Autor: Albert
Periodismo parlamentario y cultura deliberativa
La dialéctica de decir, oír y hacer se ha cortocircuitado en nuestro sistema político. Se dice, de forma altisonante y ofensiva, sin una coherencia práctica; no se oye, solo hay ruido, y no se hace lo que se promete o se dice lo que no se hace y, peor aún, se hace lo que no se dice. Todo ello sin escucha alguna, con guiones prescritos por aquiescencia de consultores de marketing y asesores de imagen a sueldo. Esto es la pura negación del parlamentarismo que, como todo proceso histórico, tiene sus antecedentes y su lógica operacional definida por un contexto propio del capitalismo rentista.
Cuando asistimos al cuestionamiento de la función social informativa, del papel del periodismo parlamentario y de la crisis de representación, hablamos de una estrategia de restauración contra la democracia, producto de una clara dialéctica de la colonización de nuestras instituciones y de nuestra comunicación política, en este caso por el trumpismo. Discurso del miedo para cercar e inmovilizar a los diputados en la lógica de la sonada y política de la desinformación de los trampantojos, haciendo parecer las derechas ultramontanas que defienden la libertad de prensa cuando, en realidad, actúan guiados por una estrategia liberticida. Tanto PP como Vox están separados apenas nominalmente por las siglas, pero de facto hermanados por una cultura política propia del franquismo sociológico, patrimonializando las instituciones, en especial el Poder Judicial, y ocupando el Congreso por medio de la violencia simbólica de sus terminales mediáticas parafascistas. A partir de una noción del derecho arbitraria, identifican diversidad con exclusión, y la Constitución con un martillo pilón, amparando el proceso de control de la información política del tecnofeudalismo dominante de los GAFAM contra todo fundamento o defensa de reforma del Reglamento ante los ataques a la integridad democrática de los profesionales de la prensa que trabajan en la sede de la soberanía popular. En el fondo, precisan la ausencia de norma y la impunidad para desplegar el mediafare y la agitación ultra de sus terminales mediáticas, siguiendo el patrón de Fox News. Un modelo de sistemática desinformación dirigido a:
- La guerra jurídica y el derecho al revés, por medio de imágenes distorsionadas de la realidad, prefabricadas para el linchamiento mediático y una suerte de picota medieval.
- La guerra híbrida y el acoso permanente de las fuerzas de progreso con elementos narrativos y discursos totalitarios que abundan en la crisis de legitimidad democrática para minar la confianza de la ciudadanía en nuestras instituciones y representantes.
- La americanización de la justicia mediática como violencia verbal y simbólica permanente al estilo Trump o Milei, con motosierras o micrófonos que acosan, insultan y agreden, dentro y fuera de las redes sociales.
- La polarización ultraderechista realimentada con discursos y pronunciamientos antidemocráticos.
- Y, claro está, la criminalización de la protesta y las propuestas de las fuerzas de izquierda de acuerdo a los intereses del capital financiero, para lo que necesitan extremar las medidas disuasorias, no a base de argumentos, sino por medio de ataques ad hominem, con insultos.
Abrazafarolas, corrupto, mentiroso, bobalicón, alcornoque, sorete, cenutrio, inútil, cantamañanas, tonto de capirote, bocachanclas, malaje, mastuerzo, pintamonas, gilipollas, tontohaba, zopenco, huevón, pusilánime, payaso forman parte de una lista, al estilo Umberto Eco, que podríamos enumerar de las habituales expresiones que a diario se escuchan desde la fila de escaños de Vox, y también del PP, durante toda la legislatura. Nada edificante en términos de cultura política y democracia deliberativa. La educación y moral pública pasa por el respeto, el decoro y las buenas formas, las propias de la cortesía parlamentaria, en la que insultar o señalar en público es inapropiado. Y por eso existe un código de conducta que garantiza el respeto en la Cámara de Representantes. Principio del imperativo categórico kantiano.
La violencia verbal, la agresión sin medida no caben en democracia. Pero la colonialidad de la comunicación política trumpista ha permeado las formas de actuación de la derecha, militando en la estulticia de la avaricia de sus patrocinadores y la teología política del cretinismo y la hipérbole como método de interlocución o, más bien, de agitación y acoso al conjunto de fuerzas democráticas. Ignorando que podrán engañar a todos algún tiempo y a algunos todo el tiempo, pero no pueden engañar a todos todo el tiempo, vienen accionando una política de acoso y derribo al Gobierno y la mayoría parlamentaria en beneficio de la oligarquía económica que, hoy como ayer, actúa contra la democracia para sostener la fortaleza del modelo rentista contra toda veleidad de reforma o derechos para la mayoría social. Llama en este sentido la atención que las derechas hablen de censura por garantizar el trabajo del periodismo parlamentario cuando allí donde gobiernan han desplegado una guerra irrestricta, como Trump, contra los medios y periodistas no empotrados. Empezando por los medios públicos, donde incluso han sido condenados en tribunales por mala praxis, y continuando en medios independientes no subvencionados como los medios ciudadanos o comunitarios. En el framing del mundo al revés que nos muestran las bases mediáticas de la Santa Alianza, los liberticidas se presentan, caso Milei, como defensores de la libertad de información, mientras amparan la violencia, los señalamientos, la agresión y el fascismo de su escuadrismo mediático. Y quienes defendemos el dominio público, la democracia deliberativa, somos declarados en sus múltiples canales enemigos de la libertad. La paradoja es que el debate de la reforma del Reglamento del Congreso se ha hecho a petición de la Asociación de Periodistas Parlamentarios, que llevan tres años denunciando mala praxis y agresiones de las fuerzas de choque del IBEX35.
