Eco y resonancias

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El pasado mes tuvo lugar un maratón-homenaje dedicado a Umberto Eco, con motivo del aniversario de su fallecimiento. La ocasión apenas trascendió en los medios, presos de la histeria informativa y las fuerzas centrífugas de control del acontecer social, con las que se suele imponer la narrative de la inanidad.

Hoy que se da una malversación del lenguaje en la pospolítica y se corrompen las palabras y la ética pública con el despliegue del trumpismo mediático, volver a recorder a Eco tiene, permita el lector el juego de palabras, una nueva resonancia.

La retórica de Milei puede, de hecho, ser mejor diseccionada con el célebre artículo del maestro de la semiótica sobre el fascismo. Y ahora que se rememora su figura conviene recordar su compromiso con el PCI, sus exploraciones creativas en la RAI, la crítica del despojo y la deconstrucción de los que Deleuze definía como discursos imbéciles tejidos con verdades bajas, además del cultivo del humanismo y las humanidades que hizo a lo largo de su obra en toda su extensión.

Ante la pérdida del sentido del trumpismo mediático, es hora de vindicar quien tanto cultivara el amor a la palabra y el libro. Nos lo debemos, si somos del orden de la autonomía y no de la consigna de la obediencia debida. El acto sin relato, la precariedad de la representación, con la consiguiente desafección política, proyecta una simbología extrema gobernada por los capataces del bullying.

La vocación publicitaria y su régimen de validación por repetición o pura redundancia configura asi un submundo hermético, la lógica burbuja, impenetrable a todo esfuerzo de argumentación racional. En cierto sentido, el trumpismo —o el mileismo— es una suerte de milenarismo, una teodiceca política de lo peor, que activa la reacción del malestar social como una rebelión contra toda revolución.

El enmascaramiento de las derechas alternativas o ultramontanas tienen, en este sentido, la virtud de dislocar, via usurpación del dominio común del lenguaje, el ágora democrática, negando, sistemáticamente, el principio de igualdad. Cuando todo es impostura (gesto, pose o modulación) en el discurso público, posicionarse pasa por deconstruir la reificación de la imagen congelada en nuestras pantallas y activar la memoria.

Hablamos de la batalla cultural contra la sinrazón como razón de la desafección y la irracionalidad objetiva. Y, por lo mismo, recordamos a Eco y las resonancias que nos evoca ante la impotencia misma del objeto cultural libro y de la palabra; de la huella como ausencia y presencia; del sonido y del silencio; de la evocación y provocacion interpelante; de la ambivalencia y las contradicciones del lenguaje y los referentes, hoy que lo literal es letal, y la palabra vacilante, titilante, negación de lo posible.

Esto es lo verdaderamente inédito, no tanto la crisis de representación de la que venimos hablando con motivo del giro linguistico, como de la ausencia misma de signifcación y sentido común que opera en lo mediato con nuestro legado cultural.

La velocidad de escape del turbocapitalismo anula la capacidad de pensar y decir imponiendo el opacamiento generalizado políticamente, el absurdo delirante configuracional. Y eso no cabe olvidarlo, como tampoco el ejemplo que nos brindó en persona en su visita a Sevilla el autor de El nombre de la rosa.

Pocos años antes de su fallecimiento, tuve el honor como decano de proponer el Doctorado Honoris Causa por la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla. No todos conocían lo que Eco ha supuesto para el campo de estudios de medios en todo el mundo, y menos aún el interés de nuestro homenajeado por la ciudad de Sevilla, capital del imperio del periodo histórico que mejor conocía.

Recuerdo que algunas autoridades académicas me cuestionaban si iba a venir, dado que ya tenía un innumerable listado de doctorados honoris causa. Y, de hecho, la primera fecha cerrada con su secretaria tuvo que suspenderse por enfermedad, con todo lo que ello implica para un acto protocolario de tanta importancia en la Universidad.

Pero yo sabía que Eco amaba Sevilla y no por amistad, que no la tenía. Mi relación con él no pasaba de ser la de un mero lector y estudioso de su obra semiótica y de haber asistido a varias conferencias que impartió en la Universidad Complutense de la mano de su discípulo, Jorge Lozano.

Pero tenía consciencia de su interés por la cultura hispalense. De hecho, cuando confirmó la aceptación del Doctorado Honoris Causa, solo me puso una condición: quería conocer la Biblioteca Colombina de primera mano. Y así hicimos. Durante tres días, los paseos por la ciudad, almuerzos y charlas informales fueron todo un descubrimiento, al igual que compartir estancia con el personaje.

Primero, me sorprendió su gran humanidad y el sentido del humor, muy irónico, socarrón y similar al humor negro granaíno de quienes compartimos la cultura de la malafollá. Y, lo segundo, era su conocimiento continental de la historia y el patrimonio monumental de la ciudad. Nos dejó perplejos a todos.

Por aquel entonces, Eco ya tenía numerosos achaques de salud, principalmente gota y, supongo, problemas de azúcar, pero con humor decía que, dado que no viajaba su esposa y estaba libre de cuidados, podía tomar un guisqui de más. Y así hicimos para que conociera la gastronomía local, aunque ya había visitado la ciudad anteriormente, y cumplir con los pequeños placeres del paseo, cual flaneur, entreverada por la conversación.

Como pueden suponer, y tratándose de Eco, todas las instituciones culturales de la ciudad colaboraron, y nos programaron visitas reservadas tanto en la catedral como en la Biblioteca Colombina. Imaginen lo que ello significaba para un amante de los libros como Eco, que terminó por ser nuestro guía, con grata sorpresa de la directora de la biblioteca, que tuvo a bien regalar algunas réplicas del fondo.

La visita fue toda una lección de historia del libro, de las Américas, del archivo de Indias, en fin, de todo lo que un bibliófilo experto como Eco nos aportó con su honda sabiduría y erudición. De ello quedó constancia en el curso que organicé con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) sobre Comunicación y Barroco, patrocinado por Focus Abengoa, donde también intervinieron referentes del pensamiento como Roger Chartier.

En ese curso, Umberto Eco hizo una intervención memorable sobre Enciclopedia barroca y la actual enciclopedia digital. Corría el año 2010, y todavía existía prensa local de prestigio que se hizo eco a diario de la visita del gran maestro.

Días de confidencias, aprendizajes, diálogos y descubrimientos que, para la comunidad académica de la Facultad de Comunicación y la Universidad de Sevilla, pueden calificarse de un hito histórico. Doy fe de ello y, personalmente, puedo considerar el encuentro una de las experiencias más enriquecedoras en mis más de treinta años de actividad académica.

Eco resultó tan solícito, cercano y comprometido con la ciudad y con quienes, como académicos, organizamos su visita que no podía concluir su viaje sin un recuerdo de su estadía en la ciudad. Y francamente no era fácil. Como bibliófilo, sorprenderle era materialmente imposible, y ya había guardado algún incunable de la Colombina. Y un presente de la cultura propia, cerámica o giraldillo, no procedía en su caso.

Así que, dado que la Universidad no contemplaba presentes por protocolo, procuré por mis propios medios un cuadro de Santo Tomás. Una pieza antigua que Eco no quería aceptar porque era consciente del alto valor económico y simbólico, y que finalmente logré que llevara para formar parte de su gran biblioteca personal.

No volví a conocer alguien tan humano, sabio, con un sentido del humor tan lúcido y creativo como él. Si acaso su colega y amigo Paolo Fabbri, a quien recibí siendo presidente de la Fundación Fellini y que añadía a las virtudes de su maestro un hondo sentido de la cultura popular como buen vivir.

