevilla, capital del imperio del periodo histórico que mejor conocía.

Recuerdo que algunas autoridades académicas me cuestionaban si iba a venir, dado que ya tenía un innumerable listado de doctorados honoris causa. Y, de hecho, la primera fecha cerrada con su secretaria tuvo que suspenderse por enfermedad, con todo lo que ello implica para un acto protocolario de tanta importancia en la Universidad.

Pero yo sabía que Eco amaba Sevilla y no por amistad, que no la tenía. Mi relación con él no pasaba de ser la de un mero lector y estudioso de su obra semiótica y de haber asistido a varias conferencias que impartió en la Universidad Complutense de la mano de su discípulo, Jorge Lozano.

Pero tenía consciencia de su interés por la cultura hispalense. De hecho, cuando confirmó la aceptación del Doctorado Honoris Causa, solo me puso una condición: quería conocer la Biblioteca Colombina de primera mano. Y así hicimos. Durante tres días, los paseos por la ciudad, almuerzos y charlas informales fueron todo un descubrimiento, al igual que compartir estancia con el personaje.

Primero, me sorprendió su gran humanidad y el sentido del humor, muy irónico, socarrón y similar al humor negro granaíno de quienes compartimos la cultura de la malafollá. Y, lo segundo, era su conocimiento continental de la historia y el patrimonio monumental de la ciudad. Nos dejó perplejos a todos.

Por aquel entonces, Eco ya tenía numerosos achaques de salud, principalmente gota y, supongo, problemas de azúcar, pero con humor decía que, dado que no viajaba su esposa y estaba libre de cuidados, podía tomar un guisqui de más. Y así hicimos para que conociera la gastronomía local, aunque ya había visitado la ciudad anteriormente, y cumplir con los pequeños placeres del paseo, cual flaneur, entreverada por la conversación.

Como pueden suponer, y tratándose de Eco, todas las instituciones culturales de la ciudad colaboraron, y nos programaron visitas reservadas tanto en la catedral como en la Biblioteca Colombina. Imaginen lo que ello significaba para un amante de los libros como Eco, que terminó por ser nuestro guía, con grata sorpresa de la directora de la biblioteca, que tuvo a bien regalar algunas réplicas del fondo.

La visita fue toda una lección de historia del libro, de las Américas, del archivo de Indias, en fin, de todo lo que un bibliófilo experto como Eco nos aportó con su honda sabiduría y erudición. De ello quedó constancia en el curso que organicé con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) sobre Comunicación y Barroco, patrocinado por Focus Abengoa, donde también intervinieron referentes del pensamiento como Roger Chartier.

En ese curso, Umberto Eco hizo una intervención memorable sobre Enciclopedia barroca y la actual enciclopedia digital. Corría el año 2010, y todavía existía prensa local de prestigio que se hizo eco a diario de la visita del gran maestro.

Días de confidencias, aprendizajes, diálogos y descubrimientos que, para la comunidad académica de la Facultad de Comunicación y la Universidad de Sevilla, pueden calificarse de un hito histórico. Doy fe de ello y, personalmente, puedo considerar el encuentro una de las experiencias más enriquecedoras en mis más de treinta años de actividad académica.

Eco resultó tan solícito, cercano y comprometido con la ciudad y con quienes, como académicos, organizamos su visita que no podía concluir su viaje sin un recuerdo de su estadía en la ciudad. Y francamente no era fácil. Como bibliófilo, sorprenderle era materialmente imposible, y ya había guardado algún incunable de la Colombina. Y un presente de la cultura propia, cerámica o giraldillo, no procedía en su caso.

Así que, dado que la Universidad no contemplaba presentes por protocolo, procuré por mis propios medios un cuadro de Santo Tomás. Una pieza antigua que Eco no quería aceptar porque era consciente del alto valor económico y simbólico, y que finalmente logré que llevara para formar parte de su gran biblioteca personal.

No volví a conocer alguien tan humano, sabio, con un sentido del humor tan lúcido y creativo como él. Si acaso su colega y amigo Paolo Fabbri, a quien recibí siendo presidente de la Fundación Fellini y que añadía a las virtudes de su maestro un hondo sentido de la cultura popular como buen vivir.

Historias, recuerdos, en fin, que sirven para no olvidar que, en tiempos de silencio y de tinieblas, en horas tan atribuladas y terroríficas como estas, la máxima o principal resonancia que aprendimos de los grandes maestros como Eco es justamente que nada de lo humano nos es ajeno y que es preciso para ello aplicar el principio ético de Sabere Aude. Este es el reto civilizatorio que está en juego en tiempos de brutalismo mediático.

