La Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura premia a Francisco Sierra

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La Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura (ULEPICC), la principal asociación científica internacional de pensamiento crítico de América Latina, rendirá tributo mañana lunes a Francisco Sierra Caballero, catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla y columnista de Montilla Digital.

El acto se desarrollará tras la conferencia inaugural del XIII Congreso Internacional de la Unión Latina de Economía Política de la Información, la Comunicación y la Cultura, que ha organizado la Universidad Diego Portales de Santiago de Chile, junto a la Universidad de la Frontera y la Universidad Austral de Chile.

Nacido el 17 de agosto de 1969 en Gobernador, un municipio de poco más de 200 habitantes situado en la comarca granadina de Los Montes, muy cerca de Jaén, Francisco Sierra Caballero es catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla, donde ha dirigido el Departamento de Periodismo I y ha sido decano. Además, su nombre se hizo especialmente popular hace un par de veranos, tras ser incluido en el exclusivo comité de expertos que habría de evaluar a los aspirantes a dirigir Radio Televisión Española (RTVE).

Investigador del Instituto Andaluz de Investigación en Comunicación y Cultura, el autor de la columna Del sur y desde abajo es fundador de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación y, en la actualidad, preside la Asamblea de la Confederación Iberoamericana de Asociaciones Científicas en Comunicación.

Autor de relevantes ensayos sobre Comunicación, Política y Cambio Social, Francisco Sierra ha coordinado equipos internacionales de investigación para la Comisión Europea o para el Plan Nacional de Investigación y Desarrollo de España. En mayo de 2021, presentó en Montilla el libro Marxismo y Comunicación. Teoría Crítica de la Mediación Social, en un acto organizado por la Asamblea Local de Izquierda Unida que tuvo lugar en el Centro Cultural «Alcalde Antonio Carpio» y que contó con la participación de la historiadora montillana Pepa Polonio.

El pasado 23 de julio, Francisco Sierra Caballero encabezó la candidatura de Sumar al Congreso de los Diputados por la provincia de Sevilla, resultando elegido para la XV Legislatura. Fundador del Foro Andaluz de Izquierdas, el columnista de Montilla Digital es director de la sección de Comunicación y Cultura de la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), además de experto y consultor de la Comisión Europea en nuevas tecnologías y participación ciudadana

Revolución digital y nuevas matrices de pensamiento comunicacional. Notas para una nueva teoría crítica materialista

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La revolución digital y la brecha cognitiva que trae consigo están transformando la mediación social, económica y culturalmente, generando nuevos riesgos y desafíos. La corriente de pensamiento conocida como aceleracionismo sugiere que, en lugar de resistirse al avance tecnológico capitalista, se debería acelerar su ritmo de implantación para materializar con la mayor rapidez cambios significativos en el sistema socioeconómico. En este contexto, el conocimiento y la inteligencia se han convertido en recursos fundamentales para la economía contemporánea, dominada por el capitalismo cognitivo, una versión del capitalismo tradicional basada en la producción y distribución de bienes y servicios relacionados con la información, la tecnología y la creatividad. En contraposición a esta narrativa de la innovación, se propone una ecología política de la comunicación por la que la información y el desarrollo tecnológico se consideren bienes públicos globales en lugar de meros productos de consumo, y se plantean nuevos derechos que garanticen la plena ciudadanía comunicativa ante la era del big data y la inteligencia artificial.

Patologías de la información: un debate sobre la sociedad de hoy

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El director de Zarabanda, Víctor Reloba, ha moderado en la Fiesta del PCE un debate sobre el poder de los medios.

En la Fiesta de PCE que está teniendo lugar este fin de semana hay lugar para diversas temáticas de debate y reflexión. Uno de los puntos sobre los que se ha compartido espacio han sido las «Patologías de la Información». La Mesa, moderada Víctor Reloba, director del medio ripense Zarabanda, ha congregado a la periodista y activista Cristina Fallarás, el comunicólogo y diputado de Sumar Francisco Sierra Caballero y la militante comunista Paula Velasco, experta en filosofía y estética.

El acto tenía como objetivo, en palabras de Reloba, «el poder reflexionar, más allá de las prisas, sobre el poder de la comunicación».

