Sumar defiende luchar contra la desinformación en el Día Mundial de la Libertad de Prensa

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Francisco Sierra, diputado de Sumar, ha organizado junto al Grupo HERMES la jornada «Los retos de la libertad de prensa. Hacia el derecho democrático a la comunicación» para debatir sobre la situación actual del periodismo y realizar propuestas relativas a la protección de un bien público como la comunicación.

Desde 1993, cada 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa. La fecha fue escogida por la Asamblea General de las Naciones Unidas para rememorar la Declaración de Windhoek. En este manifiesto de 1991 elaborado en un seminario de la UNESCO, representantes de diversos medios de comunicación africanos lograron establecer los principios fundamentales de la libertad de prensa. Además, en esta fecha, se homenajea a todos los periodistas que han perdido la vida en el ejercicio de su profesión.

Francisco Sierra, diputado y portavoz de Sumar en la Comisión de Calidad Democrática, ha gestionado este acto junto a Daniela Monje (coordinadora del Grupo Hermes y profesora en la Universidad Nacional de Córdoba -Argentina-) para conmemorar este Día Mundial de la Libertad de Prensa. En esta jornada celebrada en la Sala Sagasta del Congreso de los Diputados, Francisco Sierra ha lamentado que «ha habido serios retrocesos en el sector del periodismo por el ascenso de la extrema derecha«. Además, la conferencia ha contado con la intervención de varios periodistas y académicos especializados en comunicación.

Retos internacionales de la libertad de prensa

Daniel Cabrera, profesor de la Universidad de Zaragoza, mostró la realidad vivida actualmente por el periodismo de Sudamérica. «La polarización es un tema central de América Latina. El populismo parecía un movimiento de izquierda, pero Trump, Bolsonaro y Milei demostraron que también puede ser un movimiento de derecha. Se está produciendo un afán de controlar la opinión pública desde las emociones que fomentan esos populismos», afirmó Cabrera.

Asimismo, el catedrático Luis Albornoz mencionó el estudio anual Freedom in the World de la ONG estadounidense Freedom House, en el que se constata que la libertad de prensa mundial ha disminuido por 18º año consecutivo. En los últimos meses, el deterioro fue tan amplio que esta disminución de la libertad de prensa afectó a una quinta parte de la población mundial. Los derechos políticos y civiles descendieron en 52 países de los 73 analizados por el estudio. Destaca el caso de Ecuador, que pasó de ser un país libre a parcialmente libre por la violencia y asesinatos de candidatos vividos en sus últimas elecciones. Albornoz también recuerda que, en la última clasificación por la libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, se considera que las condiciones para ejercer correctamente el periodismo sólo se dan en una cuarta parte de los países del mundo.

«Esta pérdida de derechos se ha dado por ataques al pluralismo, cada vez más intensos. Estas tendencias generan una inestabilidad para la democracia justo en un año con gran trascendencia electoral en el que más de la mitad de la población acudirá a las urnas«, sostiene Luis Albornoz.

El problema de la concentración mediática

Además, también se trató la temática de los oligopolios existentes en el sector de la comunicación. Daniel Cabrera afirma que «la libertad de expresión no es solo una cuestión de los periodistas. También es un negocio de los empresarios tecnológicos y un lugar de inversiones muy poderosas para orientar sentimientos con la publicidad».

Albornoz también reflexionó sobre esta concentración mediática que se está expandiendo por todo el mundo. «No se trata de que haya una gran cantidad de medios porque muchos medios pueden ofrecer los mismos contenidos, sino de establecer ricos sistemas mediáticos con diversidad de contenidos y descentralizados geográficamente. Por desgracia, las estructuras monopolísticas y oligopolísticas de los medios de comunicación siguen siendo comunes en todo el mundo».

La libertad de prensa entendida desde tres posturas

Otro de los participantes en este acto organizado por Sumar fue Joan Pedro Carañana, Doctor Europeo en Comunicación, Cambio Social y Desarrollo por la Universidad Complutense. Según Carañana, existen tres posiciones para entender la libertad de prensa.

«Existe una posición neoliberal que confunde la libertad de prensa con la libertad de difamar, difundir bulos… También censura las perspectivas con las que no coincide y controla con oligopolios el sistema mediático. El principal referente en esta posición es Milton Friedman, que apuesta por controlar el discurso según sus propios intereses».