Raro, raro, raro

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La era del silicio impone una estricta economía de la geofísica de la información y, en tiempos de Trump, una geopolítica del despojo, campañas de exploración de tierras raras que actualizan el realismo capitalista en forma de tiempo enrarecido, extraño, enajenante y también de captura de los restos de la era del carbono. La elegía satírica de la novela “Al límite” de Thomas Pynchon (2014) retrata con maestría las formas históricas del viejo y nuevo materialismo, sus enclaves sociopolíticos y la base científica que lo sustenta, léase “Contraluz” (2010), los hilarantes episodios de la II Guerra Mundial descritos en su obra maestra “El arco iris de gravedad” (1973) o cualquier medio serio como El Jueves, porque solo el humor nos puede hacer libres y mostrar la verdad en el mundo al revés del orden reinante. Cuando la realidad parece ficción, la escritura literaria nos cuenta lo que los cuentos informativos no cuentan, por ejemplo, describiendo el contexto de los retos por venir.

Decía Jesús Ibáñez que la mejor prospectiva social es las que nos ofrecen las novelas de ciencia ficción, donde podemos secularizar la imagen operativa y las metáforas de la materialidad geológica en medio de la descomposición del mundo. Podemos por ejemplo poner el foco en el sistema de relaciones que da continuidad a las investigaciones de la energía nuclear con el complejo industrial militar del Pentágono y la red de intereses materiales que van de Venezuela a Sudáfrica, de Nueva York a Finlandia, de Argentina y Bolivia a Groenlandia. Lógicamente, no viene al caso explicar los tropos, recursos sintácticos, estructuras narrativas y constructos literarios de la literatura cyberpunk o de las novelas de Pynchon, porque lo verdaderamente importante, aquí y ahora, es cómo nos ayudan a penetrar, con ojo avizor, el tupido velo de la desinformación y las opacidades del poder de comando informacional. Pensar, en suma, la cultura matricial del oculocentrismo, la óptica y mediación del espíritu de este tiempo que conecta, en red, el trabajo y los medios, la proyección imaginaria de las fantasías electrónicas y la transformación del hábitat, las mutaciones tecnológicas y el extractivismo del medio ambiente natural, para una crítica de la economía política en tanto que ecología política de la comunicación de los nuevos bárbaros que habitan en la Casa Blanca.

La acción de “Al límite”, la novela del mejor escritor estadounidense de la segunda mitad del siglo XX, es sin duda alguna una muestra reveladora del mapeo necesario en esta línea de las cartografías del complejo sistema de interconexiones del capitalismo maquínico. La novela transcurre en la ciudad de Nueva York durante el año 2001. Describe, no casualmente, el período que va desde la crisis de las puntocom hasta los atentados del 11 de septiembre. Los personajes de la novela participan de una trama de delitos económicos, empresas de seguridad informática, servicios secretos como el Mosad, y la producción de un videojuego y sistema de programación ultramoderno, que en cierta forma es también protagonista de la novela. Pues DeepArcher, el juego de realidad virtual que motiva la cadena de asesinatos, es similar a Second Life, uno puede tranquilamente «vivir», pasear, comprar o mirar donde no hay nada especial que hacer: un «lugar», en fin, desmaterializado, que despliega una serie de sucesos por apropiarse del código y del capital económico en el trasfondo de la cultura del videojuego.  Discursivamente, la trama nos enfrenta al viejo y nuevo mundo del capitalismo. Pero, como los personajes de Al límite, en la era del juego, y la gamificación, parece que el personal no se entera o no es consciente de lo que está en juego, o, peor aún, no quieren saberlo, no vaya a ser que la narrativa monocorde, como decía Peter Walkins, nos falle con un final infeliz.