Fallarás ha reivindicado durante su intervención que la información y los medios de comunicación llevan toda la democracia ejerciendo violencia estructural e invisibilizando lo que no se quería contar. «Claro que se sabía que se nos violaba, pero no se decía», reclamó la activista feminista en relación al movimiento #Cuéntalo, que inició en 2018. Con #Cuéntalo Fallarás inició en las redes sociales un espacio en el que las mujeres fueron invitadas a relatar las distintas violencias que han sufrido.

«De repente, aquello que estuvo callado, emerge.», denuncia Fallarás. «Las redes sociales» sacan las vergüenzas a los médios de comunicación, destaca la también periodista.

Paula Velasco ha centrado su intervención en la reflexión de cómo la inteligencia artificial (IA) puede alterar en modo en el que interpretamos la realidad. «La imagen tiene valor epistémico: nos permite conocer el mundo porque tiene un vínculo directo con la realidad», explica Velasco. Sin embargo, la filósofa se pregunta qué pasará cuando las imágenes producidas por IA no sean indistinguibles de las que sí reflejan la realidad. La tecnología tiene muchísimos beneficios, defiende Velasco. «Puede ayudar a la medicina pero también al activismo o la información», dijo Velasco.

El peligro es la manipulación, que genera desconfianza, explica ella. «El verdadero problema es que desvela una realidad que ya estaba ahí», resume Velasco. «El proceso por el que interpretamos algo como real no tiene que ver sino con la predisposición mental que tienen ciertas personas a interpretar cierta información».

Déficit democrático

Finalmente intervino Francisco Sierra, que venía de la investidura fallida que repitió votación este viernes. «La historia tiene continuidades, aunque también tenga rupturas», expuso Sierra para defender que la situación trumpista de hoy no se podría entender sin la concrentración empresarial de los medios de comunicación iniciada con Reagan. «Creemos que la comunicación en este país es libre, pero no es verdad», denuncia. Explicó que un informe de Reuters presentó una radiografía de la prensa en España caracterizada por su déficit democrático y falta de pluralidad interna.

«Hay que politizar la comunicación», ha destacado el diputado de Sumar. «Politizar en el sentido de debatir el porqué se produce un enfoque y no otro», en referencia a las ausencias de perspectivas feministas o de clase.

Francisco Sierra Caballero: «Es hora de afrontar un debate nacional sobre los mediadores o intermediarios del discurso del odio»

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¿Qué te ha llevado a dar ese paso adelante, y por qué ahora?

Como buen gramsciano, somos conscientes que no es posible la transformación social sin el compromiso histórico, sin contaminarse y asumir una suerte de epistemología del barro, nunca mejor dicho, en estos tiempos de fango y emergencia de las cloacas del Estado. Mantenerse en el espacio cómodo de la Universidad y el trabajo intelectual ajeno a la disputa política en un momento de cuestionamiento y ataque a la democracia y las libertades públicas no es ética ni socialmente sostenible. Es verdad que nunca antes he estado en la primera línea de la política, pese a los años de militancia y el trabajo en espacios como la FIM. Mi modesta contribución ha sido siembre en la lucha de las ideas y en los movimientos sociales, pero ante la actual coyuntura histórica y la propuesta de SUMAR había que aceptar el reto y trabajar por la construcción de un frente amplio. Y en ese empeño estamos, orgulloso de encabezar la lista al Congreso por Sevilla, por la Sevilla de Pepe Díaz, de una tradición y una cultura política que siempre ha pensado el principio esperanza en términos de unidad popular.

El 23J la izquierda superó las expectativas que todos tenían ¿Cómo analizas el resultado y el aumento de la participación cuando estábamos en plenas vacaciones?

Durante toda la campaña, tratamos desde el minuto uno de hacer pedagogía democrática explicando el fenómeno de la espiral del silencio, el marco cognitivo que la ultraderecha y el poder mediático instalaron en el espacio público sobre la supuesta mayoría absoluta de PP/VOX. Y avisamos que la encuesta más ajustada a la realidad era la del CIS. Los medios construyeron una burbuja mediática que pronto se fue desinflando. Cuando visitamos barrios y pueblos de Sevilla no solo percibimos una mayoría social a favor de un gobierno de progreso, sino un impulso e ilusión por el proyecto SUMAR que no percibíamos desde los tiempos de Convocatoria por Andalucía con Julio Anguita. Sabíamos que la movilización era esencial y que el discurso ultramontano de la derecha tenía por objeto, con los bulos y la desinformación, incentivar la desmovilización. Afortunadamente, logramos con un modelo de campaña muy capital, muy boca a boca, desmontar el imaginario de la mayoría absoluta de la derecha. En este sentido, la valoración, considerando las fechas y la presión ideológica de los poderes fácticos, puede ser calificada de muy positiva. En particular, la campaña de SUMAR ANDALUCÍA en Sevilla fue sin duda la mejor con diferencia, triplicamos en actos a otras fuerzas políticas, y logramos, cualitativamente, llegar a dialogar y pensar en común con la ciudadanía en los actos sectoriales y en cada territorio. Una experiencia que debe ser continuada.

