El vecino es Superbarrio

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Hace meses publicamos en Mundo Obrero un artículo titulado La Fiambrera Obrera, a propósito de la profusión de la cultura plebeya como estética emergente en el momento de crisis que vivimos, característica de la actual fase terminal del capitalismo. En este contexto de la difusa imagen de lo hortera, series como “El Vecino” ilustran, sintomáticamente, el retorno narrativo al realismo de la precariedad. La historia, filmada por Nacho Vigalondo, con guion de Miguel Esteban y Raúl Navarro, adapta para Netflix el cómic homónimo de Pepo Pérez y Santiago García, la historia de una suerte de Superlópez que vindica la ética del fracaso. La trama, no por sencilla, deja de ser sustanciosa. El protagonista, Quim Gutiérrez, es un tipo común, sin proyecto vital, que termina, por azar del destino, adquiriendo superpoderes, y adopta una nueva identidad, Titán, con la que resolver, desde el anonimato, situaciones comunes en la que se desenvuelve, siendo, y esto es lo novedoso, protagonistas los espacios, actores y relaciones de la vida cotidiana en los suburbios de la desesperanza entre lo cómico y, por supuesto, la ironía, principal mecanismo de resistencia de las clases subalternas. Bien lo sabemos desde el teatro épico de Brecht. El arte de la crítica de la representación consiste en poner de vuelta el mundo al revés a partir del recurso al humor, la vía más corrosiva para dejar en evidencia lo silente u obliterado, la espiral del silencio del disimulo. “Piratas del Caribe” no es un buen ejemplo de este proceso de identificación. Pero sí la literatura, del Quijote y las novelas de caballería al relato oral del bandolerismo en España. La idea aventurera de la banda o fratria contra el poder instituido como colectivismo demócrata por otros medios, al margen de la idea, es la historia cultural de la subalternidad como reclamo del consumo de masas. Hoy, en la era Netflix, El Vecino apunta en esta dirección, a partir de un guión que, en cierta forma, nos muestra la crisis que viven los treintañeros en una cultura posmoderna que acosa permanentemente su derecho a vivir en paz, cercados como están por las casas de apuestas y el subempleo. Narrativa audiovisual de la intemperie, la serie ilustra con humor, y un tanto de forma paródica, la lógica devastadora de un orden en el que el supervillano es el capitalismo, y su carta de navegación del naufragio de jóvenes sin futuro, en el escenario crudo y realista del malestar generacional proyectado entre redes, abuelos solitarios, opositores sin esperanza y bares, contrageografías, en fin, del desarraigo que nos recuerdan Villaverde, San Cristóbal y el extrarradio de grandes capitales como Madrid donde vivir es, sobre todo, y fundamentalmente, sobrevivir. Por ello el verdadero héroe de esta ficción es el vecino común. Como aprendimos en el I Congreso Internacional de Movimientos Sociales, el héroe siempre es Superbarrio, que bajo la máscara y el anonimato trata de luchar contra los desahucios y las injusticias en la gran megalópolis de la Ciudad de México. Una y la misma cosa: la máscara, en fin, como antaño la Mano Negra, nos muestra el orden oprobioso más que ocultar en los tiempos de la comunicación enmascarada. Cosas del mundo al revés y de las emboscadas de las clases populares que han de ocultar sus cartas para que la carta constitucional limpie y dé esplendor, ya que el hombre blanco habla siempre con lengua de serpiente. En fin, vean la serie y me cuentan. En los tiempos de las cuentas y el muro de Wall Street, hemos de contar cuentos para decir algo de verdad. Paradojas de un mundo programado en serie y en serio.

Políticas de Comunicación y Economía Creativa. El reto de la cultura y el desarrollo local

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Este ensayo plantea una reflexión crítica sobre el papel de la cultura dentro del tardo-capitalismo, en el actual contexto de ofensiva liberal, donde las grandes corporaciones culturales y mediáticas tienen el dominio total del discurso y dificultan el desarrollo local, la diversidad y el pluralismo inherentes a la cultura y las comunidades humanas.
Participación, ciudadanía, comunidad, cambio social, identidades, diversidad, cultura popular, nuevas tecnologías de la información y la comunicación son solo algunas de las palabras clave que definen este ensayo que aborda —desde el paradigma de la Economía Política de la Comunicación y de los Estudios Culturales— varios ejes temáticos:

  • Los problemas y limitaciones que plantea el concepto de economía creativa.
  • La incorporación de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación en todos los procesos culturales y de desarrollo local.
  • El papel activo de la ciudadanía y el poder democratizador de las políticas de comunicación.
  • Las condiciones materiales de la nueva política cultural en casos como el europeo o el brasileño.
  • Las transformaciones acaecidas en la ciudadanía y las ciudades planteadas como un reto para el desarrollo local.
  • La necesidad de plantear una ecología de desarrollo urbano sostenible que respete la diversidad cultural.