Historias, recuerdos, en fin, que sirven para no olvidar que, en tiempos de silencio y de tinieblas, en horas tan atribuladas y terroríficas como estas, la máxima o principal resonancia que aprendimos de los grandes maestros como Eco es justamente que nada de lo humano nos es ajeno y que es preciso para ello aplicar el principio ético de Sabere Aude. Este es el reto civilizatorio que está en juego en tiempos de brutalismo mediático.

Raro, raro, raro

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La era del silicio impone una estricta economía de la geofísica de la información y, en tiempos de Trump, una geopolítica del despojo, campañas de exploración de tierras raras que actualizan el realismo capitalista en forma de tiempo enrarecido, extraño, enajenante y también de captura de los restos de la era del carbono. La elegía satírica de la novela “Al límite” de Thomas Pynchon (2014) retrata con maestría las formas históricas del viejo y nuevo materialismo, sus enclaves sociopolíticos y la base científica que lo sustenta, léase “Contraluz” (2010), los hilarantes episodios de la II Guerra Mundial descritos en su obra maestra “El arco iris de gravedad” (1973) o cualquier medio serio como El Jueves, porque solo el humor nos puede hacer libres y mostrar la verdad en el mundo al revés del orden reinante. Cuando la realidad parece ficción, la escritura literaria nos cuenta lo que los cuentos informativos no cuentan, por ejemplo, describiendo el contexto de los retos por venir.

Decía Jesús Ibáñez que la mejor prospectiva social es las que nos ofrecen las novelas de ciencia ficción, donde podemos secularizar la imagen operativa y las metáforas de la materialidad geológica en medio de la descomposición del mundo. Podemos por ejemplo poner el foco en el sistema de relaciones que da continuidad a las investigaciones de la energía nuclear con el complejo industrial militar del Pentágono y la red de intereses materiales que van de Venezuela a Sudáfrica, de Nueva York a Finlandia, de Argentina y Bolivia a Groenlandia. Lógicamente, no viene al caso explicar los tropos, recursos sintácticos, estructuras narrativas y constructos literarios de la literatura cyberpunk o de las novelas de Pynchon, porque lo verdaderamente importante, aquí y ahora, es cómo nos ayudan a penetrar, con ojo avizor, el tupido velo de la desinformación y las opacidades del poder de comando informacional. Pensar, en suma, la cultura matricial del oculocentrismo, la óptica y mediación del espíritu de este tiempo que conecta, en red, el trabajo y los medios, la proyección imaginaria de las fantasías electrónicas y la transformación del hábitat, las mutaciones tecnológicas y el extractivismo del medio ambiente natural, para una crítica de la economía política en tanto que ecología política de la comunicación de los nuevos bárbaros que habitan en la Casa Blanca.

La acción de “Al límite”, la novela del mejor escritor estadounidense de la segunda mitad del siglo XX, es sin duda alguna una muestra reveladora del mapeo necesario en esta línea de las cartografías del complejo sistema de interconexiones del capitalismo maquínico. La novela transcurre en la ciudad de Nueva York durante el año 2001. Describe, no casualmente, el período que va desde la crisis de las puntocom hasta los atentados del 11 de septiembre. Los personajes de la novela participan de una trama de delitos económicos, empresas de seguridad informática, servicios secretos como el Mosad, y la producción de un videojuego y sistema de programación ultramoderno, que en cierta forma es también protagonista de la novela. Pues DeepArcher, el juego de realidad virtual que motiva la cadena de asesinatos, es similar a Second Life, uno puede tranquilamente «vivir», pasear, comprar o mirar donde no hay nada especial que hacer: un «lugar», en fin, desmaterializado, que despliega una serie de sucesos por apropiarse del código y del capital económico en el trasfondo de la cultura del videojuego.  Discursivamente, la trama nos enfrenta al viejo y nuevo mundo del capitalismo. Pero, como los personajes de Al límite, en la era del juego, y la gamificación, parece que el personal no se entera o no es consciente de lo que está en juego, o, peor aún, no quieren saberlo, no vaya a ser que la narrativa monocorde, como decía Peter Walkins, nos falle con un final infeliz.

Las lecciones de Thomas Pynchon al respecto son clarificadoras. Frente a cierta lectura idealista sobre el goce en las nuevas formas de comunicación de la era digital, la concepción materialista de la cultura exige, en nuestro tiempo hipermediatizado, una consistente interpretación que haga comprensible las contradicciones de estas prácticas culturales en el marco de la cuarta revolución industrial. En la era postmedia del ocio expandido, el reino de lo extraordinario y de lo espectacular integrado capturan y subsumen la creatividad como exigencia primordial de la acumulación por desposesión  en una suerte de dominio de la máquina de guerra. En el caso de la novela, los crímenes y delitos económicos son asociados a la apropiación del excedente de los silicon valley boys cuyos amplios márgenes de beneficio terminan teniendo altos costes socioambientales. El negocio de la realidad virtual plantea pues interrogantes fundamentales como paradigma de la necesaria reconstrucción del nuevo materialismo del encuentro, no solo por su relevancia como sector económico sino también justamente por participar de la estrategia de ocultamiento que requiere el proceso de despojo del capital en su guerra abierta contra los pueblos y la humanidad. En este marco, la subordinación y gregarismo de la UE produce vergüenza ajena. Además de seguir los lineamientos de los GAFAM, y de la OTAN, la vindicación de la autonomía estratégica y la soberanía digital, proclamadas por los cómplices del genocidio en Gaza, resulta cuando menos ridícula mientras se multiplican suculentos contratos millonarios con Lokhead Martin, Northrop Gruman, y General Dynamics, las mismas empresas que promueven la guerra en Europa y América Latina, facilitando la espiral del disimulo de Wall Street interesados tanto en la innovación tecnológica como en los negocios de la reconstrucción, tras la destrucción creativa, sea modo resort o simple infraestructura civil.

Sabemos que, ante la barbarie, el acero voz, la voluntad expresa contra el poder instituido en un mundo sin aurora ni horizonte histórico perceptible es no solo pura heroicidad, también algo suicida. Pero nos queda siempre la esperanza, que es el consuelo de la lucha. A decir de Pasolini, el consuelo de saber luchar para mirar de frente a la realidad. Y no es poca cosa en tiempos de bulos y disimulos, más mulos que otra cosa. La virtud, en fin, de la pa/ciencia y la dignidad contra el poder destructor de la megamáquina del capital siempre es una potencia superior a toda virtualidad que nos quieran vender como realidad paralela. Las lecciones de la historia así lo demuestran. Dicho esto, ya va siendo hora, por cierto, de poner nombre y apellidos, negro sobre blanco, a los nuevos robber baron. La literatura es solo un mero ensayo para ello.

Cumbres, nubes y tinieblas

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Estos días que pasan hemos ido de Cumbre en Cumbre sin respiro ni conciencia, imbuidos en la actualidad informativa que todo lo devora y acelera, sin que la inercia de las noticias despejen nuestra visión del horizonte entre tinieblas. De la Cumbre de Ginebra para tratar en el seno de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) la expulsión de Israel —como correspondía estatutariamente— del Festival de Eurovisión hemos pasado a la VII Cumbre Transatlántica, un encuentro que ha reunido a dirigentes políticos, líderes cívicos y especialistas convocados para debatir sobre los desafíos actuales del ejercicio de la libertad de expresión en el que se nos emplaza a pensar la falsa dicotomía “Libertad de expresión vs. discurso controlado”.