La segunda perspectiva expuesta por Carañana es la posición liberal ilustrada, que encuentra en Voltaire su mayor exponente. «Voltaire pensaba que la libertad de expresión o de prensa es la libertad del que piensa diferente, pero esa libertad no debe usarse para manipular. Además, otro liberal ilustrado como Adam Smith era partidario de un libre mercado verdadero con muchos propietarios y productores de diferentes características. Esta perspectiva defiende la diversidad de mensajes en la opinión pública».

«En tercer lugar, tenemos la perspectiva crítica. Chomsky analiza las estructuras que limitan la libertad de prensa. Esas estructuras son la propiedad de los medios y la influencia de los anunciantes. Esta perspectiva es crítica con la censura y con la propia autocensura del periodista. También denuncia que, en el periodismo, existe un imperativo de la brevedad. Las redes sociales y la televisión combinan esta brevedad del mensaje con el sensacionalismo».

Según Joan Pedro Carañana, la solución a los problemas actuales del sector mediático se encuentra en combinar estas dos últimas perspectivas para recuperar la dignidad del periodismo y evitar su caída en prestigio.

Propuestas finales de Sumar para la protección del derecho a la información

Francisco Sierra concluyó el acto con una serie de propuestas y reflexiones finales. «La sociedad civil debe considerar que el derecho a la comunicación garantiza la democracia. Esa es nuestra herramienta para demandar derechos. Es necesario reformar el sistema mediático para apoyar a los medios independientes. También hay que elaborar una nueva Ley de Publicidad Institucional que evite la instrumentalización de las subvenciones a medios».

Otra sugerencia que salió a la luz en la Sala Sagasta fue la constitución de un Consejo Estatal de Medios independiente que examine a los medios de comunicación. También fue propuesta la creación de un Foro Ciudadano por el Derecho a la Comunicación para sentar las bases de futuras iniciativas legislativas relativas a la regulación de los medios. La constitución de una comisión legislativa sobre comunicación, una nueva política de transparencia sobre publicidad institucional y propiedades de medios, medidas para evitar los oligopolios mediáticos y la recuperación del concurso público en el Consejo de RTVE fueron otras ideas debatidas en este acto organizado en el Congreso de los Diputados.

Nicaragua y las agresiones híbridas

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Qué ha sucedido en Haití, qué se mueve en Cuba, por qué Nicaragua vuelve de nuevo a ser objetivo de polémica en la prensa internacional. La respuesta está en los documentos del Pentágono. Julian Assange nos lo ha contado todo en detalle y hoy es víctima del terrorismo imperialista. Mientras en Fort Benning, en el Instituto del Hemisferio Occidental, antigua Escuela de las Américas, siguen formando a los militares golpistas en la doctrina Reagan de la guerra irregular.

La misma que pone a Haití como estudio de caso y modelo ejemplar de exitoso golpe blando por el que Estados Unidos se presentó a la Opinión Pública mundial como mediador ante Raoul Cedras cuando en verdad fue el promotor del derrocamiento de Aristide. Y en esas seguimos, lamentablemente para Nicaragua, laboratorio de la doctrina de contrainsurgencia desde los años ochenta y hoy campo de despliegue de la llamada guerra híbrida.  Como en el caso de Cuba su posición geopolítica es estratégica y considerada dentro del perímetro de alta seguridad por su natural conexión, como con el canal de Panamá, entre el Atlántico y el Pacífico, sin contar, como en el caso de Brasil, las reservas acuíferas.

Si el siglo XX Estados Unidos promovió las guerras imperialistas por el petróleo, los asesores del Departamento de Estado estadounidense definen en este milenio los conflictos en virtud de la posesión del bien preciado del agua. Como siempre es una cuestión no solo ideológica, en la lucha contra el sandinismo, sino material. Por ello, en este contexto, desde 2018, y aún antes, como ya sucediera en la guerra sucia de la contra en los años ochenta, el gobierno de Daniel Ortega ha padecido innumerables dificultades por la acción permanente de las fuerzas colaboracionistas internas que apoya el imperialismo.