La iniciativa de modificación de las normas internas de la cámara ha sido debatida con la Red de Colegios Profesionales de Periodistas, con asociaciones de la prensa, con la FESP y representantes de la academia. Se trata de una iniciativa en defensa del Derecho a la Información, una reforma con consenso de la práctica totalidad de las fuerzas parlamentarias, a excepción de la derecha ultramontana, que se ajusta a la filosofía de legislar ateniéndonos a las normas estrictamente morales, construyendo porvenir y convivencia, garantizando la mesura, la proporcionalidad, el respeto y la tolerancia. Este y no otro es el lenguaje y la forma expresiva de la DEMOCRACIA. Una exigencia básica por el BIEN COMÚN y la SALUD PÚBLICA. Todo lo demás solo es ruido y violencia. Trampantojos dialécticos y argumentativos que, como en otros tiempos de tinieblas en la historia, toca desmontar y aclarar con pedagogía democrática, pa/ciencia y el principio esperanza.
«La violencia verbal acaba convirtiéndose en violencia física» – Francisco Sierra
Sus periodistas escuadristas de extrema derecha no tienen cabida en el Congreso
Cultura y política
En tiempos de guerra cultural, la disputa de la hegemonía es un problema de mediación. De medios y sistemas de información. Luego la cuestión extensamente tratada por la tradición de la filosofía de la praxis entre cultura y política está hoy en el centro del debate social.
Esta dialéctica ha sido notoria en el último festival de Eurovisión. Si en una edición anterior fue expulsada la representación de Rusia por la invasión de Ucrania, las denuncias del movimiento por la paz en Europa contra el genocidio israelí del pueblo palestino y la polémica sobre el sistema de votación del festival han marcado un antes y un después en el principal evento de la Unión Europea de Radiodifusión (UER).
Incumpliendo la exigencia de neutralidad, contando con la cantante de Israel de un canal que actúa regularmente como un medio de propaganda y exaltación radical sionista en contra del derecho humanitario, Eurovisión ha sido objeto de numerosas críticas y cuestionamientos públicos por su nula transparencia e incluso el propio patrocinio del espectáculo por la marca Moroccanoil.
El sesgo notorio en las votaciones y la injerencia del Gobierno de Israel en el televoto ha exigido, como resultado, un debate sobre el sistema de votaciones telefónicas. De momento, la UER no solo no respondió a la solicitud en tiempo y forma de un debate sobre la presencia de Israel ante las violaciones de los derechos humanos, sino que tampoco ha dado información sobre el contrato suscrito con esta compañía vinculads al Gobierno hebreo ni ha aclarado por qué no se procedió de forma diligente, como ya se hiciera con Rusia, pese a todas las evidencias denunciadas por organismos humanitarios y por Naciones Unidas.
Como resultado de la dejación de funciones de las autoridades de la UER, el festival de Eurovisión en Basilea fue claramente instrumentalizado por el Gobierno de Israel, que reconoce un activo papel y la financiación necesaria para alcanzar el éxito propagandístico procurado sin que los responsables del festival y la Unión Europea de Radiodifusión hayan asumido las críticas y exigencias de dimisiones.
Mientras tanto la censura, selección y lavado de imagen del gobierno criminal de Netanyahu ha contado con la colaboración de los máximos responsables de la UER que, incluso, amenazaron con sancionar a la RTVE por informar de los crímenes de guerra contra el pueblo palestino.
Esta ley del silencio fue llevada al extremo con el personal de realización, artistas y equipo técnico, invisibilizando el malestar y protestas de los asistentes al festival. La censura afectó a los profesionales de RTVE que no pudieron realizar su trabajo en condiciones de normalidad por abrir la vía de una cuestión de sentido común, los criterios de aplicación del reglamento y normas de la propia UER.
Tampoco fueron atendidas las solicitudes de Eslovenia, Irlanda e Islandia. Pasada la tormenta y fuera de la agenda mediática en curso, es hora de hacer balance y reformular el funcionamiento de la organización del festival, ahora que en España se planifica el Benidorm Fest.
Primero, es hora de cumplir con los principios de servicio público de la Corporación cuyo Punto 3.2.g. establece la «Promoción de los valores de paz, un decidido compromiso con el europeísmo, con el civismo y la paz, con la redistribución de la riqueza la cooperación internacional y la lucha para erradicar el hambre y la miseria».
Toda transmisión, empezando por los servicios informativos, deben atender estos criterios y evitar lo que Wesam Amer, investigador de la Universidad de Cambridge, denuncia como prevalencia de una narrativa o propaganda bélica marcadamente sionista.
Previa evaluación de Eurovisión 2025, es preciso reformular los protocolos de participación, votaciones y representación de los miembros que incumplen las reglas de neutralidad tan pregonadas por el organismo en otras ocasiones. La irresponsabilidad del presidente del Grupo de Referencia, Bakel Walden y del supervisor ejecutivo, Martin Osterdahl, debieran haber dado lugar a sendas dimisiones o ceses.