Digo «falsa», y a todas luces, porque no hay garantía alguna en democracia que no sea la ley que protege y ampara derechos, pero los Patriotas de pulserita, el grupo parlamentario organizador, trabajan para el capitalismo corporativo de los GAFAM, los que dicen quién habla y quién calla; quién tiene alcance con su mensaje y quién no; qué medio local tiene seguimiento y quién ha de permanecer en la penumbra y el naufragio de los buscadores teledirigidos. Un despropósito, coincidirá conmigo el lector.

Y es que, entre la Cumbre de Ginebra de la UER, esta reciente y la polémica de las Jornadas de las Letras de Sevilla, organizadas por la Fundación Cajasol, parece que nos enfrentamos a una pandemia de encumbrados sin sentido, por no decir —como en mi tierra— que vivimos rodeados de peligrosos tontopollas y cipotones que andan sueltos con permiso para circular sin restricción alguna, hablar de forma incontinente e incluso escribir tonterías para uso y consumo del personal. Todo un problema de intoxicación del medio ambiente, de salud pública, diría un seguidor de Robespierre.

No es para menos. Que un ultra pinochetista clausure la conferencia de los vendepatrias trumpistas es tanto como invitar a Millán Astray a que diserte sobre la importancia de la ciencia en el desarrollo nacional o a un obispo a que exponga a sus feligreses las bases de la Teoría de la Evolución. En fin, el mundo al revés.

Los liberticidas abogando por la dictadura de los neofascistas de Silicon Valley en nombre de la libertad. Como sentenciara Marx, la primera libertad de prensa consiste en no ser una industria. Pero no cabe en su imaginación tal premisa.

Elon Musk lo tiene claro y nosotros debiéramos también saber, a estas alturas, a qué estamos jugando con la desinformación, que no es otra cosa que un negocio que renta. Si algo deja claro esta cumbre y la de Ginebra es que debemos dar la batalla ideológica contra el secuestro de la libertad de prensa por la libertad de empresa de los enemigos de la palabra de todos. Por la democracia, por la comunicación, que es del orden de lo común.

Una palabra —lo común—, innombrable y diríase que incomprensible para quienes, como los directivos de la UER, dicen trabajar por la cooperación y terminan por dilapidar el capital simbólico y prestigio del principal evento paneuropeo de televisión, el festival de la canción, por los intereses creados del lobby económico.

En otras palabras, la reciente resolución de la Asamblea de la UER ha resultado una farsa y un despropósito que deslegitima la organización, el Festival de Eurovisión y el papel de las radiotelevisiones públicas de algunos países que raudo expulsaron a Rusia con motivo de la invasión de Ucrania y hoy deciden mantener una delegación sionista, progenocidio y criminal en medio de la matanza que no cesa de víctimas civiles por el Gobierno de Netanyahu.

Ganan, en suma, la impostura y la corrupción moral. Se vulneran los estatutos, se acentúa la crisis reputacional, se minusvaloran las protestas ciudadanas de las audiencias europeas, mayoritariamente en contra de la participación de Israel, y se engaña a la opinión pública con un falso alto el fuego y soluciones de maquillaje como revisar el sistema de votación, «reforzar la confianza del certamen», incluyendo medidas para desincentivar campañas externas de voto manteniendo mitad jurado profesional y mitad público, pero con salvaguardas adicionales.

Esto es, para los responsables de la UER nada ha sucedido de un tiempo a esta parte. El show continúa. Las mujeres, niños y civiles asesinados deben dejar paso a los focos y espíritu celebratorio del festival. No he visto mayor indignidad en mucho tiempo. Tanto que parece claro que, tras Ginebra, solo tenemos dos alternativas posibles: refundar la UER relevando a los responsables de este despropósito al frente del Festival y la gestión institucional o salir de este organismo en franca decadencia y crear un espacio que cumpla los principios fundacionales que dieron origen al Festival de Eurovisión.

No estaría de más que RTVE lidere, con otras televisiones públicas, un festival como el Benidorm FEST en defensa de la paz, reforzando su papel de puente con nuestros espacios geoculturales de referencia: sea el Mediterráneo o Iberoamérica.

En los tiempos que corren está el de Air Force One, perdido por las nubes, los encumbrados sin sentido y la multitud que reclama derechos y libertades, en Minneapolis o en España, enfrentados a la dialéctica televisión y cultura o barbarie.

Algo similar a lo acontecido en Sevilla con el escritor de la RAE, incapaz de asumir el error —o, más bien, obcecado en su modus vivendi de las anteojeras ideológicas—, tratando de zanjar la polémica con una tribuna en El Mundo, lo que ya dice todo.

No, señor Pérez-Reverte, ni rigor, ni diálogo, ni metódico ni guerra que seguimos perdiendo. La única guerra que se ha perdido es la suya propia y la escasa credibilidad que piensa que atesora entre exabrupto y chascarrillos de cuñado de saldo.

Y permita el lector que lo argumente, en primera persona, puesto que fui uno de los contactados para debatir con Espinosa de los Monteros y tuve a bien declinar desde el principio tal propuesta, por tres motivos que parece que el Alatriste sigue sin alcanzar a entender.

Primero, el título no solo resultaba ofensivo, a lo Pio Moa y su rigor mortis, apelando al cainismo hispánico atrabiliario, sino lo que es peor, con ello se fijaba un framing más que definido y tendencioso. El encuadre de las jornadas era, es y será —puesto que amenaza con persistir en el error— manifiestamente revisionista. Muy propio de los tiempos trumpistas que vivimos.

Segundo, la falsa pluralidad del programa, en género e ideología, con presencia mayoritaria de criminales de guerra, sionistas manifiestos y voces que nada tienen que decir ni pensar en público sobre la cuestión, no invitan precisamente a debatir sino a todo lo contrario.

Si el rigor es para el académico de El Hormiguero básicamente espectáculo o pura provocación, está todo dicho. Ahora bien, el pluralismo no se alcanza con poner a un fascista declarado a farfullar e invitar a un diputado de IU en minoría. El pluralismo es también social y, además de políticos y escritores afines, debiera haber pensado en invitar al movimiento memorialista y las víctimas del golpe de Estado y el genocidio franquista.

Y, por último, no cabe asumir una invitación malintencionada como esta en los momentos que vivimos por un sentido inapropiado de la oportunidad histórica de un encuentro en medio de la emergencia neofascista que por miopía intelectual o vanidad extraviada no alcanza a reconocer, previsiblemente porque padece lo que Vázquez Montalbán denominaba «franquismo sociológico».

Y claro, termina por mentir hasta el aburrimiento, sobre el cartel y sobre el motivo de la cancelación que atribuye a la ultraizquierda. Hemos de inferir, con su razonamiento, que Espinosa de los Monteros es un modélico conservador y quienes cuestionamos tal desaguisado, unos ultras.

Pero es justamente al revés en el mundo alterado que sufrimos por el principio de inversión semiótica. Supongo que sabrá lo que es, si ha leído a Umberto Eco, o algo de semiótica conocerá, que para algo es académico de la Lengua. El próximo 19 de febrero, por cierto, celebramos el aniversario de su fallecimiento.

Tuve el honor, como decano de la Facultad de Comunicación, de proponer y presidir su doctorado honoris causa por la Universidad de Sevilla. Podría haberse ocupado de ello hablando de letras en Sevilla. En cualquier caso, haría bien el fabulador de cancelaciones que cuando trate el golpe de Estado y la Guerra Civil no sea tan elitista, desenfocado y altanero y convoque a víctimas y movimiento memorialista si alguna vez le da por escuchar y aprender, y trata de pensar por qué la mayoría social ha cuestionado con tanta indignación un programa tan penoso.