Las lecciones de Thomas Pynchon al respecto son clarificadoras. Frente a cierta lectura idealista sobre el goce en las nuevas formas de comunicación de la era digital, la concepción materialista de la cultura exige, en nuestro tiempo hipermediatizado, una consistente interpretación que haga comprensible las contradicciones de estas prácticas culturales en el marco de la cuarta revolución industrial. En la era postmedia del ocio expandido, el reino de lo extraordinario y de lo espectacular integrado capturan y subsumen la creatividad como exigencia primordial de la acumulación por desposesión  en una suerte de dominio de la máquina de guerra. En el caso de la novela, los crímenes y delitos económicos son asociados a la apropiación del excedente de los silicon valley boys cuyos amplios márgenes de beneficio terminan teniendo altos costes socioambientales. El negocio de la realidad virtual plantea pues interrogantes fundamentales como paradigma de la necesaria reconstrucción del nuevo materialismo del encuentro, no solo por su relevancia como sector económico sino también justamente por participar de la estrategia de ocultamiento que requiere el proceso de despojo del capital en su guerra abierta contra los pueblos y la humanidad. En este marco, la subordinación y gregarismo de la UE produce vergüenza ajena. Además de seguir los lineamientos de los GAFAM, y de la OTAN, la vindicación de la autonomía estratégica y la soberanía digital, proclamadas por los cómplices del genocidio en Gaza, resulta cuando menos ridícula mientras se multiplican suculentos contratos millonarios con Lokhead Martin, Northrop Gruman, y General Dynamics, las mismas empresas que promueven la guerra en Europa y América Latina, facilitando la espiral del disimulo de Wall Street interesados tanto en la innovación tecnológica como en los negocios de la reconstrucción, tras la destrucción creativa, sea modo resort o simple infraestructura civil.

Sabemos que, ante la barbarie, el acero voz, la voluntad expresa contra el poder instituido en un mundo sin aurora ni horizonte histórico perceptible es no solo pura heroicidad, también algo suicida. Pero nos queda siempre la esperanza, que es el consuelo de la lucha. A decir de Pasolini, el consuelo de saber luchar para mirar de frente a la realidad. Y no es poca cosa en tiempos de bulos y disimulos, más mulos que otra cosa. La virtud, en fin, de la pa/ciencia y la dignidad contra el poder destructor de la megamáquina del capital siempre es una potencia superior a toda virtualidad que nos quieran vender como realidad paralela. Las lecciones de la historia así lo demuestran. Dicho esto, ya va siendo hora, por cierto, de poner nombre y apellidos, negro sobre blanco, a los nuevos robber baron. La literatura es solo un mero ensayo para ello.

Cumbres, nubes y tinieblas

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Estos días que pasan hemos ido de Cumbre en Cumbre sin respiro ni conciencia, imbuidos en la actualidad informativa que todo lo devora y acelera, sin que la inercia de las noticias despejen nuestra visión del horizonte entre tinieblas. De la Cumbre de Ginebra para tratar en el seno de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) la expulsión de Israel —como correspondía estatutariamente— del Festival de Eurovisión hemos pasado a la VII Cumbre Transatlántica, un encuentro que ha reunido a dirigentes políticos, líderes cívicos y especialistas convocados para debatir sobre los desafíos actuales del ejercicio de la libertad de expresión en el que se nos emplaza a pensar la falsa dicotomía “Libertad de expresión vs. discurso controlado”.

Digo «falsa», y a todas luces, porque no hay garantía alguna en democracia que no sea la ley que protege y ampara derechos, pero los Patriotas de pulserita, el grupo parlamentario organizador, trabajan para el capitalismo corporativo de los GAFAM, los que dicen quién habla y quién calla; quién tiene alcance con su mensaje y quién no; qué medio local tiene seguimiento y quién ha de permanecer en la penumbra y el naufragio de los buscadores teledirigidos. Un despropósito, coincidirá conmigo el lector.

Y es que, entre la Cumbre de Ginebra de la UER, esta reciente y la polémica de las Jornadas de las Letras de Sevilla, organizadas por la Fundación Cajasol, parece que nos enfrentamos a una pandemia de encumbrados sin sentido, por no decir —como en mi tierra— que vivimos rodeados de peligrosos tontopollas y cipotones que andan sueltos con permiso para circular sin restricción alguna, hablar de forma incontinente e incluso escribir tonterías para uso y consumo del personal. Todo un problema de intoxicación del medio ambiente, de salud pública, diría un seguidor de Robespierre.

No es para menos. Que un ultra pinochetista clausure la conferencia de los vendepatrias trumpistas es tanto como invitar a Millán Astray a que diserte sobre la importancia de la ciencia en el desarrollo nacional o a un obispo a que exponga a sus feligreses las bases de la Teoría de la Evolución. En fin, el mundo al revés.