Pero la UER no solo no ha atendido la demanda de RTVE, sino que han pasado pantalla como si nada de lo ocurrido haya tenido lugar, sin dar testimonio de las resoluciones de Naciones Unidas y el procedimiento abierto en la Corte Internacional de Justicia a instancias de Sudáfrica.
Impulsar la organización del festival para evitar situaciones de grave incumplimiento de sus normas estatutarias como las habidas en 2024 y 2025 con Israel, así como el patrocinio de empresas y anunciantes que violan derechos fundamentales de acuerdo con la Carta de Naciones Unidas pasa por otro marco de organización y democratización de este organismo de las televisiones públicas europeas.
La refundación del organismo de la UER es imprescindible, como establecer estándares universales de defensa de los valores democráticos, las libertades públicas y los derechos humanos de sus socios, a la par que la reorganización del sistema de toma de decisiones y representación conforme a los valores que la ciudadanía europea comparte mayoritariamente.
Si los supuestos anteriores no se cumplen, haría bien la RTVE en retirarse del certamen de Eurovisión, movilizando recursos y haciendo las campañas necesarias internacionalmente para que, si fuera posible, otros países acompañen la decisión de España y explorar una opción mediterránea, ibérica o del Sur de Europa. Para esta cultura política antidemocrática, sobra Eurovisión. No se puede cantar y contar cualquier cosa, incluso o más aún cuando se trata de un festival de música, de entretenimiento.
“El espacio a la izquierda del PSOE es la garantía de que España nunca llegará al 5% en defensa”
En una semana enredada en el debate de las cifras del incremento de gasto en defensa, Francisco Sierra reivindica la salida de la OTAN, ese «no» a la organización que articuló en 1986 el nacimiento de Izquierda Unida. Lo hace convencido de que el tiempo le ha empezado a dar la razón frente a un plebiscito reñido en el que la opción de permanecer en el club se impuso por el 56,85% de los votos.
Catedrático de Teoría de la Comunicación de la Universidad de Sevilla, Sierra (Granada, 1969) es diputado de IU por Sevilla y una de las voces que exigen desde la amalgama de fuerzas que aún conforman Sumar una posición más rupturista del PSOE frente a lo pactado en la cumbre de La Haya.
«La OTAN es una organización que ha impulsado una política imperialista contra el derecho internacional y fomentado la guerra y la economía de guerra de EEUU. Y una organización antidemocrática y responsable de muchos conflictos ilegales desde el punto de vista del derecho internacional», señala Sierra en una entrevista a El Independiente.
P.- ¿Cómo se ve hoy la OTAN desde la izquierda?
R.- Estamos en un momento de encrucijada en un doble sentido: existe un proceso destituyente y de destrucción del sistema de Naciones Unidas por parte de Trump con unos conflictos abiertos que son la muerte del derecho internacional y el derecho humanitario; y ha habido una escalada desde la caída del muro de Berlín hasta nuestros tiempos en el papel de la OTAN. No solo ha habido una ampliación hacia el espacio del antiguo bloque del Este sino que también tiende a arrogarse competencias que no estaban en el propio Estatuto Fundacional de la Alianza Atlántica: intervención en desastres naturales o intervención en territorios que están fuera de su área de intervención. Ahora directamente una organización que ha incumplido el derecho internacional y es responsable de guerras contra el derecho internacional público y atentados a la violación de derechos humanos se convierte en una organización que está coaccionando a los países europeos para financiar el déficit de deuda que tiene EEUU.
P.- ¿Lo considera un secuestro?
R.- Es un chantaje en toda regla y una política no de presión, sino de amenaza. Los que hemos estado en las posiciones de Izquierda Unida siempre hemos dicho que es una organización que, tras la caída del Pacto de Varsovia, tenía que desaparecer. Y no solo no ha desaparecido, sino que se ha incrementado. Además, se ha demostrado en los últimos tiempos, no solo con la administración Trump, sino con documentos e informes que EEUU y la OTAN no son nuestros aliados, que han estado actuando para lograr la destrucción del proyecto de integración de la Unión Europea. Se logró con el Brexit y e una estrategia deliberada. Ahora se está tratando de negociar de manera bilateral, como siempre ha hecho EEUU. Y evidentemente a costa del modelo de bienestar del Estado Social y de Derecho, que daba sentido al proyecto federal europeo. La OTAN no solo es una amenaza para la paz, el bienestar y el desarrollo de los europeos, sino también para la propia soberanía política, no de Europa como proyecto supranacional, sino de los miembros de la OTAN.
Lo más sensato, ya no de una posición de izquierdas sino desde una soberanista autónoma, es salir de la OTAN y pedir también su desaparición. Hay otras formas. En IU hemos hablado de una política securitaria propia en Europa. Hay propuestas en este sentido desde hace décadas.
P.- ¿Y es una alternativa posible con una comisión liderada por Ursula von der Leyen?
R.- Evidentemente, no es posible con esta Comisión Europea ni con la arquitectura de Maastricht. No es posible con fuerzas políticas llamadas patriotas que, en realidad, son representantes del protectorado bajo dominio colonial de Estados Unidos. No lo es con esta configuración o mapa político. Lo que no es posible ni sostenible es el modelo que quiere implantar el chantaje. No es sostenible la financiación que pide ni tampoco el proyecto estratégico que tiene EEUU y que solo pasa por la pobreza, el endeudamiento y la destrucción de la UE, que ya prácticamente está liquidada y sin perfil propio. Las declaraciones recientes de Von der Leyen son vergonzosas y de una irresponsabilidad absoluta. Es cómplice de los crímenes de lesa humanidad, con el genocidio y con la estrategia de Israel y su aliado de EEUU en la eliminación, ya no solo de Palestina, sino otros países de la región. La guerra asimétrica es una doctrina política militar del Pentágono.