Pese a todo el gobierno sandinista ha logrado notables éxitos en materia de economía social, en la gestión del propio covid, notablemente superior en países progresistas como Cuba, respecto a los casos de gobiernos neoliberales como Ecuador o Colombia. La apuesta por la soberanía, la colaboración sur-sur y el apoyo a pequeños y medianos productores con políticas activas de inclusión y participación ciudadana explican el amplio respaldo de la población al proyecto de Sandino en el país, así como el fracaso de la intervención golpista que ha promovido con violencia la oposición derechista y un saldo de más de 200 muertos. Pese a ello la guerra irregular, la llamada guerra híbrida no cesa, pues, como en su origen la guerra de baja intensidad, el objetivo no es tanto militar como cultural, derrotar, en el frente ideológico, la voluntad de independencia y de transformación de los amplios sectores populares que apoyan como antaño el sandinismo.

El planteamiento de este tipo de ataques es generar desconfianza en el sistema democrático, político y administrativo del país e intentar socavar su cohesión social para legitimar la restauración conservadora como ya se hiciera con la victoria de Violeta Chamorro tras el asedio y guerra abierta y permanente de la ultraderecha estadounidense y sus aliados en lo que constituyera una condena internacional del gobierno Reagan por el Irangate.

Hoy los modos de intervención no son abiertamente militares pero el objetivo y modus operandi es en esencia el mismo. Brian Fleming define la guerra híbrida como la síntesis de varios tipos de guerra: guerra convencional, guerra asimétrica, guerra irregular, guerra no lineal, ciberguerra, guerra compuesta, entre otras. En definitiva, un tipo de guerra irrestricta en la que no hay límites porque todo vale. De ahí a la impresentable calificación de El País de Nicaragua como el gulag centroamericano (proclama de propaganda ya usada en tiempos de la Contra en la prensa internacional al amparo de la Casa Blanca con la colaboración de Felipe González que ha seguido los mismos pasos en Venezuela) hay un paso.

En este sentido, cabe situar la campaña de desinformación sobre el país en el contexto, como advierte Maurice Lemoine, de la hoja de ruta de la oposición «Nica» que ha comenzado a denunciar una «farsa electoral» por adelantado. El mismo guión que en Bolivia, antes Brasil o Ecuador a pesar de que todas las encuestas dan como ganador al actual jefe de Estado, incluida la nada sospechosa agencia de investigación Gallup. Desde este punto de vista, el objetivo del golpe blando de derrocar a Ortega no es otro que liquidar el sandinismo, como antaño con Hugo Chávez o como sabemos desde hace décadas en la guerra sostenida contra Castro.

Es una ley conocida de la propaganda, personalizar, demonizar al enemigo, para abstraer la inobjetable razón moral que es la inmoralidad imperialista de revertir los cambios y avances que hasta The Economist reconoce y por el que Ortega ganó, y ganará, ampliamente las elecciones revalidando el apoyo popular al proyecto de cambio que representa, de ahí la campaña mediática cuestionando con anticipación lo que la democracia refrendará.

Es previsible por ello que, en el manejo del tiempo de respuesta variable, un aprendizaje de la experiencia aplicada con motivo del tratado de Esquipulas y la guerra de baja intensidad, se intensifiquen los ataques y la campaña de aislamiento del gobierno de Nicaragua auspiciado desde la Casa Blanca usando para ello métodos y operativos encubiertos que justifiquen ante la opinión pública internacional la remoción de un gobierno molesto para los intereses del imperio. En esta guerra, el rol de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD), y la Unión Nacional Azul y Blanca (UNAB), así como la supuesta izquierda que no tuvo rubor en apoyar a la derecha electoralmente y hasta la intervención en el país, no es más que la de colaboracionistas y peones del imperialismo.

Estos “guardianes de la libertad2, “los adalides de la democracia”, terminarán sin embargo fragmentándose, como en Venezuela, porque los Chamorro y sus arietes de la OEA como Almagro no tienen un proyecto de país, sino negocios varios que más pronto que tarde terminan por entrar en crisis y en el divisionismo propio de quienes proyectan para el istmo lo ya vivido en otros territorios como Libia u Honduras. El guión es ya más que conocido y documentado y comprende desde sanciones, amenazas, acusaciones infundadas, perjuicio interno y externo, ciberataques, guerra psicológica sustentada en la manipulación y tergiversación  mediática y redes sociales, el uso de la criminalidad común o la operación conjugada con determinados países, encabezados por Estados Unidos y una amplia batería de recursos propios de la retórica imperial bien detallados por Carlos Midence en su último ensayo sobre las relaciones de Estados Unidos con Nuestramérica. Como desde el siglo XIX, Estados Unidos utiliza tanto la presión bilateral a los países o instituciones que se han prestado históricamente a sus designios como formas de intervención y agresión militar en la continua ocupación de lo que considera su patio trasero, empezando a tal fin por el estrangulamiento de fondos internacionales de cooperación y continuando con el sabotaje y la financiación de la contra de ONGs.