Los liberticidas abogando por la dictadura de los neofascistas de Silicon Valley en nombre de la libertad. Como sentenciara Marx, la primera libertad de prensa consiste en no ser una industria. Pero no cabe en su imaginación tal premisa.

Elon Musk lo tiene claro y nosotros debiéramos también saber, a estas alturas, a qué estamos jugando con la desinformación, que no es otra cosa que un negocio que renta. Si algo deja claro esta cumbre y la de Ginebra es que debemos dar la batalla ideológica contra el secuestro de la libertad de prensa por la libertad de empresa de los enemigos de la palabra de todos. Por la democracia, por la comunicación, que es del orden de lo común.

Una palabra —lo común—, innombrable y diríase que incomprensible para quienes, como los directivos de la UER, dicen trabajar por la cooperación y terminan por dilapidar el capital simbólico y prestigio del principal evento paneuropeo de televisión, el festival de la canción, por los intereses creados del lobby económico.

En otras palabras, la reciente resolución de la Asamblea de la UER ha resultado una farsa y un despropósito que deslegitima la organización, el Festival de Eurovisión y el papel de las radiotelevisiones públicas de algunos países que raudo expulsaron a Rusia con motivo de la invasión de Ucrania y hoy deciden mantener una delegación sionista, progenocidio y criminal en medio de la matanza que no cesa de víctimas civiles por el Gobierno de Netanyahu.

Ganan, en suma, la impostura y la corrupción moral. Se vulneran los estatutos, se acentúa la crisis reputacional, se minusvaloran las protestas ciudadanas de las audiencias europeas, mayoritariamente en contra de la participación de Israel, y se engaña a la opinión pública con un falso alto el fuego y soluciones de maquillaje como revisar el sistema de votación, «reforzar la confianza del certamen», incluyendo medidas para desincentivar campañas externas de voto manteniendo mitad jurado profesional y mitad público, pero con salvaguardas adicionales.

Esto es, para los responsables de la UER nada ha sucedido de un tiempo a esta parte. El show continúa. Las mujeres, niños y civiles asesinados deben dejar paso a los focos y espíritu celebratorio del festival. No he visto mayor indignidad en mucho tiempo. Tanto que parece claro que, tras Ginebra, solo tenemos dos alternativas posibles: refundar la UER relevando a los responsables de este despropósito al frente del Festival y la gestión institucional o salir de este organismo en franca decadencia y crear un espacio que cumpla los principios fundacionales que dieron origen al Festival de Eurovisión.

No estaría de más que RTVE lidere, con otras televisiones públicas, un festival como el Benidorm FEST en defensa de la paz, reforzando su papel de puente con nuestros espacios geoculturales de referencia: sea el Mediterráneo o Iberoamérica.

En los tiempos que corren está el de Air Force One, perdido por las nubes, los encumbrados sin sentido y la multitud que reclama derechos y libertades, en Minneapolis o en España, enfrentados a la dialéctica televisión y cultura o barbarie.

Algo similar a lo acontecido en Sevilla con el escritor de la RAE, incapaz de asumir el error —o, más bien, obcecado en su modus vivendi de las anteojeras ideológicas—, tratando de zanjar la polémica con una tribuna en El Mundo, lo que ya dice todo.

No, señor Pérez-Reverte, ni rigor, ni diálogo, ni metódico ni guerra que seguimos perdiendo. La única guerra que se ha perdido es la suya propia y la escasa credibilidad que piensa que atesora entre exabrupto y chascarrillos de cuñado de saldo.

Y permita el lector que lo argumente, en primera persona, puesto que fui uno de los contactados para debatir con Espinosa de los Monteros y tuve a bien declinar desde el principio tal propuesta, por tres motivos que parece que el Alatriste sigue sin alcanzar a entender.

Primero, el título no solo resultaba ofensivo, a lo Pio Moa y su rigor mortis, apelando al cainismo hispánico atrabiliario, sino lo que es peor, con ello se fijaba un framing más que definido y tendencioso. El encuadre de las jornadas era, es y será —puesto que amenaza con persistir en el error— manifiestamente revisionista. Muy propio de los tiempos trumpistas que vivimos.

Segundo, la falsa pluralidad del programa, en género e ideología, con presencia mayoritaria de criminales de guerra, sionistas manifiestos y voces que nada tienen que decir ni pensar en público sobre la cuestión, no invitan precisamente a debatir sino a todo lo contrario.