P.- Entiendo que a usted la nueva exigencia del 5% le parece un intento de rescate de EEUU…
R.- Claramente. El proyecto de financiación de la OTAN busca resolver la salida a la crisis de un imperio en decadencia. El proyecto de Trump no tiene viabilidad. La economía política de EEUU es una economía de guerra. En los años 90, después de la guerra del Golfo, hay un cambio de modelo de guerra. Se externaliza la guerra. Están los mercenarios, las fuerzas irregulares, los socios y luego el negocio de la reconstrucción. Existe un proceso especulativo y financiero vinculado a Wall Street y a la industria de armamento; hay otros actores que entonces eran secundarios y ahora son protagonistas como Israel, que es el principal actor en la industria de armamento y de seguridad. En la subcomisión de Ciberseguridad del Congreso de los Diputados, el argumento del bipartito, PP y PSOE, es que tenemos una dependencia tecnológica de Israel y de EEUU. Yo considero que se es dependiente porque se quiere serlo. Porque los países que no han querido, y en la historia de las tecnologías, tenemos desde países como la India a Brasil, que incluso con dictaduras, desarrollaron un proyecto de soberanía tecnológica para no depender totalmente y tener cierta autonomía estratégica de EEUU.
P.- El debate de esta semana ha estado centrado en una guerra de porcentaje en torno a la cumbre de la OTAN. Del 2,1% de Sánchez al 3,5% de Mark Rutte…
R.- No debería ser ese el debate. Nosotros queremos dar un giro en 180 grados, un giro radical. El debate no es porcentaje, el debate es modelo securitario, autonomía estratégica y ni siquiera industria militar propia, sino qué inversión para qué recursos. Y evidentemente, eso pasa por salir de la OTAN y plantear otro modelo diferente. Ahora nos piden el 5%, mañana qué van a pedir.
P.- Muchos podrían responderle que al final IU y Sumar pertenecen a un Gobierno que se compromete con la OTAN a cumplirlo aunque de un modo flexible…
R.- Nosotros somos la garantía de que no se va a llegar nunca al 5%, porque con esta correlación de fuerzas no habrá un gobierno de coalición. Como se plantee en estos términos, evidentemente nosotros no estaremos en un gobierno con una organización que nos hipoteca y que está defendiendo y justificando el genocidio. En este Gobierno ha habido cambios en posiciones respecto a Palestina pero la correlación de fuerzas es la que es. Nosotros vamos a trabajar para que esa mayoría, que era mayoría social en España cuando el referéndum contra la incorporación a la OTAN, se manifieste en el número de diputados. Sabemos que en un gobierno de coalición hay que ceder. Y no solo en política exterior donde es evidente que en el caso del Sáhara o de la OTAN no compartimos lo mismo. Pero también en vivienda y política económica, donde cada conquista para los trabajadores nos cuesta la misma vida. La cuestión es ponderar si merece la pena. Yo creo que sí. Lo que no es muy sensato, es una postura maximalista. Si no asume mi programa, no negocio. Eso es prepolítico, antipolítico y no es razonable.
Si no estuviéramos, evidentemente no se habrían logrado los avances. Y si no estuviéramos en el Gobierno, tampoco se hubiera reconocido el Estado de Palestina, ni tampoco se hubieran hecho gestos para personarse en la causa del Gobierno de Sudáfrica en la Corte Internacional de Justicia. Y, por tanto, en esa línea vamos a seguir avanzando para girar las posiciones progresistas y de izquierda al PSOE, que sabemos la tradición de Suresnes que tiene, de traición al pueblo saharaui, de traición a las causas de coloniales y de liberación de los pueblos de los países de sur. Como sabemos esa historia, la única forma es la presión.
P.- ¿Se fía del PSOE cuando dice que ha llegado a un acuerdo con la OTAN?
R.- Conocemos exactamente el ADN liberal y conservador que ha prevalecido desde Felipe González en el PSOE y trabajamos en la gestión del conflicto. Lo hemos demostrado cuando han recalado en España barcos con armas hacia Israel o en el asunto de los contratos de armamento del Ministerio del Interior con Israel. La política es el arte de lo posible, aunque nosotros seamos una formación con un proyecto emancipador y utópico. Sabemos cuál es la tradición del Partido Socialista en política internacional. Y ahora lo que tienen difícil es retratarse con fuerzas que son de extrema derecha, con un Gobierno de EEUU que está organizando una recomposición del orden internacional. Nuestra ciudadanía percibe que EEUU es una amenaza para nuestra libertad y para nuestra democracia.
Que nos digan qué tenemos que gastar de las cuentas públicas, atacando sistemas de pensiones, educación pública, sanidad pública, hipotecando el futuro de las próximas generaciones no solo es un disparate y una ocurrencia de Trump, sino una estrategia de sometimiento y subalternidad. Hemos denunciado el tecnofeudalismo y la estrategia imperialista de EEUU y en esas posiciones lo que tiene que hacer el PSOE es moverse. Nosotros estamos caminando en la dirección correcta. Son ellos los que tienen un problema, porque la ciudadanía ya lo percibe.