Sobre ellas ya advirtió el politólogo James Petras en la medida que constituyen el frente cultural de la guerra ideológica, como venimos observando desde las operaciones de paz de la administración Clinton. La intervención por razones humanitarias sea en Kosovo o como ahora se propone en Cuba es un clásico del discurso de la injerencia imperialista. Así, hoy de nuevo, como en Venezuela, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID); la Fundación para la Nueva Democracia (NED), creada en 1983 por Reagan para sustituir a la CIA en la organización de acciones «no armadas» en los tiempos de la Contra; Freedom House o la Open Society de George Soros financian, forman, coordinan y dan sostenimiento a la supuesta «sociedad civil» que quieren democratizar, imaginamos que como en Colombia, el país.

En la última década, se han destinado más de 80 millones de dólares a esta labor beneficiando a actores políticos como la Fundación Chamorro con las que se han ramificado las bases mediáticas internas del imperialismo : la Fundación ha estado alimentando los canales de televisión 10, 11 y 12, Vos TV, Radio Corporación, Radio Show Café con Voz, así como las plataformas digitales 100% Noticias, Artículo 66, Nicaragua Investiga, Nicaragua Actual, BacanalNica y Despacho 505, entre otros. Mientras proliferan en la prensa internacional acusaciones falsas valiéndose de la estructura concentrada de poder informativo en una suerte de golpismo mediático que hemos documentado ampliamente en nuestro estudio “Golpes mediáticos. Teoría y análisis de casos en América Latina” (CIESPAL, Quito, 2016).

La más reciente es la campaña sobre los arrestos ordenados por el ministerio público nicaragüense a sujetos que han intentado desestabilizar, promover sanciones e implorar, a los mismos Estados Unidos, que perpetre una invasión militar al país ignorando que, como en la invasión al Capitolio, hay una Ley de Seguridad Nacional que aplicar y que en algunos casos, pese a lo dicho por la prensa no eran ni candidatos como se ha querido vender en los medios.

Nada dicen los medios sin embargo sobre el financiamiento que Estados Unidos les ha entregado a actores locales para desestabilizar el país. No sé si los profesionales de la información y los guardianes de la libertad han asumido que quien revele tales realidades ocultas a la opinión pública correrán la misma suerte que Assange. El caso es que es obvio y comprobable para cualquier atento analista que no trabaje subvencionado por las generosas fundaciones privadas al servicio del imperio que la tónica de la guerra híbrida utilizada pretende desviar el cauce de las investigaciones y la aplicación del marco jurídico reproduciendo sin límites la falsedad mediante fake news, postverdades, relatos ilusorios, el adecuado framing y las no-noticias, las verdaderas bases mediáticas de las fuerzas especiales de desestabilización del sandinismo.En el mundo al revés, la detención de golpistas es un ataque a la democracia, y el derrocamiento de presidentes electos como Evo Morales la norma deseable para la restauración incuestionable del sistema. Un simple análisis del discurso comparado sobre la cobertura de la prensa internacional de la Santa Alianza en torno a las masacres y responsables del golpe en Bolivia y las recientes detenciones en Nicaragua,  dejaría en evidencia las contradicciones de los medios mercantilistas en el empeño por instalar una realidad con la que legitimar lo que en verdad siempre ha procurado el imperialismo.

El talón de Aquiles que revela este proyecto de agresión es como siempre el hilo rojo de la historia y la circulación del dinero, en este caso la financiación de las fundaciones, ONGs y agencias que han sido Caballos de Troya, Cipayos, que han actuado a la sombra de los designios del imperio para revertir las conquistas históricas de soberanía y dignidad del pueblo, que, sabemos, tiene más inteligencia que lo que piensan los estrategas del Pentágono.