Si el rigor es para el académico de El Hormiguero básicamente espectáculo o pura provocación, está todo dicho. Ahora bien, el pluralismo no se alcanza con poner a un fascista declarado a farfullar e invitar a un diputado de IU en minoría. El pluralismo es también social y, además de políticos y escritores afines, debiera haber pensado en invitar al movimiento memorialista y las víctimas del golpe de Estado y el genocidio franquista.

Y, por último, no cabe asumir una invitación malintencionada como esta en los momentos que vivimos por un sentido inapropiado de la oportunidad histórica de un encuentro en medio de la emergencia neofascista que por miopía intelectual o vanidad extraviada no alcanza a reconocer, previsiblemente porque padece lo que Vázquez Montalbán denominaba «franquismo sociológico».

Y claro, termina por mentir hasta el aburrimiento, sobre el cartel y sobre el motivo de la cancelación que atribuye a la ultraizquierda. Hemos de inferir, con su razonamiento, que Espinosa de los Monteros es un modélico conservador y quienes cuestionamos tal desaguisado, unos ultras.

Pero es justamente al revés en el mundo alterado que sufrimos por el principio de inversión semiótica. Supongo que sabrá lo que es, si ha leído a Umberto Eco, o algo de semiótica conocerá, que para algo es académico de la Lengua. El próximo 19 de febrero, por cierto, celebramos el aniversario de su fallecimiento.

Tuve el honor, como decano de la Facultad de Comunicación, de proponer y presidir su doctorado honoris causa por la Universidad de Sevilla. Podría haberse ocupado de ello hablando de letras en Sevilla. En cualquier caso, haría bien el fabulador de cancelaciones que cuando trate el golpe de Estado y la Guerra Civil no sea tan elitista, desenfocado y altanero y convoque a víctimas y movimiento memorialista si alguna vez le da por escuchar y aprender, y trata de pensar por qué la mayoría social ha cuestionado con tanta indignación un programa tan penoso.

De momento, sigue en sus trece. No esperaba menos de tanta obcecación. Pero cabe preguntarse si esto de los encumbrados tontopollas sin sentido, en realidad, de tonto no tienen ni un pelo, que más bien tienen claro a lo que juegan. Solo se me ocurre aplicar las lecciones del sabio de Tréveris y observar por dónde fluye el dinero: sea para vender libros, hacer negocios con las Big Tech o favorecer los intereses rentistas del capital financiero especulativo que también cotizan al alza a golpe de click.

La realización del valor no es posible sin desvalorizar el sentido común o los bienes públicos, sin intoxicación, sin desbrozar el camino de leyes que regulan los derechos y las libertades públicas de todos. Y en esa fase estamos, volviendo a los tiempos que tanto gustan al escribidor de arrojados caballeros y ejércitos imperiales, hoy mutados en pioneros del tecnofeudalismo.

El periodismo que viene

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Que el ecosistema informativo ha de reconfigurar su organización y modelo operativo es una sentencia ampliamente compartida por la profesión y el sector desde hace tiempo. La automatización iniciada en muchas redacciones ha llegado para quedarse y revolucionar, disruptivamente, las formas del oficio, como antaño el ordenador —lean a Anthony Smith— vino a alterar el proceso de producción de información tanto artesanal como industrializado.

La IA no es, en suma, como estamos viendo, un fenómeno coyuntural ni secundario. La propia cobertura del secuestro del presidente Maduro ilustra la importancia que adquiere, en la instrumentalización bélica de la propaganda, la producción de imágenes y textos ex profeso.

Nuestras democracias y la propia economía de medios están inexorablemente emplazadas a pensar y definir qué hacer y sobre todo cómo organizar el sistema informativo ante este panorama futurista de la hipermediatización. Los efectos de la implementación irreflexiva de la IA así lo aconseja cuando se extienden los procesos de desinformación, sesgos, opacidades, inseguridad, dependencia y manipulación de la audiencia y de los propios periodistas.

En este horizonte, las empresas periodísticas han de impulsar institucionalmente la I+D+i, desarrollar laboratorios de experimentación, impulsar la accesibilidad y control interno, la dialogía de cocreación con el público, la exploración de nuevos formatos.

Y el legislador regular en defensa de los derechos de transparencia, autonomía y formación de la ciudadanía. Más allá de la ética y deontología profesional, es necesaria la implementación de normas que den certidumbre, garantías jurídicas sobre usos, desarrollos y estándares técnicos. En juego está la redefinición de la relación periodistas/medios y audiencia y la organización equilibrada de la estructura de la información.