P.- Le planteo un ejercicio de ficción. ¿Qué posición tendría el gobierno hoy si fuera monocolor del PSOE?
R.- No estaría manteniendo la posición pública que ha mantenido ahora, claramente. Si no depende de la aritmética parlamentaria de nuestra fuerza y no estamos en el Gobierno, el discurso de Sánchez no iría más allá de la coyuntura ahora difícil de este golpe blando que nos están escenificando las derechas. Que el PSOE asumiera el discurso de la OTAN fue un error histórico. Se está demostrando ahora de manera muy clara.
P.- El eslogan histórico -OTAN no- tenía una segunda parte: bases fuera. ¿Qué futuro tienen Rota y Morón?
R.- Hemos pedido ya que no utilicen las bases en el conflicto de Palestina, porque hemos visto movimientos anómalos en la base de Morón y de Rota. Son imprescindibles para la estrategia logística de mantenimiento de la guerra. Presentamos una ley para fiscalizar los atraques de barcos con destino al tráfico de armas. Teníamos una laguna jurídica. Vamos a presentar una normativa que cuando haya una resolución de la Corte Internacional de Justicia saber qué organismo dentro del Estado tiene las competencias para velar, supervisar el cumplimiento de estas exigencias.
P.- ¿Asistiremos a la salida de EEUU de Rota y Morón?
R.- Creo que sí aunque no me atrevo a poner un horizonte. La crisis que estamos viviendo es muy compleja.
P.- Si esto se lo preguntamos a Margarita Robles, evidentemente diría que es imposible…
R.- No es cierto que sea imposible. Lo que no hay es voluntad política. Evidentemente no vas a cambiar un sistema de dependencia tecnológica, securitaria, en pocos años. Pero si no empiezas a caminar, es lo que hay. La realpolitik conservadora de Margarita Robles o de otros representantes del Gobierno no es lo que espera la ciudadanía.
P.- Se cumplen pronto los dos años de gobierno de coalición. Me pregunto si a veces considera insoportable esta cohabitación…
R.- Es la primera vez en la historia de España y hemos estado muy acostumbrados a las mayorías absolutas o a la mayoría simple, pero holgada. Y eso, desde el punto de vista de salud democrática, no es bueno. Es verdad que es difícil convivir. Hemos tenido también experiencias autonómicas con el PSOE, que en el caso de Andalucía, no son precisamente para recordar. Pero dicho esto esto recupera la esencia de nuestro modelo pluralista de Estado.
P.- Si uno escucha a Podemos, siempre termina denunciando lo que consideran la escenificación del «pataleo» de Yolanda Díaz ante el PSOE…
R.- La opinión pública internacional de los propios socios europeos es que el español es un gobierno radical y extremista. Creo que el problema es cuando te centras en el pasado y en el presente y no miras al futuro. Lo importante es que con los compañeros de Podemos nos encontremos en la defensa de la paz o en la calle y hacia dónde caminamos. Podemos discutir los tiempos y el método, pero vamos en la misma dirección y, por tanto, no cabe ninguna disputa en ese sentido. Lo que habría que establecer son estrategias de alianzas.
P.- En el caso de nuestra seguridad, usted considera que Rusia no es un enemigo. ¿Lo es Marruecos?
R.- En la lógica que nosotros defendemos de diplomacia pública, Marruecos no es un socio fiable. No compartimos la posición del PSOE ni del ministro Albares en modo alguno. Estamos indignados y hemos llevado muchas iniciativas en defensa al pueblo saharaui, del derecho de autodeterminación y del cumplimiento de la resolución de Naciones Unidas respecto a los territorios ocupados. Nuestra posición es firme. Igual que hemos cuestionado el chantaje de Trump, no vamos a permitir que un Gobierno limítrofe como Marruecos marque la agenda política de nuestro país, porque evidentemente va a afectar a nuestras relaciones exteriores como lo está haciendo, y también a los derechos del pueblo hermano saharaui, que son connacionales. Tenemos un deber histórico y moral. No diría que es un enemigo pero sí un no aliado, al contrario de lo que sostiene la política exterior del Gobierno liderada por Albares. Nosotros cuestionaríamos esa alianza estratégica y pondríamos en cuarentena la política de cooperación respecto a Marruecos, no solo respecto a los territorios ocupados, sino también respecto a su papel en el territorio, en todo lo que sería la región, como valedor de los intereses imperialistas de la OTAN y de Estados Unidos. Y en eso, estamos por democratizar y lograr derechos para el pueblo marroquí e ir avanzando en relaciones amistosas.
«En RTVE se ha hecho apología del genocidio palestino» – Francisco Sierra
Benidorm Fest tiene que visualizar la diversidad plurinacional de España – Franciso Sierra
Análisis del libro «José `Pepe´ Mujica. Los laberintos de la vida»
LABERINTOS Y CAMINOS
La llama de la memoria rediviva
Sabemos que no hay historia sin proyección social de la memoria. Somos lo que fuimos. Para repensar nuestro presente, para develar el sentido de las nuevas construcciones ideológicas y el espesor material de los relatos de las crisis y contradicciones del universo social, hemos de vindicar la memoria, que es tanto como definir lo común, en un sentido proyectivo, una suerte de simiente para albergar esperanza en el futuro, a modo de política comunal de cultivo de los imaginarios que nos mueven y conmueven, como una forma, en definitiva, de hacer solidaria la vida compartida, los recuerdos redivivos, la odisea de los intersticios, laberintos y las esquinas o recovecos del viento con los que las emboscadas de la política y la existencia nos llevan a convivir.