De momento, sigue en sus trece. No esperaba menos de tanta obcecación. Pero cabe preguntarse si esto de los encumbrados tontopollas sin sentido, en realidad, de tonto no tienen ni un pelo, que más bien tienen claro a lo que juegan. Solo se me ocurre aplicar las lecciones del sabio de Tréveris y observar por dónde fluye el dinero: sea para vender libros, hacer negocios con las Big Tech o favorecer los intereses rentistas del capital financiero especulativo que también cotizan al alza a golpe de click.

La realización del valor no es posible sin desvalorizar el sentido común o los bienes públicos, sin intoxicación, sin desbrozar el camino de leyes que regulan los derechos y las libertades públicas de todos. Y en esa fase estamos, volviendo a los tiempos que tanto gustan al escribidor de arrojados caballeros y ejércitos imperiales, hoy mutados en pioneros del tecnofeudalismo.

El periodismo que viene

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Que el ecosistema informativo ha de reconfigurar su organización y modelo operativo es una sentencia ampliamente compartida por la profesión y el sector desde hace tiempo. La automatización iniciada en muchas redacciones ha llegado para quedarse y revolucionar, disruptivamente, las formas del oficio, como antaño el ordenador —lean a Anthony Smith— vino a alterar el proceso de producción de información tanto artesanal como industrializado.

La IA no es, en suma, como estamos viendo, un fenómeno coyuntural ni secundario. La propia cobertura del secuestro del presidente Maduro ilustra la importancia que adquiere, en la instrumentalización bélica de la propaganda, la producción de imágenes y textos ex profeso.

Nuestras democracias y la propia economía de medios están inexorablemente emplazadas a pensar y definir qué hacer y sobre todo cómo organizar el sistema informativo ante este panorama futurista de la hipermediatización. Los efectos de la implementación irreflexiva de la IA así lo aconseja cuando se extienden los procesos de desinformación, sesgos, opacidades, inseguridad, dependencia y manipulación de la audiencia y de los propios periodistas.

En este horizonte, las empresas periodísticas han de impulsar institucionalmente la I+D+i, desarrollar laboratorios de experimentación, impulsar la accesibilidad y control interno, la dialogía de cocreación con el público, la exploración de nuevos formatos.

Y el legislador regular en defensa de los derechos de transparencia, autonomía y formación de la ciudadanía. Más allá de la ética y deontología profesional, es necesaria la implementación de normas que den certidumbre, garantías jurídicas sobre usos, desarrollos y estándares técnicos. En juego está la redefinición de la relación periodistas/medios y audiencia y la organización equilibrada de la estructura de la información.

Existen, de facto, ya varias propuestas de regulación frente al aceleracionismo tecnológico que buscan equilibrar la innovación y el control social, los riesgos sistémicos y el trabajo artesanal frente a las amenazas de la Inteligencia Artificial generativa.

La UE ha sido la primera definir, a nivel mundial, un marco general de adaptación de la IA a la economía de la comunicación y los mundos de vida, en términos incluso de ciberseguridad. Aunque España no ha avanzado en la adaptación del Reglamento Europeo, comunidades autónomas vienen desarrollando iniciativas como el Programa de Aceleración de ZIUR en Guipúzcoa para adecuar las empresas tecnológicas en materia de ciberseguridad.

Las auditorías, evaluación continua y verificación de contenidos va a ser una norma común en todas las empresas de producción de contenidos, esperemos que obligatoriamente, o el peligro es debilitar la confianza en nuestros sistemas de representación no tendrá camino de vuelta.

Lo hemos visto con la proliferación de los charlatanes de feria —autodenominados sospechosamente, influencers— en la red. Son, sin embargo, escasos los proyectos dirigidos a la ciudadanía digital, las propuestas orientadas a reducir las brechas tecnológicas y cognitivas que determinan la desigualdad en el acceso incluso a recursos básicos como los procedimientos de la Administración pública.

No hablamos de simple transferencia tecnológica que el ministerio de Oscar López lo ha hecho con creces, si pensamos en la pequeña y mediana empresa y en el sector de la comunicación, sino fundamentalmente de los derechos digitales. Precisamos urgentemente marcos regulatorios que ponderen los impactos sociales, los efectos cognitivos y medioambientales del entorno o ecosistema cultural por los que grandes corporaciones como Google y sus agregadores de noticias socavan aún más el principio de pluralismo interno y la diversidad de contenidos, enfoques y conocimientos en la galaxia Internet.

El control democrático y la reapropiación social de herramientas como la IA no se garantizan con programas formativos como el proyecto HAZ de RTVE PLAY. Es preciso diseñar plataformas digitales de dominio público y procesos y dispositivos de fiscalización democrática del proceso de automatización hoy por hoy dominado por las grandes big tech.

La comunicación es un bien común y, en consecuencia, todo proceso informativo debe ser objeto de deliberación, intervención y escrutinio público por la sociedad civil y el Estado, si hemos de garantizar la transparencia algorítmica frente a la actual concentración de datos en manos de los GAFAM.

Un periodismo sin directrices para la implementación socialmente responsable de los nuevos sistemas expertos de IA generativa es dar vía a una política de vulneración sistemática de los derechos humanos y las libertades públicas.

Existen, bien es cierto, buenas prácticas de adaptación y desarrollo de las nuevas herramientas de automatización para hacer sostenible financieramente los medios periodísticos, cada día más dependientes de las grandes plataformas de Silicon Valley, pero falta estrategia, política de Estado y voluntad transformadora tanto de los actores clave del sector comunicacional como de los Estados miembros de la UE.

Un reciente informe del Consejo de Europa revela que, pese a la oportunidad de nuevas fuentes de ingresos para una mayor autonomía informativa, tal y como establece el Reglamento de Libertad de Medios recientemente aprobado, la innovación y adaptabilidad de la industria periodística es más bien baja, los esfuerzos de capacitación de los profesionales en la actualización de sus competencias ante los nuevos modelos de negocio irrelevante, y la colaboración en red con otros actores y la propia audiencia prácticamente inexistente. Prevalece una concepción decimonónica de autorregulación —en el mejor de los casos, cierta transparencia sobre usos de imágenes de IA y donaciones—. Y poco más.

El resultado, como pueden imaginar, es el que conocen: un periodismo atlantista propio del clima de guerra fría, rehén de las corporaciones que nos han declarado enemigos, con discursos sobre el peligro del oso de Moscú mientras Trump somete a medios autóctonos, periodistas estadounidenses y cadenas de distribución a la versión rancia y chata de la Casa Blanca.

En lugar de un periodismo de excelencia, el periodismo que viene se asemeja más a un trasunto de la prensa amarilla y de partido, preindustrial, propagadora de bulos, montajes y falsas noticias que se traducen en campañas de linchamiento mediático y sabotaje de las instituciones democráticas.

La potencia de esta deriva ha alcanzado tal grado que ha penetrado incluso la propia Comisión Europea y nuestro sistema mediático desde principios del presente siglo. El alud de programas, reportajes, espacios y redes de desinformación es tan intensivo que para secuestrar a un presidente electo no precisan siquiera mentir: basta con enarbolar el poderío del Pentágono en forma de guerra de las galaxias. El imperio siempre ataca dos veces.