Existen, de facto, ya varias propuestas de regulación frente al aceleracionismo tecnológico que buscan equilibrar la innovación y el control social, los riesgos sistémicos y el trabajo artesanal frente a las amenazas de la Inteligencia Artificial generativa.

La UE ha sido la primera definir, a nivel mundial, un marco general de adaptación de la IA a la economía de la comunicación y los mundos de vida, en términos incluso de ciberseguridad. Aunque España no ha avanzado en la adaptación del Reglamento Europeo, comunidades autónomas vienen desarrollando iniciativas como el Programa de Aceleración de ZIUR en Guipúzcoa para adecuar las empresas tecnológicas en materia de ciberseguridad.

Las auditorías, evaluación continua y verificación de contenidos va a ser una norma común en todas las empresas de producción de contenidos, esperemos que obligatoriamente, o el peligro es debilitar la confianza en nuestros sistemas de representación no tendrá camino de vuelta.

Lo hemos visto con la proliferación de los charlatanes de feria —autodenominados sospechosamente, influencers— en la red. Son, sin embargo, escasos los proyectos dirigidos a la ciudadanía digital, las propuestas orientadas a reducir las brechas tecnológicas y cognitivas que determinan la desigualdad en el acceso incluso a recursos básicos como los procedimientos de la Administración pública.

No hablamos de simple transferencia tecnológica que el ministerio de Oscar López lo ha hecho con creces, si pensamos en la pequeña y mediana empresa y en el sector de la comunicación, sino fundamentalmente de los derechos digitales. Precisamos urgentemente marcos regulatorios que ponderen los impactos sociales, los efectos cognitivos y medioambientales del entorno o ecosistema cultural por los que grandes corporaciones como Google y sus agregadores de noticias socavan aún más el principio de pluralismo interno y la diversidad de contenidos, enfoques y conocimientos en la galaxia Internet.

El control democrático y la reapropiación social de herramientas como la IA no se garantizan con programas formativos como el proyecto HAZ de RTVE PLAY. Es preciso diseñar plataformas digitales de dominio público y procesos y dispositivos de fiscalización democrática del proceso de automatización hoy por hoy dominado por las grandes big tech.

La comunicación es un bien común y, en consecuencia, todo proceso informativo debe ser objeto de deliberación, intervención y escrutinio público por la sociedad civil y el Estado, si hemos de garantizar la transparencia algorítmica frente a la actual concentración de datos en manos de los GAFAM.

Un periodismo sin directrices para la implementación socialmente responsable de los nuevos sistemas expertos de IA generativa es dar vía a una política de vulneración sistemática de los derechos humanos y las libertades públicas.

Existen, bien es cierto, buenas prácticas de adaptación y desarrollo de las nuevas herramientas de automatización para hacer sostenible financieramente los medios periodísticos, cada día más dependientes de las grandes plataformas de Silicon Valley, pero falta estrategia, política de Estado y voluntad transformadora tanto de los actores clave del sector comunicacional como de los Estados miembros de la UE.

Un reciente informe del Consejo de Europa revela que, pese a la oportunidad de nuevas fuentes de ingresos para una mayor autonomía informativa, tal y como establece el Reglamento de Libertad de Medios recientemente aprobado, la innovación y adaptabilidad de la industria periodística es más bien baja, los esfuerzos de capacitación de los profesionales en la actualización de sus competencias ante los nuevos modelos de negocio irrelevante, y la colaboración en red con otros actores y la propia audiencia prácticamente inexistente. Prevalece una concepción decimonónica de autorregulación —en el mejor de los casos, cierta transparencia sobre usos de imágenes de IA y donaciones—. Y poco más.

El resultado, como pueden imaginar, es el que conocen: un periodismo atlantista propio del clima de guerra fría, rehén de las corporaciones que nos han declarado enemigos, con discursos sobre el peligro del oso de Moscú mientras Trump somete a medios autóctonos, periodistas estadounidenses y cadenas de distribución a la versión rancia y chata de la Casa Blanca.

En lugar de un periodismo de excelencia, el periodismo que viene se asemeja más a un trasunto de la prensa amarilla y de partido, preindustrial, propagadora de bulos, montajes y falsas noticias que se traducen en campañas de linchamiento mediático y sabotaje de las instituciones democráticas.