Decía Max Horkheimer que toda reificación es una forma de olvido, por ello conviene reconstruir la historia de las experiencias y formas de lucha en los frentes culturales conocidos para vivir y transformar el mundo que habitamos. No hay otra forma no ya de soñar sino simplemente de vivir una vida digna de ser vivida. La misma que nos anima a cultivar los senderos abiertos y los surcos horadados durante años por infatigables luchadores sociales que sabían lo que hacían porque a su vez caminaron sobre los hombros de gigantes, o simplemente pensando contracorriente desde la soledad. Hablamos no del laberinto del Minotauro, o cualquier otra intertextualidad de ciencia ficción que pueda imaginar el lector, sino más bien, a lo Nicolás Guillén, de las danzas laberínticas que se celebraban en la antigua Grecia, en las islas egeas, donde los danzantes transitaban de modo festivo un complicado trazado de cuevas y rutas, cogidos de la mano. De las blancas manos a las manos negras, reunidos, hermanados, siguiendo el principio de fraternidad, necesario e insoslayable, para conmemorar lo común, lo que nos identifica y convoca.
Más allá de los dilemas de la acción colectiva y la miopía intelectual de algunos líderes de la izquierda en la actual encrucijada histórica, en las siguientes páginas se nos invoca y convoca a aprender a soñar juntos, empezando por documentar numerosas experiencias, pero, sobre todo, elementos de juicio y reflexiones de sentido común que sin duda pueden servir de útil caja de herramientas para preguntarnos cómo debemos cambiar el mundo que vivimos, ahora que se vindica lo inexacto, o más bien la inexactitud de los negacionistas de toda laya que proliferan dentro y fuera de las redes sociales. Y para ello qué mejor que pensar la práctica política con quien ha demostrado ser capaz de superar todas las adversidades inimaginables para vindicar una vida vívida, y bien vivida, digna como tal.
Filósofo de la vida, hombre de campo y ciudad, genio del sentido común, latinoamericanista y dirigente, Pepe, el Mandela latinoamericano, como algunos han querido titular, ya es un patrimonio común de todos los que saben que otro mundo es posible y que, como era virtud en La Pasionaria, es capaz de decir verdades como puños y que sus ideas prendan en la multitud. Pues se ha hecho pueblo. Es uno más. El Viejo Pepe se ha encarnado y trasmutado en todos, no se despide, vuelve siempre para el reencuentro con los nadie, con la tierra, con el pueblo. Lo sabemos. Ese tránsito, de la vanguardia a la multitud en “Tal cual es”, crónica del camino de Mújica a la Presidencia de Uruguay, que el autor ha regalado a sus lectores, hace ya algunos años, en Abya Yala, ilustra el acierto y elogio de la derrota de un largo camino que, si pensamos en densidades históricas, va del reformismo de José Batlle, a Raúl Sendic, el Gramsci uruguayo, y cristaliza en el Frente Amplio, un frente de todas y todos, un referente de articulación de la pluralidad y la unidad de acción que convendría conocer más en detalle por estos lares. De todo ello trata este libro que opera como una suerte de trampantojo, simulando una entrevista cuando en realidad es una conversación, una mateadita, con observadores anónimos, pero no indiscretos, siempre dispuestos, como quien escribe, a aprender a ser. Si bien la entrevista es diálogo, la conversación va más allá de la inquisitorial pregunta y respuesta, del ensayo de ida y vuelta entre los protagonistas, para registrar el tamiz de la expresión en un proceso de descubrimiento que permite a la vez analizar el contenido de interés y construir nuevas ideas, alumbrar, con la co/ocurrencia, con la circulación de sentidos, marcos inesperados de comprensión e interpretación.
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Tuve la suerte de conocer a Kintto Lucas durante mi estancia de tres años en Ecuador, como Director General de CIESPAL, y constaté desde el principio no solo la aguda inteligencia como Vicecanciller que hizo posible proteger a Assange, sino también, por añadidura, las virtudes excepcionales y su capacidad creativa como escritor y periodista. En las entrevistas que regularmente mantuve con él, me demostró no solo un profundo dominio de toda la realidad de América Latina y España, sino también un conocimiento detallado de la historia del expolio, del imperialismo estadounidense y de las contradicciones de los medios y mediaciones, a propósito de la Ley Orgánica de Comunicación de Ecuador que, como máximo responsable del organismo internacional de la UNESCO, tuve a bien defender. Por esta y otras muchas razones, terminé siendo su editor de Cara y Cruz, una historia en tres volúmenes del origen de la Revolución Ciudadana, crónica de una aventura que, seguro, habrá tenido continuidad con al lawfare y la contrarrevolución diseñada desde el Pentágono. Esperamos que así sea porque nunca como hoy somos tan conscientes de la necesidad de contar lo ocurrido y evitar que la historia sea narrada por los vencedores de siempre. En Ecuador y la región, se echa en falta la presencia de escritores comprometidos con voz propia y comunicólogos radicales, militantes de la vida, que sigan los pasos de Rodolfo Walsh o Gregorio Selser, como ha venido haciendo desde la escuela de Mate Amargo, una suerte de Iskra latinoamericano, nuestro autor. Pareciera que el oportunismo es más favorable al modo Fox News y la comunicación política a lo Trump. De ahí el valor y relevancia del trabajo de Kintto Lucas, incansable lector e intérprete de la realidad, así como activo testigo de los cambios vividos en la Patria Grande y que tan bien ha sabido documentar.