Digitosofía

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¿Qué sentido tiene hablar de una filosofía de los apéndices articulados… qué nos está queriendo decir la familia Botín. De qué dedos estamos hablando, ¿del dedo pulgar para, a golpe de click, validar como en Facebook operaciones en paraísos fiscales?

En tiempos líquidos, que diría Bauman, de esta posmodernidad perdida, llama la atención que cuanto más se apela a lo inmaterial, al carácter ubicuo del universo postmaterialista de la realidad virtual, más sentimos físicamente la violencia indiscriminada del capitalismo: sea en forma de represión militar, como en Chile, o a través de la biopolítica, característica de la aporofobia, por la que hoy a los pobres jubilados se les impone la espera interminable de las colas -el poder siempre opera administrando el tiempo- o sufren la penitencia del manejo indescifrable para ellos de los cajeros electrónicos en trámites que antes despachaban con la ayuda del personal de las sucursales. Por ello, no deja de resultar irónico que el Banco Santander se abone a este gusto por la vanguardia tecnológica al encubrir la tramoya del sentido de esta apuesta perversa por el algoritmo.

Aprendimos con Faustino Cordón, que cocinar hizo al hombre. El proceso evolutivo que, filogenéticamente, nos hizo homínidos no es comprensible sin pensar cómo nos aplicamos a transformar la materia orgánica, con ayuda del fuego, para reproducirnos como especie. Mano y cerebro, fuego y alimento, hicieron posible al homo sapiens, al homo faber y al homo loquens que hoy somos. Pero qué sentido tiene hablar de una filosofía de los apéndices articulados que nos distinguen como especie. Da que pensar. No sabemos si hablan de los pies o de la mano: si apelan a seres bípedos o nos quieren en otra posición: con la mano abierta o el puño cerrado. Que nos está queriendo decir la familia Botín. De qué dedos estamos hablando. ¿Del dedo pulgar para, a golpe de click, validar como en Facebook sus operaciones en paraísos fiscales? ¿Nos está ordenando con el dedo índice el camino a seguir de los Chicago Boys que implosiona en el país austral? ¿O más bien se trata de un perverso juego publicitario, y ávidos del orden de la moderación y el justo medio aristotélico, en verdad nos están haciendo una peineta a lo Bárcenas? De manos y puños, los de El mono azul algo sabemos, pero de dedos, lo que se dice de dedos y digitosofía, más bien poco. Y por eso uno empieza a cavilar. Más que por costumbre de la filosofía de la sospecha porque no nos metan el dedo en el ojo y porque, simple cultura tabernaria, no nos chupamos el dedo. Con el 15M nos quedamos a dos dedos de lograr la democracia por fin en España. Muchas décadas después la momia es noticia y la televisión pública hace un espectáculo en vivo. La vida sigue igual, ya lo dijo Julio Iglesias. El problema es que ahora tenemos la certeza de que la mochila austriaca más que quebrar el espinazo, como a los jóvenes estudiantes que acuden a la escuela cargados en sus mochilas de inservibles manuales del imperio Polanco (no solo por revisionistas de la historia oficial del régimen borbónico, sino por su obsolescencia programada: como la informática), anticipa una molesta operación con el dedo anular que va a ser cualquier cosa menos agradable.

En este capitalismo de amiguetes del reino de España, parece que avanzamos de la fase oral a la anal. Solo por la vía sádica de la estrategia gore, los de siempre, los de la casta, los que construyen la trama, pueden seguir robando con la acumulación por desposesión. Por ello, la profusión de imágenes y narrativas de la violencia. La trama precisa enredar, la espiral del disimulo, la maña y el drama aristotélico, la retórica de las emociones, las banderas y el conjunto de dispositivos que hagan aceptable esta mala representación. En fin, que empiezo a pensar que lo que quería decir la señora Botín es que nos va a meter los dedos. Lo que no sabe es que la digitosofía sirve también para pulsar las cuerdas, dar en la tecla y soñar despierto en redes conectando multitudes, y descubrir otros usos y costumbres. Pero eso ya lo contaremos otro día que acabo de recordar que, cumplidos los cincuenta, debo ir a visitar al proctólogo. Disculpen la asociación de imágenes, que diría Freud: Chile, España… cuestión de colonoscopia.