Nicaragua, en medio de tanto asedio surgido de los centros de poder colonial/imperial que, por diversas razones no soportan que países como éste defiendan su soberanía, resiste para avanzar y retomar el hilo histórico que, en su caso, marcó Sandino. Toda la maquinaria de propaganda es insuficiente para revertir la voluntad insumisa de un pueblo libre, por más que arrecie la campaña de desprestigio y manipulación en medios internacionales. Como describe Luis Buñuel en La edad de oro, los medios son como un escorpión que esconde en sus terminales el veneno del combate y la información, y en este terreno nos encontramos para el caso de Nicaragua. Toca ahora, desde la libertad e independencia, contar la verdad de las crónicas vertidas por la guerra híbrida imperial. Es una cuestión de dignidad y de Derechos Humanos.

Nicaragua y las agresiones híbridas

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Qué ha sucedido en Haití, qué se mueve en Cuba, por qué Nicaragua vuelve de nuevo a ser objetivo de polémica en la prensa internacional. La respuesta está en los documentos del Pentágono. Julian Assange nos lo ha contado todo en detalle y hoy es víctima del terrorismo imperialista. Mientras en Fort Benning, en el Instituto del Hemisferio Occidental, antigua Escuela de las Américas, siguen formando a los militares golpistas en la doctrina Reagan de la guerra irregular.

La misma que pone a Haití como estudio de caso y modelo ejemplar de exitoso golpe blando por el que Estados Unidos se presentó a la Opinión Pública mundial como mediador ante Raoul Cedras cuando en verdad fue el promotor del derrocamiento de Aristide. Y en esas seguimos, lamentablemente para Nicaragua, laboratorio de la doctrina de contrainsurgencia desde los años ochenta y hoy campo de despliegue de la llamada guerra híbrida.  Como en el caso de Cuba su posición geopolítica es estratégica y considerada dentro del perímetro de alta seguridad por su natural conexión, como con el canal de Panamá, entre el Atlántico y el Pacífico, sin contar, como en el caso de Brasil, las reservas acuíferas.

Si el siglo XX Estados Unidos promovió las guerras imperialistas por el petróleo, los asesores del Departamento de Estado estadounidense definen en este milenio los conflictos en virtud de la posesión del bien preciado del agua. Como siempre es una cuestión no solo ideológica, en la lucha contra el sandinismo, sino material. Por ello, en este contexto, desde 2018, y aún antes, como ya sucediera en la guerra sucia de la contra en los años ochenta, el gobierno de Daniel Ortega ha padecido innumerables dificultades por la acción permanente de las fuerzas colaboracionistas internas que apoya el imperialismo.

Pese a todo el gobierno sandinista ha logrado notables éxitos en materia de economía social, en la gestión del propio covid, notablemente superior en países progresistas como Cuba, respecto a los casos de gobiernos neoliberales como Ecuador o Colombia. La apuesta por la soberanía, la colaboración sur-sur y el apoyo a pequeños y medianos productores con políticas activas de inclusión y participación ciudadana explican el amplio respaldo de la población al proyecto de Sandino en el país, así como el fracaso de la intervención golpista que ha promovido con violencia la oposición derechista y un saldo de más de 200 muertos. Pese a ello la guerra irregular, la llamada guerra híbrida no cesa, pues, como en su origen la guerra de baja intensidad, el objetivo no es tanto militar como cultural, derrotar, en el frente ideológico, la voluntad de independencia y de transformación de los amplios sectores populares que apoyan como antaño el sandinismo.

El planteamiento de este tipo de ataques es generar desconfianza en el sistema democrático, político y administrativo del país e intentar socavar su cohesión social para legitimar la restauración conservadora como ya se hiciera con la victoria de Violeta Chamorro tras el asedio y guerra abierta y permanente de la ultraderecha estadounidense y sus aliados en lo que constituyera una condena internacional del gobierno Reagan por el Irangate.