La edición de estas conversaciones tiene lugar tras una emotiva despedida, en plena campaña electoral, de Pepe Mújica que conmovió y, en la distancia, provoca hasta un hondo pesar, pues de alguna manera debe ser recibida como una llamada urgente a actualizar y revivir su legado y virtud revolucionaria. Cosas propias de comunistas o diríase de quienes nunca dejaron de vindicar el demos y la necesidad de organizar las pasiones alegres, la cultura de la vida, en la era de los cercamientos y privatización de lo común. Esta y no otra, como puede el lector deducir de las siguientes páginas, es la esencia e impulso del materialismo del encuentro, el elogio de la amistad que Kintto ha mantenido por tantos años con Mújica, compartiendo una misma visión política y actitud, anclados en la insobornable voluntad socrática de la sabiduría de la fraternidad, de la UNIÓN y de la RE/UNIÓN, por oficio, antaño de proyección comunal, al menos en las redacciones de medios como Mate Amargo y de otros espacios colectivos, desde los que pensar y construir juntos siempre resulta, indudablemente, más productivo que empeñarse en emular a Robinson Crusoe. Sólo desde esta posición de observación es posible captar el latido de la calle, el sentir y el sentido de ser en el mundo, y así se aprecia en cada gesto y confidencia de camaradería, afectos, recuerdos varios y lecciones que recontar. Ya nos hubiera gustado haber asistido, personalmente, a estas conversaciones o ver los silencios in situ de Pepe Mújica y Jesús Quintero durante la entrevista de El perro verde, un registro que tanta falta hace en un país como el nuestro en donde escasea la prudencia, se malversa la paciencia y niega la escucha activa, condiciones por cierto imprescindibles del monólogo interior que fundamenta el diálogo social y, en el fondo, toda democracia deliberativa. Pero no es el caso apuntar aquí lo que nos evoca el texto. Sí constatar, en cambio, a modo de introducción o prólogo a su lectura, que una cosa que deja meridianamente claro Kintto sobre la realidad inexacta que nos interpela, es que el primer principio de todo escritor y periodista ha de ser no solo vivir para contarlo sino escribir la historia, narrar o transformar la vida para poder contarla y cuentearla como una suerte, en términos colombianos, de vivir sabroso. Todo un programa a tratar en las Facultades de Periodismo en términos de Sumak Kawsay y que hace años su autor viene cultivando con esmero en calidad de experimentado cronista de la realidad política.
Por cierto, lo del buen vivir no es una cuestión menor, o una ocurrencia escrita al calor de la coyuntura histórica, y menos hablando de un escritor que piensa desde Quito. En estos tiempos de tanatopraxia, vindicar la buena vida y una lectura como esta se nos antoja crucial. Porque, como escribe Álvaro Llamas, nadie deposita ya en los libros su ansiedad por la memoria futura. Y es hora de advertir, al menos los militantes de la filosofía de la praxis, que hemos de cumplir la máxima de Heráclito: vivir de muerte, morir de pura vida.
Este dispositivo cultural en forma de libro es, sin duda, una invitación a la celebración, una anatomía vitalista de la actualidad histórica y sus pliegues. Un manifiesto, en fin, de la política quijotesca, de la conciencia iluminada por la escucha activa y la experiencia ampliada de la ejemplaridad y el trabajo bien hecho que, con el discurrir del tiempo, va acrecentando la figura de Pepe Mújica y la obra del autor, macerada con el paso de los años al punto de terminar siendo una referencia obligada, además de conocida internacionalmente, para escrutar los horizontes por venir sin necesidad de un oráculo de Delfos. Entre otras razones porque rezuma en cada línea escrita mucha vida digna de ser vivida, y sobre todo esperanza, didáctica de la pedagogía materialista, textos y contextos de la trama de lo común, una brújula o carta de navegación con la que aprender de la historia y dibujar tránsitos de futuro para la existencia, como especie, como planeta, y como sujetos políticos, empezando por las lecciones de Raúl Sendic, muy oportunas para España, cuando insistía en no confundir bulla con propaganda, y continuando con las vicisitudes de Mújica en momentos complicados o decisivos de la historia de Uruguay y la región. Lecciones en fin que atesoran aprendizajes necesarios del socialismo latinoamericano frente al actual capitalismo selfie y la dialéctica de la realidad, la imagen y la imaginación emancipadora en una era, la digital, proclive a la confusión o improvisaciones políticas de toda laya.