Hay quien argumenta que vivimos una situación semejante a la guerra sucia de Reagan contra Nicaragua. Quizás nunca dejamos de estar en ese tiempo informativo de las operaciones encubiertas. Mientras nos asustan en Europa con la amenaza de Putin y sus actuaciones entre bambalinas con la ciberguerra, la campaña de Trump y el muro de Wall Street avanza posiciones y somete a Europa a la humillación, la dependencia y la irrelevancia a todos los niveles y en todos los frentes culturales —el informativo, desde luego—, con cipayos incluso pidiendo en redes que nos invadan.

Periodismo lo llaman. Guerra cultural, dicen otros. El caso es que la CIA y los GAFAM nos han convertido en protectorado y van camino de colonizar definitivamente el oficio según el modelo Fox News. No tenemos tiempo en esta columna de una anatomía del cercamiento informativo que sufre el periodismo patrio, pero sí señalar que la excepción es la regla de la norma comunicacional trumpista.

En términos de Brecht, estamos padeciendo severas restricciones en forma de capitalismo de vigilancia, normas SLAPP, mediawfare y la escalada militar que nos ha convertido en un triste protectorado de las inequidades imperiales. En este espectáculo circense de la guerra en directo, el secreto oficial es la cultura informativa dominante y la razón de seguridad nacional el libro de estilo con el que se quiere evitar veleidades a los Assange.

No lo lograrán. El cerco de poder financiero, instituciones judiciales y capitalismo de plataformas nunca podrá impedir el derecho a saber del público ni la entrega heroica de periodistas que saben que el mejor oficio del mundo consiste en trabajar por el bien común: los Derechos Humanos y las libertades públicas.

Maneras de vivir

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En la antigua China, todo consejero del emperador debía cumplir el principio de gobierno justo y, en consecuencia, las palabras debían significar su contenido efectivo. Pero en estos tiempos de algarabía, insultos y mala praxis periodística la política de la palabra viene determinada exactamente por todo lo contrario. El trumpismo se distingue, sobre cualquier otro rasgo característico, por la disociación cognitiva, por maneras distintas de contar lo que se vive traspasando los límites de la razón de lo que otrora los portavoces de los significantes flotantes venían explorando. Aunque la obligación de dar publicidad al contenido de la interlocución y dejar registro de la acción política es consustancial a la democracia, la charlatanería insulsa, la beatería de consumo y los discursos de saldo y ocasión se han instalado en nuestro sistema informativo acentuando las discordancias de los dichos y los hechos.

En un tiempo de bulos y desinformación, en un mundo donde a todos los niveles se generaliza la razón cínica, atender a las prácticas que acompañan los discursos es el primer paso para dejar en evidencia a los odiadores profesionales. Contra la premeditada política del opio entontecedor de las pantallas, contrario a la frónesis, frente a la contemplación del bien común como fuente inmediata de conducta, conocimiento y acción moral, es hora de vindicar la salud pública, un orden del discurso y del dominio público que cuida las formas y el sentido originario de la palabra enunciada.

La libertad política resulta de la situación y contexto histórico. Si se adultera, violenta o intoxica, la libertad es socavada. Por ello, necesitamos más democracia, y normas sancionadoras frente a los abusos de hecho. Libertad, responsabilidad y sanción como garantía contra los liberticidas que minan la confianza de la población tergiversando dichos y hechos. Se trata en fin de decir lo que se hace, hacer lo que se dice y cultivar el principio de diálogo público, como nos legó Julio Anguita, con coherencia y rigor. Otra manera de decir e intervenir públicamente antagónica a la de los que viven por encima de nuestras posibilidades, que, por cierto, no olvidemos, tienen nombre y, sobre todo, apellidos.

Decía el bueno de Juan de Mairena que el problema de España es la fragilidad de la cultura oficial. Un país con una derecha atrabiliaria, un líder de la oposición cansado de repetir lo mismo, en lo que no cree, una izquierda dividida y titubeante y una monarquía corrupta y en huida o caída libre, da para cualquier cosa. Por ello, precisamos fortalecer las instituciones democráticas ante aquellos que están enrocados en la lógica destituyente, sea para invalidar la ley Montoro (la relación inversamente proporcional entre riqueza y transparencia), para combatir el despojo de la oligarquía económica que, por sistema, oculta los intereses y manejos de la acumulación por desposesión o, simplemente, para poner en evidencia la ley de la dominación (la relación directamente proporcional entre la violencia del discurso contra toda regulación y la corrupción sistémica que se alimenta de la nostalgia de la cultura del estraperlo). La misma del rey emirato, que acaba de publicar sus memorias, y tararea suspiros de España, con la impostada reacción de la prensa escandalizada que siempre colaboró en imponer un tupido velo en torno a las fechorías del campechano. Todavía hoy no desclasifican los papeles del 23F que retratan a la corona como lo que es: fascista y contraria a la democracia. Ya lo dijimos cuando nadie se atrevía a hablar. No hay reconciliación posible, la monarquía es una porquería. Y los Borbones, la Casa Real, una cueva de ladrones que ha enmierdado por siglos España. Conviene recordarlo cuando todavía hay quien se altera por una portada de El Jueves o por el grafismo de programas como Cachitos de Plata y Cromo. Ante la crisis institucional de la corona y los comisionistas que viven a expensas del erario público, la pulsión plebeya ha dictado sentencia. Se acabó. Los tiempos del singular en primera persona, de la hermandad de la saca, la retórica grandilocuente de los vendepatrias y expropiadores de lo común que hablan de infierno fiscal mientras viajan a Ginebra, o trabajan para los grupos del IBEX35 de espaldas al escrutinio público, ya no cuela. Y por más que se empeñen los amigos de Milei, los de la libertad retrocede, en ocultar las fechorías anulando toda fiscalización, de Baleares a Andalucía, la pulsión plebeya anuncia movimientos tectónicos. La sociedad civil organizada no va a cesar de exigir sistemas de información públicos, registros de los grupos de interés y gobierno abierto. Mientras, los de siempre, abonados a la escuela austriaca, quieren, como el trumpismo, socavar el dominio público de la información institucional. Se creen, como Milei, los listos o avispados de la turma. Pero no pasan de giles. Como demostrara un sabio amigo, a un pendejo se le reconoce porque va de listo, no es consciente de su estupidez supina, y no resulta más que un cantamañanas a lo Frigodedo, que no sabe del frío ni de la intemperie pues siempre se lo lleva calentito, y tiene la desfachatez, a lo Martínez el Facha, de no dejar de señalar al adversario. Pero, hete aquí, que la estulticia es del orden de la avaricia. Y, por fortuna, la teología política de la imbecilidad no se sostiene en el tiempo.La verdad del ser humano, sentenció Juan de Mairena, es la tontería inagotable y en algunos casos, como la derecha ultramontana de este país, agotadora. Pero la ilustración oscura no es ilimitada ni sostenible en la democracia deliberativa, no puede perdurar sin dominio público, ni el debido respeto o cuidado del ámbito de lo común, aun considerando el eco y alcance que aparentan tener en la calle.

Decía Pierre Bourdieu que el Estado es la base de la integración lógica y de la integración moral del mundo social y, por lo mismo, el consenso fundamental sobre el sentido que define la propia condición de los conflictos requiere la organización y la forma, sistemas de información, que hagan posible la convivencia democrática. O, como decía Gramsci, un cierto orden. El discurso de la derecha ultramontana persiste en su modelo plutocrático de dominio de la oligarquía financiera y el tecnofeudalismo sin sustento ni consistencia. En estos delicados momentos, la disyuntiva, es elegir entre socialismo o barbarie: o avanzamos en información y transparencia protegiendo las normas de obligado cumplimiento, la ley y los canales de acceso y participación ciudadana, o se impone el dominio de los falsos patriotas, impostores del orden que atacan la justicia social y al propio Estado, restringiendo por la puerta de atrás derechos fundamentales.