La potencia de esta deriva ha alcanzado tal grado que ha penetrado incluso la propia Comisión Europea y nuestro sistema mediático desde principios del presente siglo. El alud de programas, reportajes, espacios y redes de desinformación es tan intensivo que para secuestrar a un presidente electo no precisan siquiera mentir: basta con enarbolar el poderío del Pentágono en forma de guerra de las galaxias. El imperio siempre ataca dos veces.

Hay quien argumenta que vivimos una situación semejante a la guerra sucia de Reagan contra Nicaragua. Quizás nunca dejamos de estar en ese tiempo informativo de las operaciones encubiertas. Mientras nos asustan en Europa con la amenaza de Putin y sus actuaciones entre bambalinas con la ciberguerra, la campaña de Trump y el muro de Wall Street avanza posiciones y somete a Europa a la humillación, la dependencia y la irrelevancia a todos los niveles y en todos los frentes culturales —el informativo, desde luego—, con cipayos incluso pidiendo en redes que nos invadan.

Periodismo lo llaman. Guerra cultural, dicen otros. El caso es que la CIA y los GAFAM nos han convertido en protectorado y van camino de colonizar definitivamente el oficio según el modelo Fox News. No tenemos tiempo en esta columna de una anatomía del cercamiento informativo que sufre el periodismo patrio, pero sí señalar que la excepción es la regla de la norma comunicacional trumpista.

En términos de Brecht, estamos padeciendo severas restricciones en forma de capitalismo de vigilancia, normas SLAPP, mediawfare y la escalada militar que nos ha convertido en un triste protectorado de las inequidades imperiales. En este espectáculo circense de la guerra en directo, el secreto oficial es la cultura informativa dominante y la razón de seguridad nacional el libro de estilo con el que se quiere evitar veleidades a los Assange.

No lo lograrán. El cerco de poder financiero, instituciones judiciales y capitalismo de plataformas nunca podrá impedir el derecho a saber del público ni la entrega heroica de periodistas que saben que el mejor oficio del mundo consiste en trabajar por el bien común: los Derechos Humanos y las libertades públicas.

Maneras de vivir

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En la antigua China, todo consejero del emperador debía cumplir el principio de gobierno justo y, en consecuencia, las palabras debían significar su contenido efectivo. Pero en estos tiempos de algarabía, insultos y mala praxis periodística la política de la palabra viene determinada exactamente por todo lo contrario. El trumpismo se distingue, sobre cualquier otro rasgo característico, por la disociación cognitiva, por maneras distintas de contar lo que se vive traspasando los límites de la razón de lo que otrora los portavoces de los significantes flotantes venían explorando. Aunque la obligación de dar publicidad al contenido de la interlocución y dejar registro de la acción política es consustancial a la democracia, la charlatanería insulsa, la beatería de consumo y los discursos de saldo y ocasión se han instalado en nuestro sistema informativo acentuando las discordancias de los dichos y los hechos.

En un tiempo de bulos y desinformación, en un mundo donde a todos los niveles se generaliza la razón cínica, atender a las prácticas que acompañan los discursos es el primer paso para dejar en evidencia a los odiadores profesionales. Contra la premeditada política del opio entontecedor de las pantallas, contrario a la frónesis, frente a la contemplación del bien común como fuente inmediata de conducta, conocimiento y acción moral, es hora de vindicar la salud pública, un orden del discurso y del dominio público que cuida las formas y el sentido originario de la palabra enunciada.

La libertad política resulta de la situación y contexto histórico. Si se adultera, violenta o intoxica, la libertad es socavada. Por ello, necesitamos más democracia, y normas sancionadoras frente a los abusos de hecho. Libertad, responsabilidad y sanción como garantía contra los liberticidas que minan la confianza de la población tergiversando dichos y hechos. Se trata en fin de decir lo que se hace, hacer lo que se dice y cultivar el principio de diálogo público, como nos legó Julio Anguita, con coherencia y rigor. Otra manera de decir e intervenir públicamente antagónica a la de los que viven por encima de nuestras posibilidades, que, por cierto, no olvidemos, tienen nombre y, sobre todo, apellidos.