Hoy los modos de intervención no son abiertamente militares pero el objetivo y modus operandi es en esencia el mismo. Brian Fleming define la guerra híbrida como la síntesis de varios tipos de guerra: guerra convencional, guerra asimétrica, guerra irregular, guerra no lineal, ciberguerra, guerra compuesta, entre otras. En definitiva, un tipo de guerra irrestricta en la que no hay límites porque todo vale. De ahí a la impresentable calificación de El País de Nicaragua como el gulag centroamericano (proclama de propaganda ya usada en tiempos de la Contra en la prensa internacional al amparo de la Casa Blanca con la colaboración de Felipe González que ha seguido los mismos pasos en Venezuela) hay un paso.

En este sentido, cabe situar la campaña de desinformación sobre el país en el contexto, como advierte Maurice Lemoine, de la hoja de ruta de la oposición «Nica» que ha comenzado a denunciar una «farsa electoral» por adelantado. El mismo guión que en Bolivia, antes Brasil o Ecuador a pesar de que todas las encuestas dan como ganador al actual jefe de Estado, incluida la nada sospechosa agencia de investigación Gallup. Desde este punto de vista, el objetivo del golpe blando de derrocar a Ortega no es otro que liquidar el sandinismo, como antaño con Hugo Chávez o como sabemos desde hace décadas en la guerra sostenida contra Castro.

Es una ley conocida de la propaganda, personalizar, demonizar al enemigo, para abstraer la inobjetable razón moral que es la inmoralidad imperialista de revertir los cambios y avances que hasta The Economist reconoce y por el que Ortega ganó, y ganará, ampliamente las elecciones revalidando el apoyo popular al proyecto de cambio que representa, de ahí la campaña mediática cuestionando con anticipación lo que la democracia refrendará.

    Es previsible por ello que, en el manejo del tiempo de respuesta variable, un aprendizaje de la experiencia aplicada con motivo del tratado de Esquipulas y la guerra de baja intensidad, se intensifiquen los ataques y la campaña de aislamiento del gobierno de Nicaragua auspiciado desde la Casa Blanca usando para ello métodos y operativos encubiertos que justifiquen ante la opinión pública internacional la remoción de un gobierno molesto para los intereses del imperio. En esta guerra, el rol de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD), y la Unión Nacional Azul y Blanca (UNAB), así como la supuesta izquierda que no tuvo rubor en apoyar a la derecha electoralmente y hasta la intervención en el país, no es más que la de colaboracionistas y peones del imperialismo.

Estos “guardianes de la libertad2, “los adalides de la democracia”, terminarán sin embargo fragmentándose, como en Venezuela, porque los Chamorro y sus arietes de la OEA como Almagro no tienen un proyecto de país, sino negocios varios que más pronto que tarde terminan por entrar en crisis y en el divisionismo propio de quienes proyectan para el istmo lo ya vivido en otros territorios como Libia u Honduras. El guión es ya más que conocido y documentado y comprende desde sanciones, amenazas, acusaciones infundadas, perjuicio interno y externo, ciberataques, guerra psicológica sustentada en la manipulación y tergiversación  mediática y redes sociales, el uso de la criminalidad común o la operación conjugada con determinados países, encabezados por Estados Unidos y una amplia batería de recursos propios de la retórica imperial bien detallados por Carlos Midence en su último ensayo sobre las relaciones de Estados Unidos con Nuestramérica. Como desde el siglo XIX, Estados Unidos utiliza tanto la presión bilateral a los países o instituciones que se han prestado históricamente a sus designios como formas de intervención y agresión militar en la continua ocupación de lo que considera su patio trasero, empezando a tal fin por el estrangulamiento de fondos internacionales de cooperación y continuando con el sabotaje y la financiación de la contra de ONGs.

Sobre ellas ya advirtió el politólogo James Petras en la medida que constituyen el frente cultural de la guerra ideológica, como venimos observando desde las operaciones de paz de la administración Clinton. La intervención por razones humanitarias sea en Kosovo o como ahora se propone en Cuba es un clásico del discurso de la injerencia imperialista. Así, hoy de nuevo, como en Venezuela, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID); la Fundación para la Nueva Democracia (NED), creada en 1983 por Reagan para sustituir a la CIA en la organización de acciones «no armadas» en los tiempos de la Contra; Freedom House o la Open Society de George Soros financian, forman, coordinan y dan sostenimiento a la supuesta «sociedad civil» que quieren democratizar, imaginamos que como en Colombia, el país.