La sociedad reclama cada vez más transparencia. Tenemos la obligación de fomentar esa cultura de la información accesible y agilizar los cauces para ofrecerla frente a la opacidad. Por ello, es hora de desplegar herramientas normativas en defensa del control social democrático. Por con/ciencia, porque todo debate contrario al registro y los sistemas de información compartida no tiene otro cometido que validar el dominio atado y bien atado de los intereses creados. Y ya es hora de pedir la paz y la palabra porque sabemos que es posible otra forma digna de vivir.

Un plan reformista para salvaguardar la democracia

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Toda política pública pasa por la voluntad de intervención, el conocimiento y la pericia técnica, la construcción y articulación de procesos colectivos, el desbloqueo de obstáculos y la mediación productiva para el respaldo de la opinión pública. Entre la adaptación y la condescendencia, de un lado, y la posición revolucionaria que nos identifica, en SUMAR pensamos que es posible una vía reformista, una política que se piensa desde la mayoría social y que, por lo mismo, representa una estrategia contrahegemónica en un contexto definido por la llamada guerra cultural. Estos días de discusión sobre las medidas del gobierno sobre regeneración conviene pues aclarar el sentido y alcance de las propuestas que desde el Grupo Parlamentario Plurinacional hemos defendido y los retos que tenemos por delante para una transformación integral ante los rezagos que amenazan las libertades públicas en nuestro país. Como es sabido, en la cámara legislativa no existe una comisión específica que aborde cuestiones sustantivas en la materia, a diferencia de los países de nuestro entorno comunitario, no hay siquiera una autoridad reguladora que garantice el espíritu de la ley y la Constitución en su artículo 20. Esta constatación es reveladora de la lógica que ha prevalecido en nuestro sistema político, como la ley mordaza o la regulación de los secretos oficiales y de la propia actividad informativa.

El Plan de Acción por la Democracia viene a reformar parcialmente esta situación acometiendo la crisis de legitimidad y representación, y la problemática realidad de la desinformación intensiva que ha proliferado en los últimos años, con una batería de medidas centradas en tres ejes:

—La transparencia del sistema mediático.

—La mejora y cualificación de la información institucional del gobierno.

—Y la modernización del sistema normativo en línea con el Reglamento Europeo de Libertad de Medios y las recomendaciones de la Comisión Europea.

LAS ENSEÑANZAS DEL BREXIT

Desde 2020, la UE ha observado con preocupación cómo la deriva informativa que la revolución digital y el lobby del complejo industrial-militar del Pentágono, en particular los sectores ultraderechistas coordinados por Steve Bannon y otras potencias europeas, ha venido socavando nuestras democracias, afectando sobremanera a la propia unidad comunitaria, como se pudo comprobar con el referéndum del Brexit. Desde hace cuatro años, en congruencia, la UE se ha fijado como objetivos proteger las elecciones libres y justas, sin interferencias externas, garantizar el pluralismo en los medios de comunicación, combatir la manipulación informativa y la injerencia de intereses extranjeros, fiscalizar las plataformas de Silicon Valley y sostener un ecosistema político y mediático financieramente autónomo.

Con el inicio de la XV Legislatura, el PSOE impulsó, en esta línea, una discusión monográfica en la Comisión de Calidad Democrática sobre desinformación. El Plan aprobado por el Ejecutivo es en parte una síntesis de las deliberaciones llevadas a cabo durante las comparecencias de expertos de la academia, periodistas, directores de medios y lógicamente de la iniciativa de las fuerzas del bloque de progreso, SUMAR, particularmente, que celebró el 3 de mayo el día de la libertad de prensa con un encuentro para debatir junto a sindicatos, colegios de periodistas, académicos y miembros del Grupo de Trabajo HERMES, los retos que Bruselas viene señalando a este respecto.

Las medidas aprobadas por el Consejo de Ministros se encaminan, punto por punto, a las exigencias comunitarias tanto en materia de información gubernamental como de rendición de cuentas de los medios de información, una apuesta que ha dado lugar a una reacción desmedida, en tono y forma, de la oposición ultramontana (PP y VOX) como de la prensa conservadora que, desde el inicio, calificó toda medida en materia de comunicación como censura, fija como está en la posición decimonónica del mantra liberal del libre flujo de la información. Las resistencias y negación de lo evidente de los medios ultra y la mirada neoliberal del PSOE limitan, ciertamente, la adopción de medidas urgentes en una dirección que, de verdad, garanticen el pluralismo y la democracia informativa. Cabe desde luego formular diversas críticas al Plan de Acción, pero lo importante es que esta iniciativa del ejecutivo abre un debate al que toda la sociedad civil está llamada a intervenir. Un primer paso es tomar la iniciativa y definir medidas de política pública en materia de pluralismo y transparencia del sistema nacional de información. Por supuesto que el Plan es manifiestamente mejorable. Por señalar tres puntos centrales:

  1. La derogación de la Ley Mordaza sigue siendo un compromiso incumplido del PSOE desde la anterior legislatura y esta posición inmovilista afecta no solo al trabajo de los periodistas, sino a principios básicos de la libertad de expresión como es el derecho de reunión y manifestación.
  • Igualmente, las medidas de transparencia adoptadas son insuficientes si pensamos en la Ley de Secretos Oficiales o en la apuesta por un control de los abusos habidos con la publicidad institucional.
  • Y para hacer cumplir las exigencias de Bruselas, hace falta un Consejo Estatal de Medios y una ley de Medios que aborde la actual concentración duopólica del sector. La transposición de esta norma a la legislación española debería implicar la mudanza de las competencias sobre el audiovisual, hoy en manos de la CNMC y del Ministerio de Economía, a un nuevo Comité Estatal de Servicios de Medios incluyendo la gestión del espacio radioeléctrico y la concesión de licencias; la capacidad normativa y sancionadora, prolijamente detallada en la Ley General de Comunicación Audiovisual; con la ampliación de sus atribuciones a la tutela de la calidad informativa en su vertiente deontológica; la gestión de la normativa que deba desarrollarse en relación a la publicidad y las subvenciones institucionales; las garantías necesarias para la transparencia informativa sobre las participaciones societarias y la propiedad de los medios; el desarrollo de medidas para la limitación de la concentración en el mercado de la comunicación; la regulación del derecho de acceso y participación de la sociedad civil y grupos sociales en los medios de titularidad pública etc…, extendiendo el ámbito de las competencias de este organismo a la prensa escrita en cualquier soporte, tal y como esboza el Reglamento.

Avanzar en el sentido de lo expuesto, requiere legislar más allá de lo que se puede esperar de una simple transposición de la norma europea, sujeta además a unos plazos. Pero persiste un debate no resuelto y una recurrente contraposición entre la defensa de la autorregulación de los propios medios y periodistas para la salvaguarda de la veracidad y la deontología en el ejercicio de la profesión y la regulación a través de organismos ajenos al universo corporativo y lo que se impone de forma recurrente es el falseamiento, como hacen los propios medios comerciales, de la propia historia de la comunicación y los antecedentes de regulación de un servicio público esencial para la democracia. Cabe recordar, por ejemplo, que la Ley General de Comunicación Audiovisual (LGCA) contempló inicialmente la creación de un Consejo Estatal de Medios Audiovisuales, pero posteriores reformas de la norma no contemplaron este organismo, hoy demandado por el actual Reglamento Europeo de Libertad de Medios. Y que incluso en Reino Unido, en Estados Unidos, en Francia o Portugal existen entes autónomos que responden a una lógica distinta a la que sostiene el PSOE y su política neoliberal en materia de comunicación.