Volver a los principios, explorar las enseñanzas de la justa medida, del espartaquismo mestizo, de los lectores de Rosa Luxemburgo, los sanchopancistas de los chispazos de la historia, más allá de la construcción del Frente Amplio desde 1971, resulta, especialmente en nuestro tiempo, un ejercicio útil en medio de la disgregación política y moral, de la patria, y la matria, dada la ausencia de una voluntad política partisana con trabajo de base. La esencia del efecto Mújica tiene que ver con esta labor que en la campaña del 23J defendimos como principios de flexibilidad, apertura y articulación social: Sumar, coser y cantar. Nada fácil porque ello implica gobernar zurciendo, como dice Mújica, todos los días, “tejer alianzas permanentemente, tratar e ensanchar en todo lo posible la base de sustentación, tratar de limar las contradicciones más peligrosas, preocuparse por el salario, preocuparse día a día por el trabajo, preocuparse porque la tajada gruesa no condena a la inanición a otros”. Y además no perder la rebeldía pues perder la rebeldía es fácil y ser burócratas de la política es lo normal cuando se renuncia, por puro pragmatismo, al duro e ingrato trabajo de Prometeo. Más aún si observamos con detenimiento, atentamente, el horizonte histórico del multilateralismo en el que asoman cambios que producen vértigo como la Inteligencia Artificial, la sociedad del conocimiento y los peligros de la siliconización. Los avatares de la OEA y la esperanza de los BRICS, los proyectos de integración regional de UNASUR, CELAC, ALBA, CAN o MERCOSUR, y las estrategias del orden de la gobernanza mundial de Estados Unidos, la OTAN y la OMC que asoman en estas páginas sugiriendo interpretaciones laterales poco convencionales en la izquierda. Como no podía ser de otro modo, en el libro, se acomete el problema de la globalización, siempre recurrente, pero también las alternativas del Foro Social Mundial, la apuesta por el decrecimiento, el repliegue de cierta izquierda timorata ante la guerra abierta contra Venezuela, por ejemplo, o los dilemas de la llamada nueva política en un diálogo de Sevilla a Montevideo, de Quito a Madrid, de La Habana a Pekín, sin solución de continuidad y desde una clara apuesta por la radicalidad democrática.
Un camino, en fin, por la vida de Mújica pero también del autor: del indigenismo a la guerrilla, del duelo por el hermano a las utopías de la nueva izquierda latinoamericana, de los tupamaros a la Revolución Ciudadana, de la política al periodismo y vuelta a empezar en un laberinto de pasiones que sorprenderá, seguro, al lector. Pues este no es, como decimos, un libro de entrevistas, sino un texto que abre ventanas y puertas, que nos sitúan ante otros encuadres inéditos, que habla del drama humanitario y las muertes del Estrecho, del drama de la guerra en Libia y Siria o el genocidio del pueblo palestino en un ir y venir, como los cantes de ida y vuelta, de Saramago a Wallerstein, de Negri a Lula, de Chávez a Piazzola, de Sanders a Galeano, de Onetti a Assange, de Mario Benedetti al Che, de Artigas a Bolívar, y de Bolívar o Chávez a la gente común, a la cultura solidaria, la autogestión, el lenguaje de los vínculos, los frentes culturales, el trabajo de conversación y economía social, el futuro de los cuidados y el reto de la vida en común. Una lección del método ético y político de ser paisano, de ser pueblo y gente común, manteniendo siempre, intertextualmente, la sonrisa pícara, la palabra luminosa y las lecciones aprendidas de la construcción de la unidad popular. Tómese, en este sentido, como un manual introductorio de cómo tejer política de alianzas, y practicar, efectivamente, la escucha activa, el diálogo con los nuestros y con los otros.
Si es más difícil formar un campesino que un ingeniero, Mújica dixit, la construcción de la unidad popular siempre es más compleja y tortuosa, pero por lo mismo más sostenible en el tiempo que el marketing político de atribulados tecnócratas y arribistas de lo ajeno que proliferan en la nueva política. Por ello, hay que felicitar a la editorial la publicación de esta obra pensada para gentes sin casa, quijotes tupamaros, soñadores despiertos, multitudes chicas y otras especies en extinción que, aunque penden de los hilos que tejen la vida, no han dejado de brindar con la chispa de la vida que nunca nos ofrecerá la corporación Coca Cola, sino el jugo destilado por los actores políticos andantes, caballeros de la triste figura, siempre comprometidos con la romántica e insobornable vocación de Antígona.
En esa advocación conviene no olvidar la advertencia que nos hace Pepe: la gente mira poco hacia atrás porque tenemos los ojos hacia delante, pero sin memoria no hay proyección histórica posible. Las páginas que siguen sirven para exorcizar esta costumbre y activar la memoria rediviva en la pasión por lo común. Del niño Kintto de ocho años, de Punta Carretas, su hermano Enrique, de Mate Amargo, periodismo con voces comprometidas, como las páginas que siguen, a nuestro presente más cercano, manteniendo en todo momento el difícil equilibrio del funambulista que atrae nuestra mirada hacia adelante y más arriba, porque Kintto sabe bien y aprendió en la práctica que, como advirtiera el gran Mario Kaplún, la comunicación es una calle ancha y abierta que hay que amar transitar. Se cruza con compromiso y hace esquina con comunidad. Y exige una filosofía de la praxis para que resulte útil a la generalidad. Kintto bien lo sabe, ha sido lector de Gramsci, conoce, como Bourdieu, que el frente cultural exige una actitud intelectual alerta, en la que hay que señalar, advertir, pensar contracorriente, para combatir los dispositivos de dominio, entre la voluntad política de transformación y las políticas de reconocimiento. Sin ello no tiene sentido pedir la paz y la palabra. Así que la lectura, como la vida, sea gozosa. El autor, ya lo advierto, siempre lo consigue. Y en este libro especialmente, por el tiempo y por el tiempo narrado.