En la última década, se han destinado más de 80 millones de dólares a esta labor beneficiando a actores políticos como la Fundación Chamorro con las que se han ramificado las bases mediáticas internas del imperialismo : la Fundación ha estado alimentando los canales de televisión 10, 11 y 12, Vos TV, Radio Corporación, Radio Show Café con Voz, así como las plataformas digitales 100% Noticias, Artículo 66, Nicaragua Investiga, Nicaragua Actual, BacanalNica y Despacho 505, entre otros. Mientras proliferan en la prensa internacional acusaciones falsas valiéndose de la estructura concentrada de poder informativo en una suerte de golpismo mediático que hemos documentado ampliamente en nuestro estudio “Golpes mediáticos. Teoría y análisis de casos en América Latina” (CIESPAL, Quito, 2016).

La más reciente es la campaña sobre los arrestos ordenados por el ministerio público nicaragüense a sujetos que han intentado desestabilizar, promover sanciones e implorar, a los mismos Estados Unidos, que perpetre una invasión militar al país ignorando que, como en la invasión al Capitolio, hay una Ley de Seguridad Nacional que aplicar y que en algunos casos, pese a lo dicho por la prensa no eran ni candidatos como se ha querido vender en los medios.

Nada dicen los medios sin embargo sobre el financiamiento que Estados Unidos les ha entregado a actores locales para desestabilizar el país. No sé si los profesionales de la información y los guardianes de la libertad han asumido que quien revele tales realidades ocultas a la opinión pública correrán la misma suerte que Assange. El caso es que es obvio y comprobable para cualquier atento analista que no trabaje subvencionado por las generosas fundaciones privadas al servicio del imperio que la tónica de la guerra híbrida utilizada pretende desviar el cauce de las investigaciones y la aplicación del marco jurídico reproduciendo sin límites la falsedad mediante fake news, postverdades, relatos ilusorios, el adecuado framing y las no-noticias, las verdaderas bases mediáticas de las fuerzas especiales de desestabilización del sandinismo.En el mundo al revés, la detención de golpistas es un ataque a la democracia, y el derrocamiento de presidentes electos como Evo Morales la norma deseable para la restauración incuestionable del sistema. Un simple análisis del discurso comparado sobre la cobertura de la prensa internacional de la Santa Alianza en torno a las masacres y responsables del golpe en Bolivia y las recientes detenciones en Nicaragua,  dejaría en evidencia las contradicciones de los medios mercantilistas en el empeño por instalar una realidad con la que legitimar lo que en verdad siempre ha procurado el imperialismo.

El talón de Aquiles que revela este proyecto de agresión es como siempre el hilo rojo de la historia y la circulación del dinero, en este caso la financiación de las fundaciones, ONGs y agencias que han sido Caballos de Troya, Cipayos, que han actuado a la sombra de los designios del imperio para revertir las conquistas históricas de soberanía y dignidad del pueblo, que, sabemos, tiene más inteligencia que lo que piensan los estrategas del Pentágono.

Nicaragua, en medio de tanto asedio surgido de los centros de poder colonial/imperial que, por diversas razones no soportan que países como éste defiendan su soberanía, resiste para avanzar y retomar el hilo histórico que, en su caso, marcó Sandino. Toda la maquinaria de propaganda es insuficiente para revertir la voluntad insumisa de un pueblo libre, por más que arrecie la campaña de desprestigio y manipulación en medios internacionales. Como describe Luis Buñuel en La edad de oro, los medios son como un escorpión que esconde en sus terminales el veneno del combate y la información, y en este terreno nos encontramos para el caso de Nicaragua. Toca ahora, desde la libertad e independencia, contar la verdad de las crónicas vertidas por la guerra híbrida imperial. Es una cuestión de dignidad y de Derechos Humanos.

Golpes mediáticos y desinformación en la era digital. La guerra irregular en América Latina.

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Este artículo reflexiona acerca del papel que tienen los medios de comunicación y las redes sociales en el fenómeno de los “golpes mediáticos” en América Latina. Para ello, se explora el modelo de propaganda a través del análisis de cuatro casos relevantes de manipulación y desinformación en la región: los casos de Venezuela, México, Brasil y Ecuador. La principal conclusión a la que se llegó es que es necesario regular el sistema de medios tradicional y digital en pro de la democracia y la paz para impedir la desinformación y los golpes mediáticos.