El derecho a la comunicación es el primer objetivo de la guerra cultural desplegada por el neofascismo. Y la izquierda en España no está acometiendo este frente cultural como un eje prioritario

RETOS DEMOCRÁTICOS

Desde el GP de SUMAR sabemos que apenas empieza la disputa de la hegemonía por la democratización de la comunicación. Urge situar por ello el debate en sus debidos términos, hacer memoria democrática de los frentes y luchas por el derecho a la comunicación, y empezar a abrir cinco ejes de diálogo y acuerdo para el consenso democrático que, necesariamente, habrá de liderar la sociedad civil, considerando las posiciones hoy hegemónicas entre las principales fuerzas partidarias. A saber:

  1. Una reforma institucional de la RTVE para una dirección plural, independiente, en condiciones propicias para convertirse en la ventana de encuentro, pluralidad, innovación, diversidad y disenso de nuestra cultura y política a nivel estatal.
  • El diseño de un gobierno abierto que permita la interlocución en cada proposición de ley, con capacidad de iniciativa e interpelación de las organizaciones no gubernamentales, los sindicatos, los movimientos sociales y cualquier colectivo ciudadano sobre asuntos de interés público o específico de la población. Para ello, muchos Estados, Brasil y México, por ejemplo, pero también Portugal, tienen canales de televisión que además emiten las sesiones de pleno y de comisión para cumplir con el derecho de acceso de la ciudadanía.
  • Una ley de transparencia que regule la publicidad institucional, auténtico fondo de reptiles del siglo XXI, por el que se financian medios digitales de extrema derecha y golpistas que socavan la democracia sin control ni fiscalización pública. Un mínimo común sobre el que resulta incuestionable estar de acuerdo es el hecho de que la ciudadanía merece saber quién, cuánto y cómo se financian los medios de comunicación. Es una medida de transparencia mínima en cualquier democracia. Esta regulación es además un requisito necesario para vindicar un reparto justo y equilibrado que garantice financiar medios sin ánimo de lucro, o comunitarios, con carácter cooperativo, que dan voz a sectores que no tienen medios de expresión ni acceso a las grandes compañías y/o canales de comunicación.
  • El desarrollo del dominio público. Recurriendo a un símil futbolístico, cuando la polarización, cuando el polo autoritario, achica espacios, restringe, o reduce la pluralidad, hay que hacer un cambio de orientación, y sentido, abrir el campo de disputa y de juego. Una estrategia, no la única, es ampliar el dominio público hoy privatizado en la esfera de los medios y resolver el déficit democrático cumpliendo lo estipulado en el artículo 20 de la Constitución para garantizar el derecho de acceso y participación, bien con servicios interactivos desde los medios públicos, o a través de consejos ciudadanos de participación en medios autonómicos y locales, además de la constitución de la Comisión Estatal de Medios que contempla el nuevo Reglamento de Bruselas con representación de asociaciones de vecinos, de consumidores y usuarios, de colectivos culturales,  los gremios y el tercer sector.
  • Una política estatal de formación mediática. Los casos de abuso en las redes, vulneración de las leyes por jóvenes y adultos en el capitalismo de plataforma, plantea un reto en nuestro país de capacitación educomunicacional, y no tanto en términos de superación de brechas digitales (por ejemplo, de los más mayores), como de formación ética de la ciudadanía digital para hacer pedagogía democrática de la mediación en la era de las redes expandidas por el capitalismo de plataformas.

El Derecho a la Comunicación es el primer objetivo de la guerra cultural desplegada por el neofascismo. Y no casualmente, se trata del derecho fundamental para luchar por tener derechos, pues sin voz, sin derecho de acceso a los medios, sin derecho a la palabra no es posible movilizarse en la defensa de derechos y libertades fundamentales. Toda pedagogía de la esperanza pasa en este sentido por acometer este eje central de articulación y disputa de la hegemonía, y hoy por hoy la izquierda en España no está acometiendo este frente cultural como un eje prioritario, ni de forma activa ni a nivel institucional. Convendría pensar el por qué. Esta XV Legislatura debiera servir cuando menos para que el Congreso asuma en la agenda, y el país reconozca, que regular los medios es garantizar mediaciones democráticas, que la comunicación es un derecho y no un negocio y que, por lo mismo, debe estar garantizado por ley, con políticas públicas activas. Este es el reto que hay que desplegar.

Sumar quiere abrir ya en el Congreso el debate sobre el reparto de la publicidad institucional a los medios

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Sumar ha registrado en el Congreso dos proposiciones no de ley (PNL) con las que pretende abrir el debate sobre la publicidad institucional de los medios y su regulación. La Mesa debe aún calificarlas, por lo que aún no se sabe todavía cuándo se verán en la Cámara.

«La publicidad institucional es un reto. Hoy por hoy sirve como fondo para comprar voluntades y hacer campañas de desinformación. Deben utilizarse esos fondos con criterios de proporcionalidad, según audiencia, relevancia y diversidad», afirma a Público el diputado Francisco Sierra, portavoz de Sumar en la Comisión de Calidad Democrática y catedrático de Teoría de la Información en la Universidad de Sevilla. La comisión parlamentaria aborda desde hace meses sesiones sobre desinformación en España.

En el texto de las proposiciones se recoge la necesidad de trasponer al ordenamiento jurídico español el reglamento europeo sobre la Libertad de los Medios de Comunicación. «A la espera, hay medidas urgentes que deben ser acometidas por el Estado, al ser en algunos casos tareas pendientes de nuestro ordenamiento jurídico desde la transición«, plantea Sumar.

Así, en la primera de las PNL, en cuya exposición de motivos se plantea que existe un «contexto de crisis del periodismo» y una «peligrosa deriva de la desinformación que las redes y algunos diarios digitales promueven en el sistema mediático«, lo que, a juicio de Sumar, «hace necesario definir acciones institucionales que contribuyan a mejorar la calidad democrática de nuestro sistema de información».

Así, Sumar plantea en la proposición cinco asuntos además de la necesidad de «impulsar una ley de transparencia de la publicidad institucional que afecta al equilibrio y a la financiación de los medios de comunicación».

Por un lado, el «diseño» de «un plan de alfabetización mediática y digital de la ciudadanía para el desarrollo de competencias socioculturales contra la manipulación informativa y la desinformación». Por otro, la derogación de la llamada ley mordaza, que «afecta a la libertad de prensa y el ejercicio autónomo de los profesionales de la información».

Además, «adoptar medidas de protección del trabajo periodístico y regular los procesos de robotización de las redacciones con el uso inapropiado de la Inteligencia Artificial». También, «impulsar la ley de secreto profesional de los periodistas como garantía jurídica para la protección de fuentes imprescindible para el desarrollo del periodismo de investigación».

Y, por último, «promover políticas contra la precariedad de los profesionales de la información que protejan la independencia de los periodistas tanto en los medios privados como en los medios públicos, impulsando medidas de igualdad de género en los puestos directivos de nuestro sistema informativo».

Servicios comunitarios

En la segunda de las proposiciones, Sumar se ocupa del fomento de los servicios de comunicación audiovisual comunitarios sin ánimo de lucro. El partido explica en el texto que «la Ley General de Comunicación Audiovisual 7/2010, de 31 de marzo, creó una nueva categoría de radio y televisión por ondas terrestres, [estos servicios, que estarían] destinados a atender las necesidades sociales, culturales y de comunicación específicas de comunidades y grupos sociales y fomentar la participación ciudadana y la vertebración del tejido asociativo».