La fiambrera obrera

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No me gusta la cultura del disimulo, ni Rosalía. Pero en el capitalismo excedentario, el exceso es la norma y sus uñas no solo dan grima ni sirven exclusivamente para llamar la atención, también dan cuenta de la emergencia de otra forma de imaginar la vida, un elemento de vindicación de clase que pone en evidencia la crisis del modo de producción. Lo paradójico es que, de Hollywood al hip hop, el estilo se manifiesta como política, a nivel formal, desconectado de una ética y propuesta transformadora. Iniciamos el siglo con la crítica del star system mediático a la cultura del chándal bolivariano de Hugo Chávez y hoy asistimos al triunfo de los elementos icónicos y las imágenes del universo quinqui en una democracia low cost, de baja intensidad, que en España es más característica del modelo chiringuito o del ingenio azucarero (economía fazenda). Esto es, del trap a Trump, la cultura subalterna ha visto alterada, en la era digital, los patrones estéticos y no tanto las lógicas de dominio. Ahora, el gusto por lo kitsch, por lo zafio, o considerado, de acuerdo a la norma dominante, de mal gusto corresponde a la tendencia al desborde del exceso de capital financiero acumulado manifestándose en la epidermis social, como en el barroco que tan bien supo entender Juan Carlos Rodríguez, en una suerte manierista de deseo de lo hortera. Como bien sabe el lector, en el siglo XIX en Madrid este calificativo definía al mozo o menestral empleado en el comercio de la capital, luego popularizado peyorativamente por los usos como equivalente a las formas llamativas que por imitación querían emular los usos y vestimenta de la burguesía. En definición del Diccionario Etimológico de Corominas, los que llamaban horteras en Madrid eran jóvenes que acudían al trabajo en el comercio llevando su comida en una horterilla que calentaban a la hora del almuerzo en la trastienda. Como había algunos puestos de trabajo donde no se podía calentar, supongamos, unas lentejas, muchos lo que llevaban en la hortera era únicamente fiambre, pan y fruta. Por eso la palabra hortera fue poco a poco abandonándose en favor de la fiambrera. De vueltas con la historia, hoy la vindicación de la cultura de la necesidad ya no es una pose de vanguardia situacionista de los ochenta en pleno apogeo del neoliberalismo. Está presente ya no solo entre obreros de la construcción. Ha ganado terreno en las universidades, entre el precariado que no llega a fin de mes, se ve entre los creadores culturales y la generación Instagram que emula el sueño dorado de las clases acomodadas y, más allá aún, se da entre las élites culturales que tienden a radicalizar sus códigos y estilos de vida para imitar a los sectores subalternos. Y no hablamos de la presencia habitual en el cine (de los herederos de Eloy de la Iglesia), la televisión (Brigada Costa del Sol) o el universo de las series de Netflix. Lo hortera es un fenómeno transversal que permea hoy la cultura zombie como antaño, con el inicio de la era del vil metal, tuvo lugar la literatura de pobre. Y tiene sus manifestaciones en el audiovisual, el arte o la música. Véase por ejemplo el caso de Califato ¾ o DMBK y la cultura kimkidelia del neofolklore en la música andaluza que se manifiesta sin complejos, fusionando, en la era neobarroca, formas y registros de otros códigos culturales. Hablamos, en fin, de manifestaciones de un nuevo ciclo de emergencia de la cultura plebeya que nos debe hacer pensar cómo rearticular el espacio de la estética y la política contrahegemónica para vindicar lo vulgar y las formas contemporáneas de protesta en respuesta al capital. Pues no solo de perrear vive el hombre. Es el momento de pasar del culipandeo y el postureo del capitalismo selfie a la toma de posición. Materiales de construcción no faltan.

Filmar el capital

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Publicado por Mundo Obrero

Octubre 2018

 

El reto de toda mediación informativa crítica es pensar el acontecimiento, lo ordinario y extraordinario de la vida humana que hace posible lo común considerando la relevancia de los imaginarios de la modernidad que atraviesa y produce el fetichismo de la mercancía en forma de imágenes. Se ha popularizado, sin embargo, que la revolución no será televisiva.Desde Eisenstein, sabemos que no es posible revolución alguna sin una política de lo sensible. Continue reading «Filmar el capital»

Una librería marxista

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rayuelaciespalTodo comienzo es una apuesta por la política de la esperanza. En este caso, modestamente, la voluntad de construir un espacio reflexivo sobre las mediaciones en la era, paradójicamente, de la hipermediatización. Una apuesta compleja en un tiempo, como escribiera Milan KUNDERA, en el que nadie quiere escuchar a nadie. Por ello, permita el lector remitirme a una anécdota como categoría reveladora de ciertas lógicas y dispositivos de la ausencia de voluntad de escucha activa. Como parte del proceso de refundación de CIESPAL, asumimos el reto de crear una librería de Comunicación y Ciencias Sociales. La inauguración fue todo un éxito y congregó al mundo académico, político, además de todo el universo variopinto del campo de la cultura, para compartir la buena nueva de la apertura de un espacio de difusión y encuentro de autores, estudiantes y público en general.

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Communication, Crisis, and Critique in Contemporary Capitalism

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francisco sierra, ciespal, comunicacion, francisco sierra caballero, hebbdoTítulo: Internet Activism and Emerging Political Practices. A Bottom-Up Study of the ‘15M’ Movement in Spain
Evento: Communication, Crisis and Critique in Contemporary Capitalism
Ciudad: Bilbao.
Año: 2012.
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