No pasaron. Hemos resistido. PP y Vox no suman pero la izquierda lo tendrá más difícil que en la anterior legislatura para desarrollar su agenda progresista. ¿Cómo ves la configuración del próximo gobierno?

Era un hecho que el resultado iba a ser ajustado. Han sido meses de desinformación y campaña de la derecha mediática que han ido calando en la opinión pública, pero habrá nuevo gobierno de coalición y será una legislatura que debe abordar el frente cultural y la disputa política del sentido. Probablemente, las iniciativas legislativas van a ser limitadas por lo complicado del escenario de gobernabilidad, pero tengo el convencimiento que esta puede ser una oportunidad para articular el frente amplio de SUMAR como movimiento político y social e introducir en la agenda política debates pendientes como la financiación autonómica, particularmente lesiva para los intereses, por ejemplo, de Andalucía.

¿Cuál es el trabajo que tiene por delante Sumar a corto, medio y a largo plazo?

El primero y fundamental es definir el modelo de organización y proyectar a medio y largo plazo un proyecto de unidad popular con participación de la ciudadanía que defina en los territorios la organización del movimiento político y social y la construcción del sujeto político que haga posible el proyecto de país para la mayoría social. Hay que avanzar además en las propuestas programáticas y la agenda a llevar en la XV Legislatura, y desde luego pasar del ciclo de coaliciones y acuerdos puntuales a la constitución de una plataforma e identidad política con participación de los partidos, pero abierta al proceso transversal, participativo, desbordante que hemos podido palpar en la campaña y que sin duda demanda la ciudadanía ilusionada con la propuesta de SUMAR. Estas tareas postergadas por diferentes circunstancias deben ser, a mi juicio, prioritarias. Y exige volver a trabajar en los barrios, los centros de trabajo, los espacios públicos perdidos por una visión limitada de la actuación partidaria.

¿Qué objetivos te gustaría ver realizados en la próxima legislatura?

Desearía ver alcanzados al menos tres objetivos en esta legislatura. Primero, debemos suprimir la ley mordaza para recuperar el derecho a luchar por tener derechos. Es irrenunciable. No hay garantía de propuesta y protesta, de manifestación y reunión sin abordar este retroceso democrático. Por otra parte, desde el sur, desde Andalucía, es vital definir el modelo de financiación autonómica. Precisamos una agenda política andaluza propia, voz y políticas para atender por ejemplo la problemática de los barrios más pobres que sufren la desigualdad en nuestra tierra. Y en tercer lugar, aunque puede parecer muy específico o propio del interés académico de un experto en economía política de la comunicación, tenemos un serio problema de déficit democrático en el sistema informativo. Es preciso instituir un consejo estatal de medios como en el resto de países de la UE y definir políticas democratizadoras de la función informativa frente a la actual deriva tóxica y de degradación del trabajo periodístico. El duopolio y los intereses ocultos de los medios del sistema mediático explican la polarización y degradada calidad del debate durante la campaña o en la discusión de las iniciativas normativas del gobierno de coalición. Sabemos que no hay democracia sin información ni periodistas, pero esta se ha adulterado, en forma de fakenews, y los profesionales de la información precarizados viven a merced de intereses bastardos, cuando no se prestan a ser verdaderos francotiradores, y todo ello sin regulación ni fiscalización democrática por las políticas públicas. Es hora, en fin, de afrontar un debate nacional sobre los mediadores o intermediarios del discurso del odio. No es aceptable normalizar la barbarie que vulnera todas las normas deontológicas del oficio. Si no acometemos este reto, está en peligro la democracia.