Añade Sumar en la PNL: «Desde la creación de este tipo de servicios, han sido numerosas las solicitudes realizadas por las Comunidades Autónomas para que la Administración General del Estado planificara el espectro radioeléctrico necesario para proceder a conceder licencias. Sin embargo, hasta el momento […] el Estado no ha planificado ninguna frecuencia ni ha establecido ninguna normativa. La inacción por parte del Gobierno impide a las Comunidades Autónomas el desarrollo de sus competencias y supone una restricción a la libertad de expresión al impedir la creación de estos nuevos medios de comunicación».

Así, Sumar plantea lo siguiente al respecto. Por una parte, «habilitar en el plazo de 6 meses el dominio público radioeléctrico solicitado por las Comunidades Autónomas para destinar a servicios de comunicación audiovisual comunitarios sin ánimo de lucro». Y, por otra, elaborar «un censo de servicios de comunicación audiovisual comunitarios sin ánimo de lucro» y «desarrollar un plan de fomento» para apoyar estos servicios, que contenga una «convocatoria anual de ayudas».

Sumar defiende luchar contra la desinformación en el Día Mundial de la Libertad de Prensa

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Francisco Sierra, diputado de Sumar, ha organizado junto al Grupo HERMES la jornada «Los retos de la libertad de prensa. Hacia el derecho democrático a la comunicación» para debatir sobre la situación actual del periodismo y realizar propuestas relativas a la protección de un bien público como la comunicación.

Desde 1993, cada 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa. La fecha fue escogida por la Asamblea General de las Naciones Unidas para rememorar la Declaración de Windhoek. En este manifiesto de 1991 elaborado en un seminario de la UNESCO, representantes de diversos medios de comunicación africanos lograron establecer los principios fundamentales de la libertad de prensa. Además, en esta fecha, se homenajea a todos los periodistas que han perdido la vida en el ejercicio de su profesión.

Francisco Sierra, diputado y portavoz de Sumar en la Comisión de Calidad Democrática, ha gestionado este acto junto a Daniela Monje (coordinadora del Grupo Hermes y profesora en la Universidad Nacional de Córdoba -Argentina-) para conmemorar este Día Mundial de la Libertad de Prensa. En esta jornada celebrada en la Sala Sagasta del Congreso de los Diputados, Francisco Sierra ha lamentado que «ha habido serios retrocesos en el sector del periodismo por el ascenso de la extrema derecha«. Además, la conferencia ha contado con la intervención de varios periodistas y académicos especializados en comunicación.

Retos internacionales de la libertad de prensa

Daniel Cabrera, profesor de la Universidad de Zaragoza, mostró la realidad vivida actualmente por el periodismo de Sudamérica. «La polarización es un tema central de América Latina. El populismo parecía un movimiento de izquierda, pero Trump, Bolsonaro y Milei demostraron que también puede ser un movimiento de derecha. Se está produciendo un afán de controlar la opinión pública desde las emociones que fomentan esos populismos», afirmó Cabrera.

Asimismo, el catedrático Luis Albornoz mencionó el estudio anual Freedom in the World de la ONG estadounidense Freedom House, en el que se constata que la libertad de prensa mundial ha disminuido por 18º año consecutivo. En los últimos meses, el deterioro fue tan amplio que esta disminución de la libertad de prensa afectó a una quinta parte de la población mundial. Los derechos políticos y civiles descendieron en 52 países de los 73 analizados por el estudio. Destaca el caso de Ecuador, que pasó de ser un país libre a parcialmente libre por la violencia y asesinatos de candidatos vividos en sus últimas elecciones. Albornoz también recuerda que, en la última clasificación por la libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, se considera que las condiciones para ejercer correctamente el periodismo sólo se dan en una cuarta parte de los países del mundo.

«Esta pérdida de derechos se ha dado por ataques al pluralismo, cada vez más intensos. Estas tendencias generan una inestabilidad para la democracia justo en un año con gran trascendencia electoral en el que más de la mitad de la población acudirá a las urnas«, sostiene Luis Albornoz.

El problema de la concentración mediática

Además, también se trató la temática de los oligopolios existentes en el sector de la comunicación. Daniel Cabrera afirma que «la libertad de expresión no es solo una cuestión de los periodistas. También es un negocio de los empresarios tecnológicos y un lugar de inversiones muy poderosas para orientar sentimientos con la publicidad».

Albornoz también reflexionó sobre esta concentración mediática que se está expandiendo por todo el mundo. «No se trata de que haya una gran cantidad de medios porque muchos medios pueden ofrecer los mismos contenidos, sino de establecer ricos sistemas mediáticos con diversidad de contenidos y descentralizados geográficamente. Por desgracia, las estructuras monopolísticas y oligopolísticas de los medios de comunicación siguen siendo comunes en todo el mundo».

La libertad de prensa entendida desde tres posturas

Otro de los participantes en este acto organizado por Sumar fue Joan Pedro Carañana, Doctor Europeo en Comunicación, Cambio Social y Desarrollo por la Universidad Complutense. Según Carañana, existen tres posiciones para entender la libertad de prensa.

«Existe una posición neoliberal que confunde la libertad de prensa con la libertad de difamar, difundir bulos… También censura las perspectivas con las que no coincide y controla con oligopolios el sistema mediático. El principal referente en esta posición es Milton Friedman, que apuesta por controlar el discurso según sus propios intereses».

La segunda perspectiva expuesta por Carañana es la posición liberal ilustrada, que encuentra en Voltaire su mayor exponente. «Voltaire pensaba que la libertad de expresión o de prensa es la libertad del que piensa diferente, pero esa libertad no debe usarse para manipular. Además, otro liberal ilustrado como Adam Smith era partidario de un libre mercado verdadero con muchos propietarios y productores de diferentes características. Esta perspectiva defiende la diversidad de mensajes en la opinión pública».

«En tercer lugar, tenemos la perspectiva crítica. Chomsky analiza las estructuras que limitan la libertad de prensa. Esas estructuras son la propiedad de los medios y la influencia de los anunciantes. Esta perspectiva es crítica con la censura y con la propia autocensura del periodista. También denuncia que, en el periodismo, existe un imperativo de la brevedad. Las redes sociales y la televisión combinan esta brevedad del mensaje con el sensacionalismo».

Según Joan Pedro Carañana, la solución a los problemas actuales del sector mediático se encuentra en combinar estas dos últimas perspectivas para recuperar la dignidad del periodismo y evitar su caída en prestigio.

Propuestas finales de Sumar para la protección del derecho a la información

Francisco Sierra concluyó el acto con una serie de propuestas y reflexiones finales. «La sociedad civil debe considerar que el derecho a la comunicación garantiza la democracia. Esa es nuestra herramienta para demandar derechos. Es necesario reformar el sistema mediático para apoyar a los medios independientes. También hay que elaborar una nueva Ley de Publicidad Institucional que evite la instrumentalización de las subvenciones a medios».

Otra sugerencia que salió a la luz en la Sala Sagasta fue la constitución de un Consejo Estatal de Medios independiente que examine a los medios de comunicación. También fue propuesta la creación de un Foro Ciudadano por el Derecho a la Comunicación para sentar las bases de futuras iniciativas legislativas relativas a la regulación de los medios. La constitución de una comisión legislativa sobre comunicación, una nueva política de transparencia sobre publicidad institucional y propiedades de medios, medidas para evitar los oligopolios mediáticos y la recuperación del concurso público en el Consejo de RTVE fueron otras ideas debatidas en este acto organizado en el Congreso de los Diputados.