Decía el bueno de Juan de Mairena que el problema de España es la fragilidad de la cultura oficial. Un país con una derecha atrabiliaria, un líder de la oposición cansado de repetir lo mismo, en lo que no cree, una izquierda dividida y titubeante y una monarquía corrupta y en huida o caída libre, da para cualquier cosa. Por ello, precisamos fortalecer las instituciones democráticas ante aquellos que están enrocados en la lógica destituyente, sea para invalidar la ley Montoro (la relación inversamente proporcional entre riqueza y transparencia), para combatir el despojo de la oligarquía económica que, por sistema, oculta los intereses y manejos de la acumulación por desposesión o, simplemente, para poner en evidencia la ley de la dominación (la relación directamente proporcional entre la violencia del discurso contra toda regulación y la corrupción sistémica que se alimenta de la nostalgia de la cultura del estraperlo). La misma del rey emirato, que acaba de publicar sus memorias, y tararea suspiros de España, con la impostada reacción de la prensa escandalizada que siempre colaboró en imponer un tupido velo en torno a las fechorías del campechano. Todavía hoy no desclasifican los papeles del 23F que retratan a la corona como lo que es: fascista y contraria a la democracia. Ya lo dijimos cuando nadie se atrevía a hablar. No hay reconciliación posible, la monarquía es una porquería. Y los Borbones, la Casa Real, una cueva de ladrones que ha enmierdado por siglos España. Conviene recordarlo cuando todavía hay quien se altera por una portada de El Jueves o por el grafismo de programas como Cachitos de Plata y Cromo. Ante la crisis institucional de la corona y los comisionistas que viven a expensas del erario público, la pulsión plebeya ha dictado sentencia. Se acabó. Los tiempos del singular en primera persona, de la hermandad de la saca, la retórica grandilocuente de los vendepatrias y expropiadores de lo común que hablan de infierno fiscal mientras viajan a Ginebra, o trabajan para los grupos del IBEX35 de espaldas al escrutinio público, ya no cuela. Y por más que se empeñen los amigos de Milei, los de la libertad retrocede, en ocultar las fechorías anulando toda fiscalización, de Baleares a Andalucía, la pulsión plebeya anuncia movimientos tectónicos. La sociedad civil organizada no va a cesar de exigir sistemas de información públicos, registros de los grupos de interés y gobierno abierto. Mientras, los de siempre, abonados a la escuela austriaca, quieren, como el trumpismo, socavar el dominio público de la información institucional. Se creen, como Milei, los listos o avispados de la turma. Pero no pasan de giles. Como demostrara un sabio amigo, a un pendejo se le reconoce porque va de listo, no es consciente de su estupidez supina, y no resulta más que un cantamañanas a lo Frigodedo, que no sabe del frío ni de la intemperie pues siempre se lo lleva calentito, y tiene la desfachatez, a lo Martínez el Facha, de no dejar de señalar al adversario. Pero, hete aquí, que la estulticia es del orden de la avaricia. Y, por fortuna, la teología política de la imbecilidad no se sostiene en el tiempo.La verdad del ser humano, sentenció Juan de Mairena, es la tontería inagotable y en algunos casos, como la derecha ultramontana de este país, agotadora. Pero la ilustración oscura no es ilimitada ni sostenible en la democracia deliberativa, no puede perdurar sin dominio público, ni el debido respeto o cuidado del ámbito de lo común, aun considerando el eco y alcance que aparentan tener en la calle.

Decía Pierre Bourdieu que el Estado es la base de la integración lógica y de la integración moral del mundo social y, por lo mismo, el consenso fundamental sobre el sentido que define la propia condición de los conflictos requiere la organización y la forma, sistemas de información, que hagan posible la convivencia democrática. O, como decía Gramsci, un cierto orden. El discurso de la derecha ultramontana persiste en su modelo plutocrático de dominio de la oligarquía financiera y el tecnofeudalismo sin sustento ni consistencia. En estos delicados momentos, la disyuntiva, es elegir entre socialismo o barbarie: o avanzamos en información y transparencia protegiendo las normas de obligado cumplimiento, la ley y los canales de acceso y participación ciudadana, o se impone el dominio de los falsos patriotas, impostores del orden que atacan la justicia social y al propio Estado, restringiendo por la puerta de atrás derechos fundamentales.

La sociedad reclama cada vez más transparencia. Tenemos la obligación de fomentar esa cultura de la información accesible y agilizar los cauces para ofrecerla frente a la opacidad. Por ello, es hora de desplegar herramientas normativas en defensa del control social democrático. Por con/ciencia, porque todo debate contrario al registro y los sistemas de información compartida no tiene otro cometido que validar el dominio atado y bien atado de los intereses creados. Y ya es hora de pedir la paz y la palabra porque sabemos que es posible otra forma digna de vivir.