Notas de campaña

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Decía Bourdieu que cuanto mayor es la autonomía de un campo específico de la reproducción social, mayor es la proporción de lo que puede explicarse sobre la base de la propia lógica. En el caso de España, dudo que el campo periodístico se explique en términos de autonomía. Si así fuera convendría hacer, con carácter urgente, un llamamiento a la ciudadanía, una alerta democrática viendo cómo estamos en manos de malhechores, difusores de visiones escleróticas y paralizantes cuando no claramente tóxicas en contra de toda razón y los derechos fundamentales para convivencia pacífica. Pues domina el campo informativo en nuestro país gente que no sabe del buen vivir y se limita a ser meros divisores de la disyunción, expertos como son en la taxonomía de la banalidad, cuando no forzados esclavos de la espiral del disimulo y la malversación del derecho de libertad de prensa hoy al servicio del capital y la plutocracia. Privados como estamos la mayoría de la población del mínimo pluralismo interno y de toda capacidad de interpelación, no es de extrañar que el Barómetro del CIS de abril de 2020 arrojara datos que evidencian, conforme a la opinión mayoritaria, la necesidad de una intervención pública en el sector. A la pregunta sobre la regulación de bulos en las redes, el 66,7% era partidario de tomar medidas contra los excesos de los hijos de Musk, pero los medios mercantilistas, como La Razón, consideró en su momento este tipo de preguntas totalitaria, y no digamos ya la lógica democrática de exigencia de control social y responsabilidad pública. En la ideología de los enemigos de la libertad, el derecho a la comunicación es cosa exclusiva de ellos, de diarios como el ABC con una larga historia a sus espaldas de apoyo a la dictadura asesina de Franco, de propaganda afín a Hitler y Mussolini y de ocultación de la violación a los derechos humanos en contra de la constitución para dar cobertura a los poderes fácticos. Y se autodenomina diario conservador, prensa independiente, dicen, cuando en sus páginas un día sí y otro también mienten, manipulan y construyen una realidad o burbuja mediática inexistente, como la de la anunciada mayoría absoluta del PP. Convendrá el lector que tras los resultados del 23J un mínimo de autocrítica es exigible a los medios y profesionales del periodismo. Contrariamente a lo afirmado en su columna por el profesor Manuel Cruz, a la vista del desenlace de la convocatoria electoral es hora de ajustar cuentas y responsabilizar de los excesos a algunos actores que trabajaron contra la democracia y la voluntad popular, empezando por las encuestadoras que durante tanto tiempo han denostado el trabajo de una institución sólida como el CIS, léase Narciso Michavila de Gad3. En este examen de lo dicho y hecho no cabe esperar que la rectificación provenga de los periodistas y un sistema de medios de los que él mismo fue víctima propiciatoria.

Hace mucho tiempo, desde los años ochenta, con el auge del neoliberalismo, en España el derecho a la información se ha tornado en el deber de no pensar. Y cuando se piensa se corre el riesgo de morir, simbólicamente, o preso del cerco y silencio informativo. Por fortuna no vivimos situaciones críticas como las de México o Colombia. En el país azteca más de 140 profesionales han sido víctimas de los poderes económicos y el narco, pero los medios del duopolio en España atacan a López Obrador por su crítica a la prensa y las propuestas de regulación democrática de operadores externos y acreditados golpistas como Facebook o Twitter (analicen si no el caso de Brasil). Cabe preguntarse, en este sentido, quién tiene derecho a la crítica en un modelo de mediación concentrado, asimétrico y que tiende a socavar las bases de la convivencia democrática. ¿Sólo los periodistas? Si es así, como profesional de la información y Catedrático de Periodismo he de manifestar que la profesión está degradada en México y en España, subyugada la autonomía necesaria de los informadores y suprimida toda pluralidad en los medios públicos y privados. Y ello ha tenido graves consecuencias en la calidad democrática de la deliberación en el espacio público, incluso en el ámbito de la izquierda.

El nacional populismo o la enfermedad infantil del izquierdismo es hoy un discurso preponderante que anula toda práctica política efectiva, limitando los términos de discusión de lo deseable y decible de acuerdo a lo políticamente correcto. Esta dinámica es transversal y abunda en los sectores retardatarios de la derecha. Podría de hecho empezar a correlacionar miserabilismo y cultura de la sumisión que prolifera en la esfera mediática mientras se proyecta el linchamiento y la norma de la difamación como dos caras de la misma moneda que explica el ascenso del discurso de VOX. Ahora, no hay acción sin reacción, ni involución sin crisis y contradicciones. Toca pues pensar, en este escenario, qué tipo de acción política y alcance en clave marxista es preciso implementar. No es el objeto de estas primeras notas de campaña vividas en primera persona avanzar propuestas concretas de futuro. Menos aún en forma de columna de opinión. Somos gramscianos y seguiremos haciendo pedagogía democrática de la esperanza incluso con aquellos que no quieren aprender. Cierto que no se puede explicar la teoría de la evolución a un obispo, pero sí dejar en evidencia las falsedades del relato y la ideología de quienes han normalizado el neofascismo y se ponen de perfil en la falsa equidistancia del llamado periodismo independiente que ni es autónomo y menos aún respetuoso de la deontología profesional. Sí la mayoría de periodistas y medios de este país son colaboracionistas y demuestran a diario que siguen anclados en el franquismo sociológico, llama la atención cómo es que no se dan cuenta que producen vergüenza ajena, que nadie les cree, que son cada vez menos quienes les escucha, lee o sigue, justamente por la misma razón. En fin, ha quedado en evidencia esta campaña que habiendo asumido definitivamente el cinismo como norma, es tiempo de buscar otras mediaciones productivas y dialógicas. Veamos cómo.

Edén digital

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Mi hija vive en la simulación permanente. Es otaku –o, mejor: Kidults– y pertenece a una generación incapaz de mediar y de apropiarse de la realidad materialmente; de ser, en suma, responsable de su propia vida, principio de autonomía que presupone asumir las frustraciones con las que cada cual ha de avanzar en su trayectoria vital.

Entre la realidad y el deseo cernudiano, la Generación Z parece anclada en el terreno de la nada. Y ello tiene consecuencias preocupantes, pues no es cierto que estemos ante la generación más preparada de la historia. De hecho, los universitarios de hoy están, como dicen en mi tierra, «apollardaos».

En la dialéctica deber/deseo, han abrazado el individualismo posesivo y el reino de la banalidad, cuando precisamente, en un mundo tan complejo, son más necesarios la razón, el estudio y el compromiso con el lenguaje de los vínculos, con especial atención a los sectores vulnerables, cuidando y aprendiendo del saber de la vejez, frente a la lógica del aislamiento, la soledad o la muerte.

Se trata, pues, de dos pulsiones que sufren nuestros jóvenes en un elevado porcentaje, tal y como ilustran los altos índices de malestar y de problemas de salud mental que anualmente documenta el sistema público sanitario. Y es que, en este tiempo, andamos huérfanos de amor fraternal y afectos solidarios que hagan habitable la vida. La crítica del Edén digital no es otra que la vindicación de una democracia de alta intensidad en tanto que república de los cuidados.

El universo postdisney de la silicona, los GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) nos han instalado en un hábitat insostenible, un modo de vida dominado por la exhibición narcisista y la cultura del postureo donde solo cabe la espiral del disimulo y la sensación de vacío.

Los instagramers no habitan, de hecho, en la historia: fijan imágenes. No viven, detienen el tiempo, cosifican el acontecer, las más de las veces figurando o de puro atrezzo. Teatro de la comedia sin trama, viven el drama de la muerte en vida.

Y en este universo zombi nos enfrentamos hoy a una cultura sin imaginación ni poder proyectivo, pues es la pura mímesis y el imperio de la absoluta redundancia la que imprime el carácter de la actual forma fanática de reproducción social.

Las nuevas aulas sin muros de divertirse hasta morir han universalizado así el síndrome de abstinencia del buen vivir. Del TikTok al toc-toc, los jóvenes ya no juegan en las calles ni transitan el proceso de maduración lógico y genético estructural que dé tiempo a saborear la experiencia de lo nuevo.

En la burbuja de las pantallas, no es posible disfrutar del tikitaka ni imaginar otro futuro posible distinto al capitalismo, pues la creatividad es libre y en ocasiones salvaje, como la propia naturaleza. El orden y progreso al que están condenados es el que ya ha proyectado para todos la Santa Alianza, con sede en Silicon Valley: una universidad corporativa del futuro teletrabajo en la era del colapso que organiza golpes de Estado en países como Bolivia para apropiarse del litio, pues en la llamada «era inmaterial», la lógica de la acumulación por desposesión mantiene toda la crudeza de la economía política pura y dura.

Tanto es así que las tecnologías digitales consumen ya el 10 por ciento de la electricidad mundial y emite el 4 por ciento de las emisiones de CO2. El solucionismo tecnológico, cuestionado por Evgeni Morozov, es una suerte de tecnocracia aceleracionista de una sociedad disciplinaria, estrictamente jerarquizada con un claro cometido: imponer el vasallaje del orden de ellos.

La panoplia de razones para esta visión totalitaria que justificaría la era del control digital es conocida: transparencia, eficiencia, acceso y autonomía como promesas, pero los hechos nos muestran a diario exactamente todo lo contrario, y no hablo del cierre del código o del cercamiento de los bienes comunes, ni del proceso de concentración de la red, sino de las normas feudales que lo rigen.

El formateo tecnológico de la cultura wasp es más bien propia de una visión autoritaria a lo Arnold, empeñada en controlar la anarquía, lo que dicen que es el desorden, ante las demandas de la plebe, y no, como nos han vendido, la esplendorosa ensoñación supuestamente contracultural de Steve Jobs.

Es más, el orden del futuro digital empieza con el control total de nuestro tiempo. La era Netflix es el imperio de la saturación y la desmemoria, la ocupación completa de los mundos de vida. Y el teletrabajo la distancia que no genera reflexividad a diferencia del efecto de distanciamiento brechtiano.

Se trata más bien de la aminoración del antagonismo social por control remoto. Algo así como el call center o los contestadores automáticos de atención al cliente con los que nos entre-tienen. Técnicas del neoliberalismo para la política de lo peor que sufrimos a diario pero que no alcanzamos a percibir.

Existe, de hecho, una suerte de brecha cognitiva o disonancia entre lo que se percibe y el impacto real de los actos de consumo y producción que nos imponen. Mi compañero de Andalucía Digital, Aureliano Sáinz, apuntaba en esta dirección a propósito de algunos de mis aportes al tema, cosa que agradezco por nuestro común amigo, Antonio López Hidalgo, y por la deferencia.

Gracias por el detalle, Aureliano, justo en las fechas de mi estreno como diputado. Pero imaginará el lector que no he venido aquí a hablar de mi libro. El cuerpo me pide más bien hacer un diario de campaña en primera persona sobre lo vivido mediáticamente en estas elecciones del 23J.

Prometo escribir a propósito un par de columnas próximamente. Ahora solo permítanme dejar constancia de una idea y un lamento. Empecemos por lo último. Cada jornada de campaña no dejé de pensar lo mucho que me hubiera ayudado Antonio López Hidalgo para encarar unos medios que mienten por sistema, que están vendidos y cuyos periodistas, o faltan a la verdad (Lourdes Lucio), o no escuchan y venden sin decencia ni docencia relatos prefabricados (Teodoro León Gross) cuando no simplemente ni siquiera son periodistas (Juan Carlos Blanco). Por no hablar, claro, de los del sindicato del crimen, embarcados en el discurso del odio y la fabulación del miedo.

No es el momento de abordar tales cuestiones de las que nos ocuparemos en detalle más adelante, con calma y análisis. Corresponde, en este momento, llamar la atención sobre una sola idea que justificaría deconstruir el imaginario del Edén digital.

Nos referimos a la insostenibilidad de la vida con este sistema de mediación. Es hora, en fin, de discutir la mochila ecológica, la disyuntiva que nos planteara Julio Anguita en la Fundación de Investigaciones Marxistas (FIM), meses antes de fallecer.

Es urgente empezar a pensar el coeficiente multiplicador de la huella ecológica de este falso paraíso digital, porque en juego está el futuro, la vida, lo común, ni más ni menos. Y porque sus portavoces, a los que hay que señalar como colaboracionistas cual obtusos propagandistas de la negación y el neofascismo emergente, están contaminando el aire y empieza a ser irrespirable el ambiente, por su toxicidad.

Así que, dada la dificultad de convivir, en paz y democracia, como exige el sentido común, procuraremos hacer pedagogía, en un sentido gramsciano, con quienes aún tienen voluntad de escuchar y aprender porque, en cierto modo, saben, por activa o pasiva, cuál es el sentido y etimología de la palabra Comunicación, de la raíz latina comunicare. Omnia sunt communia.